miércoles, 11 de noviembre de 2015

Por qué el raro de Mane comenzó a escribir y su amarga propuesta literaria

"Tuve la fortuna de sentirme roto de muchas formas;
me rompí del alma alguna vez, también del corazón;
se me rompió la voz y el llanto en algún tiempo, 
me rompieron las alas y las esperanzas, los sueños
y todo lo bueno, pero todo lo que reparé y reconstruí
después fue mil veces mejor..."

Algo especial para agradecerte 

Estimados lectores, conocidos y desconocidos, no tienen una idea de lo mucho  que me emociona haber encontrado una nueva manera de poder estar en contacto con ustedes, contigo, que has encontrado algo interesante en mis letras, algo que, probablemente, se adhiere a ti de algún modo, no importa cuál, lo que importa es que has tenido la maravillosa experiencia de identificarte en una frase, en un renglón o en un párrafo conmigo y mis letras y, además, me proporcionas a mí una experiencia única al pasar tus ojos sobre mis líneas. Por tal motivo debo agradecerte infinitamente cada segundo que te tomas para atender una lectura que tiene sus orígenes en mis pensamientos. Quisiera, como parte de mi agradecimiento, compartirte en este mi primer blog, una breve narración sobre cómo fue que comenzó este amor que ahora le tengo a la escritura y la manera en la que poco a poco he ido encontrando un estilo propio. 

Comencé a escribir cuando... 
En realidad no tengo en la memoria el recuerdo exacto  sobre cuándo fue que escribí algo independiente de lo que tenía que escribir para mis tareas de la escuela. Lo que sí recuerdo es que siempre sentí una fascinación muy singular por las letras desde que supe cómo usarlas y dónde. Siempre vi al español como una lengua hermosa, compleja y rica; quizá la admiración que le tenía, y le tengo, a mi lengua madre fue lo que me impulsó a usarlo tanto como pudiera. Me sentí libre de hacer y  deshacer mi voluntad con las letras desde muy pequeño, sentía que tenía un acceso ilimitado a crear simplemente lo que me viniera en gana, sin ataduras ni restricciones. Por supuesto, mi amor por la lectura comenzó desde muy pequeño también y sucedió con ello un fenómeno que me estimulaba aún más a escribir pues entre más leía más quería escribir; digamos que se trataba de un asunto de inspiración constante que luego se hizo permanente. 

Inspiraciones 

Como ya lo he mencionado en el párrafo anterior, algo sucedió de pronto en mi vida que la inspiración que encontraba en ciertos libros se convirtió en algo permanente pues me sentía inspirado todo el tiempo. Algún tiempo después, en la pubertad, encontré una imagen en Internet que tenía una frase que decía que los verdaderos escritores siempre estaban inspirados, toda su vida, cada segundo; al final de la frase decía: Stephen King, y recordé todas esas películas de terror que me habían fascinado durante años. Decidí en ese momento comprar un libro de aquel escritor y comenzar a conocer su trabajo más allá del cine, en sus raíces, en su núcleo. Por supuesto quedé sumamente encantado con aquellas letras tan llenas de horror y misterio, con personajes locos y enfermos por todos lados. Ahí, creo yo, decidí tener un estilo personal y dedicarme a escribir con más formalidad. 

Debo aclarar una parte sumamente importante dentro de mis inspiraciones, una parte medular que me llevó a querer crear cosas nuevas para mí y por supuesto para los demás. Ese estímulo crucial se llama J. K. Rowling y todo lo que su nombre simboliza. Harry Potter llegó a mi vida en un momento de crisis, de separación, literalmente, mis padres se separaban. No supe cómo o en qué momento la historia de Rowling se metió hasta mis entrañas, pero cuando menos pude darme cuenta ya estaba leyendo con obsesión La piedra filosofal. Puedo decir entonces que Rowling y King fueron mis primeras dos grandes inspiraciones, dos escritores modernos, con propuestas singulares dedicadas a cierto tipo de personas; ambos me tocaron de una manera que pocas veces uno tiene la fortuna de ser tocado en la vida; me tocaron el alma. 

Mi estilo amargo

Con el paso de los años, hasta el día de hoy, he ido encontrando cosas en la práctica literaria que se han quedado conmigo y, del mismo modo, he desechado otras tantas. Mis amigos y conocidos, y todos quienes hayan leído algo mío alguna vez, podrán dar testigo de ese estilo que he intentado pulir cada vez más para crear un sello perdurable y significativo. Mis textos siempre tendrán un trago amargo que casi siempre luce bastante cambiante, como una transición que va de lo insípido a lo insoportablemente amargo. He encontrado en el paso de los años que la vida tiene una parte interesante que no siempre se habla, un lenguaje oscuro y oculto que provoca aversión o melancolía cuando se utiliza, ése es exactamente el lenguaje con el que escribo. 

Para poder explicarme mejor quisiera que pensaras un momento en esa sensación de sobresalto, decepción y frustración que llega a ti cuando la luz eléctrica se va repentinamente en tu casa, es una mezcla de emociones interesantes que desembocan a veces en coraje; así mis escritos se unen a sensaciones combinadas que no siempre lucen positivas o alegres. Piensa también en la melancolía placentera que sientes al recordar cosas mientras ves la lluvia a través de tu ventana, cuando las nubes apagan la luz del día con su espesor gris, ese "crac" que puedes sentir por dentro cuando recibes una noticia inesperada o te dicen algo que no querías escuchar; mis letras se parecen un poco a eso, cuando despiertas a mitad de la noche después de una pesadilla, en la oscuridad, sudando y agitado. Así es como escriben mis manos, con esa media luz que anuncia tensión, agresión, frustración y vacío, pero que te hacen ver que después de esas cosas hay algo más, algo que tiene muchos nombres: alivio, resolución, cura, sanación, paz, tranquilidad. Porque ahora más que nunca tengo la idea de que para poder llegar a la luz debemos pasar por un tramo siempre oscuro y desconocido, para poder encontrar un equilibrio entre lo bueno y lo malo debemos conocer ambas cosas. No todo es totalmente bueno y no todo es totalmente malo; necesitamos un poco de todo. Eso es lo que intento comunicar, desde mi parte humana, y a veces también desde mi parte profesional, como psicólogo y psicoterapeuta en constante crecimiento.  Me alegra que mis letras provoquen algo, no importa qué, pero que provoquen. Dejarte provocar por mis textos es formar un tercero que surge de dos personajes principales: tú y yo. Tú leyéndome, yo escribiéndote y, al final, lo que se crea en nosotros después de eso. 







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