miércoles, 30 de marzo de 2016

El lenguaje elegantemente romántico del psicoanálisis

"No importaba si lo leía, lo hablaba 
o lo escuchaba; era tan melodioso,
tan suculento."

Manelander


A propósito de mi no tan reciente interés en materia psicoanalítica he decidido escribir este pequeño texto para dedicarlo a mi parte favorita de esta escuela psicoterapéutica: el lenguaje. Y es que como adorador de la lengua española quiero confesar que para mí, escuchar psicoanálisis, leerlo y hablarlo es una experiencia melodiosa que me enriquece por dentro. Pienso que para hacer psicoanálisis lo más importante primero es enamorarte de su lenguaje, porque para comprender su complejidad es necesario tenerle un amor profundo a aquello que intenta explicarse de una manera extensa y, por qué no, casi romántica. 

La escuela psicoterapéutica creada por Sigmund Freud, y que tiene como objeto de estudio a lo inconsciente dentro de la psique del individuo, resume sus párrafos siempre con una sutileza que te transportan a un mundo interno en el que todo está conformado únicamente por el amor, aquello que mueve éste mundo, porque incluso en algo tan serio como la teoría psicoanalítica se reconoce a los afectos y al cariño como parte medular de la existencia humana y de su comportamiento. El psicoanálisis logra atraparte en todos sus textos de una forma que ninguna otra teoría psicoterapéutica logra, porque en mi opinión personal tengo la firme creencia de que el psicoanálisis es algo más que hacer psicoterapia, es algo más que analizar, más que una teoría o un método; pienso que el psicoanálisis es un arte, una filosofía, un estilo que busca comprender lo que no puede verse, lo que está oculto y apartado en el interior de cada ser humano. Esta búsqueda de entendimiento se dirige sobre una vía afectiva en donde el analista forma parte de un cúmulo de conceptos que sustituyen las carencias del paciente; y escribo "paciente" por el simple hecho de tratarse de un sujeto que en su fragilidad se reconoce angustiado y conflictuado y busca ayuda, porque de lo contrario sentirá que se consumirá de algún modo hasta enloquecer. 

Lo onírico, lo transferencial, lo inconsciente, lo obejtal, lo defensivo, lo proyectivo, lo reprimido, lo sublimado, escindido, oral, fálico, edípico, son algunos conceptos que me transportan a un mundo subjetivo que no puede ser apreciado por cualquiera, es más, que no debe ser apreciado por cualquiera. Aunque no me preocupa éste hecho, pues quien logra perdurar en el mundo del psicoanálisis no es por elección propia; uno no elige ser psicoanalista, el psicoanálisis te elige a ti para adentrarte en su mundo. 

Desde el momento en el que el paciente se recuesta en el diván podemos darnos cuenta que todo el asunto, desde sus inicios, contiene un significado contenedor que intenta proteger y cuidar a quien ha llegado a la consulta. No sé, he encontrado en todo esto un sentido que no he podido obtener de algo más, ¿has sentido tal pasión por tu profesión?, espero que sí. 

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