domingo, 7 de febrero de 2016

Sobre tormentas y calma

"Uno puede tener calma, incluso
en medio de la tormenta más
devastadora y destructiva."

Manelander 


¿Dejar de escribir? ¡Nunca! Ni siquiera cuando la luz se vaya o el oxigeno se acabe; seguiré escribiendo en los momentos terribles y también en los más increíbles, porque uno no hace esto solamente en los momentos de estabilidad, al contrario, resulta que todo a veces fluye torrencialmente cuando la vida nos golpea de algún modo. Y digo esto porque últimamente me he percatado que escribir se ha vuelto un vicio del que no seré capaz de escapar jamás y, aunado a ello, gracias ti, querido lector, que me has seguido incansablemente en cada momento.

Hoy quise tomar un tiempo para sentarme frente a la computadora y escribir un poco sobre el tiempo que viene después de un instante tormentoso. Todos hemos atravesado por algo tormentoso, estoy seguro; ya saben, esos momento que lucen agresivos, dañinos y destructivos, esas situaciones que nos sacuden y se plantan frente a nosotros con una imposición aterradora. Al respecto, y bajo la opinión profesional de mi terapeuta, lo mejor es siempre mantener la calma. La calma dentro de la tormenta es nuestro mejor aliado, de este modo podemos pensar bien las cosas, valorar las opciones de supervivencia y elegir lo más conveniente. Actuar impulsivamente en una situación aterradora puede proporcionarnos riesgos bastante dañinos. No es imposible ¿sabes?, aunque suena bastante complicado, la realidad es que podemos tranquilizarnos en las ocasiones más huracanadas y destructivas.

No hacer nada, suena a una opción arriesgada, pero en principio, si lo valoramos con detenimiento, "no actuar" podría ser lo que nos salve, además, quedarnos quietos, observando todo lo que ocurre alrededor, es esencial para analizar las reacciones de otros; las respuestas son clave para confirmar o descartar hipótesis. A veces, al no hacer nada, podemos ver que el otro o los otros se desgastan creando precisamente eso, una tormenta que crece y toma fuerza mientra nosotros simplemente nos quedamos inmóviles, y créeme que la solución en ocasiones es tan simple como darse la vuelta y dejar al otro con sus estallidos y terremotos, desbaratándose por componer algo que él o ellos mismos descompusieron. Recuerda, querido lector, que las cosas siempre se resuelven hablando de la mejor manera, pero si el otro no tiene intenciones de hacerlo así y se convierte en un monstruo imparable que devora todo lo que se le ponga enfrente, entonces no hay mucho que hacer más que retirarse y reacomodar nuestra perspectiva del mundo.

La calma es un estado que pocos conocen, y créanme que admiro a quienes la viven continuamente. "Los apegos nos enferman", me dijo mi padre hace unos días, y es real, totalmente cierto; recuerda que si te dolió y te rompió entonces no era amistad, no era tu pasión, no era amor, no era real...

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