lunes, 29 de febrero de 2016

2. Melancolía: ¿Y si me corto las venas?

Lee el capítulo anterior de esta historia AQUÍ

-Por favor, Andi, sabes que fue una estupidez, bebé, yo te amo...

-¡No me toques! 

-Bebé no hagas esto, yo te amo, ¡Andrea por favor!


La chica abrió los ojos justo en el momento en el que él salía detrás de ella, abrochándose los pantalones, sin camisa, con el escultural torso desnudo, caminando hacia la calle para alcanzarla entre la multitud. Había sido, sin lugar a dudas, la peor tarde de su vida. Lo amaba tanto, ese era el problema, que lo seguía amando a pesar de tener el corazón hecho añicos; era como si hubiesen traspasado su pecho con una lanza gruesa y larga, pero que la mantenía viva, con un dolor insoportable, sí, insoportable porque era como estar muerta en vida, en un limbo del que no podía salir a pesar de sus esfuerzos. 

La noche era bastante fría y Andrea se había quedado dormida en el sillón de la estancia, frente a la chimenea que le proporcionaba los últimos minutos de calor porque el fuego ya comenzaba a consumirse debido a la falta de madera. Estaba envuelta con el cobertor aquel y acurrucada en posición fetal. Escuchaba los tronidos de la madera ardiendo en la chimenea y el soplido del viento que no había cesado en el exterior. Se sintió abrumada por el sueño tan vívido, más bien por la pesadilla aquella que había tomado lugar en su cabeza. Volvió a sentir esa punzada en el pecho que le recordaba que estaba herida, herida del alma, de esa manera que duele más que los golpes o las palabras. Se incorporó en el sillón y se pasó ambas manos por el rostro para despejarse un poco, se desató el cabello enmarañado y volvió a atarlo con la liga vieja que usaba para sostenerlo una vez seco después de bañarse. Llevaba tres días y dos noches en la vieja cabaña de sus tíos abuelos, quienes habían decidido viajar por Europa tres meses y le propusieron a Andrea la idea de cuidar el lugar y a su gato "Gato" (en serio, así se llamaba) en su ausencia. 

-¿Te duele? -escuchaba su propia voz hablando en su interior-. Toma otra de esas pastillas. 

Había tomado ansiolíticos todas las tardes y noches desde su llegada; un amigo psiquiatra le había proporcionado las prescripciones necesarias para obtener las píldoras. 

-¿Te duele mucho? Porque si tanto te duele entonces acaba con esto de una vez -pensó, mientras las lágrimas comenzaban a escurrir por sus mejillas, brotando de sus ojos en silencio como fuentes inagotables de agua cristalina y salada al tiempo que posaba la mirada en el fuego retorciéndose en la chimenea. 

La idea de tomarse todos los ansiolíticos le asaltó la mente; acabar de una buena vez con ese sufrimiento absurdo que la perseguía hasta en sueños. Todo le recordaba a él, los colores, la oscuridad, la música (prefería no escuchar música nunca), los árboles, la comida, todo en absoluto, incluso su propio reflejo frente al espejo. Cinco años juntos no habían sido suficientes para que el amor que le tenía triunfara, al final, después de tantas cosas buenas, todo se fue a la basura. 

-Córtate las venas, así te encontrarán desangrada y el sentirá más culpa -dijo la voz en su cabeza. Esa parte de ella que deseaba que él se sintiera mal por su tristeza, por su depresión, por su muerte. ¿Vale la pena? se cuestionó una y otra vez, ¿vale la pena terminar mi vida por alguien que me engañó?, la respuesta se le escapaba del pensamiento y decidió acostarse nuevamente; pasaría la noche en el sofá, no tenía ánimos ni siquiera para moverse y caminar hacia la habitación. 

La madera de la cabaña tronaba a causa del aire y el silbido del mismo le arrullaba casi intencionalmente, como si el destino se empeñara en demostrarle que no todo era malo. Volvió a quedarse dormida y la oscuridad se apoderó de la habitación una vez el fuego se hubo consumido. 

"Toc, toc, toc", alguien llamaba a la puerta. "Toc, toc, toc", desesperadamente. Andrea abrió los ojos y la tenue luz del nublado día que se colaba entre las cortinas le golpeó las pupilas. ¿Quién podría tocar tan temprano y en medio del bosque?, se asustó un poco, se incorporó con las cejas entronadas y caminó hacia la ventana para dar un vistazo al exterior. No vio a nadie, lo único que pudo ver fueron los árboles y las plantas sacudiéndose aún por el viento. Frunció el entrecejo y, justo cuando se disponía a dejar de mirar por la ventana y a convencerse de que había alucinado el sonido del llamado, un chico de tez blanca y barba de candado se apareció repentinamente del otro lado de la ventana, provocando que se asustara tanto que, a causa de su mala alimentación y las pastillas que tomaba, Andrea se desvaneció en ese preciso instante, cayendo al suelo de madera alfombrado sin demora. 

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domingo, 28 de febrero de 2016

El retorno a la repetición y nuestra resistencia a sanar

"Los esfuerzos se volvieron insoportables, 
por más intentos que hice no pude 
contenerme y volví a aquello que me 
había hecho daño durante tanto tiempo."
Manelander


Queridos lectores, si pudiera yo contarles con precisión todos los detalles de mi vida creo que lloraríamos juntos en este momento, porque aunque intenté evitarlo el desamor llegó a mi puerta para quedarse, como siempre lo hace, un tiempo, como ese invitado indeseado que no se va aunque sabe que su presencia incomoda. Pero debo aprovechar estos momentos en los que mi permanente inspiración se convierte en algo más fuerte y, por desgracia o por fortuna, se oscurece y mis letras se tornan más amargas que nunca. A pesar de los sentimental de mi situación actual, he decidido hacer de este texto algo un poco más aterrizado y hablarlo profesionalmente, o por lo menos intentarlo. 

Repetir 

Como ya he mencionado en varios de mis blogs anteriores, escritos y artículos varios, como apasionado de la materia psicológica y psicodinámica, la repetición es un asunto que tiene que ver con nuestras vivencias pasadas; repetimos nuestros asuntos sin resolver durante toda la vida, precisamente lo hacemos con ese fin: el de resolver aquello que ha quedado inconcluso, aquello que aún nos conflictúa y que nuestro inconsciente se ha encargado de registrar muy bien para obligarnos a darle una solución de manera retorcida. No somos conscientes por supuesto de todo lo que repetimos, pero es claro, ya lo decía Freud, que somos el reflejo de lo que hicieron de nosotros en nuestra infancia. 

Repetir los asuntos es una cuestión enmascarada, pues creemos que las cosas suceden de manera literal, es decir, pensamos que si papá golpeaba a mamá entonces en nuestra familia futura existirán los golpes, déjenme entonces aclararles el punto. No funciona de esa manera; aunque existan golpes en nuestra familia primaria no quiere decir que precisamente tengamos una pareja que nos violente físicamente en el futuro, pero sí quizá no podamos entablar algo estable y vivamos la vida sin tomar a nuestros "pretendientes" con seriedad a pesar de que los años pasen y, quizá vivamos una soltería eterna con el pretexto de que no queremos nada serio o que "las cosas no se dan". En realidad lo que sucede en mi ejemplo es que nuestro miedo a ser violentados, como lo vimos en la infancia, nos obliga a sabotear cualquier intento de relación de pareja que alguien pueda tener con nosotros, porque en nuestra mente pareja será igual a golpes, entonces nuestro inconsciente decide evitar siquiera tener pareja. Así es como funciona la repetición, siempre poniendo algo de lo pasado sobre nuestros hombros, un hábito inevitablemente compulsivo y patológico. 

Dejar de repetir

¿Cómo dejamos de repetir los asuntos? bueno, la respuesta ya se estableció a manera de introducción en los párrafos anteriores y es muy sencilla. El inconsciente nos obliga a repetir porque desea resolver, pero no lo sabe hacer bien, porque primero, para dejar de repetir, debemos saber exactamente "qué cosa es" aquello que estamos repitiendo. Una vez identificada la raíz del problema debemos atacarlo, ¿cómo? pues hablando sobre ello, hablando tanto que nuestras palabras se agoten y tengamos que pedir prestadas más a nuestro cerebro para continuar dialogando al respecto y encontrando cada vez más y más material que llevamos de lo inconsciente a lo consciente, porque bien pudimos identificar la raíz del problema pero nos negamos a resolverlo porque, muy seguramente, hablar de ello duele y el dolor es terrible para nosotros los humanos. Pero créeme, querido lector, sé que hay cosas que duelen, pero solamente nadando en ese lago de dolor es como podremos llegar al otro lado, porque hablar es elaborar, organizar, acomodar, y todo eso, en conjunto, es sinónimo de resolución. 

El retorno a lo repetitivo 

Pero, como menciono lineas atrás, el dolor nos es insoportable y dejar de repetir nos causa un dolor que se vuelve casi físico, un dolor que nos carcome desde nuestros adentros; es en ese punto crítico en el que el inconsciente se resiste a resolverse de manera adecuada y nos fuerza a volver a ese círculo vicioso en el que antes nos encontrábamos, ¿por qué?, ¡muy simple!, porque es lo que conocemos, y lo conocido es confort y seguridad. Trabajar por dejar de repetir y ser más auténticos es un esfuerzo impresionante que nos traslada a algo nuevo, a tener cosas mejores, pero sucede que cuando tenemos todo eso enfrente, al ser desconocido, no sabemos cómo lidiar con todo aquello y nos asustamos, lo saboteamos y huimos; se trata de no desesperar y aprender a vivir con todo lo nuevo que es mucho menos angustiante y más adecuado para nuestras vidas. Cuando retornamos a la repetición es porque, en principio, ya habíamos dado pasos fuera de ella, pero algo parecido al síndrome de abstinencia de los adictos a la cocaína llega a nuestra psique, no podemos vivir sin aquello con lo que hemos vivido toda nuestra vida (válgase lo redundante), lo queremos de vuelta, lo necesitamos, porque solamente así nuestra ansiedad cobra sentido y nuestra angustia, que no desaparece, se sosiega. Y entonces, querido lector, continuamos en aquello intentando darle otras soluciones, pensando que "esta es la buena", creyendo que todo cambiará de algún modo con "el poder del amor" o "las ganas de ser felices", sabiendo en el fondo por supuesto que nuestra vida no tiene forma de línea recta sino de círculo y todos los círculos, querido lector, siempre terminan en el punto en el que empezaron.

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Textos relacionados:
"Melancolía: Él no está"
"Ir al psicólogo por cuestiones de amor"
"El dolor de la ruptura"








jueves, 25 de febrero de 2016

1. Melancolía: Él no está

Veía cómo la gotera del lavabo de la cocina llevaba un ritmo constante que en vez de molestarla le relajaba. "Tac, tac, tac" sonaban las gotas al reventar contra el metal del fregadero viejo. Era una tarde fría y había decidido, además de ponerse su viejo suéter de lana que su abuela le había regalado hacía dos navidades, envolverse en una manta enorme que le proporcionara el calor suficiente mientras esperaba que la tetera de cobre en la lumbre hiciera hervir el agua para prepararse un café, con leche claro, y con tres cucharadas de azúcar, ni más, ni menos. 

El sol había descendido y ya se encontraba dejando los últimos rastros de su paso por el planeta, el cielo lo cubría con todas las nubes grises que fueron capaces de formarse en un par de horas y el viento sacudía los árboles fuera de la cabaña y azotaba las pequeñas ventanas de madera y cristal protegidas a la vista con delgadas cortinas de una tela vieja de color marrón, quizá descontinuada ya del mercado. 

-Andi -escuchó una voz en su cabeza, no era la primera vez. Era su voz, la voz de él. Continuó con la mirada perdida en el segundero informal de la gotera del fregadero. 

-Déjame en paz... -respondió ella en voz queda, como si le hablara a un fantasma, a un ser invisible. Pensó en ese momento que estaba volviéndose loca, que el desamor la estaba enloqueciendo. - ¿Será posible? -se preguntaba en su cabeza-, ¿será posible que el dolor me esté volviendo loca?, estoy comenzando a alucinar. ¡Menuda estupidez!, he venido hasta aquí para olvidarme de él y aún así no puedo estar en paz -se reclamaba internamente-. Estúpida Andrea, ¿no te queda claro aún verdad?, ¡Él no te ama!, ¡Se ha acabado, entiéndelo! -. Se reacomodó en la silla de madera del pequeño comedor de la cocina y subió los pies para, trabajosamente, envolverse casi toda en la manta cálida-. Ya tienes veintisiete años, Andrea, ¡madura!. Tú puedes superar esto, puedes vivir sin él, puedes volver a ser feliz...- "tac, tac, tac" -... y puedes arreglar esa gotera sin necesidad de él -terminó diciendo nuevamente en voz alta, conversando con ella misma, y en el acto se levantó de la silla, y pisó con los pies descalzos el frío suelo antiguo de la cabaña, se dirigió al fregadero y cerró la llave con fuerza, pero nada sucedió, "tac, tac, tac", golpeó la llave de metal frío con la mano y sintió un dolor que le punzó los huesos, "tac, tac, tac", continuaba el melodioso goteo. Comenzó a llorar mientras se recargaba del fregadero y descendía lentamente hasta quedar tirada en el suelo, a media luz, consolada únicamente por el sonido del viento sacudiendo los árboles y el del agua hirviendo en la tetera. Las lágrimas descendieron por sus mejillas enfriándose por la temperatura; ¿cómo había llegado hasta ese punto en el que sentía que estaba muerta en vida?, se sentía más sola que nunca y no tenía fuerzas ni siquiera para prepararse un café o detener el "tac, tac, tac" de una gotera, no tenía fuerzas para soportar que él ya no estaba a su lado, que él había dejado de amarla, para soportar que él le había mentido. 






lunes, 22 de febrero de 2016

Los senderos de la psicoterapia

"Me senté en el mueble aquel y 
el mundo comenzó a tener un 
sentido distinto, el mundo y 
las personas que lo habitan,
incluido yo."

Manelander



Últimamente he pensado mucho en el proceso terapéutico como parte de la vida cotidiana; todos aquellos lectores que sepan lo que es tomar psicoterapia podrán entenderme aún mejor. Creo que la terapia, con el tiempo, se va convirtiendo en parte medular de la vida, comienza a ganar terreno en todos los ámbitos, porque es ahí, dentro de la consulta, donde somos más nosotros, más auténticos, y de ese modo todo lo externo se acomoda con calma, sin apresurarnos. 

La terapia te da y te quita

Después de años de proceso terapéutico he hecho una especie de lista mental que me ayude a comparar el pasado con el presente; me he sorprendido bastante al darme cuenta de que la terapia no solamente me ha dado nuevos recursos, también me ha privado de algunas cosas. No es malo decir que la terapia te da pero que también, dentro de ese mismo proceso, te quita. Valorando la situación de cada persona, la psicoterapia tiene el poder de hacer que uno mismo consiga mejorar con el paso del tiempo, pero a veces para mejorar debemos eliminar ciertas cosas de nuestra vida, como si tuviéramos que sacrificar algo a cambio de nuestro propio bienestar. Y es que salir de la zona de confort es el primer paso para tener una vida más sana, pero saliendo de esa zona habremos perdido de inicio muchas cosas. Por ejemplo; una persona que recibe una pensión mensual, no tiene la necesidad de trabajar, no tiene pareja ni familia y tiene problemas de salud a causa de una mala alimentación, pasa el día viendo televisión, comiendo y durmiendo. Podríamos decir demasiadas cosas sobre el ejemplo anterior, pero lo que es relevante en este momento es que cuando esta persona, un tanto depresiva cabe mencionar, comience un proceso terapéutico comenzará a darse cuenta de que necesita reacomodar su vida para mejorar; dejar de comer mal y hacer ejercicio traerán salud a la persona y disminuirán sus estados depresivos, esa es una ganancia, pero la comodidad de la zona de confort se disolverá y con ella cualquier cosa con la que estuviese relacionado todo el asunto.

Ganar algo bueno y perder algo negativo es lo ideal, sin duda, pero a veces la terapia también te quita cosas que nunca parecieron tan negativas; relaciones terminan definitivamente por motivos diversos, estrechas relaciones familiares toman una distancia importante, amistades que antes no lucían amenazantes ahora llegan a su fin por motivos específicos que tornan todo más complicado, de eso se trata en algún punto, todo se torna más complejo de lo normal, pero hay una explicación para eso, pues lo que antes sucedía era que no "veíamos" nuestra realidad y caminábamos entre una mascarada de situaciones que nos mantenían en un estado vicioso de cuestiones mentales y emocionales poco sanas, pero lo más interesante es que son imperceptibles hasta el momento en el que algo sucede y todos los síntomas se desencadenan como las piezas de un dominó que caen una después de otra. Llegamos a consulta porque "alguien nos fue infiel" o "no superamos un pérdida" por ejemplo; en realidad todo lo que sentimos en ese momento solamente son síntomas del verdadero conflicto, un conflicto que yace ahí desde hace muchísimo tiempo. La terapia comenzará a surtir efecto cuando las cosas comiencen a desenmascararse y, es ahí entonces, cuando sentimos que todo se complica, porque ahora tenemos que aprender a lidiar con todo lo que está desordenado y darle un orden, eso significa esfuerzo, trabajo y dedicación, por eso no resulta nada sencillo limpiar todo aquel desastre que traemos en nuestro interior.

La terapia simboliza un camino de paciencia en el que nos encontramos a nosotros mismos después de buscarnos durante toda nuestra vida. Encontrarse no es tarea sencilla, primero hay que eliminar todos los obstáculos que hay frente a nosotros.

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jueves, 18 de febrero de 2016

Cuando se odia al amor

"Lo odio, maldito, mil veces maldito; 
el amor me hace daño, me hace 
sufrir, no es para mí."

Manelander



¿En realidad odiamos al amor?, yo pienso que no; en realidad a quien se "odia" es a la persona que no cuidó el amor que le dimos, esa persona que nos lastimó, nos hizo daño a pesar de que le entregamos incluso más de lo que podíamos darle. Y es que el amor no puede ser odiado porque, piénsalo detenidamente, ese estado amoroso en el que te encontraste hace algún tiempo y que te hizo ser la persona más feliz del mundo fue una de las mejores cosas que pudo pasarte y en ningún momento lo odiaste, al contrario, deseabas que durara para siempre; eso es porque el amor no puede ser odiado, el amor solamente puede ser amado, aunque se escuche irritantemente extraño.

Creo yo que somos incapaces de hacernos responsables de nuestros propios sentimientos, es decir, de nuestras decepciones y duelos, y entonces tenemos que buscar a un culpable, además de la persona que nos ha lastimado, pensamos que "siempre nos pasa lo mismo", entonces no son solamente las parejas o los amigos, "es el amor" (decimos en nuestro interior). Lo culpamos, pero no nos damos cuenta de que ese sentimiento está en nosotros, que no existiría si nosotros no existiéramos, entonces lo adecuado será encargarnos de nuestros asuntos sin andar buscando culpables invisibles, porque también es muy probable que lo que nos duela no sea el amor, sino la ausencia del mismo. Tener algo muy bueno y después perderle es un asunto doloroso, pero no es imposible de sobrellevar, es una manera de ensayar los desprendimientos y las pérdidas, así con el tiempo dejaremos de tener apegos emocionales.

¿No creen ustedes que cuando nace algún sentimiento como el odio, el resentimiento, la angustia o la culpa, es porque el amor está muy lejos ya?; pienso que cuando aparecen estas sensaciones negativas que nos lastiman es porque el amor se ha esfumado, pero esencialmente somo seres obstinados que nos empeñamos en recuperar algo que se ha marchado mucho tiempo atrás, y con esto no quiero decir que las relaciones sean todas "miel sobre hojuelas", sino que ninguna relación de pareja o de amistad debe tornarse oscura, al contrario, debe disfrutarse, con sus altas y bajas, pero siempre yendo hacia delante pues en el momento en el que todo se queda estático o comienza a retroceder, bueno, está de más repetir que el amor ya no anda por ahí.

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jueves, 11 de febrero de 2016

Irse

"Escapar no es una opción adecuada, 
a donde sea que vayas lo que te 
atormenta te seguirá; pero escapar
es un antídoto temporal que 
desesperadamente bebemos para
anestesiar el dolor." 

Manelander 


Estoy seguro que se han sentido con esas ganas de salir corriendo cuando la tormenta se avecina, porque salir corriendo es sinónimo de evitar la catástrofe, esconderse para no ver la destrucción inminente que una situación puede generar. Si lo han sentido entonces créanme que les entiendo perfectamente, más de lo que se pueden imaginar, porque huir a veces es inevitable cuando las sombras fijas su atención en ti para envolverte. 

Creo, queridos lectores, que huimos solamente por una sola razón: miedo. El miedo al dolor muchas veces nos obliga a irnos, ya sea física o emocionalmente. Y muchas veces, aunque suene extraño, huimos quedándonos, sí, así como lo leen, nos vamos de algo cuando decidimos quedarnos. En este caso pongamos el ejemplo de una pareja que nos maltrata psicológicamente pero que con el tiempo ha generado en nosotros una especie de dependencia emocional; "no podemos vivir sin él o sin ella", y entonces, cuando decidimos terminar la relación para no seguir sufriendo los maltratos, por obvias razones naturales entramos en un duelo emocional por haber perdido a ése alguien con el que estuvimos algún tiempo; el duelo se vuelve insoportable porque, además de la sensación nada placentera que provoca el duelo, somos dependientes emocionales del otro que ya no está, entonces nos desbaratamos intentando que los días sean más llevaderos, menos terribles, pero pasa el tiempo y nos sentimos peor y cedemos porque nos es insoportable estar sin el otro, y volvemos al ruedo buscándole y reanudando lo que habíamos decidido concluir, "nos quedamos" como al principio; huimos del dolor insoportable y nos quedamos en el estado anterior, sabiendo que la persona seguirá maltratándonos. En resumen; nos quedamos con lo que teníamos antes por huir de la pérdida. 

Por otro lado también huimos de manera literal; nos mudamos de casa o de ciudad porque pensamos que entre más lejos estemos del problema las cosas serán distintas, pero entendamos algo, los problemas nos seguirán en un ciclo infinito que depende únicamente de nosotros mismos. Empezar de cero no es malo, siempre y cuando hayamos resuelto todo lo anterior, de lo contrario repetiremos los patrones así estemos viviendo en la luna. 

Irse es una opción rápida que anestesia el dolor y la miseria que se puede sentir en un momento determinado, pero es claro que al irnos siempre nos llevamos un poco de todo eso que nos atormenta. Hay que resolverse antes de tomar cualquier decisión, y para ello hay que enfrentar la tormenta con todos los recursos de los que disponemos, una vez confrontada la situación entonces podremos cambiar de aires y reconstruirnos en otro lado, ¿no crees tú que es lo más adecuado?

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domingo, 7 de febrero de 2016

Sobre tormentas y calma

"Uno puede tener calma, incluso
en medio de la tormenta más
devastadora y destructiva."

Manelander 


¿Dejar de escribir? ¡Nunca! Ni siquiera cuando la luz se vaya o el oxigeno se acabe; seguiré escribiendo en los momentos terribles y también en los más increíbles, porque uno no hace esto solamente en los momentos de estabilidad, al contrario, resulta que todo a veces fluye torrencialmente cuando la vida nos golpea de algún modo. Y digo esto porque últimamente me he percatado que escribir se ha vuelto un vicio del que no seré capaz de escapar jamás y, aunado a ello, gracias ti, querido lector, que me has seguido incansablemente en cada momento.

Hoy quise tomar un tiempo para sentarme frente a la computadora y escribir un poco sobre el tiempo que viene después de un instante tormentoso. Todos hemos atravesado por algo tormentoso, estoy seguro; ya saben, esos momento que lucen agresivos, dañinos y destructivos, esas situaciones que nos sacuden y se plantan frente a nosotros con una imposición aterradora. Al respecto, y bajo la opinión profesional de mi terapeuta, lo mejor es siempre mantener la calma. La calma dentro de la tormenta es nuestro mejor aliado, de este modo podemos pensar bien las cosas, valorar las opciones de supervivencia y elegir lo más conveniente. Actuar impulsivamente en una situación aterradora puede proporcionarnos riesgos bastante dañinos. No es imposible ¿sabes?, aunque suena bastante complicado, la realidad es que podemos tranquilizarnos en las ocasiones más huracanadas y destructivas.

No hacer nada, suena a una opción arriesgada, pero en principio, si lo valoramos con detenimiento, "no actuar" podría ser lo que nos salve, además, quedarnos quietos, observando todo lo que ocurre alrededor, es esencial para analizar las reacciones de otros; las respuestas son clave para confirmar o descartar hipótesis. A veces, al no hacer nada, podemos ver que el otro o los otros se desgastan creando precisamente eso, una tormenta que crece y toma fuerza mientra nosotros simplemente nos quedamos inmóviles, y créeme que la solución en ocasiones es tan simple como darse la vuelta y dejar al otro con sus estallidos y terremotos, desbaratándose por componer algo que él o ellos mismos descompusieron. Recuerda, querido lector, que las cosas siempre se resuelven hablando de la mejor manera, pero si el otro no tiene intenciones de hacerlo así y se convierte en un monstruo imparable que devora todo lo que se le ponga enfrente, entonces no hay mucho que hacer más que retirarse y reacomodar nuestra perspectiva del mundo.

La calma es un estado que pocos conocen, y créanme que admiro a quienes la viven continuamente. "Los apegos nos enferman", me dijo mi padre hace unos días, y es real, totalmente cierto; recuerda que si te dolió y te rompió entonces no era amistad, no era tu pasión, no era amor, no era real...

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jueves, 4 de febrero de 2016

Fragmentarse

"Escuché como una de las grietas de mi
interior se extendía rápidamente como
cuando un cristal se rompe, y dolía, y
moría por dentro... otra vez."

Manelander 



Nos rompemos, sí, como tantas veces lo he dicho, nos rompemos de muchas formas, de muchas maneras, por muchos motivos, en diferentes momentos, y es normal, es necesario, porque romperse significa saber que seguimos vivos y que nuestro interior necesita ser reparado, renovado, atendido con urgencia a veces. Estas letras quizá sean las más oscuras y amargas que haya escrito; porque hay hoy un vacío que no puedo llenar con nada, solamente con dolor, ese dolor que se necesita para sobrevivir a las ausencias de algo que se tuvo pero que se ha ido. 

Pienso que romperse es producto de un trauma tan grande que nos daña por dentro, nos empuja a la locura, a la angustia, a la desesperación, a la tristeza, a la depresión, a todas las cosas que duelen y que nos quitan el sueño hasta que las lágrimas nos anestesian y nos inducen a un sueño tardío y desordenado. Estos traumas, en la vida adulta, se generan por lo general en las relaciones con otros, en el contacto social, en los lazos que se tienen con los demás, con aquellos que nos circundan; nosotros nos vulneramos solos, nos exponemos cuando amamos, cuando queremos y apreciamos a alguien, y es ahí, en ese momento, cuando somos blanco fácil para ser atacados y destruidos. Hay una crueldad en el mundo que nació desde el principio de los tiempos y que ha permanecido en nuestra psique desde siempre; es nuestro deber aceptar que existe esa maldad, ese afán inconsciente de reinar, de ser el más fuerte, el que impera, el que rige, porque es en esa lucha primitiva en donde encontramos el consuelo de nuestra miseria, de esa miseria colectiva que nos golpea todos los días. 

Lo enfermo es normal, pues en el mundo no existe persona completamente sana, eso sería una mentira, una utopía; siempre habrá enfermedad, pero los niveles de neblina son distintos. Nos dedicamos a embarrar a los demás con nuestro lodo, con nuestros virus, con todo lo opaco y enfermo que cargamos. El amor retorcido, el amor en exceso, el desamor, la violencia de cualquier tipo nos fragmentan, nos parte en pedazos que requieren cuidado posterior. 

Es normal elegir mal, equivocarse, confiar de más, quedarse ciegos por un momento, es parte de la vida tener algo y perderle después, porque nada es para siempre y debemos aceptar esa importante premisa. Podemos curarnos, con paciencia y con el amor que otros pueden ofrecernos, con el afecto y la bondad que vamos encontrando mientras avanzamos heridos, lentamente hacia delante. No desesperes, si has sentido como algo o alguien te parte en varios pedazos, no te angusties de más, sólo lo necesario, deja que todo se acomode en el lugar correspondiente. Entiendo tu dolor, quien sea que seas, sin importar la parte del mundo en la que te encuentres, pero recuerda que siempre, después de la tormenta, llega la calma, y es esa calma la que nos arma de nuevo, nos recompone, nos sana.



martes, 2 de febrero de 2016

"Querida Friducha II" - (Cartas a Frida Kahlo)

Querida Friducha: 


No sabes cuánto he pensado en ti, porque últimamente me he vuelto adicto a complicarme la existencia. El tiempo parece que se volvió en mi contra y tomar decisiones se ha vuelto la cosa más difícil del mundo, qué digo del mundo, ¡del universo entero!. Lo peor de todo es que pareciera también que siento que tengo una percepción siempre distinta de todo, que veo todo diferente, que siento todo diferente a los demás y eso, querida mía, me consume, esa sensación de no estar en el mismo camino que los demás, en la misma frecuencia. 

Me voy, me voy lejos de aquí, escapando de todo y de todos en el fondo, por eso me marcho, porque he agotado cada instante en este lugar y ahora puedo ver más cosas malas en la lista, más malas que buenas y no puedo permitirlo. Mi vida ha llegado a un fondo lúgubre y aterrador que por poco me destruye hace unos días, un sabotaje que pudo haber sido fatal, una falta de responsabilidad que me desbarata casi por completo. Estoy más vulnerable que nunca y me siento perdido en un limbo del que no puedo salir, no solo; me muero de angustia por perder lo placentero que he conseguido en este tiempo, en este tiempo que no me es suficiente, que no me alcanza, que se queda corto; porque quiero más, necesito más, pero no puedo obtener más.

 No sabes las ganas que tenía de escribirte, porque me lleno todos los días de melancolía, en silencio, sin que nadie se entere de mi sufrir, mucho menos quienes más me importan, quienes se han vuelto esenciales en mi vida. Me callo, porque abrir los labios para hablar significa desatar un huracán que destruya todo a su paso, incluyéndome. No encuentro el sendero que me lleve a la calma, a la tranquilidad, que me hagan dejar de alucinar como si estuviera completamente fuera de mí. Odio el amor, odio las sensaciones de no ser suficiente, de no poder tener lo que quiero, del rechazo, del apego que es difícil, de todas las cosas que vienen con el enamoramiento. 

Te amo tanto, querida mía, y espero ansioso tu respuesta. Todo mi cariño para ti y tu familia. 
Siempre tuyo...

Mane 

Querido Mane: 

La vida es complicada por si sola, cariño, desespera si sientes que así sobrevivirás a cualquier cosa que te cueste enfrentar, llora, grita, siente miedo, siente pena, siente celos, siente que mueres, no morirás, aunque sientas que así es, no lo harás, tu corazón seguirá latiendo. Huir siempre es una opción cuando el lugar se vuelve insoportable, pero sabes que todo te seguirá, así vivas en la luna o en marte o en otro universo. 

Recuerda que la vida está llena de sinsabores, pequeño, no todo es dulce, también hay cosas amargas, agrias e insípidas, pero es necesario; uno le pone limón a la comida aunque sea agrio, bebes agua aunque sea insípida y te tienes que tragar una pastilla por más amarga que sea; es necesario todo eso para vivir, para sobrevivir; aprende de todo que llegará el día en que te reirás de las penas como cuando uno se ríe de un ex amor que echó todo a perder y vuelve a pedir perdón después de mucho tiempo. 

El amor es complejo, y te lo digo yo, que he pasado la vida entera intentando comprender la manera en la que nos perdemos dentro de él, nos idiotizamos, nos volvemos entes sin voluntad propia, porque amar nos transforma en algo distinto a lo que fuimos, nos convierte en una mezcla de cosas que se revuelven con las del otro. Tranquilo, cariño mío, que el tiempo te resolverá, tú eres inteligente y fuerte, más de lo que te imaginas; mírame, sabes todo lo que he pasado con el panzón y sigo entera, con el alma remendada pero entera. Yo te amo con todo el corazón y me alegrará saber que todo ha pasado y que te sientes nuevo y limpio dentro de un tiempo. Escribe pronto, estaré esperando tu carta ansiosa. 
Recuerda... donde no puedas amar, no te demores... 
Siempre tuya...