viernes, 18 de marzo de 2016

Los cambios

"Cerré los ojos un segundo y, al abrirlos 
estaba en otro lugar; me veía diferente, 
me sentía diferente, incluso amaba diferente.

Avanzar es vaciarse, dolorosamente, de todo
lo que se tuvo, para entonces llenarse, 
placenteramente, de todo lo que se tendrá;
al mismo tiempo."

Manelander


Estaba casi colapsando porque no había podido escribir ningún texto en una semana entera. La razón de mi ausencia es que me he mudado a otra ciudad y créanme, no saben lo atareado que ha sido todo, además del montón de cosas que he tenido que hacer para establecerme, en mi interior mucho se ha movido porque, querido lector, todo cambio genera movimientos tanto externos como internos. 

Cuando nos vamos, una parte de nosotros se resiste a dejar el lugar en el que estuvimos, sea poco o mucho tiempo, porque pareciera que a la mente no le agradan mucho los cambios, sobre todo cuando nos encontramos en una zona de confort bastante amplia y cómoda. Dejamos de ver nuestra antigua casa y a nuestros antiguos vecinos, dejamos de sentir el calor de las tardes y al viento que movía aquel árbol en el jardín, y con el tiempo todas aquellas imágenes se convierten únicamente en memorias, en recuerdos que se traen al presente de vez en cuando o quizá nunca más, pero las emociones pueden continuar ahí, tan presentes como si aún estuviéramos en aquel sitio. Cuando queremos a alguien, a pesar de la distancia, el sentimiento continua encendido dentro de nosotros; amigos, conocidos y colegas siguen teniendo la misma importancia a pesar de ya no encontrarse cerca de ellos. También podemos evocar recuerdos del restaurante en donde festejamos algún cumpleaños o el aroma del té caliente en nuestra cafetería favorita, dichos recuerdos pueden generar sentimientos que nos hagan extrañar todo aquello. Pienso que el problema puede estar cuando todo lo negativo también nos persigue o cuando nos aferramos a recordar todas esas cosas con un rastro melancólico que nos impide continuar con nuestra vida en un nuevo lugar. 
Pensando en todo esto se me ha venido la idea de escribir sobre ello en este pequeño texto. Estoy seguro que la mayoría de ustedes se ha mudado de ciudad, por lo menos de casa o departamento; es una sensación bastante extraña en realidad. Cuando uno avanza en busca de algo nuevo es necesario e inevitable el tener que dejar algo detrás. Como humanos, como entes físicos que basan su realidad en lo tangible, es imposible avanzar y conservar lo pasado; no podemos arrastrar todo lo que dejamos con nosotros: las paredes, los árboles, el clima, las personas, los centros comerciales, el mar, etc. El entendimiento de todo lo anterior es una forma de madurez, pues entender que moverse significa dejar algo es un pensamiento adulto que nos coloca en un estado de crecimiento personal. ¿Pero qué sucede cuando lo intangible nos sigue? Bueno, aquí tenemos algo más en qué pensar, pues aunque no podemos conservar los árboles y el clima de determinado lugar, si podemos conservar recuerdos y emociones que nacieron exactamente ahí, y ese puede convertirse en un problema si no sabemos sobrellevarlo.


Permitir que los recuerdos y las emociones de lo que has dejado atrás para poder tener algo mejor te limiten no es sensato. Puedes pasar un tiempo extrañando aquello pero sin dejar de moverte, sin frenar tus planes y tus metas, por algo te marchaste ¿no es así?. Perder energía de más en todo lo destructivo puede arruinar muchos de tus planes, aunque al respecto no quiero decir que si tienes ganas de llorar no llores, no extrañes y no sientas feo por dentro, al contrario, es sano tener este proceso de duelo (no exagerado) en donde todo lo que tuvimos, de cierto modo, ya no está. Los cambios nos sacuden, nos renuevan, son una forma saludable de replantearnos y reconstruirnos; sin olvidar aquello en lo que erramos para intentar no repetirlo, sin flagelarnos por lo que hemos dejado en el pasado, sin torturarnos por las cosas buenas que no pudimos traer con nosotros, créeme, ya tendrás cosas mejores y nuevas muy pronto.

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