jueves, 14 de enero de 2016

De inicios y finales

-Para Aldo...

"Creí que todo sería como lo había
planeado durante mucho tiempo, 
que las cosas en mi lista resultarían
ordenadamente y sin obstáculos.
Creí que lo que conseguí se quedaría
hasta mi muerte y lo que alejé se 
mantendría distante por siempre;
ahora veo que lo que se tiene no 
siempre se queda y lo que antes
se fue quizá vuelva para que le dé
una solución.


La vida es un instante de cambios
que nos sorprenden y nos enseñan,
nos nutren, nos crean."

Manelander 

Después de darle muchas vueltas al asunto sobre qué debía escribir esta semana, por fin me decidí, con un poco de ayuda, no les mentiré, a escribir sobre estos cierres y aperturas que uno hace en este tiempo de renovarse, de reencontrarse, este tiempo de trauma y resolución que marca pautas. Lo hago con toda la curiosidad que habita en mí, pues parece que estamos ya tan sistematizados, como robots, como computadoras, a contar los segundos, los días, los meses, y con ellos contamos nuestros logros y nuestros fracasos, como si se tratara de un concurso, de una competencia sobre quién puede lograr lo mejor en menos tiempo. Tengo la idea ahora de que todo sucede o deja de suceder en el tiempo exacto en el que tiene que ser, muchas veces en contra de nuestros deseos; luchamos contra ciertos acontecimientos para cambiarlos, pero eso nos desgasta, nos enferma, porque nos aferramos a lo que no pudo ser, y es que somos tercos y obstinados por naturaleza, porque nos gusta ser el eslabón más fuerte de la cadena en todos los aspectos, tener el control de todo, incluso de las cosas que no podemos controlar. 

Los finales 

Ya en algún blog anterior escribí sobre lo doloroso de los finales, lo terrible que es aceptar que algo ha terminado, pero en esta ocasión quisiera escribir sobre los finales que acontecen justo en este periodo en el que inicia un nuevo año. Es una paradoja, cerrar algo en tiempo de aperturas; pero es que claro debería quedarnos que siempre para poder abrir debemos cerrar algo detrás, es la ley de la vida, es así y así será siempre, porque la única forma sana de iniciar algo nuevo es cuando todo lo anterior está resuelto. Nuestra impaciencia y desesperación nos arrastran a lugares oscuros y lúgubres que nos amenazan y pensamos que no sobreviviremos, pero somos fantasiosamente catastróficos, pues los cierres no nos matan, al contrario, nos envían un mensaje de vida, de fortaleza y de supervivencia dentro de este mundo tan hostil y complejo. Los finales por lo general no son placenteros, pero lo que sí es que son necesarios. Imaginen cómo sería nuestra vida si no cerráramos nada, si siempre cargáramos con todo lo que nos sucede; quizás andaríamos por ahí pensando y preocupados porque reprobamos matemáticas en quinto año de primaria a nuestros cuarenta, acumulando objetos inútiles en casa por temor a deshacerse de lo viejo, llorando porque cuando eramos bebés nuestras madres nos dejaban con la niñera para ir a trabajar, etc, etc. Es un trabajo constante el cerrar ciclos, el resolver asuntos, porque pienso que si en tus intenciones está hacer propósitos nuevos es porque todo lo anterior ha sido resuelto ya. 

Los inicios

Abrir, dejar entrar después de haber liberado espacio sacando lo que ya no nos sirve. ¿Cómo podríamos dejar entrar algo nuevo si dentro de nosotros no cabe nada más? Sería un desperdicio, ¿no creen?, una necedad, una atadura; perdernos de disfrutar cosas nuevas por conservar algo que debió marcharse hace mucho tiempo ya. Iniciar es placentero si se ha cerrado algo antes; vivimos con la tranquilidad de poder disfrutar algo nuevo porque lo anterior ya no nos atormenta. Abrir cosas nuevas es símbolo de vida, porque lo nuevo es nacimiento, es dar a luz para poder disfrutar eso que, emocional o mentalmente "parimos". Hay inicios que se complementan con los finales, por ejemplo, terminar de escribir un libro es darle un final a algo, pero es satisfactorio, porque ese final es haber creado algo que es nuevo, y entonces es como si fuese perfecto ¿sabes?, como si darle final a algo fuese necesario para tener otra cosa mucho mejor, un resultado, un florecimiento que se disfrute, que sepa rico, que sea bueno. Hacer propósitos de año nuevo es un concepto muy viejo y, si se sabe aplicar, entonces podemos conseguir cosas nuevas en un tiempo determinado, pero soy más de la idea de que la vida es burlona y nos cambia el camino quizá cuando estábamos por llegar a nuestra meta deseada, nos pone obstáculos, nos aleja la meta, nos vuelve ciegos, nos manda tormenta, o simplemente nos pone enfrente una meta que luce más atractiva, más bonita, más de todo, y entonces cambiamos la dirección; pero qué encantadora, qué suculenta, qué sorprendente es la vida que puede jugar con nosotros como piezas de un domino pero que al mismo tiempo nos deja decidir y avanzar. 

En algún momento escribí algo así como: "El año comienza todas las mañanas, al abrir los ojos y ver la luz del sol, y termina en las noches, con la luna, cuando dormimos y nos ponemos a soñar". Es así un poco; queremos forzar los hilos que tejen el destino de cada uno, y eso, querido lector, es un atrevimiento; no quiero decir que uno no pueda tejer más "pedazos de destino", porque uno tiene la fuerza para decidir y eso puede alterar nuestro camino y cambiarlo todo, pero no podemos forzar nada, debemos fluir, tejer con la calma con la que las ancianas tejen un suéter, con paciencia, con la mente, el cuerpo y el corazón muy atentos, en balance, en consciencia. Dejemos de programarlo todo y simplemente... dejar que suceda. 






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