martes, 31 de mayo de 2016

Crónica de mis letras a media noche

"Es bonito escribir a la media noche;
es escribir en un punto medio, en el 
umbral entre un día y el siguiente.
Las cosas parecen más claras en
aquel punto de luz y oscuridad."
Manelander



Eran las 11:50 de la noche y aún no había escrito absolutamente nada en la computadora. Últimamente me costaba redactar algo con lo que estuviera completamente satisfecho. Algo estaba pasando en mi interior. Tomé la taza de café con las dos manos y le di un trago; comencé a sentirme cansado, como si algo me agotara desde dentro. Intenté recordar cosas que escribía antes; mis letras eran mucho más intensas, porque antes no había encontrado algo que las regulara; siempre escribía líneas desbordantes, empapadas de un dolor que siempre lucía aterrador. Ahora, al escribir, siempre había un toque de melancolía que no dejaba de ser amargo pero que no llegaban al extremo de herir a quien me leyera. 

Me levanté del escritorio y salí a comprar un juguito de mango; amaba el jugo. Desde que era un niño tomaba jugo; de todos los sabores, presentaciones y precios. Vi el cielo nocturno y la luna brillaba en lo alto; pasé unos minutos observando lo plateado de aquella figura redonda. Observaba la luna mientras sorbía jugo de mango de la caja amarilla que lo contenía. Recordé entonces que hace algunos años la luna había sido una de mis inspiraciones más grandes al escribir; escribía todo el tiempo para la luna, como si estuviese enamorado de ella. El frío hizo que volviera al interior de mi departamento; me senté en el escritorio de nuevo y observé el reloj de nueva cuenta; eran las doce en punto. Comencé a teclear algunas palabras: dolor, amor, calor... 

A veces escribir algo grandioso nace a partir de una sola palabra, una palabra que enciende un mar de fuego como una pequeña chispa con la capacidad de iluminar hasta la oscuridad más espesa. 

Moví la mano bruscamente para tomar la cajita de jugo de mango y sin querer golpeé la taza con café. El sonido estalló en el suelo blanco cubierto ahora del líquido marrón que se esparció por todos lados. Había cristales por doquier; era mi taza favorita. "¡Mi taza!", pensé con tristeza mientras me agachaba rápidamente para limpiar mi desastre. Al intentar levantar los pedazos me corté la mano y un chorro de sangre comenzó a escurrir. El café se mezcló con el rojo de mi sangre y se hizo una especie de líquido marrón púrpura. Sentí dolor pero me quedé contemplando aquello que se unía en el suelo, una combinación no tan desagradable en realidad; pocas veces tenía la oportunidad de ver mi propia sangre, y no es que deseara hacerlo, pero cuando sucedía me quedaba envuelto en contemplar esa parte de mí que no siempre tenía ocasión de admirar. Era de un rojo brillante, hermoso color, y no era muy fanático del rojo, pero era mi rojo, emanaba de mí, así que así sí me gustaba. Es curioso cómo es que tenemos un corazón pero nunca lo conocemos, únicamente lo sentimos, sabemos que está ahí, pero nunca podemos verlo. 

Limpié el desorden, me lavé la herida y comencé a escribir algo en la computadora: "Eran las 11:50 de la noche y aún no había escrito absolutamente nada en la computadora. Últimamente me costaba redactar algo con lo que estuviera completamente satisfecho. Algo estaba pasando en mi interior..."


(NOTA IMPORTANTE: Estimados lectores, atendiendo un poco más mi pasión por la escritura y por mi profesión: la psicología, he decidido atender peticiones para hablar sobre temas de los que a ustedes les gustaría que yo escribiera o diera mi opinión. Con gusto atenderé sus sugerencias y peticiones en la medida de mis posibilidades; de la misma forma si desean recibir algún consejo pueden escribirme al mail: mane.landerpi@gmail.com o si no es necesaria la privacidad o el anonimato entonces pueden dejarme todo en los comentarios de cualquiera de mis textos. Saludos y gracias por su amable atención.)

 

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domingo, 29 de mayo de 2016

En mí (II)

"Encontrarse duele, porque reconocer
nuestro auténtico interior provoca
dolor, pero no habrá alivio más grande
que ser auténticos."
Manelander




-Tú me dijiste que podía regresar después -le dije con calma. 

-Pero no pensé que vendrías tan pronto -respondió desde la oscuridad-. Vete, vuelve otro día. 

- ¡No, basta! -exclamé sin gritar, exasperado. 

- ¿No? -preguntó irónicamente y después soltó una de sus macabras carcajadas-. Se nota que no sabes lo que dices -dijo quedamente. Caminó hacia mí, podía escuchar sus pisadas sobre el lodoso suelo húmedo. No podía verle esta vez, los pequeños rayos de luz que se colaban por algunas grietas eran muy débiles. Se acercó a mí y me susurró al oído-: Hablas solamente porque tienes boca...

Lo había hecho a propósito. Mi familia acostumbraba decir aquella frase petulante e insultante desde que tenía uso de razón; era insoportablemente despectiva, grosera y poco recatada. Se trataba de un conjunto de palabras que me causaban angustia y náuseas. Estaba seguro de que lo había dicho con toda la intención 

- ¿Y cómo es que puedes ayudarme? -preguntó mientras se alejaba de mí.

-Creo que estás enfermo, y creo también que la única manera de sanarte es hablando. 

-Hablando... -repitió con ironía-. Hablando. 

-Así es, hablando. 

- ¿Sobre qué quieres hablar?

-Pues... me gustaría saber por qué estás tan mal. 

-Tú me volviste así, tú y los que te rodean. 

-Lo siento mucho. 

Se paró debajo de un tenue rayo de luz. Estaba vestido con ropas viejas y rasgadas, casi desnudo, mostrando la piel pálida pegada a los huesos; era como un cadáver, como un muerto viviente. Me vio con sus ojos negros ladeando la cabeza, fulminándome con su seriedad y silencio. 

-Sentirlo ya no sirve de nada -respondió emitiendo palabras que salían de su boca, articuladas por sus labios resecos, ensangrentados; parecía como si se hubiese mordido a propósito-. Han sido más importantes otra cosas, otras personas; más importantes que yo... que tú-. Tenía razón; toda mi vida había dado importancia a tantas cosas, había invertido energía en complacer a otros y a sus deseos y me había olvidado de mí mismo. 

-Quizá ya no sirva de mucho, pero por lo menos ahora puedo decirlo y tú puedes escucharme. 

-Márchate ya, estoy muy cansado. Tu voz me aturde. 

Di media vuelta y me fui de su cueva oscura con olor a humedad y a tierra. Abrí los ojos y estaba de nueva cuenta frente ami terapeuta, en el consultorio. 

-Considero que hoy ha habido un gran avance -informó ella. 

- ¿Tú crees? ¿Por qué? 

-No cualquiera puede pedirse perdón a si mismo. 

Continuará...


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jueves, 26 de mayo de 2016

El recuerdo

"Podemos alejarnos de personas 
pero nunca de su recuerdo."
Manelander


Caminaba por el centro comercial, apresurado porque tenía que comprar algunas cosas urgentemente y disponía de poco tiempo. Mientras avanzaba por los pasillos enormes del lugar me detuve frente al aparador de una tienda de aparatos electrónicos; había una cosa ahí que me arrastró a recordarlo, a él y al tiempo que vivimos juntos. "Maldita sea", dije quedamente mientras cerraba los ojos lentamente en señal de resignación y pesar. ¿Hasta cuándo dejaría de acordarme de él? ¿Hasta cuándo los objetos dejarían de inyectarme su nombre y su rostro en la cabeza? No podía hacer muchas cosas desde que dejé de verlo; me sentía incapacitado para volver a hacer lo que hacía con él pero a solas. Yo mismo me había censurado para no repetir asuntos que me recordaran a él. 

Los recuerdos son parte esencial de la elaboración; para poder entender la ausencia de alguien es necesario recordarlo aunque duela. 

Aunque encuentro terriblemente fastidioso su recuerdo también entiendo que para poder superar un asunto debemos sumergirnos en él todo lo que sea necesario, dejar que nos invada por más insoportable que parezca, porque de ese modo podemos entender la situación y el entender nos libera y nos resuelve, de lo contrario, al resistirnos a los recuerdos y al dolor que ellos generan, estamos resistiéndonos a asimilar las cosas, a darles un cierre para continuar con lo nuevo. 

Su perfume, las películas que vimos juntos, las cosas que contamos, lo que nos dijimos, los dulces que comimos, su sonrisa... mis ganas enormes de abrazarlo, de quedarme a su lado eternamente. 

He perdido la cuenta ya de todas las veces que había venido su recuerdo a mi consciencia, he perdido la cuenta de todas las veces que lloré por no tenerlo más, por no verlo más, por no saber de él. Cada vez que un aroma o un objeto me recordaba a él era como arrojarle un puñado de sal a mis heridas. Vi el reloj y ahora tenía menos tiempo para hacer mis compras, respiré hondo, di media vuelta y comencé a caminar; me alejé del aparador y del recuerdo también, por el momento, pues estaba seguro que pronto algo aparecería para recordarmelo de nuevo antes de que terminara el día. 


Textos relacionados:

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miércoles, 25 de mayo de 2016

Inside-Out: una historia emocionalmente encantadora

Queridos lectores, estoy muy contento de poder presentar la primera colaboración de "La tinta de Mane", realizada con el excelente aficionado y crítico de cine Miguel Pina, quien con sus letras nos hace el honor de darnos una perspectiva bastante acertada de esta maravillosa película de Disney. Vayan y visiten su blog si quieren sumergirse en las profundidades del séptimo arte de una manera única (el link al final del texto). Ambos preparamos este texto para ustedes y lo hemos publicado simultáneamente en nuestros blogs; esperamos que sea de su agrado y gracias por leernos.

"Llorar me ayuda a dejar
de obsesionarme con el
peso de los problemas."
Inside-Out



¿Puede una película de animación ser altamente conceptual y además hablarnos de la psique humana?Demos otro pasito ¿Puede una cinta dirigida al público infantil conseguir hablar del funcionamiento de los neurotransmisores cerebrales mientras los más pequeños se lo pasan en grande? Rotundamente sí. Obra maestra del cine, pero del cine en general. Disney-Pixar consigue "cuadrar el círculo". Alegría, Ira, Miedo, Asco y Tristeza; estas son las emociones representadas por los personajes centrales de la cinta.Y es que pareciera que Disney no se cansa de realizar propuestas que cada vez resultan más y más atractivas para los amantes del cine, sobre todo para los más pequeños, aunque sabemos bien que la magia de Disney tiene alcances que van mucho más allá del público infantil; suponemos que por ese motivo existen tantos adultos admiradores de su "mundo". 


La historia

Riley es una niña de once años, que se instala junto a sus padres en una nueva ciudad.Este cambio, más un pronto inicio de su adolescencia, van a confluir en un estallido de sus emociones. Pero la novedad y lo maravilloso de este argumento es desde donde está narrado, que es ni más ni menos que la fuente de todos nuestros anhelos y desalientos: el cerebro. 

Nos encontramos ante un viaje extraordinario hasta el centro de mando del pensamiento humano. La narración está expresada desde dos perspectivas, por un lado vemos la historia clásica de una niña y los conflictos emocionales que tiene con sus padres al adaptarse a una nueva ciudad, y por otro lado vemos cómo son gestionados estos sentimientos dentro de su pensamiento; para ello observamos a los personajes interactuando desde dentro de su cabeza, dando órdenes y contraórdenes que van afectando al comportamiento de Riley. El personaje central de la cinta pasará a ser Alegría, una especie de hada amarilla que lucha porque Tristeza, una muñequilla luminiscente azul, no se imponga en los pensamientos de la joven Riley. Esta subtrama pasa a convertirse en trama principal, esto mismo es lo original y divertido de la película.

Ahora ya estamos dentro del cerebro de la niña, denominado en la historia, como la consola de control del pensamiento. Allí obsevamos cómo los personajillos se desenvuelven entre ellos para tratar de imponer a Riley sus decisiones. Ya sean ponerla furiosa, hacerla sentir miedo o repugnancia, pero siempre bajo el mando de Alegría que trata de imponer su criterio de tener a la niña lo más contenta posible. Tristeza será su antagonista principal y será ella la que aún sin quererlo trate de trasladar a la niña su melancolía.Todo ello está tratado desde el sentido del humor y dando forma a la historia para que el público infantil lo pueda asimilar como un juego y no como un tratado de psicología que es a lo que se aproxima la película de un modo magistral.





Inside-Out nos otorga demasiada información en dosis constantes y disfrazadas de personajes y situaciones bastante fáciles de digerir, sobre todo por el público infantil al que va dirigido como prioridad. Lo que más destaca por supuesto es el hecho de que Alegría pasa la mayor parte del tiempo intentando preservar y extender, insistentemente, los momentos felices de Riley sin comprender la función de Tristeza y alejándola a toda costa de los recuerdos de la pequeña; eso suena familiar ¿verdad? Los humanos no comprendemos la función de la tristeza y rechazamos toda sensación poco placentera que pueda generarse en nuestro interior, pero la realidad es que incluso las emociones poco agradables tienen una función crucial en nuestro desenvolvimiento. La tristeza es un instrumento reparador que, en muchas ocasiones, actúa como una especie de "alarma de auxilio" que puede ser atendida por aquellos que nos aman o a quienes les importamos. Estar triste es un estado emocional necesario en ocasiones, y rechazarlo es rechazar una parte vital de nosotros mismos. Nada es para siempre, ni la alegría, ni la tristeza, porque los humanos somos un acumulado de emociones que se encienden para transmitirnos un mensaje importante que necesita ser atendido; muchas veces estar triste nos acerca a varios tipos de consuelo, nos enseña a vivir la soledad, a aceptar los cambios, a soltar, a dejar ir, a vivir el duelo de la pérdida, cosas que se viven sin importar la edad. 

Las transiciones del desarrollo evolutivo por las que todo ser humano pasa se representan en la película de forma muy interesante, así entonces podemos encontrar situaciones como la importancia de los lazos familiares y sociales, la madurez proveniente del paso de los años y la represión de símbolos amenazantes u hostiles. Inside-Out menciona a los amigos imaginarios y, emotivamente, retrata el olvido al que son sometidos con el tiempo, un olvido necesario producto de la madurez emocional y psicológica. También encontramos toda una organización del pensamiento y el entendimiento de los conceptos como parte esencial de los procesos cognitivos y la combinación de emociones que se producen cuando dejamos de ser niños y lo primitivo va cediendo lugar a lo complejo; así podemos decir que en la niñez nos centramos en expresar estar muy alegres, muy enojados, muy tristes o con mucho desagrado; cuando crecemos nuestras emociones básicas dejan de ser tan literales y comienzan a mezclarse entre ellas, así podemos tener recuerdos tristes que nos pusieron felices, enojarnos a causa de algo que nos produce demasiado desgrado, tener mucho miedo y entristecernos por ello, etc., etc., y conocemos mezclas interesantes como la ansiedad, la melancolía, la duda, la agresividad, el impulso, la intelectualización, el egoísmo, y miles de estados que tienen que ver con nuestras emociones.


Premios y datos interesantes

La producción fue ganadora del Oscar de la Academia a la mejor película animada en el año 2015, esto fue la culminación a otros galardones internacionales entre los que cabe destacar el premio de la crítica cinematográfica. Figura en el puesto 12 como mejor película de todos los tiempos en el prestigioso sitio web 'Rotten Tomatoes'. Philippe Engel en Fotogramas escribió: "La lluvia de ideas y de ingenio, de guiños y de gags, que llaman a la reflexión sobre infinidad de temas es apabullante, convirtiendo a Inside-Out en una obra imprescindible". La banda sonora original, como en otras tantas películas de Disney es magnífica haciéndonos vibrar y emocionarnos a partes iguales.


En conclusión, película altamente recomendable para tenerla en los primeros puestos de nuestra videoteca, sublimación del cine inteligente elevado a la enésima potencia. Exquisito concepto del consciente y subconsciente humano. Inside-Out nos deja echar un vistazo a nuestro interior para entendernos de una forma entretenida, algo que nunca se había retratado tan magníficamente, y es que si eso fuese el pan de cada día entonces las cosas en nuestra vida serían más llevaderas ¿no creen?, porque entendernos constantemente es una forma de vivir con mayor aceptación, en paz, pues no es sino en el entendernos en donde se encuentra la respuesta a muchas cuestiones.

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domingo, 22 de mayo de 2016

8. Melancolía: Lo común

Lee el capítulo anterior de esta historia AQUÍ

-Estuve casado con el amor de mi vida durante tres años, después de cinco años de relación -dijo Emiliano con la voz queda. Andrea pensaba que llegaría el punto en el que el apuesto muchacho derramaría un par de lágrimas, eso la hacía sentirse apenada; por su papel de víctima, Andrea había provocado que Emiliano comenzara a contar su historia. 

-No es necesario que me cuentes -intentó detenerlo. 

-No lo era, pero ahora sí, es muy necesario. 

La lluvia en el exterior azotaba la cabaña torrencialmente y ambientaba las palabras de Emiliano casi como si se tratara de una historia de terror. Y es que en gran parte lo era; las historias de los corazones rotos son eso precisamente: historias de terror basadas en la vida real. 

-Ella me engañó también -continuó-. Me engañó de la manera más baja en la que se puede engañar a alguien. -Andrea puso cara de incertidumbre y colocó su mano en el hombro del muchacho, quien ya comenzaba a llorar. 

-Por favor, discúlpame, no necesitas esto. 

-Me engañó con mi hermano mayor. Los encontré en mi cama una noche que volvía temprano del trabajo; esa noche perdí a una esposa y a un hermano al mismo tiempo. 

Andrea se sintió miserable, peor que miserable, se sintió insignificante. Era cierto, la mentira era común sobre este planeta, más común de lo que ella imaginaba, ni siquiera los hombres encantadores y buenos como Emiliano se salvaban de la traición y la deshonestidad. Lo abrazó mientras él lloraba sin hacer mucho escándalo sobre su hombro delicado y femenino, se separaron y sin que ambos pudieran darse cuenta comenzaron a besarse. Así suceden las cosas del corazón y de la carne, sin darse cuenta. 

-Discúlpame, yo... no debí... -dijo Emiliano apenado, con el rostro enrojecido. 

-No, no te disculpes, yo soy la que no debió... 

-Será mejor que me vaya. 

-No, por favor, no te vayas. ¡Quédate! 

Andrea no sabía que era lo que sucedía, pero de algo si estaba bastante segura: le agradaba la compañía del muchacho aquel; era muy agradable tener con quien compartir las penas después de tanto tiempo, sobre todo ahora que hablaba sola, con ella misma, diciéndose cosas desastrosas que la acercaban a los límites de la melancolía. 

-Bien, pues... puedo preparar algo de cenar aquí -respondió Emiliano. 

- ¡Me parece perfecto! Así podemos comenzar a platicar de otras cosas que no sean nuestros ex. 

Sin darse cuenta las heridas comenzaban a sanar, porque es verdad que todo se cura en el momento en el que menos lo esperamos; el dolor no se marcha simplemente porque deseamos que se marche, el dolor se marcha cuando quiere, cuando sabe que estamos listos para continuar sin él, eso es lo común. 


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miércoles, 18 de mayo de 2016

Querida Friducha IV - (Cartas a Frida Kahlo)

Querida Friducha:

Soy como el cielo Frida, querida, a veces nublado, a veces soleado, a veces lluvioso, ya no sé ni qué soy, ni quién soy. De pronto me pierdo, de pronto me encuentro y luego me vuelvo a perder; comienzo a sentirme cansado de intentar e intentar. No estoy cansado de vivir, porque vivir me encanta, pero estoy cansado de ser un torbellino de emociones que nunca logra tener estabilidad. 

Veo algunos objetos y pienso en él, me da melancolía y siento un vacío terrible que no sé cómo llenar; ya ni me digas nada que ya he aplicado la tuya y he intentado ahogar mis penas en tequila, pero claro, igual que tus penas, las mías también aprendieron a nadar las muy desgraciadas. Aún no me resigno del todo al haberlo perdido, al haber sentido cómo se esfumaba de mis manos en un segundo; aún no me resigno a vivir sabiendo que él no me eligió, que no quiso quedarse a mi lado. 

Gracias por la copia de tu diario que me enviaste; es hermoso, querida mía, y cuando me siento triste comienzo a leerte y las penas toman otro sentido, se vuelven tontas, se idiotizan y me dejan un poco en paz. ¿Cómo encontraste tú el consuelo, mi Friducha, después de tanto? Dime qué puedo hacer para cerrarme este agujero que aún tengo en la barriga, en las entrañas. Un día voy a volverme loco de tanto pensar en él y en todos los que se han ausentado de mí. 

Cuánta soledad hay últimamente rondándome, y comienza a preocuparme el gusto que ya le voy agarrando. Pareciera que la llamo para que me abrace y me consuele, sin darme cuenta. He comenzado a escribir más y al hacerlo hay cosas que nunca imaginé escribir antes, creo que eso no está tan mal; cada vez que siento pesar por dentro, corro a mi escritorio, tomo una pluma y comienzo a escribir sobre el papel; de ese modo equilibro mis dolores, de ese modo me curo yo solito, me coso las heridas y me las unto con mis propios ungüentos internos. Querida mía, hoy... el amor me parece algo tan lejano. 

Te envío todos los abrazos y besos que quieras imaginarte, infinitamente. Te ama, siempre tuyo:

Mane


Querido Mane:

Sabes que te entiendo mejor que nadie, niño lindo; yo que he atravesado el infierno mismo, me he quedado ahí y me he echado un tequilita con el chamuco en persona, y a pesar de que he luchado y luchado debes saber que no he encontrado el consuelo total. La vida es de ese modo, uno es de ese modo; nublado, soleado, lluvioso, frío, caliente, húmedo, congelado, ventoso. De eso se trata, querido mío, de ser muchas cosas, porque eso nos hace humanos, nos hace distintos, nos hace... interesantes. 

Quien te ama se queda; es bueno que no perdieras más el tiempo con aquel que, aunque sí vio lo maravilloso que eres, no pudo, no supo que hacer con todo eso, porque desgraciadamente no lo conoce. Las personas siempre nos quedamos con lo conocido; mírame, yo por eso aquí sigo chingándole con el panzón, pero esto no es vida, mi vida, esto es una tortura constante envuelta por amor. No dejes que te pase lo mismo, cariño, pues si van a amarte que sea un amor puro, no un infierno pintado de colores bonitos de vez en cuando. No te conformes, si lo haces quedaras flotando en un agujero negro por el resto de tus días, lamentándote el haber tomado la decisión de entregarle tu vida entera a alguien que no sabe qué hacer con ella. 

Yo también me siento sola muy seguido, pero así es la cosa, y está bien, así uno aprende a quererse, a enojarse con uno mismo, a reclamarse, a reencontrarse y todo eso que surge cuando se está en soledad... cuando menos tú te lo esperes el amor tocará tu puerta, te dará un besito y te bajará los calzones. Permítete la tristeza y entonces también te podrás permitir el amor. Te amo de aquí al infinito. Visítame pronto, quiero enseñarte algunos cuadros nuevos que he pintado. Siempre tuya: 

Frida


 



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martes, 17 de mayo de 2016

Lo que queda

"Somos utilizables; se toma lo que se
necesita de nosotros con ansia hasta 
quedar reducidos a casi nada."
Manelander


Hay momentos en la vida en donde puedes llegar a sentirte usado y luego desechado, reducido a polvo, a cenizas, a casi nada. Porque es real que como humanos está en nuestra naturaleza tomar lo que se necesita de otros, robarles energía y emociones. Así que pienso que existe un egoísmo común que puede considerarse como normal; la cosa es que a veces nos quedamos estáticos, esperando a que otros vengan y tomen pedazos de nosotros que nunca podremos reponer; eso nos desgasta, nos reduce. 

La vida es un constante dar y recibir, el problema viene cuando solamente damos y no recibimos casi nada.

Creo que pasamos a veces tanto tiempo cediendo cosas, regalándonos, dando, y dando, y dando, que cuando no tenemos nada más que pueda ser tomado entonces los demás se ofenden, se molestan, se entristecen, te reclaman y te juzgan sin saber que estás vacío o casi vacío. Y también sucede que si decidimos poner un límite y decimos: ¡Basta, no más! las personas se sienten agredidas, defraudadas o lastimadas por nuestra negativa a seguir otorgando pedazos de nosotros. 

Para poder tomar partes de otras personas primero debemos cuidar lo que queda de nosotros, intentar recuperarnos y detener aquella facilidad con la que otros llegan y absorben trozos de ti mismo. 

Aunque no todos lo hacen de manera consciente, siempre será bueno comenzar a poner límites entre nuestra individualidad y las necesidades de los demás. Papá, mamá, hermanos, primos, tíos, la familia en general, amigos, parejas, compañeros de trabajo, etc., etc.; todos ellos pueden tomar muchas cosas que provoquen nuestra descomposición. Ese abuso conlleva, muchas veces, a dejarnos sin cosas que pueden ser importantes, cruciales para tener una vida plena. 

El abuso no siempre es consciente y puede llevarse a cabo por personas que te aman también; aquellos que, sin darse cuenta, van robando pedazos de ti para satisfacer sus demandas internas, pueden estar cerca de ti sin desear dañarte. 

Es una cuestión un tanto depresiva el hecho de dejarse usar hasta el desgaste; es como una búsqueda inconsciente de destrucción, de autodestrucción. Así que, queridos lectores, siempre será bueno aprender a poner límites, los límites son adecuados, son necesarios para poder recomponer y reparar lo que está vacío en nosotros. 

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lunes, 16 de mayo de 2016

Alocución a la homofobia

"Era un caos interno, 
una guerra, un asco,
un conflicto dentro
de cada uno de los
que no podían 
aceptar lo diverso."
Manelander



Estaba cansado de escuchar tanta barbarie en aquellos debates sobre la homosexualidad en donde participaban sacerdotes o pastores. No podía comprender cómo era que argumentos tan repulsivos entraran en acción en algo tan serio como el tema en cuestión. Me molesté tanto que comencé a escribir una especie de discurso dedicado a ese tipo de personas.

No necesitamos su perdón, porque no hemos cometido un crimen.
No necesitamos su lástima, porque no nos hemos denigrado.
No necesitamos su consuelo, porque nuestra vida no es un pesar.
No necesitamos sus oraciones, porque no creemos en el "Dios" al que ustedes adoran.
Es repugnante su insistencia por llamarnos contranaturales,
pecadores, enfermos, cuando los enfermos son ustedes con su odio,
sus prejuicios, sus intentos terribles por desbaratarnos y fragmentarnos;
pero sepan bien que cada día somos más fuertes, más conscientes, 
más auténticos, más nosotros. 

Me detuve un momento para pensar en todas aquellas personas a las que la homofobia les ha arrebatado la vida y no pude evitar liberar una lágrima y un suspiro por todos aquellos a los que nunca conocí pero que me tocaron con su ausencia. Comencé a pensar en aquellos que viven en lugares siendo perseguidos, juzgados, agredidos, asesinados; algo me inundó de coraje y pena, tristeza. 

Nos arrebatan la vida solamente por ser "diferentes".
No encuentro maldad más grande en este mundo que 
pueda compararse con esa crueldad. No encuentro
explicación que pueda detener mi tristeza por
todos aquellos que no pueden ser libres, no pueden
ser ellos, no pueden ser... 
Y no solamente aquellos que persiguen y asesinan, 
también aquellos que desprecian y señalan. 

El amor es amor, en cualquiera de sus presentaciones
auténticas y sanas; lo es todo. El amor es ciego y 
te atrapa sin fijarse en detalles, te arrebata,
te arrastra sin tu consentimiento. El amor es neutro,
no es ni rosa, ni azul, ni de ningún color, porque
el amor es de todos los colores y al mismo tiempo
de ninguno. 

Me sentí orgulloso de ser quien era en aquel momento, me sentí fuerte, me sentí acompañado por todos aquellos que eran como yo. Agradecí el apoyo y el amor de mis padres y deseé que todos aquellos que son rechazados encuentren algún día la luz que ilumine su oscuridad; la familia es importante, pero no es parte esencial para seguir viviendo, y si eres rechazado, léeme bien: tu vida sigue sin ellos; no desesperes. Nada nos hace más fuertes que el dolor, y en ocasiones habrá que sacarle provecho a toda adversidad. No hay personas en el mundo más valientes que nosotros; adoradores de los cuerpos similares, adictos a todo lo diverso, a todo lo distinto, a la tolerancia, al respeto, al amor... adictos al amor. 

Saldremos de nuestros armarios, 
con la frente en alto, orgullosos de lo que somos,
ansiosos por demostrarnos de lo que somos capaces.
Enfrentaremos cualquier dedo apuntándonos y nos reiremos.
Lucharemos, gritaremos, viviremos como humanos comunes
les guste o no, porque nuestra genial existencia sobre
este planeta les pinta la vida de un color que ustedes no
poseen. 

No a la transfobia.
No a la bifobia.
No a la lesbofobia. 

NO A LA HOMOFOBIA


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Más textos:




viernes, 13 de mayo de 2016

En mí

"Me encontré en una parte muy oscura
de mi interior, después de buscarme 
durante mucho tiempo, pude 
encontrarme. Lo que sucedió...
no me lo esperaba."
Manelander



- ¿Qué quieres? -dijo desde las sombras-. Entiende que no puedes contra esto. 

Estaba en una parte muy oscura, llegaba poca luz y olía a humedad. Escuchaba de repente el sonido de un goteo y sentía debajo de mis zapatos algo viscoso, seguramente era lodo. 

-Por favor, acércate -le pedí con miedo. 

-Jajaja -se carcajeó diabólicamente-. Eres imbécil, ¿verdad? 

-Necesitamos hablar -insistí. 

-Llevas años sin hablar conmigo, ¡largo! -gritó con una voz gruesa que mutaba, como esa que le ponen a los poseídos en las películas de terror. 

Sentí como si comenzara a moverse alrededor mío, arriba, entre cada esquina, entre cada rincón, como si se tratara de algún insecto con alas. Me dio miedo, sentí escalofríos y por un momento pensé que saldría corriendo en cualquier segundo, pero no, me quedé a enfrentarlo. Dejé de escuchar el ruido aquél, ese ruido que viene del silencio que se rompe al cortar el aire con el paso de alguien o de algo. Sentí como se acercaba a mí lentamente, haciendo ruido con sus pisadas; me tomó con su huesuda mano por el cuello y me apretó con fuerza. Su temperatura era muy baja, estaba frío como un muerto, como un cadáver; y no lo dudaba, era un ente sin alma desde hacía mucho tiempo. 

-Suél... -le ordené con la voz entrecortada-. Suéltame. 

Me soltó el cuello y soltó una carcajada. -Por favor, eres patético. Después de tu abandono te atreves a venir aquí a querer "intentar" algo. 

-Nunca es tarde.

- ¡JAJA! Pero si ahí tienes a tu familia y a su excesivo amor, no me necesitas, deberías irte y seguir atendiendo las necesidades de tu madre y de tu padre; siempre ha sido así, ¡ve, anda! ¡no te detengas!

- ¡Basta! Entiende, ahora estoy aquí y vamos a resolverlo, te guste o no. 

-No, no haremos nada, ¡vete ya! 


-No me iré, y si lo hago volveré una y otra vez hasta arreglar las cosas contigo. 

-Ve al trabajo, querido, ahí hay más demanda de tu atención o ya sé, mejor aún, a tus "parejas". Los últimos años es la cosa a la que más atención le has puesto; a todos ellos. Siempre queriendo hacerlo todo para que no te dejen y olvidándote de ti mismo. ¡Das vergüenza! -volvió a gritar con furia. 

-Eso era antes, ahora me he dado cuenta de que... 

- ¿De que debes ponerme atención? -preguntó con recelo mientras se colocaba debajo de un pequeñito rayo de luz que se colaba por una grieta. Fue suficiente para verle el rostro demacrado. El paso del tiempo y mi abandono lo habían casi matado, lo habían enfermado. Era mi rostro pero con muchos kilos menos, la piel pálida, el cabello enmarañado y sucio. Era yo mismo pero desde el interior, descuidado, neurótico, enojado, y con justa razón, porque había decidido atender a otros en vez de atenderme a mí mismo-. Doy miedo, ¿verdad? 

-No... -mentí y sonrió dejando ver los podridos dientes. 

-Nunca has sido bueno mintiendo -dijo con voz queda. 

-Por favor, déjame ayudarte. 

-Nadie puede ayudarme.

-Nadie excepto yo. 

-Tú eres yo, así que no sirve de nada. 

-Con mucha más razón, sirve de mucho. -Se movió de la luz y volvió a las sombras. Escuchaba su respiración y sus pasos en el suelo lodoso. 

-Vete... vuelve otro día, hoy estoy muy cansado -dijo con toda la calma que pudo permitirle su enojo. 

Me fui de ahí y volví a la consulta de mi terapeuta. Ella me veía con seriedad, con la cabeza ladeada y las manos sobre sus piernas. 

- ¿Cómo te sientes? -preguntó mientras fruncía el entrecejo. 

-Raro. 

-Por supuesto -asintió-. Siempre es raro encontrarse, eso es algo que las personas no hacen casi nunca. 

Continuará...

(NOTA IMPORTANTE: Estimados lectores, atendiendo un poco más mi pasión por la escritura y por mi profesión: la psicología, he decidido atender peticiones para hablar sobre temas de los que a ustedes les gustaría que yo escribiera o diera mi opinión. Con gusto atenderé sus sugerencias y peticiones en la medida de mis posibilidades; de la misma forma si desean recibir algún consejo pueden escribirme al mail: mane.landerpi@gmail.com o si no es necesaria la privacidad o el anonimato entonces pueden dejarme todo en los comentarios de cualquiera de mis textos. Saludos y gracias por su amable atención.)

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Más textos:
"Freeheld, no sin ella"
"El componente"
"Sin alma"

miércoles, 11 de mayo de 2016

Freeheld, no sin ella

"La única cosa que me importa es 
justicia para la mujer que amo."
Freeheld 



Más cine gay, mis queridos lectores; el cual está repuntando de una manera bastante interesante los últimos meses. Tengo que escribir, por supuesto, sobre este fascinante drama que me robó un par de lágrimas (y créanme cuando les digo que no soy nada sensible en estas cosas) a pesar de que lloro muy, muy poco. Y porque no nos era suficiente con "Carol" y "The Danish girl", llegó a la pantalla grande este largometraje lleno de un realismo crudo y colmado de afecto y deseo, un deseo de justicia. 

"Es una conmovedora, relevante y preciosa película que debe ser vista por todo el que tenga corazón y conciencia social". (The Observer)

En principio quiero hacer énfasis en las excelentes actuaciones de la película, la cual, no podía ser de otro modo, está basada en una historia real y nos cuenta parte de la vida de Laurel Hester (Julianne Moore), una oficial de policía perteneciente al Condado de Ocean, Nueva Jersey, en Estados Unidos, en donde lucha para por defender legalmente su patrimonio y poder heredarlo a su pareja, una joven lesbiana llamada Stacie Andree (Ellen Page) debido a que ambas se han enterado de que Laurel tiene cáncer en etapas muy avanzadas. La situación comienza a tomar fuerza cuando se deciden a alzar la voz únicamente para pedir algo simple y sencillo: igualdad. 



El largometraje cuenta con las espectaculares actuaciones de Steve Carrell, en un papel bastante extravagante y con una demanda de exageración crucial para la historia, y Michael Shannon como un soporte esencial en los personajes principales, y cuenta con un soundtrack bastante encantador interpretado por la joven Miley Cyrus. Así el largometraje se coloca, en mi opinión personal, como el segundo mejor trabajo de Julianne Moore, después de "Still Alice", por supuesto. Bajo la dirección de Peter Sollett, quien comienza a hacer ruido a partir de "Freeheld", el largometraje mantiene un aire bastante simple, pero no de una manera despectiva y aburrida, sino sencillamente genial, pues cuenta una historia desde un drama bastante realista, sin necesidad de recursos exagerados; es obvio que la película enternece en ciertas escenas y te corta la respiración debido a lo tajante y desbordante del guión. Espero, de verdad, ver trabajos de este estilo mucho más a menudo, y seguiré muy de cerca el trabajo de este director que me ha sorprendido y cautivado con una historia que se clava justo en el corazón. 

"Con toda su torpeza, la historia resuena -y las fotografías que pasan en los créditos finales son un enternecedor recuerdo de la vida real, no solo de la legalidad política, que Laurel deja atrás". (Entertainment Weekly)

A pesar de que el filme fue fuertemente criticado y hasta catalogado como una decepción más, también se expusieron críticas fascinantes que otorgaron muchos puntos a la película, llamada en México "No sin ella", con un libreto grandioso de Ron Nyswaner (guionista del increíble filme de 1993: "Philadelphia"). Además de que es importante mencionar que fue ganadora de dos premios por parte del Festival de San Sebastián en 2015. "Freeheld" tiene esa capacidad de arrastrarte al realismo asfixiante de una historia que dejó huella sobre este planeta, es un largometraje mágico y bastante recomendable que grita con fuerza, al igual que Laurel lo hizo alguna vez: IGUALDAD. 

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martes, 10 de mayo de 2016

El componente

"Confundimos las piezas, 
confundimos a las personas,
confundimos los caminos;
nos reflejamos y creemos
haber acertado."
Manelander



Estaba una tarde tomándome una taza de té en una cafetería, de noche, escribiendo algunas cosas en mi desgastado cuadernillo. Se sentaron dos mujeres jóvenes en la mesa frente a mí; sus risas eran estridentes y se burlaban de las personas que pasaban de vez en cuando frente a la terraza del lugar. Las dos mujeres eran muy atractivas y llevaban encima ropa y accesorios medianamente caros, de marcas promedio. Las observé desde mi soledad, le di un sorbo a mi taza de té y una parte de mí se vio reflejada por un segundo, por un solo segundo. Alguna vez había conocido a una persona así, estridente, con mucho por fuera pero nada por dentro, con una carga tan grande que contagiaba a quien estuviese cerca de su visión del mundo ácida y desgastada. Me vi ahí, sentado en la otra mesa, siendo alguien que no era, haciendo algo que no quería, viviendo una vida que no era mía para resultarle agradable a otros que no me necesitaban en sus vidas; viviendo una mentira. Comencé a escribir mis ideas en el papel. 


Hay en la vida dos tipos de piezas importantes: los complementos y los componentes. Los primeros representan a aquellas personas que llegan a tu vida para establecerse prácticamente para siempre, de una u otra manera, permanecen ahí, sin hacer escándalo, sin hacer mucho ruido; llegan, te abrazan, se hacen notar cuando es necesario, son un apoyo que no necesita recordarte nunca su importancia, simplemente están ahí, la mayor parte del tiempo sin que notemos mucho su permanencia; es como si pasaran desapercibidas y solamente aparecieran ante nuestros ojos cuando es necesario, pero siempre se sabe, y se da por hecho, que están ahí, sin más explicaciones; simplemente han embonado perfectamente en nuestras vidas, nos han complementado con su existencia. Por otro lado están los componentes, que aparecen haciendo un espectáculo bastante atractivo para ti y para todos los demás; se trata de piezas brillantes, de esas que traen consigo fuegos artificiales y música incluida. Un componente es precisamente eso, una parte esencial para tu vida porque su destino es enseñarte algo de algún modo, pero sin que te complemente, sin que permanezca como las otras piezas, pues una vez cumplida su misión en tu vida un evento disolverá por completo cualquier lazo que pudiesen haber creado juntos, sin importar el tiempo o lo grande de sus muros, todo se esfumará como el humo del cigarro, en un abrir y cerrar de ojos. 

El complemento es distinto a ti y te regala sus diferencias para crear un "algo" nuevo, el componente se mimetiza contigo y te mimetiza con él, se hacen una misma cosa, una cosa que no durará para siempre; es algo efímero, algo falso, una treta de la vida, un engaño. 

La existencia de las piezas componentes es esencial, es necesaria para poder crecer, para poder madurar. Siempre en la relación componente se segrega un veneno que ambos se inyectan en las venas silenciosamente hasta matarse por dentro para poder romper el lazo que les unía. La destrucción con los componentes es gigantesca y, por lo general, atrae a otras piezas que interfieren con la finalidad inconsciente de adueñarse de los componentes ahora separados para poder crear su propio "algo" con ellos porque alguna cosa necesitan "componer" en sus vidas y por lo tanto "el componente" les es necesario. 

"El componente existe para componer algo, para enseñar algo, para dar una lección de vida, y después... después ya no hay nada más."

Las personas nos vemos reflejadas en nuestros componentes, nos unimos a ellos de maneras insanas, hirientes y falsas. Algo pasado se intenta reparar a través del componente; estamos con personas que nos lastiman y nos lesionan sin entender por qué, ¿por qué no podemos alejarnos? ¿por qué no podemos terminar con el asunto?, es muy simple, porque aún necesitamos ese componente, lo necesitaremos hasta el momento en que una lección haya sido aprendida, hasta que algo haya madurado en nosotros, hasta que ya no lo necesitemos más. Nadie puede destruir un lazo componente, excepto ellos mismos. Se puede vivir ya sin ellos, se puede avanzar sin ellos porque lo bueno que se necesitaba ya se tuvo, ahora servirán de componentes para alguien más. Y tú, ¿has tenido componentes o has sido el componente de alguien?

Me levanté de la mesa, sonreí al pasar frente a las chicas que reían sin parar y dejé una parte de mí ahí con ellas; una parte que en vez de té toma whisky y que en vez de escribir habla de la vida de los demás. 

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domingo, 8 de mayo de 2016

Yo escribo

"Unos hacen ejercicio, otros viajan,
algunos otros beben y van de fiesta, 
yo... yo escribo."
Manelander



Me había servido una copa de vino blanco, siempre blanco cuando estoy solo en casa, el tinto únicamente lo bebo cuando estoy acompañado. Era de noche, sábado, para ser precisos, y la temperatura había bajado considerablemente en la ciudad. Estaba sentado en mi escritorio, con la computadora encendida frente a mí, otra vez. Comencé a escribir después de un par de tragos a la copa de vino; todo fluyó como de costumbre. Escribía un capitulo de una de mis novelas; era este drama homosexual en el que había trabajado desde hacía ya un par de semanas. Terminé de escribir y me levanté con la copa de vino ya vacía en las manos, caminé hacia la cocina para servirme más y al ver la botella una sensación desgarradora me recorrió las arterias; era el mismo vino que había comprado aquella vez en nuestra segunda cita. No había reparado en el vino en un principio, mi padre me había regalado la botella una semana atrás y esa noche decidí abrirla al fin. Curioso fue que el recuerdo llegó a mi cabeza justo después de escribir un pedazo de mi historia dramática. 


Aquella noche, la noche en la que nos besamos por primera vez, había roto mis propias reglas y abrimos una botella de vino blanco a pesar de que me encontraba acompañado; debí saber desde aquel momento que todo terminaría tormentosamente, por lo menos para mí. Y es que el enamoramiento nos cambia, nos transforma, nos hace hacer cosas que antes no hacíamos, eso es el enamoramiento, un arrebato de impulsos de los que no nos percatamos. 

"Cada vez que encontramos indicios o recuerdos de nuestros amores pasados, de aquellos que fueron importantes, nuestro corazón vuelve a latir, por un par de segundos, exactamente de la misma manera en la que lo hizo cuando esa persona estuvo a tu lado."

Estuve a punto de vaciar el contenido de la botella en el fregadero, pero me detuve, pensé que no desperdiciaría un buen vino solamente por un estúpido recuerdo, además, era un regalo de mi padre. Decidí entonces acabarme la botella, la llevé conmigo al escritorio y volví a escribir, esta vez algunas reflexiones sobre los recuerdos dolorosos. Pensé en todas las cosas que hacían las personas cuando estaban tristes; salir a beber, hacer ejercicio, viajar, comer, etc., etc., eran cosas comunes en esas situaciones. En mi caso las cosas funcionaban un poco diferentes, yo escribía, escribía todo el tiempo, en mi cabeza y en mis sueños. La tristeza me provocaba más inspiración; las letras se habían transformado en una especie de salvavidas que evitaban que me ahogara en el mar de la melancolía y la depresión. 

"Uno tiene permitido deprimirse, entristecerse, apagarse por momentos. Es lo adecuado durante un duelo; pero hay muchas formas de sobrellevar los duelos; yo lo hago escribiendo."

Siempre escribiendo sobre el amor y sus complicaciones; era algo que ya se había vuelto parte de mí, de mi esencia como escritor. No podía dejar de hablar sobre algo que no tenía fin, que era eterno en el mundo: el amor. El vino ya había hecho de las suyas y me llevó hacia mi cama para quedarme dormido de inmediato. Ya escribiría más cosas sobre el amor al día siguiente, y algún día los recuerdos dejarían de ser tan constantes, algún día podría olvidar nuestro primer beso, la botella de vino, incluso su adiós hiriente y amargo. Era cuestión de esperar, y de escribir. 


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viernes, 6 de mayo de 2016

Sin alma

"Por favor, ¡por qué nadie entiende que
no quiero compañía! Que incluso yo 
mismo me parezco insoportable."
Manelander


Ahí estaba otra vez ese pobre chico, enviándome mensajes de nueva cuenta, preguntándome cómo había estado mi día. No hice otra cosa que poner los ojos en blanco e ignorar mi teléfono para continuar leyendo mi libro. "¿Por qué nadie lo entiende? No quiero ver a nadie, no quiero hablar con nadie, ni salir, ni tener nuevos pretendientes. Debería dejar de intentarlo el pobre muchacho.", pensé sin prestar mucha atención a lo que mis pupilas repasaban en silencio. 


El teléfono no dejaba de emitir alertas; era un hombre medianamente atractivo y amable, tenía muchas de las cosas que hace algún tiempo pude desear con fuerza, apreciar, valorar, querer; pero mi vida había cambiado demasiado y lo que antes pude añorar ahora simplemente dejaba de interesarme, a veces me daba aversión total. "¡Increíble! Cómo el paso del tiempo y ciertas personas pueden destruir tus esperanzas, tus ganas de creer en alguien o en algo". La idea me daba vueltas en la cabeza, era simplemente abominable; había dejado de ser aquel joven ilusionado, enamoradizo, dispuesto a confiar en las personas que eran amables, cordiales o que aparentaban sinceridad. Me había convertido en un ser frío, distante, lleno de rencor por los intentos fallidos, por los duelos constantes, por las ausencias, por haberme roto tantas veces. 

"El dolor nos cambia, nos transforma, nos hace otros, nos vuelve distintos, nos mata por dentro cuando es común su presencia en nuestro camino"

Me recordé unos años atrás, me vi sonriendo con alguien que me había invitado a salir, pensando en noviazgo, dejando a mi mente volar, divagar y hacer planes; me imaginé tantas veces feliz con alguien, imaginé tantos besos, tantas caricias, imaginé viajes, cenas, fiestas, todo a su lado, imaginé tantas veces una boda, una casa, una familia. Pero fue tan común el duelo de la pérdida que todas aquellas ideas fueron, primero, perdiendo color, después, transformándose en algo frío, sin vida, duro como el metal, capaz de destruir a quien se acercara demasiado. Ya no quedaba nada de ese hombre que vivía de ilusiones y de enamoramiento, de él sólo quedaban pedazos esparcidos por ahí, regados por el suelo para recordarme que amar... no, más allá de eso; intentar amar, es un riesgo destructivo, hiriente y peligroso. 

"Cuando el amor juega tanto con nosotros, entonces nosotros comenzamos a perder interés en él; lo ignoramos, lo evitamos."

"¿Te puedo invitar un café? ¿Te puedo invitar a cenar? ¿Podemos ir al cine? ¿Podemos intentar...? Vaya, demasiadas preguntas últimamente en donde la respuesta siempre es la misma: No, gracias", discutía en mi mente. Era real, "no, gracias" se había convertido en mi respuesta más sincera. Para qué perdía el tiempo si al final no iba a funcionar, como siempre sucedía. Pensaba que era mucho mejor dejarse de rodeos y evitar toda la catástrofe, bastante conocida, desde el principio. Me había quedado sin alma, pero no por decisión propia, sino que había sido despojado de ella, me la habían robado poco a poco, pedazo a pedazo. ¿Y cómo se roba un pedazo de alma? Pues muy sencillo, primero debemos poseer el alma de alguien más, y eso se hace solamente puede obtenerse si el otro, voluntariamente, hace entrega de su alma; así ilusionar y seducir, tal y como se atraen niños usando dulces o juguetes, son las armas esenciales. Una vez poseedor del alma del otro entonces se procede a romperla, a fracturarla para poder adueñarse de uno de los pedazos resultantes. La desilusión, la agresividad, el desencanto, la traición, la mentira, el sinsentido, la ausencia y la humillación son algunas de las herramientas que pueden romper el alma en pedazos. Cuando todo sucede, sin poder evitarlo, un trocito de alma se adhiere caprichosamente a quien le ha roto; es como una especie de dependencia, de Síndrome de Estocolmo. No se puede evitar dejar un rastro, un trozo de ti en el otro, no importa si fue bueno o no, si fue lindo o no, tu recuerdo se quedará en su memoria, y los recuerdos son parte del alma. 


Pobres todos aquellos que ahora lo intentaban, que intentaban acercarse a mí, en verdad lamentaba mucho congelarlos con mi hielo; pero era demasiado tarde, habían llegado demasiado tarde a mi vida. Es un ciclo que se tiene que seguir, supongo, porque ellos también se quedarán un día sin alma como yo. Ahora vivía sumergido en otras cuestiones, en otros asuntos mucho más relevantes para mí; ahora era el producto final de años de desilusión y pena, de reparaciones constantes a mi corazón que al final ya no pudo soportar otra tormenta y decidió dejar de latir por alguien más; ahora latía únicamente para mantenerme vivo y hacerme cumplir mis metas, sólo para eso. 

Recordé a todos los que jugaron conmigo y con mis afectos, con mis deseos, con mis ilusiones; esos que se apoderaron de mi alma y la estrujaron, la rompieron y me robaron pedazos de ella. Pensé en ellos como un pasado lúgubre que no se repetiría jamás; habían sido el lago en el que me había ahogado, el fuego que me incinerara, la horca que me asfixiara, la espada que me decapitara, la flecha que me traspasara. Todos esos que simplemente desaparecieron después de destruirme, después de dejarme ensangrentado, casi muerto sobre el piso. Tengo los recuerdos frescos, como si hubiese sido ayer, de cómo daban media vuelta sin importarles mis súplicas, sin importarles que les rogara ayuda, que suplicara piedad por mi dolor, por mi estado miserable, deplorable. Ahora me he reconstruido de todo aquello, pero nunca pude recuperarme del todo, nunca pude, ni podré, recuperar lo que me quitaron. 

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