miércoles, 23 de diciembre de 2015

Salir del armario y la aspereza de lo nuevo

"Se pensaba quizá que los colores del arcoiris
caían del cielo para llenar tu vida de felicidad
y dicha, pero la realidad es que al principio 
todo es gris, incoloro, y es trabajo de cada
uno conseguir herramientas y pintura para
teñir poco a poco lo que lucía insípido en 
un comienzo. Pintar todo de colores requiere
esfuerzo y dedicación, requiere sacrificios y
duelos, demanda y exige una lucha contra lo
incoloro."
Manelander

Hablar de este tema tiene un tinte algo complicado para muchos, comenzando claro por el asunto de la homosexualidad, esta orientación, preferencia, condición o como le quieras llamar. La homosexualidad se ha convertido en un tema tan hablado pero tan poco entendido que ha caído en un círculo vicioso de controversia y debate; hablar sobre homosexualidad no ha sido suficiente durante todos los años de existencia humana dentro de un entorno comunicativo y de uso del lenguaje; han sido necesarios otros métodos para hacerle ver al mundo que ser diferente no es nada distinto. 

Decidir salir

Ya hablaremos después de otros puntos importantes con respecto a la homosexualidad, hoy nos concentraremos en el asunto de "salir del armario" y todo lo que viene después de eso. Salir de un lugar significa un cambio, porque el interior jamás será igual al exterior, así entonces, salir requiere un esfuerzo y una preparación, salir del armario es un trauma (también puedes leer mi texto anterior sobre el trauma y su función en el mundo), una transgresión, algo que nos sacude y nos obliga a la adaptación de lo nuevo. 

Generalmente salir del closet demanda un esfuerzo que se intensifica con las figuras primarias, mamá y papá. El decirlo a amigos o conocidos no suele requerir gran energía, de hecho, podemos decir que es bastante cómodo cuando más personas lo saben y comienzan todos a darlo por hecho, cuando en los círculos sociales ya ni siquiera es importante preguntarle a alguien sobre su sexualidad, no tiene sentido, no es necesario pero, en el caso de los padres, confesar o confirmarles la verdad se ha vuelto una odisea para muchos, un debate interno que empuja y limita al mismo tiempo, una guerra en los adentros entre el "sí" y el "no, mejor después". Tomar aquella decisión es una lucha que nos llena de miedo, miedo al rechazo, a la violencia, al duelo del cambio, miedo al miedo mismo.

Decir, confesar, confirmar, todo eso simboliza una sola cosa: resolución, y la resolución es un alivio, una descarga de información que nos lleva a ser más nosotros, más auténticos, ese es el propósito de decirlo, la liberación psicológica que conlleva el ocultar lo que realmente somos. Pero decirlo también significa abrir la puerta para salir a lo nuevo, a lo que viene después de ello, al afuera, y eso podría considerarse como una segunda lucha que habrá que librar, pero ¿qué la vida no es un conjunto de luchas constantes que se ganan y se pierden? ¿qué no es un cúmulo de guerras y batallas que nos hieren y nos curan? ¿qué no es ese el sentido de vivir? luchar para sobrevivir, y no solamente en el mundo físico, también en el mundo de lo interno, de lo intangible, de lo emocional y psíquico, de lo subjetivo.

Lo áspero de lo nuevo 

Y aquí vamos entonces, parándonos justo en el blanco obligado que todo homosexual tiene que pasar, como una condena social que, irónicamente, resulta incluso divertida de vez en cuando. Podría decirse que entre más ataques se reciban, el orgullo de ser lo que se es incrementa y se inflama. Todo lo que está fuera del armario llega a lucir macabro y agresivo a veces, pero entendamos que no habrá nada que no podamos enfrentar, que no podamos resolver, que no podamos elaborar.

Es bajo el porcentaje de reacciones cien por ciento positivas en todas las personas, en todos los círculos o en todas las sociedades, siempre habrá un trago amargo, una negación, un rechazo, una mirada triste, una mirada irónica, una altiva, una rencorosa, también alguna de desprecio o de lástima, porque no todos somos iguales, porque somos una serie de matices que nos hace únicos e irrepetibles, pero, a pesar de nuestras diferencias todos continuamos siendo la misma cosa: seres humanos.

Sobrellevar todo lo nuevo con la familia, con los amigos, con la pareja quizá, con los compañeros de trabajo, etc. se resumirá siempre a una sola cuestión, a la cuestión de las ideas, de los estereotipos, de las etiquetas sociales y culturales que funcionan como obstáculos que debemos librar; quizá caeremos de pronto, pero podremos levantarnos para continuar en la carrera. No todo es totalmente negro, ni todo es totalmente blanco; dentro de todo lo oscuro siempre, sin duda alguna, habrá una luz, una chispa, una llama que nos guíe, que nos sostenga. Decir las verdades es una aceptación de nuestras realidades y, por más dolorosas que sean, debemos aprender, con el tiempo, a vivir con ellas y, sobre todo, a ser felices, a amarlas y a estar orgullosos de lo que tenemos y de lo que somos. La paciencia, la inteligencia, el amor propio, siempre serán nuestras armas más fuertes para sobrevivir a lo que sea que caiga sobre nosotros.

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