domingo, 22 de noviembre de 2015

Querido diario: muchos han muerto

Querido Diario:


Hoy, después de haber tenido varios días esta sensación melancólica, pude descubrir de qué se trata exactamente en el momento en el que papá me llamara para decirme que un familiar no tan cercano había muerto. Morir, de eso de ha tratado todo este tiempo en el que me he preguntado por qué tengo esta sensación de vacío, de abandono, esta zozobra que de pronto se vuelve dolorosa. 

Me puedo dar cuenta ahora, desde mi perspectiva poco experimentada, que a mis diecinueve años muchas cosas en mi vida han muerto, muerto de muchas formas, porque morir no siempre significa fallecer, dejar el cuerpo inerte y sin vida; morir también es abandonar sin retorno, es dejar, dejar atrás algo o a alguien. Es precisamente por eso que deduzco sin temor a equivocarme que este sentimiento depresivo nació a partir de las constantes pérdidas, muertes, que he sufrido. Comenzando por mí misma, porque ya no soy la misma de antes y eso es haber muerto de algún modo, de hecho, me he suicidado de cierta forma, he matado esa parte de mí que era infantil y grosera, inmadura y adicta a los excesos, a las malas relaciones, así, en consecuencia, he terminado con él porque me he dado cuenta que después de tantos años juntos lo único que pudo darme fue un montón de esa toxina que me envenenó para dejar de ser yo y convertirme en algo más, algo terrible. Por este cambio repentino en mi vida decidí confesar a mamá la verdad sobre mi relación violenta con él y el tormento que viví durante años, cuatro para ser exactos. Ella me apoyó, claro, es mi mamá, lo ve como un deber el tener que ser un soporte para evitar mi hundimiento. 

Sin ser suficiente lo lacerante que pueden ser las pérdidas, algo más decidió abandonarme en el camino; envuelta en un mundo de mentiras y rumores que me asfixiaban decidí poner fin a ciertas relaciones sociales de muy perturbada naturaleza, con un esfuerzo sobrehumano debo recalcar, y después de una guerra que creí infinita con un montón de cabezas huecas, al final logré sentirme en paz por el hecho de haberme alejado de toda esa enfermedad tan infecciosa, pero aunque sentí un alivio, la pena de la pérdida me irrumpió de nuevo. Cambié mil cosas más, desde mi tiempo de siesta hasta el tipo de libros que acostumbraba leer, mis pasatiempos, alimentación, rutinas, mis emociones mismas cambiaron también. Comencé a ver la vida con una perspectiva distinta y supongo que ahora entiendo que mis decisiones tienen un propósito. Estoy segura de que no es el "destino" quien tira de hilos para ordenar o desordenar mi vida, soy yo misma quien decide qué y cómo, con quién y cuándo, me alegra pensar eso, suena tan racional que hasta yo misma me sorprendo. 

Muchos han muerto, incluida yo, de cierta manera. Creo que morir también significa renovarse, dejar atrás algo para que otra cosa totalmente nueva nazca y hagamos de ella algo provechoso, aunque no siempre tomemos las mejores decisiones, claro está. Me queda claro ahora que entender lo que sucede es un buen augurio, porque entender los motivos de algo es la manera más poderosa de evitar que todo continúe en ese ciclo de constante repetición, esos círculos infinitamente viciosos que hacen de nosotros algo que no somos. Ya iré asimilando las muertes, los cambios y, por supuesto, todo lo que esté por venir. 


Isabella





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