domingo, 28 de febrero de 2016

El retorno a la repetición y nuestra resistencia a sanar

"Los esfuerzos se volvieron insoportables, 
por más intentos que hice no pude 
contenerme y volví a aquello que me 
había hecho daño durante tanto tiempo."
Manelander


Queridos lectores, si pudiera yo contarles con precisión todos los detalles de mi vida creo que lloraríamos juntos en este momento, porque aunque intenté evitarlo el desamor llegó a mi puerta para quedarse, como siempre lo hace, un tiempo, como ese invitado indeseado que no se va aunque sabe que su presencia incomoda. Pero debo aprovechar estos momentos en los que mi permanente inspiración se convierte en algo más fuerte y, por desgracia o por fortuna, se oscurece y mis letras se tornan más amargas que nunca. A pesar de los sentimental de mi situación actual, he decidido hacer de este texto algo un poco más aterrizado y hablarlo profesionalmente, o por lo menos intentarlo. 

Repetir 

Como ya he mencionado en varios de mis blogs anteriores, escritos y artículos varios, como apasionado de la materia psicológica y psicodinámica, la repetición es un asunto que tiene que ver con nuestras vivencias pasadas; repetimos nuestros asuntos sin resolver durante toda la vida, precisamente lo hacemos con ese fin: el de resolver aquello que ha quedado inconcluso, aquello que aún nos conflictúa y que nuestro inconsciente se ha encargado de registrar muy bien para obligarnos a darle una solución de manera retorcida. No somos conscientes por supuesto de todo lo que repetimos, pero es claro, ya lo decía Freud, que somos el reflejo de lo que hicieron de nosotros en nuestra infancia. 

Repetir los asuntos es una cuestión enmascarada, pues creemos que las cosas suceden de manera literal, es decir, pensamos que si papá golpeaba a mamá entonces en nuestra familia futura existirán los golpes, déjenme entonces aclararles el punto. No funciona de esa manera; aunque existan golpes en nuestra familia primaria no quiere decir que precisamente tengamos una pareja que nos violente físicamente en el futuro, pero sí quizá no podamos entablar algo estable y vivamos la vida sin tomar a nuestros "pretendientes" con seriedad a pesar de que los años pasen y, quizá vivamos una soltería eterna con el pretexto de que no queremos nada serio o que "las cosas no se dan". En realidad lo que sucede en mi ejemplo es que nuestro miedo a ser violentados, como lo vimos en la infancia, nos obliga a sabotear cualquier intento de relación de pareja que alguien pueda tener con nosotros, porque en nuestra mente pareja será igual a golpes, entonces nuestro inconsciente decide evitar siquiera tener pareja. Así es como funciona la repetición, siempre poniendo algo de lo pasado sobre nuestros hombros, un hábito inevitablemente compulsivo y patológico. 

Dejar de repetir

¿Cómo dejamos de repetir los asuntos? bueno, la respuesta ya se estableció a manera de introducción en los párrafos anteriores y es muy sencilla. El inconsciente nos obliga a repetir porque desea resolver, pero no lo sabe hacer bien, porque primero, para dejar de repetir, debemos saber exactamente "qué cosa es" aquello que estamos repitiendo. Una vez identificada la raíz del problema debemos atacarlo, ¿cómo? pues hablando sobre ello, hablando tanto que nuestras palabras se agoten y tengamos que pedir prestadas más a nuestro cerebro para continuar dialogando al respecto y encontrando cada vez más y más material que llevamos de lo inconsciente a lo consciente, porque bien pudimos identificar la raíz del problema pero nos negamos a resolverlo porque, muy seguramente, hablar de ello duele y el dolor es terrible para nosotros los humanos. Pero créeme, querido lector, sé que hay cosas que duelen, pero solamente nadando en ese lago de dolor es como podremos llegar al otro lado, porque hablar es elaborar, organizar, acomodar, y todo eso, en conjunto, es sinónimo de resolución. 

El retorno a lo repetitivo 

Pero, como menciono lineas atrás, el dolor nos es insoportable y dejar de repetir nos causa un dolor que se vuelve casi físico, un dolor que nos carcome desde nuestros adentros; es en ese punto crítico en el que el inconsciente se resiste a resolverse de manera adecuada y nos fuerza a volver a ese círculo vicioso en el que antes nos encontrábamos, ¿por qué?, ¡muy simple!, porque es lo que conocemos, y lo conocido es confort y seguridad. Trabajar por dejar de repetir y ser más auténticos es un esfuerzo impresionante que nos traslada a algo nuevo, a tener cosas mejores, pero sucede que cuando tenemos todo eso enfrente, al ser desconocido, no sabemos cómo lidiar con todo aquello y nos asustamos, lo saboteamos y huimos; se trata de no desesperar y aprender a vivir con todo lo nuevo que es mucho menos angustiante y más adecuado para nuestras vidas. Cuando retornamos a la repetición es porque, en principio, ya habíamos dado pasos fuera de ella, pero algo parecido al síndrome de abstinencia de los adictos a la cocaína llega a nuestra psique, no podemos vivir sin aquello con lo que hemos vivido toda nuestra vida (válgase lo redundante), lo queremos de vuelta, lo necesitamos, porque solamente así nuestra ansiedad cobra sentido y nuestra angustia, que no desaparece, se sosiega. Y entonces, querido lector, continuamos en aquello intentando darle otras soluciones, pensando que "esta es la buena", creyendo que todo cambiará de algún modo con "el poder del amor" o "las ganas de ser felices", sabiendo en el fondo por supuesto que nuestra vida no tiene forma de línea recta sino de círculo y todos los círculos, querido lector, siempre terminan en el punto en el que empezaron.

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