lunes, 23 de noviembre de 2015

La Frida que llevamos dentro

Una de las cosas de las que nunca he podido dejar de escribir es sobre Frida Kahlo y su legado; la vida de esta mujer siempre me ha parecido un suculento cúmulo de material para analizar, para hablar y tratar de entender, una biografía digna de debate. Pareciera que en los últimos años la imagen de esta mexicana ha ido tomando fuerza, incluso ha trascendido en esferas artísticas de mayor alcance como la industria de la moda. Por estos motivos mis dedos le han dedicado varios textos como tributo a su singular y hermoso paso por el mundo. 



¿Por qué Frida se ha vuelto tan popular?

Como alguna vez me atreví a escribir en un pequeño artículo para una página de internet que ya no existe por cierto, la popularidad de Frida se ha transformado en un símbolo que representa cambio; me refiero a ese cambio que se hace de una cosa a otra, en este caso del dolor al arte. Hacer del dolor y la pena algo hermoso siempre fue un característico del concepto de Frida. Tomando en cuenta ésto, podemos entonces hacer una comparación con la vida de Frida, llena de sufrimiento desde muy temprana edad, con la situación mundial que empeora día con día. ¿No te parece que el mundo ahora es más doloroso de algún modo? La pena y la miseria abundan alrededor del planeta y tal parece que toman fuerza con el paso de los días. Es por todo lo anterior que tengo la sensación de que el arte y la vida de Frida nos recuerdan un poco a nuestra situación actual llena de guerras y aflicciones, enfermedad, hambre, pobreza, muerte, etc.; pero, al mismo tiempo, el símbolo de Frida nos proporciona un consuelo, una imagen que simpatiza, que nos da esperanza mientras observamos una manera en la que lo oscuro y terrible pudo ser transformado en algo hermoso como su arte. 

¿Cómo me enamoré de Frida y su arte?

Pues, aunque se lea medio banal, fue Salma Hayek quien hizo que me interesara en Frida debido a su actuación en la película biográfica de la pintora llevada al cine en 2002. Lo hizo tan bien y con un sentimiento bastante realista de por medio que no pude evitar comenzar a leer al respecto. Me sumergí en el mundo de Frida como un proceso constante en el que supe, desde el comienzo, que sería un viaje sin retorno e infinito. 

Frida me ha llevado, sin planearlo, a recorrer otros caminos, de otros artistas, de otros pasatiempos. He conocido más formas de arte, de expresión, de transformación; he leído de Frida y aprendido de ella como alguien importante en mi vida; su imagen me motiva, me recuerda que a pesar de la tormenta somos fuertes, capaces de resistir y evolucionar, de cambiar y reformar para encontrar nuevas salidas, nuevos caminos y nuevos nosotros. 

La Frida que llevamos dentro 

Tengo ahora la idea recurrente de que todos los seres humanos llevamos algo de Frida en el interior, esa parte lastimada pero viva y consciente de lo que nos rodea y de lo que nos hace daño. A pesar de nuestros intentos por erradicar lo negativo no hemos, ni podremos jamás, eliminar las malas experiencias por siempre y para siempre. Esto me lleva a entender que se necesita de un balance que equilibre todo lo que nos rodea; no se puede tener ni toda la felicidad, ni toda la miseria, ni toda la salud, ni toda la enfermedad, ni todo el placer, ni toda la desgracia. Necesitamos aceptar lo malo para reconocer lo bueno y sacarle provecho a ambas cosas, tal y como lo hizo Frida sobre su enfermedad, sus decepciones, sus excesos y sus vacíos. 

Frida Kahlo se ha convertido en una de mis figuras dignas de admiración, incluso, una especie de gurú que me muestra los caminos que nadie quiere recorrer como una manera de saber elegir entre lo que es bueno para mí y lo que no lo es y, en el caso de obtener cosas que no son buenas para mí, saber aceptarlas y transformarlas en algo mucho mejor. ¿No has sentido que algo así no es tan malo como suena? Lo malo y lo bueno, la enfermedad y la salud, el trauma y la resolución del mismo, todos estos antónimos son necesarios, ambos, porque uno no podría existir sin el otro y la vida sería un completo desastre. 







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