martes, 17 de noviembre de 2015

Ir al psicólogo por cuestiones de amor

Aunque sea difícil de creer, la mayoría de las personas que he tenido la oportunidad de atender en consulta siempre acuden a mí con el motivo inicial de tener problemas de pareja, los cuales incluyen asuntos como rupturas amorosas, infidelidad, celos excesivos, violencia física y/o psicológica, etc. Y por esa razón siempre he puesto especial atención en todos esos motivos de consulta que siempre inician como un conflicto insoportable con la pareja y terminan, en el mejor de los casos, en situaciones complicadas que tienen que ver con relaciones familiares ásperas y complicadas. 

La pregunta siempre ha estado en mi cabeza y decidí sentarme frente a la computadora y comenzar a escribir al respecto para intentar dar una respuesta que probablemente aclare los pensamientos de algunas personas. ¿Por qué las relaciones de pareja son el motivo de consulta más común? La respuesta no es sencilla de aclarar pero haré un esfuerzo por ordenar mis ideas en este texto a través de algunos puntos importantes.

La gota que derrama el vaso 

Es preciso que seamos conscientes de que decidir ir a terapia debido a problemas dentro de nuestra relación de pareja es solamente una pequeña muestra, un síntoma de los conflictos internos que nos aquejan y que buscan un escape mediante una de nuestras prioridades más significativas para sobrevivir: las relaciones interpersonales.

En nuestra soledad siempre será difícil encontrar el reflejo de aquello que nos ha dañado en el pasado y que hemos arrastrado durante toda nuestra vida sin darnos cuenta de cuáles son exactamente las cosas que pesan sobre nosotros. En cambio, cuando nos relacionamos con alguien más, surge entonces un espejo en el otro que reflejará todo eso que traemos dentro, un reflejo que aún así, la mayor parte del tiempo, continua siendo imperceptible; al decir imperceptible me refiero a una manera que no podemos entender ni elaborar, porque aunque vemos el "síntoma" no podemos explicar de dónde proviene y por qué sucede de tal manera, entonces, lo primero que llega a nosotros es la frustración. Nos frustramos porque no podemos entender la situación que vivimos con el otro y, peor aún, no podemos darle una solución a aquello que nos aflige, y una vez que hemos agotado intentos buscando la solución por todos los caminos disponibles, al final, cuando ya no hay nada más que podamos hacer, decidimos buscar ayuda profesional.

En principio los pacientes ni siquiera ven sus problemas amorosos como un síntoma de algo que es más suyo que del otro, no lo entienden así, al contrario, por lo general es más fácil repartir las responsabilidades de lo que es superficial. Por ejemplo, en el caso de los celos enfermizos, las personas aceptan que tienen un problema de celos en donde molestan a su pareja con supuestos absurdos y que desgastan con ello la relación, pero también deciden otorgarle un porcentaje de dicho problema al otro: "es que si el fuera de otra manera..." o "si ella respondiera mis llamadas siempre entonces yo no desconfiaría como lo hago". En realidad todo esto que sentimos y que se vuelve en algo insoportable es solamente la punta del iceberg que aloja las verdaderas razones que nos conflictúan y que se reflejan en el otro.

La pareja como extensión de lo primario 

Quienes han leído un poco de psicología quizás han encontrado o escuchado por ahí algún argumento que habla sobre la pareja como una extensión de las figuras paternas; esta teoría psicológica que considera a la pareja como una representación de lo que tuvimos en la infancia o, en caso contrario, de lo que nos hizo falta en la niñez. Pues bien, algo hay de cierto en ello; la pareja juega un papel muy importante en lo simbólico, pues en ella encontramos un patrón de repetición, por lo regular, repetimos las cosas buenas que obtuvimos, pero también añoramos encontrar aquello que no estuvo presente. Así, el ser humano tiene la capacidad de intentar llenar los vacíos emocionales, mantener los espacios satisfactoriamente llenos, exagerar algunos hasta un punto no tan sano o deshacerse de otros que le atormentan.

La pareja siempre es una elección, y dentro de esa elección inconsciente se podrá ver el primer destello de nuestra guerra interna; elegir a una pareja siempre hablará de qué es lo que tuvimos en el pasado. Elegir a una pareja no es una casualidad, es una cuestión inconsciente que nos atrae a esa persona aún sabiendo a veces que quizá no será buena para nuestra vida. Pero como muchos aquí entenderán, el sentimiento de atracción hacia alguien es inevitable, y no estamos buscando evitarlo, sería una barbarie aconsejar ignorar a nuestras emociones, simplemente estamos buscando explicarlo, pues para poder entender lo que sucede entre dos será necesario entender de dónde viene exactamente el problema, porque es que si hablamos de repetición de patrones entonces hablamos de que no es algo nuevo, sino que hemos repetido algo durante mucho tiempo y de diversas maneras.

Las personas en la consulta

Es complicado poder entender todo eso de la repetición para cualquier paciente, y es algo que no se dice de manera literal, no al inicio por lo menos. Las personas deberán entender las raíces de sus problemas solas pero con la guía del terapeuta. Explicar toda esta teoría que suele ser fastidiosa para muchos siempre tiene una connotación demasiado literal para quien intenta comprender, por ejemplo; quienes son víctimas de la infidelidad quieren entender el patrón de repetición como eso, literalmente, personas que son víctimas del engaño, y entonces comienzan a darse explicaciones inadecuadas como "pero es la primera vez que alguien me engaña" o "nunca me había pasado, no puede ser un patrón que repita", pero para poder entenderlo mejor habrá que profundizar todavía más. No se trata de ser víctimas de la infidelidad, pero quizá se podría tratar de una persona insegura que dentro de sus relaciones interpersonales, lo otros, no le toman en serio. Así entonces, el patrón no es la infidelidad, el patrón tiene que ver con su inseguridad y la búsqueda de relaciones vacías en donde no se le tome demasiado en cuenta y pase siempre a ser algo secundario, quizá como lo fue para sus padres en la infancia, quienes atendían más su trabajo y el negocio familiar que las necesidades emocionales de sus hijos. Ese intento constante de darle una explicación a los problemas de pareja arrojarán siempre cuestiones que no son de pareja, no de la pareja amorosa, sino de la pareja infantil, de esa que se hizo con mamá o papá en algún tiempo.

Al llegar a la consulta los pacientes acuden desgatados, hartos y ansiosos por encontrar una solución a sus problemas conyugales o de pareja; intentan terapia de pareja porque desean llegar a acuerdos que solucionen sus conflictos, y no es malo, claro que no, la terapia de pareja es una opción bastante adecuada para intentar solucionar los problemas o, en caso de no existir conciliación alguna, generar una separación saludable entre ambas partes. Pero debemos entender que la terapia individual es una opción que nos acerca a nuestro propio bienestar y, de manera secundaria, al bienestar de cualquiera que esté a nuestro alrededor, porque en el camino de encontrarnos a nosotros mismos podemos encontrarnos con el otro de una manera sana o separarnos de esa persona que nos hace daño y así, saludablemente, detener aquella repetición constante.







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