sábado, 9 de abril de 2016

"Querida Friducha III" - (Cartas a Frida Kahlo)

Querida Friducha: 


Perdóname por no haber podido enviarte una carta las últimas semanas, he estado tan atareado, por dentro y por fuera, que sentarme a escribir se ha vuelto una odisea. Creo que la vida me está probando de algún modo poniéndome obstáculos para sentarme a hacer lo que tanto amo hacer en esta vida: escribir. Ahora, como ya te platiqué en mi última visita a tu hermosa casa azul, vivo muy cerca de ti, aunque no por esa razón dejaré de escribirte, querida mía. Sabes bien que este medio es mi favorito para contarte algunos detalles de las cosas que me suceden.

Todo ha sido un revoltijo tremendo. Mi corazón aún no se recupera de la última pérdida y no encuentro consuelo completo en nada. La vida se ha vuelto un sube y baja constante al que no puedo ignorar, pero, debo aclarar, que aunque tengo mis ratos de melancolía, la vida no ha perdido su color, incluso puedo decir que estoy disfrutando demasiado mis nuevos ciclos y también me alegra estar poniendo cierto orden a dos que tres cuestiones en mi vida; me siento diferente, nuevo, pero aún hay tristeza en mí por haber perdido aquello que quizá... quizá nunca fuera mío. 

Ahora tengo una relación demasiado cordial con mis padres, ya sabes tú, la familia también siempre es cambiante, se adapta a lo nuevo y el amor se refuerza con las experiencias. Tengo mucha ilusión de ir creando lazos mucho más fuertes con aquellos que amo y, por qué no, al mismo tiempo ir debilitando aquellos lazos con los que ya no amo y no me aman más, así hasta su completa desaparición. 

No he cerrado del todo mi herida interna, esa que se dibuja dolorosamente en el corazón, sin embargo, querida mía, muero por el deseo de enamorarme nuevamente, esta vez, por supuesto, de alguien que me corresponda, que me ame y se arriesgue por mí, que sea valiente y confiable, no pido más. 

Por ahora no digo más y espero poder visitarte pronto de nuevo para tomarnos otra botellita de tequila, ya sabes, del que te raspa la garganta. Salúdame a Diego y al señor Xolo. Te amo con todo mi corazón. Siempre tuyo...

Mane 


Querido Mane: 

He esperado ansiosa tu carta. Por aquí las cosas también han sido un revoltijo tremendo, pero, ¿qué no es la vida eso? un completo revoltijo del que muchas veces no tenemos control, es más, del que nunca tenemos control. Vivir se trata de revoltijos que no logramos entender, pero, querido mío, no luches contra aquello, déjate llevar, déjate ser parte de aquel revoltijo y la vida será más llevadera. 

Las heridas del corazón a veces parecen eternas, no se marchan, no se cierran, pero un día te darás cuenta de que todo ha pasado y solamente podrás ver la cicatriz de aquello que un día fue una herida abierta y sangrante. Todo pasa, el problema es que nos desesperamos demasiado y queremos que el dolor se largue, y eso, eso es parte de aquel revoltijo incontrolable. No te preocupes por las cosas que quisiste y no pudiste tener, el tiempo lo acomoda todo en su lugar y te darás cuenta un día que tenías que pasar por todo esto para obtener cosas mejores. Deja que el dolor te embriague, no pelees con él, es tan desgraciado que entre más luchas en su contra más daño te causa. Verás que pronto alguien especial llegará a tu vida, te lo aseguro. No desesperes, la desesperación es una enemiga monstruosa. 

Por aquí todo va bien, aunque últimamente, debo confesar, me he sentido sola en casa, pero bueno, no es novedad que el panzón me haga sentir eso de vez en cuando a causa de sus pendejadas. Me alegra saber que tienes una buena relación con tu familia; ellos entre sus locuras nos aman y nos amarán siempre. El señor Xolo y Diego también te mandan saludos y te esperamos pronto para tomarnos otra botellita del tequila ése que te raspa el gaznate como lumbre. Yo también te amo con todo mi corazón, querido mío, y espero pronto saber de ti nuevamente. Tuya siempre...

Frida


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