martes, 12 de abril de 2016

Desencanto

"Todo era perfecto hasta que 
llegaron las nubes y cubrieron
el sol, se llevaron la luz consigo,
me apagaron, me oscurecieron."

Manelander



Mis queridos lectores, en días recientes he estado pensando demasiado en aquellos momentos en los que la magia que un día llenó nuestras vidas se termina, se acaba de tajo y dejan de flotar estrellas a nuestro alrededor; es ese momento justo en el que la venda cae de nuestros ojos y aterrizamos de golpe contra el suelo de la fría y seca verdad. 

El desencanto es ese sentimiento que llega de repente, sin previo aviso, se mete en nosotros y nos grita desde adentro: "se terminó". Y hablando específicamente, como casi siempre, sobre relaciones de pareja, el desencanto siempre tiene este disfraz oscuro que le abre la puerta al dolor y a la tristeza; creo que puedo visualizarlo como el momento justo en el que un corazón se rompe, exactamente en el momento en el que sientes como las cosas que amabas se esfuman como el humo de un cigarro. así, la pregunta obligada es: ¿cómo evitamos el desencanto?. Bueno, en primer lugar es importante que nos quede claro que NO PODEMOS evitarlo, queridos lectores, por terrible que parezca la realidad es que desencantarnos no depende de nosotros, en realidad el desencanto es un sentimiento que depende de la situación en la que nos encontramos con el otro, es decir, tiene que ver con dos personas en donde una rompe y la otra es rota, qué cruel se escucha ¿verdad?.


  • Cuando el desencanto llega 
Vivimos un periodo lleno de algo que yo llamaría "miel emocional", que incluso es más dulce que la miel comestible, y comenzamos a verlo todo positivamente, sobre todo si hay reforzadores al rededor. Cuando estamos enamorados y las cosas están marchando más o menos de forma adecuada vivimos lo opuesto, vivimos encantados por aquella situación, por aquella persona. Muchas personas dicen que entre más nos enamoramos más nos dolerá la pérdida cuando todo termine; el dolor entonces es directamente proporcional a nuestros niveles de enamoramiento. De este modo, a veces, existen detonantes que nos despedazan por dentro todas las ilusiones y experiencias buenas con aquella persona y nada importa ya pues no tenemos lo que en algún momento fue nuestro y la miel emocional se vuelve amarga y repulsiva porque el desencanto la pudre obligándonos a desecharla, a escupirla, pero esto con un motivo importante: vomitar todo lo anterior para depurarnos por dentro y poder llenarnos después con algo nuevo. 

  • Cuando todo está perdido 
El desencanto es básicamente esto; es la sensación de ya no poder recuperar lo que amábamos poseer. Cuando nos desencantamos chocamos contra un muro que nos lastima y nos lesiona; ese muro es el símbolo de la imposibilidad de recuperación, es lo que nos dice que ya no hay nada más que hacer porque ya lo hemos intentado todo y el asunto ya no está más en nuestras manos. el desencanto es un letrero enorme y con luces brillantes que dice: "Cariño, el amor no lo puede todo". Y es que contrario a lo que yo pienso siempre sobre el amor (que lo puede todo), en realidad es que no, por desgracias hay cosas que el amor no puede resolver pero, no me refiero a que no sirva, sino que a veces el amor no puede solo, necesita ayuda de otras cuestiones, pero no siempre recibe esa ayuda y entonces todo llega a un inminente final. 

  • Aceptación simple 
Entonces ustedes comenzarán a preguntarse: "¿y qué hago ante el desencanto?", les responderé que no mucho más que lo indispensable; reaccionar agresivamente o intentar algo más allá de lo adecuado sería una transgresión, algo patológico. Como ya he dicho en otros de mis textos, lo mejor es no hacer nada y dejar que las cosas sucedan como tienen que suceder, por más triste que parezca, por más doloroso, porque aferrarnos a algo nos desgasta de una manera impresionante y enfermiza. Primero que nada debemos aceptar que las cosas son como son y que estamos en el proceso de comprender que no podemos cambiarlas porque no somos dioses o magos para moldear la vida a nuestro antojo, pues si bien podemos ir forjando nuestro destino con nuestras decisiones, es verdad también que no podemos cambiar la forma de pensar, de sentir o de actuar de otros, no podemos evitar los finales, que como he dicho antes ya, son necesarios; nada es eterno, nada es para siempre, todo cambia, termina o se renueva. 

Pasar un tiempo en soledad, hablar mucho de lo mismo y también tener momentos de distracción, pueden ser herramientas muy buenas para defendernos contra el desencanto de conocer y aceptar una realidad que no nos agrada tanto. La fuerza, la madurez y el crecimiento humano se basan en continuos desencantos que nos aterrizan y nos fuerzan a conocer el mundo en todos sus matices; los buenos y los que no lo son tanto. ¡Pero qué maravilla, ¿no crees?! Conocer los pasajes de la vida en cada uno de sus rincones, tener lo bueno pero también lo malo, vivirlo todo y atesorarlo sin pelearse tanto con lo que no es muy agradable; inténtalo, puedes fluir mejor si dejas de reclamarle a la vida caprichosamente por las cosas que, por algún motivo, no te deja conservar. 

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