martes, 31 de mayo de 2016

Crónica de mis letras a media noche

"Es bonito escribir a la media noche;
es escribir en un punto medio, en el 
umbral entre un día y el siguiente.
Las cosas parecen más claras en
aquel punto de luz y oscuridad."
Manelander



Eran las 11:50 de la noche y aún no había escrito absolutamente nada en la computadora. Últimamente me costaba redactar algo con lo que estuviera completamente satisfecho. Algo estaba pasando en mi interior. Tomé la taza de café con las dos manos y le di un trago; comencé a sentirme cansado, como si algo me agotara desde dentro. Intenté recordar cosas que escribía antes; mis letras eran mucho más intensas, porque antes no había encontrado algo que las regulara; siempre escribía líneas desbordantes, empapadas de un dolor que siempre lucía aterrador. Ahora, al escribir, siempre había un toque de melancolía que no dejaba de ser amargo pero que no llegaban al extremo de herir a quien me leyera. 

Me levanté del escritorio y salí a comprar un juguito de mango; amaba el jugo. Desde que era un niño tomaba jugo; de todos los sabores, presentaciones y precios. Vi el cielo nocturno y la luna brillaba en lo alto; pasé unos minutos observando lo plateado de aquella figura redonda. Observaba la luna mientras sorbía jugo de mango de la caja amarilla que lo contenía. Recordé entonces que hace algunos años la luna había sido una de mis inspiraciones más grandes al escribir; escribía todo el tiempo para la luna, como si estuviese enamorado de ella. El frío hizo que volviera al interior de mi departamento; me senté en el escritorio de nuevo y observé el reloj de nueva cuenta; eran las doce en punto. Comencé a teclear algunas palabras: dolor, amor, calor... 

A veces escribir algo grandioso nace a partir de una sola palabra, una palabra que enciende un mar de fuego como una pequeña chispa con la capacidad de iluminar hasta la oscuridad más espesa. 

Moví la mano bruscamente para tomar la cajita de jugo de mango y sin querer golpeé la taza con café. El sonido estalló en el suelo blanco cubierto ahora del líquido marrón que se esparció por todos lados. Había cristales por doquier; era mi taza favorita. "¡Mi taza!", pensé con tristeza mientras me agachaba rápidamente para limpiar mi desastre. Al intentar levantar los pedazos me corté la mano y un chorro de sangre comenzó a escurrir. El café se mezcló con el rojo de mi sangre y se hizo una especie de líquido marrón púrpura. Sentí dolor pero me quedé contemplando aquello que se unía en el suelo, una combinación no tan desagradable en realidad; pocas veces tenía la oportunidad de ver mi propia sangre, y no es que deseara hacerlo, pero cuando sucedía me quedaba envuelto en contemplar esa parte de mí que no siempre tenía ocasión de admirar. Era de un rojo brillante, hermoso color, y no era muy fanático del rojo, pero era mi rojo, emanaba de mí, así que así sí me gustaba. Es curioso cómo es que tenemos un corazón pero nunca lo conocemos, únicamente lo sentimos, sabemos que está ahí, pero nunca podemos verlo. 

Limpié el desorden, me lavé la herida y comencé a escribir algo en la computadora: "Eran las 11:50 de la noche y aún no había escrito absolutamente nada en la computadora. Últimamente me costaba redactar algo con lo que estuviera completamente satisfecho. Algo estaba pasando en mi interior..."


(NOTA IMPORTANTE: Estimados lectores, atendiendo un poco más mi pasión por la escritura y por mi profesión: la psicología, he decidido atender peticiones para hablar sobre temas de los que a ustedes les gustaría que yo escribiera o diera mi opinión. Con gusto atenderé sus sugerencias y peticiones en la medida de mis posibilidades; de la misma forma si desean recibir algún consejo pueden escribirme al mail: mane.landerpi@gmail.com o si no es necesaria la privacidad o el anonimato entonces pueden dejarme todo en los comentarios de cualquiera de mis textos. Saludos y gracias por su amable atención.)

 

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