sábado, 23 de abril de 2016

Cosas de escritores

"Me corté sin querer con la página
de un cuadernillo que usaba para
escribir una historia; un líquido 
negro comenzó a escurrir de mi 
dedo. Aproveché el momento; 
empapé la pluma de un ganso en
mi herida y comencé a escribir
otra historia en una hoja en blanco."

Manelander



¡Por dios santo! El tictac del reloj me empujaba a escribir más y más. Debí haber quitado ese reloj desde hace mucho tiempo. "Mañana mismo lo tiraré a la basura", pensé. No podía despegar los ojos de la pantalla. Había comenzado a escribir esta nueva historia desde hacía ya varios días y todo iba fluyendo de maravilla hasta ese momento de la tarde en el que mi última decepción amorosa se me vino a la cabeza; no era la primera vez que aquello me aturdía, no señor, de hecho me pasaba bastante seguido pero por fortuna siempre había podido hacer ese pensamiento a un lado cuando de escribir se trataba. 

"Es que es tan reciente, o sea, no se cumplen ni siquiera tres meses aún desde que...". Ya ni siquiera me atrevía a terminar la frase en mi cabeza; era terriblemente doloroso continuar haciendo caso a mis heridas últimas. No tenía caso, no era productivo, ¡no debía!, eso era: ¡no debía desconcentrarme más a causa de ese asuntito! 

El tictac me parecía pausado de repente, como si el tiempo quisiera jugarme una mala pasada y hacer los segundos más largos. "Pero si es que por lo menos supiera lo cruel que fue conmigo. ¡Mane basta de estupideces! ¡Qué más te da! Todo eso se acabó, ¡ya resígnate!". Pero cómo iba yo a resignarme si parecía que había sido ayer cuando sin más ni más él había decidido sacarme de su vida y claro, yo como siempre me había aferrado a algo que no iba a quedarse; no era una novedad en mi vida, así era yo y no podía cambiar. "Soy un imbécil, siempre lo he sido para las cosas del amor" me dije en mis adentros, hipnotizado por el cursor parpadeando en la hoja en blanco de la computadora. Y es que la inspiración como escritor es constante para casi todos, aunque eso no es garantía de desembocar siempre de la misma manera, claro que no. A veces uno escribe letras amargas y densas, tan espesas como la niebla en época invernal, y otras veces pareciera que hay tanta luz en las líneas que podrían iluminar una ciudad entera como Nueva York o Madrid, qué se yo. 

"Escribe, escribe, escribe..." me repetía una y otra vez en mis pensamientos. No quería que me fuese a suceder lo de siempre, eso de alejar los recuerdos del desamor pero terminar escribiendo sobre ello; ya me había pasado antes, así vinieron a mi mente tantos y tantos textos; "Cuando se odia al amor", "Fragmentarse", "Irse", "Los cambios", "El sinsentido", etc., etc. Estaba harto de rendirle tributos al dolor de la pérdida, a la ausencia del otro; estaba cansado de tener que esforzarme por alejar de mi memoria su imagen y sublimar mis deseos de tenerle nuevamente a través de mis letras. Pensaba todo el tiempo en una sola pregunta: ¿cuándo volveré a ser el mismo de antes? ¿cuándo? ¿cuándo? ¿cuándo?. Conocía la respuesta en realidad, y la respuesta era: nunca, ¿por qué?, muy sencillo, porque cuando a uno le rompen el corazón nunca vuelve a ser el mismo. Debía entonces sacarle provecho a todo esto, un momento... ya lo había estado haciendo sólo que no me era suficiente. 

Mi taza de café negro ya se había enfriado, últimamente ha estado haciendo un poco de frío en esta ciudad, ciudad de locos y de caos. Cómo iba a concentrarme en un lugar tan escandaloso y ajetreado como este. Al parecer ya me estaba acostumbrando a todo esto, incluso a sentirme angustiado o intranquilo cada vez que el desgraciado infeliz aquel se me venía a la cabeza. Y es que había influido tanto en mis letras toda aquella ruptura que había comenzado a escribir cosas más trágicas. "Pero qué culpa tiene mi pobre café de todo esto" pensé cuando vi que mi taza había dejado de lanzar ese vaho tan característico en mi escritorio a todas horas. "Quisiera en este preciso momento caer desmayado sobre la computadora y que mi nariz y frente comenzaran a teclear una repetición infinita de una letra al azar, esa sería mi próxima historia, una historia sobre una letra; la "m" es bonita, sí que lo es. Hay muchas lindas palabras que comienzan con la letra "m", por ejemplo mar, sí, mar es pequeña pero su significado es gigantesco, o qué tal miel, otra pequeña pero hermosa palabra, también tenemos muérdago, millones, mareo, mentira, muerte, maldito hijo de perra que me rompiste el corazón, ¡te odio!". La computadora cumplió su tiempo de espera y se suspendió automáticamente justo en el momento en el que sin darme cuenta apretaba los puños, la mandíbula y cada desafortunado músculo de mi cuerpo; estaba tenso y necesitaba tomarme un descanso, "pero descansar de qué, si ni he escrito nada", pues me daba igual, así que cerré la computadora y me levanté del escritorio, caminé a mi habitación y me tiré sobre la cama con el rostro hundido en la almohada para gritar con fuerza; algo se me habría de ocurrir para seguir escribiendo en unos cuantos minutos, solamente bastaría un poco de amargura y dolor, así eran mis letras, amargas, lo sabía muy bien. 

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