domingo, 29 de mayo de 2016

En mí (II)

"Encontrarse duele, porque reconocer
nuestro auténtico interior provoca
dolor, pero no habrá alivio más grande
que ser auténticos."
Manelander




-Tú me dijiste que podía regresar después -le dije con calma. 

-Pero no pensé que vendrías tan pronto -respondió desde la oscuridad-. Vete, vuelve otro día. 

- ¡No, basta! -exclamé sin gritar, exasperado. 

- ¿No? -preguntó irónicamente y después soltó una de sus macabras carcajadas-. Se nota que no sabes lo que dices -dijo quedamente. Caminó hacia mí, podía escuchar sus pisadas sobre el lodoso suelo húmedo. No podía verle esta vez, los pequeños rayos de luz que se colaban por algunas grietas eran muy débiles. Se acercó a mí y me susurró al oído-: Hablas solamente porque tienes boca...

Lo había hecho a propósito. Mi familia acostumbraba decir aquella frase petulante e insultante desde que tenía uso de razón; era insoportablemente despectiva, grosera y poco recatada. Se trataba de un conjunto de palabras que me causaban angustia y náuseas. Estaba seguro de que lo había dicho con toda la intención 

- ¿Y cómo es que puedes ayudarme? -preguntó mientras se alejaba de mí.

-Creo que estás enfermo, y creo también que la única manera de sanarte es hablando. 

-Hablando... -repitió con ironía-. Hablando. 

-Así es, hablando. 

- ¿Sobre qué quieres hablar?

-Pues... me gustaría saber por qué estás tan mal. 

-Tú me volviste así, tú y los que te rodean. 

-Lo siento mucho. 

Se paró debajo de un tenue rayo de luz. Estaba vestido con ropas viejas y rasgadas, casi desnudo, mostrando la piel pálida pegada a los huesos; era como un cadáver, como un muerto viviente. Me vio con sus ojos negros ladeando la cabeza, fulminándome con su seriedad y silencio. 

-Sentirlo ya no sirve de nada -respondió emitiendo palabras que salían de su boca, articuladas por sus labios resecos, ensangrentados; parecía como si se hubiese mordido a propósito-. Han sido más importantes otra cosas, otras personas; más importantes que yo... que tú-. Tenía razón; toda mi vida había dado importancia a tantas cosas, había invertido energía en complacer a otros y a sus deseos y me había olvidado de mí mismo. 

-Quizá ya no sirva de mucho, pero por lo menos ahora puedo decirlo y tú puedes escucharme. 

-Márchate ya, estoy muy cansado. Tu voz me aturde. 

Di media vuelta y me fui de su cueva oscura con olor a humedad y a tierra. Abrí los ojos y estaba de nueva cuenta frente ami terapeuta, en el consultorio. 

-Considero que hoy ha habido un gran avance -informó ella. 

- ¿Tú crees? ¿Por qué? 

-No cualquiera puede pedirse perdón a si mismo. 

Continuará...


(NOTA IMPORTANTE: Estimados lectores, atendiendo un poco más mi pasión por la escritura y por mi profesión: la psicología, he decidido atender peticiones para hablar sobre temas de los que a ustedes les gustaría que yo escribiera o diera mi opinión. Con gusto atenderé sus sugerencias y peticiones en la medida de mis posibilidades; de la misma forma si desean recibir algún consejo pueden escribirme al mail: mane.landerpi@gmail.com o si no es necesaria la privacidad o el anonimato entonces pueden dejarme todo en los comentarios de cualquiera de mis textos. Saludos y gracias por su amable atención.)


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