viernes, 29 de enero de 2016

Alocución al enamoramiento

"Ya no me reconozco, me siento perdido; 
lo que antes era ha dejado de ser y
todo lo que no fue ahora es..."

Manelander


He dejado de pensar como pensaba antes, y eso ya es decir demasiado. He dejado de actuar como actuaba antes y eso, eso es más que demasiado, es casi milagroso, mágico. Aquí, mientras escucho la luna de miel de Lana o siento la gravedad de Sara, me descompongo y me vuelvo a componer, me desarmo y me vuelvo a armar, intentando encontrar una solución a este sentir que no puedo controlar. Es un manojo de emociones que conocí alguna vez pero que me fueron arrebatadas, mis mariposas murieron y sus cadáveres se hicieron polvo en mis entrañas, las vomité en forma de soledad y resentimiento, en forma de excesos y enfermedades, enfermedades de la mente, del corazón, del alma. El mundo se ha pintado de algo distinto, algo que no puedo entender del todo, porque... ¿lo saben, verdad? el afecto se disfraza de sinsentido, de una ilógica forma que te seduce, te hipnotiza para llevarte a una oscuridad desconocida, lúgubre, de la cual, tengo el presentimiento, saldré casi destruido, incluso incompleto, golpeado, deshecho. No me sorprendería, no me sorprendería nada terminar de nuevo como al principio. Es el rechazo a lo que puedes entregar lo que te vuelve loco, lo que te enferma y te lleva a la desesperación más cruel e impaciente. Tanto que dar y no saber si alguien está dispuesto a recibirlo, a recibir todo lo bueno, todo eso por lo que has trabajado prácticamente toda tu vida; estar mejor contigo mismo para que, el día que encuentres a ese alguien, 
puedas hacerlo bien, de la mejor manera, de una manera suave y calmada que cure las heridas del otro sin que se de cuenta, que alivie sus penas sin que esa sea la intención principal, porque lo sabes, sé que lo sabes, que estar bien contigo mismo hará que el otro, ese otro que decida quedarse a tu lado sane, sane de todas las formas posibles sin importar que tan profunda sea la herida, el dolor, el sufrimiento o la infección que haya corrompido su espíritu. 
-¡Déjame tenerte. Tenerte de todas las maneras posibles e imposibles -pienso de repente. Me frustro, me quedo parado sin hacer nada porque no sé si hacerlo todo sea lo que quieras que haga. Me guardo en mis adentros, me contengo, contengo toda la fuerza de mi cura, de mi paz, de mi magia, porque también pienso si te la mereces en verdad, si mereces ese conjuro que puedo usar para hacerte feliz. 
"No sé" se ha convertido en mi par de palabras favoritas últimamente, con una constante que me preocupa, porque no saber es terrible y porque aún no he llegado al punto crítico que me hará tomar una decisión irrefutable. "No sé", no sé que es el amor, no lo conozco, lo he olvidado, lo abandoné hace mucho tiempo cuando las grietas aparecieron en las paredes de mi corazón y mi alma se volvió gris y marchita. No sé cómo amar a alguien que no tenga un lazo antiguo conmigo, no sé cómo amar a los nuevos, a los diferentes, a los que me rondan. No lo sé, quizá nunca sepa cómo, y lo hablo y lo pienso y lo escribo, demasiado, pero no es suficiente, porque necesito actuar, es imperante, es urgente.

Vil enamoramiento, que te enceguece, que te idiotiza, que te descontrola, te inhibe, te humilla, te obliga a partirte en muchos pedazos; los miedos te inundan, te hacen sentir que quizá no seas suficiente, pero al mismo tiempo te impulsan a demostrar todo lo contrario. Los fantasmas de las vidas de ambos que nos persiguen y nos acosan, y no dejan que las heridas cierren; son villanos, crueles y destructivos que no permiten que se escriba una historia de dos, de dos que son nuevos, que pueden empezar de cero. Y podría luchar sin hacerlo, podría el amor que despiertes en mí destruir cualquier cosa que se interponga entre los dos, podría tal vez, pero no lo sé, necesito una chispa que me encienda, que me invoque para ser más grande que cualquier antagonista, más fuerte que cualquier recuerdo, más inteligente que cualquier artimaña, más todo para refutar lo cruel, lo innecesario, lo enfermo, lo amargo, lo que no debería estar.

Decisiones, decisiones, esas que se toman de la mano de la locura que viene con el enamoramiento, con la estupidez del sentir más y pensar menos. Decisiones, decisiones que me atormentan por dentro, que me exigen respuestas y respuestas que me exigen energía y energía que me exige algo de otro, de otro que me aliente, me inspire. Bienvenido... lo que sea que seas, lidiaré contigo hasta el final, lo he decidido ya, llegar hasta las últimas consecuencias, sin importar si me destruyes o me reconstruyes, lo haré porque necesito una batalla de estas en mi vida para poder avanzar, para crecer, para vivir.

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