viernes, 6 de mayo de 2016

Sin alma

"Por favor, ¡por qué nadie entiende que
no quiero compañía! Que incluso yo 
mismo me parezco insoportable."
Manelander


Ahí estaba otra vez ese pobre chico, enviándome mensajes de nueva cuenta, preguntándome cómo había estado mi día. No hice otra cosa que poner los ojos en blanco e ignorar mi teléfono para continuar leyendo mi libro. "¿Por qué nadie lo entiende? No quiero ver a nadie, no quiero hablar con nadie, ni salir, ni tener nuevos pretendientes. Debería dejar de intentarlo el pobre muchacho.", pensé sin prestar mucha atención a lo que mis pupilas repasaban en silencio. 


El teléfono no dejaba de emitir alertas; era un hombre medianamente atractivo y amable, tenía muchas de las cosas que hace algún tiempo pude desear con fuerza, apreciar, valorar, querer; pero mi vida había cambiado demasiado y lo que antes pude añorar ahora simplemente dejaba de interesarme, a veces me daba aversión total. "¡Increíble! Cómo el paso del tiempo y ciertas personas pueden destruir tus esperanzas, tus ganas de creer en alguien o en algo". La idea me daba vueltas en la cabeza, era simplemente abominable; había dejado de ser aquel joven ilusionado, enamoradizo, dispuesto a confiar en las personas que eran amables, cordiales o que aparentaban sinceridad. Me había convertido en un ser frío, distante, lleno de rencor por los intentos fallidos, por los duelos constantes, por las ausencias, por haberme roto tantas veces. 

"El dolor nos cambia, nos transforma, nos hace otros, nos vuelve distintos, nos mata por dentro cuando es común su presencia en nuestro camino"

Me recordé unos años atrás, me vi sonriendo con alguien que me había invitado a salir, pensando en noviazgo, dejando a mi mente volar, divagar y hacer planes; me imaginé tantas veces feliz con alguien, imaginé tantos besos, tantas caricias, imaginé viajes, cenas, fiestas, todo a su lado, imaginé tantas veces una boda, una casa, una familia. Pero fue tan común el duelo de la pérdida que todas aquellas ideas fueron, primero, perdiendo color, después, transformándose en algo frío, sin vida, duro como el metal, capaz de destruir a quien se acercara demasiado. Ya no quedaba nada de ese hombre que vivía de ilusiones y de enamoramiento, de él sólo quedaban pedazos esparcidos por ahí, regados por el suelo para recordarme que amar... no, más allá de eso; intentar amar, es un riesgo destructivo, hiriente y peligroso. 

"Cuando el amor juega tanto con nosotros, entonces nosotros comenzamos a perder interés en él; lo ignoramos, lo evitamos."

"¿Te puedo invitar un café? ¿Te puedo invitar a cenar? ¿Podemos ir al cine? ¿Podemos intentar...? Vaya, demasiadas preguntas últimamente en donde la respuesta siempre es la misma: No, gracias", discutía en mi mente. Era real, "no, gracias" se había convertido en mi respuesta más sincera. Para qué perdía el tiempo si al final no iba a funcionar, como siempre sucedía. Pensaba que era mucho mejor dejarse de rodeos y evitar toda la catástrofe, bastante conocida, desde el principio. Me había quedado sin alma, pero no por decisión propia, sino que había sido despojado de ella, me la habían robado poco a poco, pedazo a pedazo. ¿Y cómo se roba un pedazo de alma? Pues muy sencillo, primero debemos poseer el alma de alguien más, y eso se hace solamente puede obtenerse si el otro, voluntariamente, hace entrega de su alma; así ilusionar y seducir, tal y como se atraen niños usando dulces o juguetes, son las armas esenciales. Una vez poseedor del alma del otro entonces se procede a romperla, a fracturarla para poder adueñarse de uno de los pedazos resultantes. La desilusión, la agresividad, el desencanto, la traición, la mentira, el sinsentido, la ausencia y la humillación son algunas de las herramientas que pueden romper el alma en pedazos. Cuando todo sucede, sin poder evitarlo, un trocito de alma se adhiere caprichosamente a quien le ha roto; es como una especie de dependencia, de Síndrome de Estocolmo. No se puede evitar dejar un rastro, un trozo de ti en el otro, no importa si fue bueno o no, si fue lindo o no, tu recuerdo se quedará en su memoria, y los recuerdos son parte del alma. 


Pobres todos aquellos que ahora lo intentaban, que intentaban acercarse a mí, en verdad lamentaba mucho congelarlos con mi hielo; pero era demasiado tarde, habían llegado demasiado tarde a mi vida. Es un ciclo que se tiene que seguir, supongo, porque ellos también se quedarán un día sin alma como yo. Ahora vivía sumergido en otras cuestiones, en otros asuntos mucho más relevantes para mí; ahora era el producto final de años de desilusión y pena, de reparaciones constantes a mi corazón que al final ya no pudo soportar otra tormenta y decidió dejar de latir por alguien más; ahora latía únicamente para mantenerme vivo y hacerme cumplir mis metas, sólo para eso. 

Recordé a todos los que jugaron conmigo y con mis afectos, con mis deseos, con mis ilusiones; esos que se apoderaron de mi alma y la estrujaron, la rompieron y me robaron pedazos de ella. Pensé en ellos como un pasado lúgubre que no se repetiría jamás; habían sido el lago en el que me había ahogado, el fuego que me incinerara, la horca que me asfixiara, la espada que me decapitara, la flecha que me traspasara. Todos esos que simplemente desaparecieron después de destruirme, después de dejarme ensangrentado, casi muerto sobre el piso. Tengo los recuerdos frescos, como si hubiese sido ayer, de cómo daban media vuelta sin importarles mis súplicas, sin importarles que les rogara ayuda, que suplicara piedad por mi dolor, por mi estado miserable, deplorable. Ahora me he reconstruido de todo aquello, pero nunca pude recuperarme del todo, nunca pude, ni podré, recuperar lo que me quitaron. 

(NOTA IMPORTANTE: Estimados lectores, atendiendo un poco más mi pasión por la escritura y por mi profesión: la psicología, he decidido atender peticiones para hablar sobre temas de los que a ustedes les gustaría que yo escribiera o diera mi opinión. Con gusto atenderé sus sugerencias y peticiones en la medida de mis posibilidades; de la misma forma si desean recibir algún consejo pueden escribirme al mail: mane.landerpi@gmail.com o si no es necesaria la privacidad o el anonimato entonces pueden dejarme todo en los comentarios de cualquiera de mis textos. Saludos y gracias por su amable atención.)

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