sábado, 30 de abril de 2016

Antes de dormir

"La vida parece más difícil unos
minutos antes de dormir."

Manelander


Pensemos un momento en todas aquellas noches que parecían insoportables únicamente por el hecho de ser noches, de estar solos en nuestra habitación, solos y al mismo tiempo acompañados por nuestros pensamientos, esos pensamientos que nos torturan exactamente unos minutos antes de quedarnos dormidos. ¿Te ha pasado? ¡Pero claro que sí! Si únicamente preguntaba por mera propiedad. A todos nos ha acontecido aquel encierro mental al que nuestros pensamientos nos someten un tiempo pequeño antes de que nuestros ojos se cierren y abandonen el mundo tangible para sumergirnos en lo onírico. 

Me pregunto qué sucede siempre que vamos a nuestra habitación, nos recostamos, a veces muy agotados, y al apagar la luz las preguntas comienzan a aparecer repentinamente, una tras otra, sin parar: ¿cuándo tendré que pagar la factura del internet?, ¿apagué la luz de la cocina?, ¿qué puedo escribir mañana para el blog?, ¿será pueda comprar aquello que vi en esa tienda de la plaza del centro?, ¿estará pensando en mí?, ¿me habrá amado?, ¿se acordará de mí por lo menos un poquito?, ¿cuándo dejaré de pensar en él?, etc., etc. Porque es obvio que siempre salen a relucir las cuestiones más absurdas y también las que no lo son, aquellas que son demasiado relevantes y merecedoras de toda nuestra preocupación. Y damos una vuelta, y luego damos otra y otra más, después nos pica la espalada y la cabeza, nos da sed, nos da insomnio, nos da melancolía. 

Creo que todo lo que sucede antes de dormir ocurre porque ya no tenemos nada más que nos distraiga de pensar en todas esas cosas que evitamos pensar durante el día pero que están ahí, siempre, todo el tiempo dentro de nuestra cabeza, ocultas, esperando un descuido para atacar y saturarnos con sus exigencias manifestadas como preguntas que demandan ser respondidas. Y entonces poco a poco las vamos ignorando, las vamos respondiendo si es posible o las vamos haciendo a un lado ayudados por el sueño que al final termina por vencernos; pero no todo acaba ahí, no señor, claro que no, porque vienen los sueños, nuestras creaciones internas que liberan lo que se oculta más profundamente, incluso soñamos como una forma de resolver mágica o fantasiosamente aquello que nos angustia en la realidad, o soñamos para ponerle un rostro o un nombre a algo que en la vigilia es tan inconcebible que ni siquiera viene a nuestra consciencia. 

No hay que verlo como algo negativo, sino como una conversación casi obligada con nosotros mismos, una conversación necesaria. Estoy seguro, queridos lectores, de que cada uno de ustedes ha pasado por ese recorrido tenebroso que se atraviesa de vez en cuando unos minutos antes de dormir, donde todo parece más complicado, más denso, más asfixiante. Lo que puedo decirles es que, aunque de pronto las preguntas nos atormenten y nos quiten el sueño, siempre encontrarán una respuesta, quizá no hoy, puede ser mañana o un día de estos, pero todo siempre toma su lugar correspondiente si se tiene la intención de resolver, de acomodar; habrá que pensar en cómo hacerlo, pero bueno, no ahora, quizá más tarde, unos minutos antes de dormir. 

(NOTA IMPORTANTE: Estimados lectores, atendiendo un poco más mi pasión por la escritura y por mi profesión: la psicología, he decidido atender peticiones para hablar sobre temas de los que a ustedes les gustaría que yo escribiera o diera mi opinión. Con gusto atenderé sus sugerencias y peticiones en la medida de mis posibilidades; de la misma forma si desean recibir algún consejo pueden escribirme al mail: mane.landerpi@gmail.com o si no es necesaria la privacidad o el anonimato entonces pueden dejarme todo en los comentarios de cualquiera de mis textos. Saludos y gracias por su amable atención.)

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