domingo, 1 de mayo de 2016

Es mejor la soledad

"Fueron tantos los estragos que decidí
aislarme, irme lejos, allá donde nadie 
me conozca, donde nadie sepa de mí, 
donde pueda ser invisible, donde pueda
tener tiempo suficiente para reparar 
lo que otros rompieron en mí."

Manelander


No es nada nuevo, mis queridos lectores, que en ocasiones optemos por la soledad, por el aislamiento, después de haber sido heridos con saña, con fuerza, terriblemente. Porque, a veces, un tiempo para nosotros mismos es un alivio para las heridas del corazón y del alma. 

En la soledad podemos reencontrarnos
y, con el tiempo, curarnos sin 
interrupciones. 

Pienso que la soledad es una forma defensiva que tenemos los seres humanos para recuperarnos de los golpes de la vida, sobre todo cuando se trata del corazón; para qué vamos a mentirnos, mis apreciados lectores, si cada vez que alguien nos rompe el corazón decidimos tomar un tiempo para unir los pedazos con mucho esfuerzo, con muchas lágrimas y con mucho, mucho dolor. 

La soledad, por más dolorosa que
parezca, es una buena señal, es
una señal de supervivencia:
la soledad es la prueba contundente
de que, a pesar de todo, el corazón
sigue latiendo. 

No debemos desesperar; decidir estar solo es mil veces mejor que resistirse a soltar algo que nos hace demasiado daño; el duelo que viene ante una pérdida será siempre una opción más positiva que vivir reteniéndolo todo, porque vivir soportando los estragos de la tormenta eternamente es enfermizo, es patológico. Resistirnos a la soledad posterior a una ruptura por miedo a la tristeza y al dolor que ello nos causaría es atentar contra nuestra propia salud emocional, la cual es tan frágil como un cristal o una hoja de papel. 

A pesar de que la soledad muchas veces es una opción reparadora, lo cierto es que, como todos los extremos, pasar en soledad toda la vida sería también un atentado contra nuestra necesidad de pertenecer, de conocer, de sentirnos queridos, apreciados y amados. Buscar un equilibrio siempre será lo más adecuado; pensar que muchas veces la soledad es una forma de sanarnos es acertado y conveniente, porque estoy seguro que también han llegado, como yo, a ese punto en el que sencillamente se dice: "No tengo ganas de ver a nadie". Y se trata de la situación más respetable del mundo, pues... ¿por qué habrían de forzarte a socializar cuando estás lesionado, roto por dentro?

Llegar a un periodo de duelo
amoroso no es mas que ponerse
en "cuarentena emocional".

Lo que es súper cierto es el hecho de que nadie tendrá el remedio ideal para las heridas del corazón, excepto nosotros mismos, y estar con nosotros mismos es saber estar en soledad. Es normal alejarse un poco para reponerse y volver a lo habitual después de un tiempo. Puedes llorar en tu cama, ver películas románticas el fin de semana entero, comiendo helado de chocolate, con una caja de pañuelos de papel a un lado de ti; de eso se tratan los duelos, de eso se trata la soledad; permítete vivirla de vez en cuando para estar mejor. 


(NOTA IMPORTANTE: Estimados lectores, atendiendo un poco más mi pasión por la escritura y por mi profesión: la psicología, he decidido atender peticiones para hablar sobre temas de los que a ustedes les gustaría que yo escribiera o diera mi opinión. Con gusto atenderé sus sugerencias y peticiones en la medida de mis posibilidades; de la misma forma si desean recibir algún consejo pueden escribirme al mail: mane.landerpi@gmail.com o si no es necesaria la privacidad o el anonimato entonces pueden dejarme todo en los comentarios de cualquiera de mis textos. Saludos y gracias por su amable atención.)

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