miércoles, 20 de abril de 2016

Cuando el amor no es amor




"Siempre terminamos hablando
de la misma cosa, siempre 
terminamos hablando del amor..."

Manelander 



Mis queridos lectores, ya saben que mi tema favorito siempre ha sido el terreno de los afectos, de las emociones, de todas aquellas cosas que nos hacen humanos y nos diferencian de los animales. En este caso quise detenerme ante una pregunta que un lector me hizo hace unos días y que me dejó pensando con perplejidad; él dijo algo así como: "¿por qué no llamamos al amor simplemente sexo?". No puedo describirles la cantidad de cosas que pasaron por mi cabeza en ese instante. Mi respuesta sin duda fue una cosa parecida a: "¿por qué habríamos de llamarle sexo al amor si son dos cosas totalmente distintas? no logro comprender...". Y no logré comprender aquella pregunta hasta varios días después de pensar y pensar al respecto. Entendí entonces que precisamente aquella cuestión es uno de los problemas más grandes que sobreviven sobre la existencia de la humanidad; confundimos al amor con sexo, y peor aún, con cosas muchísimo más simples como un buen momento o compañía. 

Me queda claro que es muy común que los seres humanos pensemos que hay amor en donde a veces, únicamente, podemos encontrar una compañía, un conjunto de elogios, un complemento intelectual, un motivador, etc., etc. La lista es demasiado larga, casi infinita, y suscribiría en conjunto a muchas situaciones y conductas que se acercan demasiado a las placenteras sensaciones que proporciona el amor. ¿Y cómo es que todo esto ocurre? pues para mí es simple; cuando confundimos algo con otra cosa es porque, además del parecido, no conocemos a fondo los detalles de aquello que confundimos, es decir, no conocemos los detalles del amor en este caso. Desde que nacimos probablemente hemos estado inmersos en un tornado de emociones que hicieron que nuestro concepto del amor se pusiera medio borroso; pasamos bruscamente de los excesos de cariño de aquellos que nos amaron a las ausencias terribles de esos mismos. Dicha confusión lesiona nuestra imagen del amor como una cosa, como un concepto concreto que reúne ciertas características. 

Son estas ocasiones en las que decimos: "ahora sí, éste es el bueno", y que todo resulta catastrófico al final en donde comprobamos que confundimos algo y creímos, equivocadamente, que el amor por fin había llegado a nuestra puerta. Podemos enamorarnos y conocer al amor más de una vez entre vaivenes, pero lo que evidencia una confusión es precisamente la parte "catastrófica" que a veces acontece; cuando hay catástrofe entonces no hay amor de verdad. 

Apreciados lectores, reflexionar sobre estos asuntos nos hará separar el concepto del amor de todas las demás cosas. Podemos entonces vivir excelentes momentos con alguien, pasar tiempos maravillosos y llenos de placer sin la necesidad de colocarle la connotación amorosa a todo lo que nos haga sentir bien o, más grave aún, que nos haga sentir menos mal. 

Textos relacionados:

Twitter & Instagram: @tintademane
Tumblr: manelander ("La Tinta De Mane")




Publicar un comentario