jueves, 4 de febrero de 2016

Fragmentarse

"Escuché como una de las grietas de mi
interior se extendía rápidamente como
cuando un cristal se rompe, y dolía, y
moría por dentro... otra vez."

Manelander 



Nos rompemos, sí, como tantas veces lo he dicho, nos rompemos de muchas formas, de muchas maneras, por muchos motivos, en diferentes momentos, y es normal, es necesario, porque romperse significa saber que seguimos vivos y que nuestro interior necesita ser reparado, renovado, atendido con urgencia a veces. Estas letras quizá sean las más oscuras y amargas que haya escrito; porque hay hoy un vacío que no puedo llenar con nada, solamente con dolor, ese dolor que se necesita para sobrevivir a las ausencias de algo que se tuvo pero que se ha ido. 

Pienso que romperse es producto de un trauma tan grande que nos daña por dentro, nos empuja a la locura, a la angustia, a la desesperación, a la tristeza, a la depresión, a todas las cosas que duelen y que nos quitan el sueño hasta que las lágrimas nos anestesian y nos inducen a un sueño tardío y desordenado. Estos traumas, en la vida adulta, se generan por lo general en las relaciones con otros, en el contacto social, en los lazos que se tienen con los demás, con aquellos que nos circundan; nosotros nos vulneramos solos, nos exponemos cuando amamos, cuando queremos y apreciamos a alguien, y es ahí, en ese momento, cuando somos blanco fácil para ser atacados y destruidos. Hay una crueldad en el mundo que nació desde el principio de los tiempos y que ha permanecido en nuestra psique desde siempre; es nuestro deber aceptar que existe esa maldad, ese afán inconsciente de reinar, de ser el más fuerte, el que impera, el que rige, porque es en esa lucha primitiva en donde encontramos el consuelo de nuestra miseria, de esa miseria colectiva que nos golpea todos los días. 

Lo enfermo es normal, pues en el mundo no existe persona completamente sana, eso sería una mentira, una utopía; siempre habrá enfermedad, pero los niveles de neblina son distintos. Nos dedicamos a embarrar a los demás con nuestro lodo, con nuestros virus, con todo lo opaco y enfermo que cargamos. El amor retorcido, el amor en exceso, el desamor, la violencia de cualquier tipo nos fragmentan, nos parte en pedazos que requieren cuidado posterior. 

Es normal elegir mal, equivocarse, confiar de más, quedarse ciegos por un momento, es parte de la vida tener algo y perderle después, porque nada es para siempre y debemos aceptar esa importante premisa. Podemos curarnos, con paciencia y con el amor que otros pueden ofrecernos, con el afecto y la bondad que vamos encontrando mientras avanzamos heridos, lentamente hacia delante. No desesperes, si has sentido como algo o alguien te parte en varios pedazos, no te angusties de más, sólo lo necesario, deja que todo se acomode en el lugar correspondiente. Entiendo tu dolor, quien sea que seas, sin importar la parte del mundo en la que te encuentres, pero recuerda que siempre, después de la tormenta, llega la calma, y es esa calma la que nos arma de nuevo, nos recompone, nos sana.



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