domingo, 24 de abril de 2016

Angustia y psicoanálisis

"La angustia no debe ser eliminada, 
la angustia debe ser comprendida."

Manelander



Hace unos días asistí a un taller sobre casos clínicos y experiencias de psicoanalistas y me encontré con un tema que se me quedó grabado en la cabeza como un casete repetitivo que se adhiere a la mente hasta que le des forma a través de las letras. Una Doctora hablaba sobre la angustia en la vida humana y abordaba perspectivas psicodinámicas muy interesantes, aunque ese no es el punto crucial; se mencionaba pues, que las personas erróneamente piensan que acudir a consulta es acudir a la tan solicitada "cura". Se piensa que el analista es una especie de mago que alejará las tristezas y las penas para que podamos tener una vida más feliz y placentera (que es algo que se hace en muchos enfoques terapéuticos). La realidad es que el analista funcionará como un acompañante, como una ayuda a descubrir las verdades de nuestra realidad interna, y queridos lectores, todos sabemos que la verdad casi siempre tiene un poco de dolor en ella. 

Las angustias y ansiedades no deberán ser erradicadas, sería atentar en contra de nuestro funcionamiento interno psíquico. Lo que se ha de hacer en principio es comprender lo que el paciente no ha comprendido aún de sí mismo, incluidas sus angustias. La terapia muchas veces por este motivo nos alienta a conocer y a vivir nuestras realidades a través de una búsqueda constante de lo que "no se sabe" del paciente mismo entre analista y analizando. Pienso entonces que la disminución de las angustias y ansiedades sería un efecto secundario de la comprensión de las mismas, de la identificación de su génesis, de la aceptación del síntoma mismo. 
El terapeuta no deberá sentir deseos de nada hacia la vida del paciente, pues muchas veces ocurre que ciertos terapeutas quisieran que su paciente se casara, tuviera un trabajo, dejara de beber o de fumar, pero lo que se hace es colocar los deseos propios en el otro sin que éste haya comprendido aún sus realidades internas. Y entonces, para algunos, saber que la angustia es tan importante por el simple hecho de ser una realidad propia, una parte de nosotros mismos, suena escandaloso e indignante: "el psicoanálisis solamente busca generar dependencia", "no busca el bienestar del paciente, su felicidad que es lo más importante", etc. etc. Así miles y miles de comentarios en contra de los procesos encargados de revelar lo inconsciente que no busca la felicidad humana, sino la comprensión humana. Lacan decía que el objeto de estudio del psicoanálisis no es el hombre, sino lo que le falta.

La angustia, mis lectores, es una parte de nosotros mismos que intenta decirnos algo, algo que no hemos podido descubrir, que no hemos podido averiguar por nuestra cuenta, es más, que en inicio ni siquiera hemos comenzado a buscar. Es verdad también que el psicoanálisis no es para todos, pues no todos los humanos tienen la fuerza necesaria para soportar la verdad que nos circunda y que vive en nosotros también. Entenderse es una manera de poder vivir mejor, no más felices, eso es secundario, sino más adecuadamente, más sanamente, porque en el entender nuestra angustia, nuestra tristeza, nuestro enojo, nuestro odio, nuestros deseos, está hacernos más conscientes de nosotros mismos, más... nosotros. 

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