sábado, 30 de abril de 2016

Antes de dormir

"La vida parece más difícil unos
minutos antes de dormir."

Manelander


Pensemos un momento en todas aquellas noches que parecían insoportables únicamente por el hecho de ser noches, de estar solos en nuestra habitación, solos y al mismo tiempo acompañados por nuestros pensamientos, esos pensamientos que nos torturan exactamente unos minutos antes de quedarnos dormidos. ¿Te ha pasado? ¡Pero claro que sí! Si únicamente preguntaba por mera propiedad. A todos nos ha acontecido aquel encierro mental al que nuestros pensamientos nos someten un tiempo pequeño antes de que nuestros ojos se cierren y abandonen el mundo tangible para sumergirnos en lo onírico. 

Me pregunto qué sucede siempre que vamos a nuestra habitación, nos recostamos, a veces muy agotados, y al apagar la luz las preguntas comienzan a aparecer repentinamente, una tras otra, sin parar: ¿cuándo tendré que pagar la factura del internet?, ¿apagué la luz de la cocina?, ¿qué puedo escribir mañana para el blog?, ¿será pueda comprar aquello que vi en esa tienda de la plaza del centro?, ¿estará pensando en mí?, ¿me habrá amado?, ¿se acordará de mí por lo menos un poquito?, ¿cuándo dejaré de pensar en él?, etc., etc. Porque es obvio que siempre salen a relucir las cuestiones más absurdas y también las que no lo son, aquellas que son demasiado relevantes y merecedoras de toda nuestra preocupación. Y damos una vuelta, y luego damos otra y otra más, después nos pica la espalada y la cabeza, nos da sed, nos da insomnio, nos da melancolía. 

Creo que todo lo que sucede antes de dormir ocurre porque ya no tenemos nada más que nos distraiga de pensar en todas esas cosas que evitamos pensar durante el día pero que están ahí, siempre, todo el tiempo dentro de nuestra cabeza, ocultas, esperando un descuido para atacar y saturarnos con sus exigencias manifestadas como preguntas que demandan ser respondidas. Y entonces poco a poco las vamos ignorando, las vamos respondiendo si es posible o las vamos haciendo a un lado ayudados por el sueño que al final termina por vencernos; pero no todo acaba ahí, no señor, claro que no, porque vienen los sueños, nuestras creaciones internas que liberan lo que se oculta más profundamente, incluso soñamos como una forma de resolver mágica o fantasiosamente aquello que nos angustia en la realidad, o soñamos para ponerle un rostro o un nombre a algo que en la vigilia es tan inconcebible que ni siquiera viene a nuestra consciencia. 

No hay que verlo como algo negativo, sino como una conversación casi obligada con nosotros mismos, una conversación necesaria. Estoy seguro, queridos lectores, de que cada uno de ustedes ha pasado por ese recorrido tenebroso que se atraviesa de vez en cuando unos minutos antes de dormir, donde todo parece más complicado, más denso, más asfixiante. Lo que puedo decirles es que, aunque de pronto las preguntas nos atormenten y nos quiten el sueño, siempre encontrarán una respuesta, quizá no hoy, puede ser mañana o un día de estos, pero todo siempre toma su lugar correspondiente si se tiene la intención de resolver, de acomodar; habrá que pensar en cómo hacerlo, pero bueno, no ahora, quizá más tarde, unos minutos antes de dormir. 

(NOTA IMPORTANTE: Estimados lectores, atendiendo un poco más mi pasión por la escritura y por mi profesión: la psicología, he decidido atender peticiones para hablar sobre temas de los que a ustedes les gustaría que yo escribiera o diera mi opinión. Con gusto atenderé sus sugerencias y peticiones en la medida de mis posibilidades; de la misma forma si desean recibir algún consejo pueden escribirme al mail: mane.landerpi@gmail.com o si no es necesaria la privacidad o el anonimato entonces pueden dejarme todo en los comentarios de cualquiera de mis textos. Saludos y gracias por su amable atención.)

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viernes, 29 de abril de 2016

La inspiración mía

"La inspiración llegó a mí desde
el momento en el que mi madre se
enteró que me había concebido,
desde entonces la inspiración no
me ha abandonado un sólo día."

Manelander


Mientras me preparaba un té de menta en mi cocina, escuchaba en la televisión un debate sobre la homosexualidad entre un pastor cristiano, un periodista, una chica lesbiana y un representante de la iglesia anglicana. Eran tan devastadores los argumentos del pastor cristiano que agradecí tanto estarme preparando el té porque un asco repentino me invadió a causa de las palabras de aquel hombre. Después, cuando me senté al escritorio nuevamente, observé la televisión y retuve en mi cabeza algunas frases como "los homosexuales son una depravación pecaminosa", "la santa biblia dice que...", y la peor de todas: "¡la biblia contiene la verdad absoluta!". Debo confesar que lejos de sentir algún tipo de enojo lo único que vino a mí fue una sonrisa provocada por aquellas palabras tan trastornadas, tan enfermas, tan faltas de afecto, tan confundidas, confundidas como ese hombre que se hacía llamar "pastor". Cuánta pena comencé a sentir por él, por su mundo cuadrado y rígido como las esquinas de una mesa; no convenía que los otros participantes continuaran debatiendo, es más, no convenía siquiera realizar debates en donde algunos se atreverían, terriblemente, a sentirse poseedores de la "verdad absoluta", de una verdad contenida en un libro que escribió sabrá quién, sabrá dónde, sabrá cuándo. Cuánto daño tuvo que sufrir ese hombre para aferrarse rígidamente a un atentado en contra del amor sobre el mundo; "¡pero qué tristeza!", pensé, "¡qué vacío!", como mi corazón en ese momento, vacío. 

Apagué el televisor y me olvidé del tema de aquel aberrante debate sin sentido. Busqué en YouTube uno de mis soundtracks favoritos, el de la película "Las Horas", creado por Philip Glass; era armonioso el sonido del piano, siempre lograba inflamar mi inspiración a través de la música, de la música cautivadora del piano o el violín, una música que encerrara misterio, melancolía y elegancia al mismo tiempo. Me gusta la música pulcra, sí, los sonidos limpios que fluyen como las aguas en el río, pasando sobre las rocas, sobre la arena, sobre las hojas caídas de los árboles. Me levanté por un plato con galletas de chocolate y vainilla, también traje una bolsa con gomitas de esas que tienen forma de osito, las rojas siempre han sido mis favoritas. "¡Mierda!", me acordé de él, de cómo comía dulces yo todo el tiempo y él me alentaba, no sé, creo que le gustaba verme comer dulces, qué importa ya, ahora los como a solas. Le di un trago a mi té caliente; pasaba de medio día así que lo adecuado para mí siempre había sido beber té en vez de café. El café era para las mañanas o para las noches que pretendían ser largas. 

Antes de comenzar a escribir quise visualizar mi inspiración, materializarla en mi mente, dibujarla. Encontré en mi imaginación, primero, la imagen de un árbol agitado por una brisa otoñal cálida, sí, así era mi inspiración, como las ramas de los árboles, y también como sus raíces, porque mis letras siempre han sido secas y se extienden hacia donde les place, crecen y crecen sin temor. Después de la imagen de un árbol en otoño, rodeado se hojas amarillas, verdosas y anaranjadas, mi cabeza saltó al frío del invierno, a la nieve, a los cristales de hielo, a los copos, otra vez, al mismo árbol pero ya sin hojas, cubierto de blanco. Esta vez pude ver a mi inspiración saliendo del vaho de las tazas de té y de café bebidas en los inviernos crudos y fríos. Pienso que mis letras provienen siempre de cosas sencillas que, irónicamente, suelen ser grandiosas. Vi después a dos labios besándose bajo el mismo árbol, pero esta vez en primavera, dos labios que primero fueron de un hombre y de una mujer, después de una mujer y otra mujer, y al final de un hombre y otro hombre; no era un beso cualquiera, era un beso de amor verdadero, del que casi no se ve, del que se esconde y se resiste a ser encontrado y retenido. Mi inspiración se desprende también de aquello que es romántico, no empalagoso, no, demasiada miel es producto de una actuación teatral, falsa; me refiero al romance que se respira en el aire a través del perfume que nos recuerda al otro, al que amamos o que nos amó; me refiero a los recuerdos de los amores que no fueron, que se quedaron en el intento, en el "quizás". Así es mi inspiración, un recuerdo, una memoria, un pensamiento de aquello que se tuvo y se fue, que se fue lejos, que desapareció con el objeto de dejar, dolorosamente en principio, lugar para todo lo nuevo. Mi inspiración danza eternamente sobre la suavidad de la otra piel percibida por la punta de los dedos, sobre el silencio previo al primer beso, al primer contacto, al primer deseo de devorarse al otro, sí, claro que sí, también sobre lo erótico y lo carnal, sobre los deseos profundos de penetrar o ser penetrados, de retorcerse entre las sábanas pidiendo más y más. Mis letras son húmedas también; se mojan y escurren líquidamente entre los pensamientos, entre las mentes, y se diluyen, y se combinan y hacen el amor entre ellas para formar palabras. De pronto se amargan, se oscurecen, se vuelven grises, más que de costumbre, porque siempre intentan decir que no todo en la vida es dulce como el azúcar, como las gomitas rojas en forma de oso. Mi inspiración también tiene una parte lúgubre, hostil, espesa como la niebla, turbia como las aguas revueltas con lodo, como el aroma rancio de una manzana que nadie quiso comerse, como la primera noche fría que se vive cuando el corazón se rompe por primera vez, esa noche en la que el camino de la pena comienza, esa noche en la que no sabemos qué es lo que nos pasa, qué es ese dolor tan terrible que sentimos. Mi inspiración de pronto impulsa a textos que se parecen al vacío que se siente en el pecho o en el estómago cuando el otro ya no está, cuando las mariposas que sentimos han muerto y sus cadáveres se pudren en nuestros adentros, en nuestras entrañas. Siento que a veces también pueden ser demasiado hostiles con los otros, y conmigo mismo, pues se llevan hacia afuera todo lo que me contamina, como el vómito, como las lágrimas, como los gritos; pero nunca se descomponen, siempre con la frente en alto, siempre cuidando los detalles como letras elegantes, sentadas a la mesa para comer el postre, platicando de cosas que no a todos les interesan, invocando a Shakespeare, a Sartre, a Kafka, a Freud, a Hesse, a Lacan, a Wilde, a tantos y tantos que con su huella me inspiran, me alientan, me arrastran a una locura parecida a la de ellos. Pude ver nubes grises cargadas de lluvia, vientos arrastrando las hojas secas, raíces, pude ver a la luna plateada alumbrando el sendero de mi tinta, de mis palabras, de mis renglones. Olí a vainilla, después a menta, a fresa, a arena de mar, a mar, a dulce, a tierra mojada por la lluvia, a lluvia, olí a colores sobre el lienzo, a tinta sobre el papel, olí a deseo, a sexo, a cigarro, a vino tinto, olí a recuerdos, a vacíos, a anhelos, a romance, a sed, a ansías, a angustias, a mí, olí a mí mismo. Vi a Frida, sentada en su jardín, sola, sonriéndome, fumándose un cigarro, pintando un cuadro de un árbol sin hojas para regalármelo; era tan bella, tan perfecta, tan cautivadora; sentí sus dolores, pero fui feliz, porque del dolor y la pena siempre puedo hacer algo hermoso, siempre puedo crear más mundos cuando otros se han destruido. Vi mis lágrimas recorriendo mis mejillas por el amor de quienes no se quedaron a mi lado y sentí su ausencia, el duelo, el vacío que dejaron en mí, como un agujero sin fondo, tétrico, negro, sin luz, apagado, marchito como flores atrapadas entre las páginas de un libro, esperando ser recatadas, revividas por el amor de alguien. Así es mi inspiración, como el sonido, como el sabor, como el paisaje, como el vacío, como la elegancia, como el deseo, como los árboles, como las jacarandas que me saludan por las calles de mi ciudad, que me susurran al oído que las convierta en letras, que las haga palabras. Abrí los ojos y comencé a escribir...

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Textos relacionados:
"Escribir es como respirar"
"Cosas de escritores"

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miércoles, 27 de abril de 2016

7. Melancolía: De corazones rotos

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-Lo lamento mucho, pero la vida sigue, Andrea -dijo Emiliano sentado en el sillón de la sala.

Llovía torrencialmente afuera y Emiliano se había empapado en el trayecto de su camioneta a la puerta principal. Andrea le había abierto invadida por el llanto, roja del rostro, despeinada, como una demente ansiosa por volver reales sus alucinaciones. 

-¡Tú qué sabes! -gritó la chica de pie frente a la chimenea, dándole la espalda a Emiliano-. A veces... -dijo con voz calmada y con la mirada perdida en el fuego- a veces quisiera que todo esto terminara y morirme. 

-¡Qué estupidez! -exclamó él soltando una carcajada burlona-. No tienes idea de lo que dices, Andrea. 

-No necesito comprenderlo, solamente quisiera acabar con mi vida y ya. 

-Bueno... y qué te detiene -preguntó el chico con la intención de hacerla recapacitar a través de una confrontación bastante hiriente de su realidad-. ¡Hazlo! Si eres tan cobarde para huir de tus problemas, hazlo entonces. 

-No quiero huir, quiero... -se detuvo. 

-Huir, quieres huir, acéptalo.

La noche ya los había envuelto y la lluvia no dejaba de caer agresivamente sobre el suelo de tierra, proporcionando el delicioso petricor al olfato. Para Andrea los días y las noches desde su ruptura parecían iguales, igual de terribles, igual de deprimentes, igual de vacíos. No había podido encontrar consuelo suficiente en nada y el recuerdo de Emilio le mordía el cerebro, y también el corazón, o lo que quedaba de él, cada que tenía oportunidad, o sea, cada dos minutos. 

-Ok, te engañó con otra mujer, ¿y? ¿Cuál es el problema? ¿Es acaso eso una sentencia de muerte?

-¿No lo entiendes verdad? -espetó Andrea al darse media vuelta y clavarle una mirada inquisitiva a Emiliano, una mirada que casi lo reprendía como si lo que acabara de decir hubiese sido un insulto-. No lo creo, se nota que nunca te han roto el corazón. -Emiliano sonrió y desvió la mirada. 

-Se nota que no me conoces -dijo por lo bajo al tiempo que arqueaba las cejas en señal de prudencia forzada. 

Andrea pudo notar que la expresión de Emiliano cambió de inmediato y se sintió culpable. Era verdad, no lo conocía, apenas habían conversado algunos días; eso no la hacía merecedora del juicio, al contrario, se percataba de que estaba siendo demasiado injusta con un hombre que lo único que intentaba era ayudarla. Dio unos pasos hacia él y se sentó lentamente a su lado. 

-Yo estuve casado alguna vez -confesó él sin verla a los ojos. 

Andrea tuvo la sensación de que una historia dolorosa vendría pronto para abofetearla y hacerle saber que su tan lamentada "miseria" no era nada en comparación con los vacíos y las tristezas de otros; porque la vida siempre nos demuestra que habrá siempre dolores y penas más grandes que las propias.

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domingo, 24 de abril de 2016

Angustia y psicoanálisis

"La angustia no debe ser eliminada, 
la angustia debe ser comprendida."

Manelander



Hace unos días asistí a un taller sobre casos clínicos y experiencias de psicoanalistas y me encontré con un tema que se me quedó grabado en la cabeza como un casete repetitivo que se adhiere a la mente hasta que le des forma a través de las letras. Una Doctora hablaba sobre la angustia en la vida humana y abordaba perspectivas psicodinámicas muy interesantes, aunque ese no es el punto crucial; se mencionaba pues, que las personas erróneamente piensan que acudir a consulta es acudir a la tan solicitada "cura". Se piensa que el analista es una especie de mago que alejará las tristezas y las penas para que podamos tener una vida más feliz y placentera (que es algo que se hace en muchos enfoques terapéuticos). La realidad es que el analista funcionará como un acompañante, como una ayuda a descubrir las verdades de nuestra realidad interna, y queridos lectores, todos sabemos que la verdad casi siempre tiene un poco de dolor en ella. 

Las angustias y ansiedades no deberán ser erradicadas, sería atentar en contra de nuestro funcionamiento interno psíquico. Lo que se ha de hacer en principio es comprender lo que el paciente no ha comprendido aún de sí mismo, incluidas sus angustias. La terapia muchas veces por este motivo nos alienta a conocer y a vivir nuestras realidades a través de una búsqueda constante de lo que "no se sabe" del paciente mismo entre analista y analizando. Pienso entonces que la disminución de las angustias y ansiedades sería un efecto secundario de la comprensión de las mismas, de la identificación de su génesis, de la aceptación del síntoma mismo. 
El terapeuta no deberá sentir deseos de nada hacia la vida del paciente, pues muchas veces ocurre que ciertos terapeutas quisieran que su paciente se casara, tuviera un trabajo, dejara de beber o de fumar, pero lo que se hace es colocar los deseos propios en el otro sin que éste haya comprendido aún sus realidades internas. Y entonces, para algunos, saber que la angustia es tan importante por el simple hecho de ser una realidad propia, una parte de nosotros mismos, suena escandaloso e indignante: "el psicoanálisis solamente busca generar dependencia", "no busca el bienestar del paciente, su felicidad que es lo más importante", etc. etc. Así miles y miles de comentarios en contra de los procesos encargados de revelar lo inconsciente que no busca la felicidad humana, sino la comprensión humana. Lacan decía que el objeto de estudio del psicoanálisis no es el hombre, sino lo que le falta.

La angustia, mis lectores, es una parte de nosotros mismos que intenta decirnos algo, algo que no hemos podido descubrir, que no hemos podido averiguar por nuestra cuenta, es más, que en inicio ni siquiera hemos comenzado a buscar. Es verdad también que el psicoanálisis no es para todos, pues no todos los humanos tienen la fuerza necesaria para soportar la verdad que nos circunda y que vive en nosotros también. Entenderse es una manera de poder vivir mejor, no más felices, eso es secundario, sino más adecuadamente, más sanamente, porque en el entender nuestra angustia, nuestra tristeza, nuestro enojo, nuestro odio, nuestros deseos, está hacernos más conscientes de nosotros mismos, más... nosotros. 

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sábado, 23 de abril de 2016

Cosas de escritores

"Me corté sin querer con la página
de un cuadernillo que usaba para
escribir una historia; un líquido 
negro comenzó a escurrir de mi 
dedo. Aproveché el momento; 
empapé la pluma de un ganso en
mi herida y comencé a escribir
otra historia en una hoja en blanco."

Manelander



¡Por dios santo! El tictac del reloj me empujaba a escribir más y más. Debí haber quitado ese reloj desde hace mucho tiempo. "Mañana mismo lo tiraré a la basura", pensé. No podía despegar los ojos de la pantalla. Había comenzado a escribir esta nueva historia desde hacía ya varios días y todo iba fluyendo de maravilla hasta ese momento de la tarde en el que mi última decepción amorosa se me vino a la cabeza; no era la primera vez que aquello me aturdía, no señor, de hecho me pasaba bastante seguido pero por fortuna siempre había podido hacer ese pensamiento a un lado cuando de escribir se trataba. 

"Es que es tan reciente, o sea, no se cumplen ni siquiera tres meses aún desde que...". Ya ni siquiera me atrevía a terminar la frase en mi cabeza; era terriblemente doloroso continuar haciendo caso a mis heridas últimas. No tenía caso, no era productivo, ¡no debía!, eso era: ¡no debía desconcentrarme más a causa de ese asuntito! 

El tictac me parecía pausado de repente, como si el tiempo quisiera jugarme una mala pasada y hacer los segundos más largos. "Pero si es que por lo menos supiera lo cruel que fue conmigo. ¡Mane basta de estupideces! ¡Qué más te da! Todo eso se acabó, ¡ya resígnate!". Pero cómo iba yo a resignarme si parecía que había sido ayer cuando sin más ni más él había decidido sacarme de su vida y claro, yo como siempre me había aferrado a algo que no iba a quedarse; no era una novedad en mi vida, así era yo y no podía cambiar. "Soy un imbécil, siempre lo he sido para las cosas del amor" me dije en mis adentros, hipnotizado por el cursor parpadeando en la hoja en blanco de la computadora. Y es que la inspiración como escritor es constante para casi todos, aunque eso no es garantía de desembocar siempre de la misma manera, claro que no. A veces uno escribe letras amargas y densas, tan espesas como la niebla en época invernal, y otras veces pareciera que hay tanta luz en las líneas que podrían iluminar una ciudad entera como Nueva York o Madrid, qué se yo. 

"Escribe, escribe, escribe..." me repetía una y otra vez en mis pensamientos. No quería que me fuese a suceder lo de siempre, eso de alejar los recuerdos del desamor pero terminar escribiendo sobre ello; ya me había pasado antes, así vinieron a mi mente tantos y tantos textos; "Cuando se odia al amor", "Fragmentarse", "Irse", "Los cambios", "El sinsentido", etc., etc. Estaba harto de rendirle tributos al dolor de la pérdida, a la ausencia del otro; estaba cansado de tener que esforzarme por alejar de mi memoria su imagen y sublimar mis deseos de tenerle nuevamente a través de mis letras. Pensaba todo el tiempo en una sola pregunta: ¿cuándo volveré a ser el mismo de antes? ¿cuándo? ¿cuándo? ¿cuándo?. Conocía la respuesta en realidad, y la respuesta era: nunca, ¿por qué?, muy sencillo, porque cuando a uno le rompen el corazón nunca vuelve a ser el mismo. Debía entonces sacarle provecho a todo esto, un momento... ya lo había estado haciendo sólo que no me era suficiente. 

Mi taza de café negro ya se había enfriado, últimamente ha estado haciendo un poco de frío en esta ciudad, ciudad de locos y de caos. Cómo iba a concentrarme en un lugar tan escandaloso y ajetreado como este. Al parecer ya me estaba acostumbrando a todo esto, incluso a sentirme angustiado o intranquilo cada vez que el desgraciado infeliz aquel se me venía a la cabeza. Y es que había influido tanto en mis letras toda aquella ruptura que había comenzado a escribir cosas más trágicas. "Pero qué culpa tiene mi pobre café de todo esto" pensé cuando vi que mi taza había dejado de lanzar ese vaho tan característico en mi escritorio a todas horas. "Quisiera en este preciso momento caer desmayado sobre la computadora y que mi nariz y frente comenzaran a teclear una repetición infinita de una letra al azar, esa sería mi próxima historia, una historia sobre una letra; la "m" es bonita, sí que lo es. Hay muchas lindas palabras que comienzan con la letra "m", por ejemplo mar, sí, mar es pequeña pero su significado es gigantesco, o qué tal miel, otra pequeña pero hermosa palabra, también tenemos muérdago, millones, mareo, mentira, muerte, maldito hijo de perra que me rompiste el corazón, ¡te odio!". La computadora cumplió su tiempo de espera y se suspendió automáticamente justo en el momento en el que sin darme cuenta apretaba los puños, la mandíbula y cada desafortunado músculo de mi cuerpo; estaba tenso y necesitaba tomarme un descanso, "pero descansar de qué, si ni he escrito nada", pues me daba igual, así que cerré la computadora y me levanté del escritorio, caminé a mi habitación y me tiré sobre la cama con el rostro hundido en la almohada para gritar con fuerza; algo se me habría de ocurrir para seguir escribiendo en unos cuantos minutos, solamente bastaría un poco de amargura y dolor, así eran mis letras, amargas, lo sabía muy bien. 

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viernes, 22 de abril de 2016

Aquello que vuelve

"Es inevitable el retorno de las cosas, 
como es inevitable respirar o comer
o enamorarse."

Manelander 



Todo vuelve de algún modo, mis queridos lectores. La vida es un conjunto de destinos que se mueven y se entrelazan de indescifrables maneras, es por ese motivo que para que todo tome su lugar adecuado siempre será necesario que algunas cosas en nuestra vida que alguna vez se hubieron marchado vuelvan a nosotros por algún motivo importante. No todo en el camino debe retornar, no necesariamente, porque hay cosas que no pueden nunca ser como fueron antes o simplemente reaparecerse fácilmente un día. 

Los últimos días pensaba en aquellas cosas que en algún momento de mi pasado me fueron arrebatadas en contra de mi voluntad (refiriéndome a asuntos emocionales en este caso), todo aquello que amé o deseé y me lo quitaron de las manos de formas crueles y despiadadas, tajantemente sin importar si las grietas en mi corazón se extendían todavía más. Algunas de esas cosas han reaparecido, han tocado mi puerta de nuevo y me comprueban, años después, que hay retornos inevitables que nos dejan una lección que aprender, una experiencia nueva que comprender para crecer, para madurar, para ser más fuertes, más enteros. Personas que se van, personas nuevas que llegan y personas que estuvieron alguna vez y que han decidido volver.

Siempre he pensado que nada es casualidad en la vida, todo debe tener un sentido, un motivo de existencia aunque muchas veces no logremos conocerlo del todo. Debemos entonces valorar las causas por las que un pedazo de nuestro pasado a reaparecido, ahora que se supone que ha transcurrido tanto tiempo y que internamente las heridas del ayer han cerrado por completo. Reaccionar siempre con madurez será la prueba contundente de que toda la tormenta y sus estragos han sido superados por completo aunque, a veces, es probable que aquello que ha decidido retornar esté en busca de una lección de vida en la que se requiera tu presencia como parte de este enlace de destinos del que hablaba en el inicio. 

Todo lo que vuelve, creo yo, tiene como objetivo dos posibles cuestiones: 

1. Evaluar el estado de tus heridas (aún abiertas y sangrantes o ya cicatrizadas). 
2. Hacerte parte de una lección que la vida necesita darle a las personas que aparezcan en tu camino de nueva cuenta.

A pesar de que existan cosas y situaciones que vuelvan por algún motivo importante deberás entender, estimado lector, que también muchas más nunca tendrán un retorno hacia ti, simplemente porque su ciclo en tu vida se ha cumplido y no puedes, ni debes, pasar de nuevo por eso, sea malo o bueno. Hay cosas que simplemente se van y no vuelven, y aceptarlo es poder tener una vida más placentera y con menos angustia, te lo puedo asegurar.

Textos relacionados:
"Desencanto"
"Los cambios"
"El esfuerzo del olvido"

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miércoles, 20 de abril de 2016

Cuando el amor no es amor




"Siempre terminamos hablando
de la misma cosa, siempre 
terminamos hablando del amor..."

Manelander 



Mis queridos lectores, ya saben que mi tema favorito siempre ha sido el terreno de los afectos, de las emociones, de todas aquellas cosas que nos hacen humanos y nos diferencian de los animales. En este caso quise detenerme ante una pregunta que un lector me hizo hace unos días y que me dejó pensando con perplejidad; él dijo algo así como: "¿por qué no llamamos al amor simplemente sexo?". No puedo describirles la cantidad de cosas que pasaron por mi cabeza en ese instante. Mi respuesta sin duda fue una cosa parecida a: "¿por qué habríamos de llamarle sexo al amor si son dos cosas totalmente distintas? no logro comprender...". Y no logré comprender aquella pregunta hasta varios días después de pensar y pensar al respecto. Entendí entonces que precisamente aquella cuestión es uno de los problemas más grandes que sobreviven sobre la existencia de la humanidad; confundimos al amor con sexo, y peor aún, con cosas muchísimo más simples como un buen momento o compañía. 

Me queda claro que es muy común que los seres humanos pensemos que hay amor en donde a veces, únicamente, podemos encontrar una compañía, un conjunto de elogios, un complemento intelectual, un motivador, etc., etc. La lista es demasiado larga, casi infinita, y suscribiría en conjunto a muchas situaciones y conductas que se acercan demasiado a las placenteras sensaciones que proporciona el amor. ¿Y cómo es que todo esto ocurre? pues para mí es simple; cuando confundimos algo con otra cosa es porque, además del parecido, no conocemos a fondo los detalles de aquello que confundimos, es decir, no conocemos los detalles del amor en este caso. Desde que nacimos probablemente hemos estado inmersos en un tornado de emociones que hicieron que nuestro concepto del amor se pusiera medio borroso; pasamos bruscamente de los excesos de cariño de aquellos que nos amaron a las ausencias terribles de esos mismos. Dicha confusión lesiona nuestra imagen del amor como una cosa, como un concepto concreto que reúne ciertas características. 

Son estas ocasiones en las que decimos: "ahora sí, éste es el bueno", y que todo resulta catastrófico al final en donde comprobamos que confundimos algo y creímos, equivocadamente, que el amor por fin había llegado a nuestra puerta. Podemos enamorarnos y conocer al amor más de una vez entre vaivenes, pero lo que evidencia una confusión es precisamente la parte "catastrófica" que a veces acontece; cuando hay catástrofe entonces no hay amor de verdad. 

Apreciados lectores, reflexionar sobre estos asuntos nos hará separar el concepto del amor de todas las demás cosas. Podemos entonces vivir excelentes momentos con alguien, pasar tiempos maravillosos y llenos de placer sin la necesidad de colocarle la connotación amorosa a todo lo que nos haga sentir bien o, más grave aún, que nos haga sentir menos mal. 

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lunes, 18 de abril de 2016

La bruja; terroríficamente cautivadora.

"-¿Te gustaría conocer el mundo?
-¿Qué es lo que quieres de mí?
-¿Puedes ver el libro ante ti? Remueve 
tus vestimentas.
-No puedo escribir mi nombre. 
-Yo guiaré tu mano..."

"La bruja" 




Al fin, después de esperar tanto, tuve la oportunidad de ver "The Witch" (por favor, no me pregunten dónde porque la respuesta resulta bastante complicada). Debo informar que el género de terror es uno de mis favoritos y esta vez, gracias al talento recién expuesto de Robert Eggers, pude apreciar una verdadera obra de arte bajo este género. 

En principio no les daré muchos detalles, pues el estreno del largometraje aún no es total alrededor del planeta, no por lo menos en los países en donde la película podrá, con autorización, llegar a las salas de cine. Lo que sí podemos recalcar con mucho énfasis es la premiación de "La bruja" en el Festival de Cine de Sundance este 2015, en donde recibió el premio como el largometraje con mejor dirección en la categoría de drama estadounidense. Ya por el título podemos en conjunto hacer una aproximación a la esencia de la trama, que sí, básicamente está colocada sobre la época colonial de 1630, teniendo a las comunidades puritanas como predominantes en el nuevo territorio. Ya quien se haya documentado al respecto de los juicios de brujería en Salem podrá hacer una conexión dirigida a la trama con mayor facilidad. 

He leído que muchas personas han emitido malas críticas hacia el filme pero solamente me fue suficiente con encontrar la opinión positiva de Stephen King, el maestro del terror, quien declara que "La bruja" es una cinta que le ha causado terror, calificándola de realista y visceral. Y en efecto, pues el largometraje mantiene la tensión desde las primeras escenas hasta el último aterrador cuadro. Se trata de un tipo de terror que, como bien califica el Festival de Sundance, se absorbe en lo dramático, pero no ese tipo de drama que te hace llorar de principio a fin, sino de ese drama que raya en el realismo, que te perturba, te incomoda y te genera la sensación de querer participar en la trama para resolverlo todo. 

La bruja tiene escenas bastante apegadas a lo cautivador de su guión; la actuación de su protagonista, de nombre Thomasin (Anya Taylor-Joy) tiene un efecto tan hipnótico que logra, como si fuese una máquina del tiempo, arrastrarte hasta 1630 y toda la época de la histeria colectiva a causa de la práctica pagana de brujería. "The Witch" es poseedora de una simpleza que cautiva; ya encontramos entonces magia y ficción en abundancia sin necesidad de efectos exagerados, chispas, luces o sonidos especiales. 

"La bruja" nos recuerda ese tiempo en el que un grupo de pobladores compartió su paranoia e ideas que rayaban en lo delirante y psicótico debido a un impulso colectivo de patologías que, para esa época, simplemente eran incomprensibles. Felicidades enormes a Robert Eggers, de quien esperaremos ansiosos "Nosferatu" como su segunda exposición al mundo del cine; ya su primer trabajo nos deja un excelente sabor de boca, así que no esperamos menos de su próxima entrega.


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viernes, 15 de abril de 2016

6. Melancolía: ¡Déjame en paz!

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Ir y venir, subir y bajar, momentos buenos y otros pésimos; en eso se resumía la vida de Andrea. No encontraba la estabilidad necesaria para tener paz y tranquilidad. No podía quejarse de los buenos momentos que había pasado los últimos días con Emiliano; él tenía este humor que le pintaba el día y le arrancaba los grises que la rondaban en cada momento, pero no era suficiente, no podía conservar una sonrisa por mucho tiempo, y es que eso ocurre cuando el corazón está roto; quisiéramos que todo sanara rápidamente, pero la realidad es que siempre tomará tiempo, un tiempo en el que la desesperación nos morderá cada vena, cada minuto, cada respiro; la melancolía es eso con exactitud, la vida de Andrea era pura y simple melancolía. 

-Te lo di todo, ¿por qué? -se preguntaba una y otra vez en su cabeza. Ese ¿por qué? que no logra tener respuesta, por lo menos no una que nos satisfaga. Y el origen de aquella pregunta más bien siempre era un reclamo mezclado con un duelo insoportable. 

Estaba nuevamente echada en el sillón de la estancia, frente a la chimenea con el fuego casi extinto; los minutos avanzaban lento, demasiado, el sía era eterno y no dejaba de hacerse preguntas que no le llevaban a nada mas que a más preguntas. Estaba harta, incluso se sentía cansada físicamente, agotada; no podía explicarse las razones de su cansancio pues no hacía nada, ningún esfuerzo, al contrario, se la pasaba durmiendo, acostada o sentada. Era el ejemplo perfecto de melancolía, de depresión, de un ente sin alma, sin espíritu. 

- ¡Déjame en paz! -gritó llorando. No le gritaba a la imagen de Emilio en su cabeza, no, le gritaba a la tristeza mientras las venas del cuello se le resaltaban por el llanto. Se llevó las manos al rostro y una vez más se desplomó como se desploma el cuerpo cuando la fractura es demasiado grande y el veneno que pusieron en nosotros nos duele, nos desgarra por dentro. Recordó en ese instante que Emiliano le había invitado a beber una cerveza al bar del pueblo por la noche. No se sentía bien y la tristeza no dejaba de susurrarle al oído: "¿Para qué? Mejor quédate aquí a llorar, a dormir". 

La tarde comenzaba a darle paso a la fría noche y el viento seguía moviendo los árboles del exterior. Andrea estaba en aquel punto en el que se piensa que todo nos recuerda a quien amamos y nos rompió en mil pedazos y, por ese terrible motivo, nada en la vida tiene sentido. No tenía teléfono celular ya que había decidido dejarlo en casa de sus padres para no ser molestada por nadie; tomó el teléfono de la casa de sus tíos, uno inalámbrico que nunca sonaba, marcó el número escrito en una servilleta que decía "Emiliano". 

- ¿Lista? -preguntó la voz del joven al responder la llamada. 

-No... -comenzó Andrea pero el llanto se adueñó de ella de nueva cuenta y no pudo disimularlo. 

- ¿Andrea? -preguntó él con preocupación, esperó un momento y tras unos segundos de escuchar el lloriqueo doloroso de su nueva conocida habló de nuevo-. Voy para allá.

Andrea no pudo responder nada porque Emiliano no le dio oportunidad, pues colgó el teléfono rápidamente. Se sentía estúpida, se sentía vulnerable como un recién nacido que necesita los cuidados de otros para sobrevivir; pero lo que Andrea no entendía es que no estaba tan equivocada, pues cuando el corazón se rompe una parte de nosotros muere y, con el paso del tiempo, renace; se es un recién nacido después de que el corazón se parte en pedazos y, por supuesto, como todo recién nacido, se necesitan cuidados, atenciones y, sobre todo, mucho amor. 

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jueves, 14 de abril de 2016

Repulsión a lo homosexual

"Pero quién fue el que decidió 
por nosotros, quién tuvo el 
valor y la osadía de vivir
nuestra propia vida en
nuestro lugar."

Manelander 



Los últimos días, por algún motivo, han estado llegando a mí varias publicaciones escritas y videos que hablan sobre la homosexualidad y, la gran mayoría, generan un debate entre algunas creencias religiosas y los asuntos de orientación sexual. No tengo mucho que decir porque si así fuese escribiría eternamente y aún así no sería suficiente para anular los ideales que se oponen a la diversidad de género. Así retomando aún más seriedad, me parece que la libertad y el amor son las palabras clave que deberían sustentar cada suceso que acontece en este planeta. 

Creo que en asuntos de homosexualidad nos encontramos bastante atrasados, psicológica y emocionalmente, en principio; ya ni siquiera vamos a mencionar lo sociocultural y lo político legislativo. En principio porque pareciera que "lo homosexual" ha generado conflictos innecesarios a través de los años, sobre todo en la última década; y digo innecesariso porque el asunto es que nadie muere por ser homosexual, nadie sale lastimado y los problemas más grandes de la humanidad continúan siendo exactamente los mismos, incluso empeoran, es decir, lo homosexual no representa una amenaza contra la vida humana, pues es un asunto inofensivo y debería ser irrelevante como un problema. En realidad pareciera que es el mismo ser humano el que ha puesto todos los obstáculos necesarios para crear una guerra en donde no la hay, pero bueno, está en nuestra naturaleza el ser complicados, así que también de algún modo este asunto no es nada novedoso. 

La pregunta sería ¿por qué?, sí, ¿por qué lo homosexual genera tanto conflicto y tanta repulsión por una parte considerable de la población mundial?. Porque por tomar un ejemplo representativo podemos hablar de como la religión se opone ante una realidad presente e innegable basándose en argumentos no comprobables, como la biblia, y que pueden refutarse fácilmente; ¿puedes ver el punto?. Una parte de la población que cree en algo que no se apega a la realidad intenta debatir algo que es totalmente real, existente y con explicaciones que pueden reforzar el concepto "homosexualidad"; esto nos dice entonces que hay un fallo, algo no estamos haciendo bien, y muy probablemente  sean nuestras bases débiles que cada vez más se alejan de la realidad, de lo empírico. No pretendo seguir hablando de las creencias religiosas, pues mi objetivo no es destruir sus conceptos, solamente quise establecer un punto crucial. 

El amor, querido lector, siempre será el combustible del mundo y cualquiera que se oponga o intente moldearlo o doblegarlo caerá en la estupidez. Aquí es donde mi argumento psicológico entra en acción, ya que se ha insistido con el tiempo en que los individuos homosexuales deben tomar tratamiento psicológico, pero yo debería acomodar un poco la idea, pues no es el homosexual quien debe tomar tratamiento psicológico en sí, sino todo aquel al que la homosexualidad le cause conflicto, angustia o terror. La repulsión a lo homosexual solamente denota una profunda aversión, y detrás de la repulsión se esconde el deseo. Todos los seres humanos nacemos bisexuales y es en un momento de la vida en donde se hace una elección del objeto de deseo, pero no por tener una preferencia homosexual deberíamos catalogar esto como aberrante o patológico, simplemente es una elección de objeto distinta a lo heterosexual, es así, es simple, no hay más. Aún elegido el objeto de deseo siempre conservaremos una parte homosexual o heterosexual en nuestro interior y continuaremos siendo, en cierto modo, seres bisexuales. No se puede, no se debe, comparar la homosexualidad con el homicidio, la pedofilia o cualquier otro tipo de atrocidad humana que causa daño a otros seres vivos, pues la homosexualidad, como lo dije antes, es inofensiva, pero se ha tratado de colocarle un sinnúmero de calificativos que no se apegan a la realidad. Miles de películas, documentales y escritos refutan la orientación homosexual de muchas formas, provocando entonces que el odio, la intolerancia y la injusticia reinen sobre la Tierra. 

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miércoles, 13 de abril de 2016

El discurso como cura

"Entendí mucho tiempo después que
el silencio provocaba que todo aquello
se acumulara en mí de algún modo hasta
tener la sensación de estallar en mil pedazos."

Manelander


Después de haber escrito un texto sobre "La cama como cura" (bastante apegado a la comedia que de pronto ronda en mis escritos) decidí centrarme en un asunto que está más apegado a la realidad psicológica, y no es que descarte a las camas como parte dela cura, pero esta vez quisiera profundizar en lo que podría llamarse "tratamiento"; aquello que funciona como parte de un proceso que tiene como objetivo principal aliviar y mejorar a una persona. 

Y es que las penas son un mal constante que nos aqueja desde el momento de nuestro nacimiento (ya hablo sobre ello en "El trauma"), pero es de este modo como podemos asegurar que debiera existir entonces una manera de aliviar dichas adversidades. Siempre habremos de encontrar una forma de resolver o sobrellevar los males de la vida y, querido lector, todos sabemos que la forma más efectiva de superar o a prender a vivir con ciertas cuestiones es desahogando aquello que se retuerce en nuestro interior; sería lo equivalente a vomitar lo emocional y psicológico que necesita ser exteriorizado. ¿Y cuál es ese método tan fascinante? Pues verás, la palabra es la manera en la que podemos sacar lo que nos atormenta y, al mismo tiempo, haciéndolo perceptible, tenemos la oportunidad de analizar aquello que ha salido y está frente a nosotros de algún modo. 

Hablar, mis lectores apreciados, es la fórmula perfecta para ablandar la dureza de lo que nos entristece, nos lastima, nos cansa, nos molesta; hablar es el método ideal para curar las penas internas que se aferran a nosotros de una manera a veces patológica. Porque no es sino hablando como podemos llegar a las profundidades de nuestros asuntos más dolorosos y oscuros. Si bien hablar sobre algo en especial resulta en ocasiones un asunto muy duro y complicado, es la vía más sana para liberar el peso que cargamos y que nos tiene en estados poco saludables. El asunto es que a los seres humanos no nos gusta hablar demasiado de aquello que nos duele, precisamente por eso, el dolor de revivir todo ese material nos parece intolerable y preferimos no hacerlo. Al ser humano no le agrada mucho sentarse a hablar de sus asuntos porque al hacerlo sentirá una especie de sacrificio interno que desgarrará parte de su "estabilidad" emocional; la cosa es que cuando no hablamos de todo lo que nos revuelve por dentro, todo ese huracán psicológico y emocional terminará por buscar una fuga para liberar espacio interno y mantener la supervivencia del individuo. Al no haber un discurso constante y liberador, las personas comenzarán a "actuar" lo que guardan dentro, como si se tratara de un escape del material escabroso que está contenido en el interior del sujeto; y cuando hablamos de "actuar" entonces nos estamos refiriendo a "repetir" (leer "El retorno ala repetición y nuestra resistencia a sanar"), porque cuando hablamos le damos un sentido consciente a lo que nos aqueja, lo podemos simbolizar con las palabras y de esa manera valorarlo, entenderlo y, por qué no, solucionarlo, 

Hablemos lo que nos preocupa y nos duele tantas veces sea necesario, hasta que las palabras se agoten y la pena y el dolor se vayan esfumando poco a poco. Hablar, queridos lectores, nos resuelve, nos motiva, nos elabora por dentro, nos acomoda de una manera adecuada; se trata de un trabajo y un esfuerzo que el individuo hace a pesar de lo complejo que pueda ser luchar contra los propios monstruos internos. Hablar de todo lo que somos y lo que nos lastima nos aleja de la ignorancia sobre nuestra persona y nos acerca al conocimiento de una parte, aunque pequeña bastante significativa, de nosotros mismos.  


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martes, 12 de abril de 2016

Desencanto

"Todo era perfecto hasta que 
llegaron las nubes y cubrieron
el sol, se llevaron la luz consigo,
me apagaron, me oscurecieron."

Manelander



Mis queridos lectores, en días recientes he estado pensando demasiado en aquellos momentos en los que la magia que un día llenó nuestras vidas se termina, se acaba de tajo y dejan de flotar estrellas a nuestro alrededor; es ese momento justo en el que la venda cae de nuestros ojos y aterrizamos de golpe contra el suelo de la fría y seca verdad. 

El desencanto es ese sentimiento que llega de repente, sin previo aviso, se mete en nosotros y nos grita desde adentro: "se terminó". Y hablando específicamente, como casi siempre, sobre relaciones de pareja, el desencanto siempre tiene este disfraz oscuro que le abre la puerta al dolor y a la tristeza; creo que puedo visualizarlo como el momento justo en el que un corazón se rompe, exactamente en el momento en el que sientes como las cosas que amabas se esfuman como el humo de un cigarro. así, la pregunta obligada es: ¿cómo evitamos el desencanto?. Bueno, en primer lugar es importante que nos quede claro que NO PODEMOS evitarlo, queridos lectores, por terrible que parezca la realidad es que desencantarnos no depende de nosotros, en realidad el desencanto es un sentimiento que depende de la situación en la que nos encontramos con el otro, es decir, tiene que ver con dos personas en donde una rompe y la otra es rota, qué cruel se escucha ¿verdad?.


  • Cuando el desencanto llega 
Vivimos un periodo lleno de algo que yo llamaría "miel emocional", que incluso es más dulce que la miel comestible, y comenzamos a verlo todo positivamente, sobre todo si hay reforzadores al rededor. Cuando estamos enamorados y las cosas están marchando más o menos de forma adecuada vivimos lo opuesto, vivimos encantados por aquella situación, por aquella persona. Muchas personas dicen que entre más nos enamoramos más nos dolerá la pérdida cuando todo termine; el dolor entonces es directamente proporcional a nuestros niveles de enamoramiento. De este modo, a veces, existen detonantes que nos despedazan por dentro todas las ilusiones y experiencias buenas con aquella persona y nada importa ya pues no tenemos lo que en algún momento fue nuestro y la miel emocional se vuelve amarga y repulsiva porque el desencanto la pudre obligándonos a desecharla, a escupirla, pero esto con un motivo importante: vomitar todo lo anterior para depurarnos por dentro y poder llenarnos después con algo nuevo. 

  • Cuando todo está perdido 
El desencanto es básicamente esto; es la sensación de ya no poder recuperar lo que amábamos poseer. Cuando nos desencantamos chocamos contra un muro que nos lastima y nos lesiona; ese muro es el símbolo de la imposibilidad de recuperación, es lo que nos dice que ya no hay nada más que hacer porque ya lo hemos intentado todo y el asunto ya no está más en nuestras manos. el desencanto es un letrero enorme y con luces brillantes que dice: "Cariño, el amor no lo puede todo". Y es que contrario a lo que yo pienso siempre sobre el amor (que lo puede todo), en realidad es que no, por desgracias hay cosas que el amor no puede resolver pero, no me refiero a que no sirva, sino que a veces el amor no puede solo, necesita ayuda de otras cuestiones, pero no siempre recibe esa ayuda y entonces todo llega a un inminente final. 

  • Aceptación simple 
Entonces ustedes comenzarán a preguntarse: "¿y qué hago ante el desencanto?", les responderé que no mucho más que lo indispensable; reaccionar agresivamente o intentar algo más allá de lo adecuado sería una transgresión, algo patológico. Como ya he dicho en otros de mis textos, lo mejor es no hacer nada y dejar que las cosas sucedan como tienen que suceder, por más triste que parezca, por más doloroso, porque aferrarnos a algo nos desgasta de una manera impresionante y enfermiza. Primero que nada debemos aceptar que las cosas son como son y que estamos en el proceso de comprender que no podemos cambiarlas porque no somos dioses o magos para moldear la vida a nuestro antojo, pues si bien podemos ir forjando nuestro destino con nuestras decisiones, es verdad también que no podemos cambiar la forma de pensar, de sentir o de actuar de otros, no podemos evitar los finales, que como he dicho antes ya, son necesarios; nada es eterno, nada es para siempre, todo cambia, termina o se renueva. 

Pasar un tiempo en soledad, hablar mucho de lo mismo y también tener momentos de distracción, pueden ser herramientas muy buenas para defendernos contra el desencanto de conocer y aceptar una realidad que no nos agrada tanto. La fuerza, la madurez y el crecimiento humano se basan en continuos desencantos que nos aterrizan y nos fuerzan a conocer el mundo en todos sus matices; los buenos y los que no lo son tanto. ¡Pero qué maravilla, ¿no crees?! Conocer los pasajes de la vida en cada uno de sus rincones, tener lo bueno pero también lo malo, vivirlo todo y atesorarlo sin pelearse tanto con lo que no es muy agradable; inténtalo, puedes fluir mejor si dejas de reclamarle a la vida caprichosamente por las cosas que, por algún motivo, no te deja conservar. 

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sábado, 9 de abril de 2016

"Querida Friducha III" - (Cartas a Frida Kahlo)

Querida Friducha: 


Perdóname por no haber podido enviarte una carta las últimas semanas, he estado tan atareado, por dentro y por fuera, que sentarme a escribir se ha vuelto una odisea. Creo que la vida me está probando de algún modo poniéndome obstáculos para sentarme a hacer lo que tanto amo hacer en esta vida: escribir. Ahora, como ya te platiqué en mi última visita a tu hermosa casa azul, vivo muy cerca de ti, aunque no por esa razón dejaré de escribirte, querida mía. Sabes bien que este medio es mi favorito para contarte algunos detalles de las cosas que me suceden.

Todo ha sido un revoltijo tremendo. Mi corazón aún no se recupera de la última pérdida y no encuentro consuelo completo en nada. La vida se ha vuelto un sube y baja constante al que no puedo ignorar, pero, debo aclarar, que aunque tengo mis ratos de melancolía, la vida no ha perdido su color, incluso puedo decir que estoy disfrutando demasiado mis nuevos ciclos y también me alegra estar poniendo cierto orden a dos que tres cuestiones en mi vida; me siento diferente, nuevo, pero aún hay tristeza en mí por haber perdido aquello que quizá... quizá nunca fuera mío. 

Ahora tengo una relación demasiado cordial con mis padres, ya sabes tú, la familia también siempre es cambiante, se adapta a lo nuevo y el amor se refuerza con las experiencias. Tengo mucha ilusión de ir creando lazos mucho más fuertes con aquellos que amo y, por qué no, al mismo tiempo ir debilitando aquellos lazos con los que ya no amo y no me aman más, así hasta su completa desaparición. 

No he cerrado del todo mi herida interna, esa que se dibuja dolorosamente en el corazón, sin embargo, querida mía, muero por el deseo de enamorarme nuevamente, esta vez, por supuesto, de alguien que me corresponda, que me ame y se arriesgue por mí, que sea valiente y confiable, no pido más. 

Por ahora no digo más y espero poder visitarte pronto de nuevo para tomarnos otra botellita de tequila, ya sabes, del que te raspa la garganta. Salúdame a Diego y al señor Xolo. Te amo con todo mi corazón. Siempre tuyo...

Mane 


Querido Mane: 

He esperado ansiosa tu carta. Por aquí las cosas también han sido un revoltijo tremendo, pero, ¿qué no es la vida eso? un completo revoltijo del que muchas veces no tenemos control, es más, del que nunca tenemos control. Vivir se trata de revoltijos que no logramos entender, pero, querido mío, no luches contra aquello, déjate llevar, déjate ser parte de aquel revoltijo y la vida será más llevadera. 

Las heridas del corazón a veces parecen eternas, no se marchan, no se cierran, pero un día te darás cuenta de que todo ha pasado y solamente podrás ver la cicatriz de aquello que un día fue una herida abierta y sangrante. Todo pasa, el problema es que nos desesperamos demasiado y queremos que el dolor se largue, y eso, eso es parte de aquel revoltijo incontrolable. No te preocupes por las cosas que quisiste y no pudiste tener, el tiempo lo acomoda todo en su lugar y te darás cuenta un día que tenías que pasar por todo esto para obtener cosas mejores. Deja que el dolor te embriague, no pelees con él, es tan desgraciado que entre más luchas en su contra más daño te causa. Verás que pronto alguien especial llegará a tu vida, te lo aseguro. No desesperes, la desesperación es una enemiga monstruosa. 

Por aquí todo va bien, aunque últimamente, debo confesar, me he sentido sola en casa, pero bueno, no es novedad que el panzón me haga sentir eso de vez en cuando a causa de sus pendejadas. Me alegra saber que tienes una buena relación con tu familia; ellos entre sus locuras nos aman y nos amarán siempre. El señor Xolo y Diego también te mandan saludos y te esperamos pronto para tomarnos otra botellita del tequila ése que te raspa el gaznate como lumbre. Yo también te amo con todo mi corazón, querido mío, y espero pronto saber de ti nuevamente. Tuya siempre...

Frida


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jueves, 7 de abril de 2016

La cama como cura

"Después de tantas penas
solamente deseaba hundirme
en ese espacio rectangular.
Desde ahí todo parecía más 
fácil."

Manelander


No sé ustedes, mis estimados lectores, pero yo siempre corro a mi cama cuando una pena me embarga, un día difícil me atormenta o el cansancio emocional hace de las suyas. Porque ese espacio tan nuestro, tan delicioso, es el lugar perfecto para que los ánimos se recuperen. La cama es un espacio personal que siempre está dispuesta a abrazarnos, consolarnos y ayudarnos a reponer fuerzas. 


-La cama y las penas del corazón

Bed TumblrY es que no es una novedad que siempre que sufrimos una ruptura amorosa, el único objeto que nos recibe, a nosotros ya nuestras lágrimas, es nuestra deliciosa cama. Así entonces pareciera que la cama y sus almohadas nos contienen y nos dejan vaciar nuestra tristeza sobre ellas. Es un símbolo de nuestra soledad, de esa que es necesaria para curar las heridas internas. Cuántas veces no pasamos días enteros tirados sobre la cama, llorando y pensando en aquella persona que nos ha partido el corazón en dos. Lo depresivo siempre se hace presente sobre la cama, se manifiesta de una manera imponente a veces no tan sana y nos envuelve entre las sábanas y nos nubla la habitación, nos inyecta somnolencia que se convierte en melancolía con el pasar de las horas; después de un tiempo la cama nos arrebata la tristeza y nos empuja fuera de ella, a continuar, a avanzar, a vivir. 


-La cama y el cansancio 

Estas cansado físicamente y corres a tu deliciosa cama, estás cansado mental y emocionalmente y... corres a tu deliciosa cama. La cama nos recibe abiertamente para llevarnos al descanso, al silencio necesario, al sueño, a la calma requerida para liberar las cargas, el estrés y todo este ruido del que somos presas cada día en la urbanización. La cama apacigua nuestras angustias porque es en ella en donde los problemas del trabajo, de la familia, los problemas en general se vuelven nada por unas horas. 


-La cama y las reconciliaciones

Para reconciliarse con la pareja después de una discusión lo mejor siempre será, queridos lectores, arrojarse a la cama apasionadamente hasta que no quede nada de enojo. La cama termina con los silencios incómodos entre dos, los desgarra entre un cúmulo de gemidos y respiraciones agitadas, porque es en la cama en donde podemos amarnos de algún modo, encontrarnos a nosotros mismos en un espacio pequeño que internamente, en nuestros pensamientos, en nuestra mente, es infinito. 


La cama cura las heridas del corazón y del alma, y si no se ha de poder, si la herida es demasiado profunda, entonces la cama nos consuela, nos acompaña, nos abraza. No reflejamos en ella, nos salimos de nosotros mismos y podemos auto-curarnos; es un instrumento esencial que hasta el más neurótico sabe apreciar, no importa si es sencilla, ostentosa o vieja, una cama representa la cura. Contiene a los enfermos hasta su rehabilitación o los acompaña hasta su último sendero, así funciona básicamente el simbolismos de este objeto tan simple y tan importante. 

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martes, 5 de abril de 2016

5. Melancolía: El espacio intermedio

Lee el capítulo anterior de esta historia AUÍ

Tenía los audífonos puestos y había decidido escuchar toda la tarde esa música depresiva en inglés que hacía que las lágrimas derramaran imparables, como fuentes inagotables de agua. Estaba sentada en la cama, con la cabeza y la espada pegadas al respaldar; observaba su imagen reflejada en el espejo frente a ella y podía verse destruida, fea, descuidada. Tenía ojeras gigantes y su cabello parecía un estropajo para limpiar el piso del baño; su belleza seguía ahí pero estaba tan opacada por su tristeza que no podía reconocerla, no podía reconocerse. 

- Es impresionante -se decía en sus adentros-. Cómo una persona puede hacerte pedazos en un segundo... 

Andrea pensaba en la fragilidad humana como un defecto. -Dios debió equivocarse, y conmigo mucho más. Soy más frágil que una hoja de papel sumergida en agua... -se repetía por dentro. Y es que aunque habían pasado los días seguía sintiéndose rota e incompleta. La cosa era que sabía que un día se repondría y encontraría a alguien que de verdad la amara, pero desesperadamente se preguntaba qué sería lo que sucedería mientras tanto. La idea de ese espacio intermedio, ese que se vive entre un corazón roto y la cura, le atacó el pensamiento con agresividad. Comenzó a suponer que el espacio intermedio era un concepto que no todos lograban sobrevivir, quizás era en ese lapso en el que algunas personas terminaban suicidándose o enloqueciendo, por amor, por desamor más bien. 

Recordaba los momentos buenos con Emilio y tenía la sensación de que su corazón dejaba de latir para latir en la imagen de ella estructurada en sus pensamientos y dar vida al recuerdo. Había sido tan feliz y ahora todo eso había terminado. Tenía miedo, miedo de no sobrevivir su propio "espacio intermedio". Se sentía débil, no encontraba fuerzas en nada, sola y... 

-¡Andrea! -gritó alguien en el exterior mientras tocaban la ventana de la estancia-. ¿Estás ahí? Soy Emiliano. He traído comida, abre-. Andrea abrió los ojos como platos y se reconoció aún más fea de lo que ya se había percatado en su reflejo. Se levantó y se limpió las lágrimas rápidamente. 

No lo sabía, no se había percatado ni por un segundo que sentirse fea y avergonzarse por eso ante la visita de alguien era el principio de componer lo que había roto dentro de ella; ese impulso, esa chispa que nos hace querer lucir bien para alguien, que nos mueve, nos enciende y después, sin que podamos controlarlo, nos quema y remedia todo lo que está mal. 

-¡No! -gritó ella con la espalda pegada a la puerta de madera para evitar que Emiliano pudiera verla desde la ventana-. ¡Vete!

-¡Ay ya! No inventes, ¡abre! 

-Estoy fea, ¡vete!

-Jajaja ¿es en serio? 

-Sí -respondió desesperada. 

-¡No seas infantil!

-¡Adiós!

-¡Bien! Me iré con toda mi comida por ahí -dijo ofendido, dio media vuelta y comenzó a alejarse. 

La consciencia de Andrea le pateó el cerebro y sin que pudiera detener aquel impulso abrió la puerta y abrió la boca con ganas de gritarle algo, pero él ya estaba de frente, viéndola con media sonrisa, una sonrisa perfecta, como si hubiese sabido que la chica abriría la puerta desde antes. 

-¿Ya? -preguntó él en modo de reprimenda. 

-Pasa... -asintió ella y la tarde soleada hizo que el viento en el exterior fuese aún más encantador. 

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