martes, 28 de junio de 2016

El consuelo

"La vida misma te hiere, pero
es la vida misma la que te 
cura las heridas."
Manelander


Mis queridos lectores, ya sé que los he tenido un poco abandonados, pero debo confesarles que los últimos días mi vida, como sucede seguido, se ha vuelto algo pausada, lenta y aletargada debido a esas cuestiones del corazón, de las emociones y de todo lo que tiene que ver con el sentir y el dejar de hacerlo. Hoy les escribo desde el balcón de un hotel situado en una de las playas más hermosas de México. Me he despertado y acto seguido abierto la computadora para comenzar a teclear algo que llegó a mi cabeza al ver el hermoso paisaje frente a mí.

Existen momentos en la vida de todo ser humano que nos causan tanto daño que creemos que continuar ya no tiene sentido, que el mundo ha perdido todo su color y toda su magia; y es que cuando la pena llega a nosotros, el cielo se nubla y se vuelve insípido todo lo que hay a nuestro alrededor. Pero déjenme decirles que aunque las cosas parecen difíciles, aunque la vida de pronto se vuelve un tormento agresivo y hostil, existen, por todos lados, pequeños consuelos que nos van curando las heridas y que van despejando nuestro cielo. 

Vivir funciona de este modo; vivir es la búsqueda del balance entre las cosas terribles y las placenteras. Vivir es blanco y es negro, es oscuridad y luz, es amargo y dulce a la vez. 

Pueden detenerse un momento y pensar en las cosas buenas que poseen; quizá una hermosa familia, unos hijos maravillosos, un trabajo del que no se pueden quejar, una salud envidiable, una mascota fiel, una colección de libros, el mar, el sol, el aire que se respira, la comida que nos satisface, un espejo para vernos reflejados, un amigo, una amiga, un objeto, un pensamiento. Todas aquellas cosas buenas son consuelos, pequeñas dosis de alivio, de cura, que si bien se saben aprovechar podrán ir reparando lo que está roto en nosotros. 

La vida nos hiere, pero también nos sana, nos cura, nos alivia. No desesperes, todo termina, incluso el sufrimiento, incluso las cosas dolorosas y tristes. 

Permite que la vida te enseñe, te consuele; permítete a ti mismo disfrutar de las cosas buenas por más pequeñas e insignificantes que estas parezcan. Vivir es duro, pero es más duro vivir sin apreciar lo que es bello, lo que es placentero, lo que es grandioso. Déjate consolar, no seas tan duro contigo mismo, no todo es terrible, no todo es sufrimiento, no todo es horror y desesperación. 



(NOTA IMPORTANTE: Estimados lectores, atendiendo un poco más mi pasión por la escritura y por mi profesión: la psicología, he decidido atender peticiones para hablar sobre temas de los que a ustedes les gustaría que yo escribiera o diera mi opinión. Con gusto atenderé sus sugerencias y peticiones en la medida de mis posibilidades; de la misma forma si desean recibir algún consejo pueden escribirme al mail: mane.landerpi@gmail.com o si no es necesaria la privacidad o el anonimato entonces pueden dejarme todo en los comentarios de cualquiera de mis textos. Saludos y gracias por su amable atención.)

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martes, 21 de junio de 2016

Él

"Él me hacía delirar, me obligaba
a perderme, a dejar de ser yo para
convertirme en parte de su alma,
de su piel."
Manelander



Él era igual que yo, del cuerpo, del deseo. Siempre llegaba a mi habitación oliendo a ese perfume francés que tanto me gustaba; serio, casi enojado, ansioso por acercarse a mí para olvidarse de lo que fuera que le atormentara en cualquier momento. Yo era su cura, su medicina, su calma. Siempre me encontraba sentado en la cama, a oscuras, escuchando a Lana del Rey, fumando, con las ventanas abiertas, dejando entrar la tenue luz de la luna, a veces desnudo, con un vaso de ese whisky caro en la mano; le gustaba besarme sin decir nada, así, llegando a la cama, sintiendo ese sabor amargo a licor en mis labios, en mi lengua. 

Él era tan mágico, tan cálido, tan hombre, tan mío, tan "todo", tan "siempre".

Le gustaba acariciarme la espalda, le gustaba estar desnudo en la cama, desnudos los dos, a mi lado, abrazándome, besándome, enredados entre las sábanas, sintiendo las telas rozando la piel húmeda de saliva, de sudor. Me tomaba cuando quería, porque sus deseos eran los míos, sus ansias eran las mías, sus ganas las mías. Me paseaba su barba por el cuello, me besaba los ojos, me hacía sentir único y especial. Yo siempre era desatendido, me paseaba desnudo por aquel departamento la mayor parte del día, con un cigarro y un vaso con jugo de piña, una copa de vino o un whisky en las rocas. Le gustaba verme nadar desnudo en su enorme alberca; me deseaba todo el tiempo, incluso cuando me tenía seguía deseándome más. 

Él me observaba siempre, incluso cuando dormía, cuando me bañaba, cuando comía, cuando me hacía el amor, cuando no me lo hacía, cuando lloraba, cuando reía.

A veces me subía a su auto, ese Mercedes Benz 1970 que tanto amaba y que cuidaba como su posesión más preciada, después de mí, claro. Le gustaba conducir por la carretera mientras me veía fumar de vez en vez, al tiempo que el viento me golpeaba la delgada tela de la playera a rayas que llevaba puesta, blanco y azul marino, con mi gafas oscuras y el cabello negro enmarañado, escuchando canciones viejas de amor en la radio. Yo siempre sentía su mano en mi pierna desnuda, pues casi siempre llevaba puestos esos pantalones cortos y desgastados que me hacían sentir tan cómodo. Él me sonreía de repente, me hipnotizaba, me robaba el cigarro y me echaba el humo en la cara, como una droga que me inundaba. 

Él treinta y cinco, yo veinticinco, ambos humanos, ambos enamorados, ambos perdidos en el otro.

Nunca he conocido a alguien como él, a alguien que me bese como él me ha besado, que meta su lengua tan profundo en mi garganta, que deje tanto de él en mí, que me haga salirme de mi cuerpo y bailar en el aire con su espíritu mientras nuestros cuerpos se deshacen en la cama. Nunca habrá nadie como él, con esa forma tan elegante de vestir, con las manos llenas de anillos dorados con piedras incrustadas. Como él no hay, ni habrá, nadie. 


(NOTA IMPORTANTE: Estimados lectores, atendiendo un poco más mi pasión por la escritura y por mi profesión: la psicología, he decidido atender peticiones para hablar sobre temas de los que a ustedes les gustaría que yo escribiera o diera mi opinión. Con gusto atenderé sus sugerencias y peticiones en la medida de mis posibilidades; de la misma forma si desean recibir algún consejo pueden escribirme al mail: mane.landerpi@gmail.com o si no es necesaria la privacidad o el anonimato entonces pueden dejarme todo en los comentarios de cualquiera de mis textos. Saludos y gracias por su amable atención.)

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lunes, 20 de junio de 2016

Orgullo gay

"Marchar entre diversos no es un
carnaval, aunque así parezca; 
es un grito que demanda respeto,
que exige igualdad."
Manelander



Hubo un tiempo, hace muchos años, en el que vivía encerrado en un espacio tan pequeño que me daba miedo siquiera asomarme por la ventana para poder enterarme de lo que había afuera, en el exterior. En ese momento de mi vida consideraba que sentirse orgulloso de la orientación sexual era una "menuda idiotez", que si queríamos igualdad como homosexuales teníamos entonces que actuar igual que los demás y no hacer tanto escándalo; ¡pero qué equivocado estaba!

La marcha gay es más que una algarabía, es más que un carnaval lleno de color; es un grito desgarrador e indignado que exige igualdad, respeto e inclusión. La marcha es lo que tú quieres que sea, porque la intención de asistir se la das tú, no los demás.

He leído a muchas personas que escriben cosas como: "yo no voy a esas cosas de mal gusto", "yo no participo porque soy diferente a todas las locas esas", "eso es de nacos" (en México un naco es una persona sin clase e ignorante), "yo no me exhibo porque busco igualdad", "yo me doy a respetar", "sólo respeto a los gays que se respetan y que no van a esas ridiculeces", etc, etc. Y lo único que puedo decirles es: ¡NOS ESTÁN MATANDO! ¡ENTÉRENSE! Y cada vez que sus bocas digan o sus dedos escriban algo de ese tipo les sugiero que lo piensen dos veces. Nos están matando por ser homosexuales, así de simple, y  no es necesario que conozcan demasiadas cifras o indaguen mucho, ahí tienen el ejemplo más reciente: Orlando. ¿No les parece adecuado que salgamos a gritarle al mundo que estamos aquí, que estamos luchando y que estamos hartos de esto? Que no tenemos miedo, que seguiremos aquí, en este mundo, como cualquier humano, viviendo y dejando vivir, como debería de ser. No se trata de exhibirse, se trata de gritar, de mostrar nuestra existencia y de ese modo exigir la igualdad y el respeto que, te lo puedo asegurar, no tenemos. 

Dentro de la diversidad, obviamente, también se encuentra el respeto a las personas que rechazan el "día del orgullo LGBT", incluyendo homosexuales; pero lo que no es aceptable es el mensaje homofóbico que se transmite a través de comentarios que incitan al odio y al clasismo innecesario. 

Es verdad, ahora sí me siento orgulloso de mi sexualidad, porque he entendido que de no estarlo entonces mis derechos seguirían pasando desapercibidos, porque para que yo pudiera salir a la calle con libertad y sentirme seguro de quien soy, antes, incluso antes de que yo naciera, muchos otros marcharon y pelearon por lo que hoy yo he podido disfrutar; es ahora cuando yo quiero marchar y pelear por un mundo mejor para aquellos que ni siquiera han nacido, para que, llegado el momento, puedan ser libres y sentirse respetados. No es sino en la unión en donde podemos encontrar la fuerza para plantarnos frente a todos y hacerles ver, muy a su pesar, que nunca dejaremos de existir y que no tiene caso que sigan luchando en nuestra contra; así que, sin obligarlos, claro está, lo mejor será que acepten la diversidad y dejen de seguir peleándose y renegando como niños chiquitos haciendo rabieta. 

Alguna vez leí una pancarta de un hombre en una foto, marchando, que decía: 
"Si dios odia a los gays, entonces por qué nos hizo tan GENIALES", piénsenlo, tiene razón. 

Love is Love

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sábado, 18 de junio de 2016

Perdóname, voy a herirte

"Ahora entiendo todo; he logrado 
comprender cómo fue que aquellos
que me rompieron el corazón se 
volvieron tan crueles y despiadados...
ahora soy igual a ellos."
Manelander



Estaba sentado frente al espejo de mi recamara, pensando, como de costumbre. Podía ver a una persona diferente reflejada, alguien frío como el hielo, con el alma rota y el corazón hecho piedra. Tomé uno de mis diarios y comencé a escribir rápidamente, pues saldría pronto de casa:

Perdóname, voy a herirte. No sé quién seas o quiénes, aún no nos conocemos, pero lo que sí sé es que voy a lastimarte y no podré evitarlo. Te sugiero que en cuanto sientas que las cosas se ponen extrañas lo mejor será que corras lo más rápido posible y te alejes de mí, si no lo haces voy a hacerte mucho daño, ¿por qué? porque alguna vez yo tuve alma entera y un corazón rojo en sangre, cálido y deseoso por encontrar lo que nunca pude: amor... No creas en mí, porque en quienes yo creí alguna vez, me traicionaron, no te enamores de mí, porque de quienes yo me enamoré, se fueron sin importarles mi dolor, no hagas nada por mí, no lo voy a merecer, no te esfuerces, no te ilusiones, no te arriesgues, no valdrá la pena, créeme... Ojalá alguien me hubiese dicho todas estas cosas antes de que yo mismo las cometiera, antes de que me estrellara en contra de muros gigantes y me rompiera en mil pedazos, en tantos pedazos que, aunque logré armarme de nuevo, no soy el mismo, ahora soy igual a ellos, a los muros. 

Si me conoces algún día, por favor, no te deslumbres, no tengo nada que ofrecerte, aunque yo te diga que sí, aunque te prometa el sol y todas las estrellas del universo, estoy mintiendo tal y como me mintieron a mí otros; en otros lugares, en otros tiempos. Es la venganza inconsciente de mi alma, y no tan inconsciente a la vez. No me quieras, no trates de entenderme, simplemente huye, abandoname, no me dolerá, ya no me duele nada, mucho menos cuando alguien se marcha. Vete y busca a quien pueda amarte, a quien en verdad si pueda entregarse, a quien no te hiera, yo no soy ése. Huye, quien quiera que seas, ¡huye! porque voy a herirte y a inyectarte el mismo veneno en el corazón; voy a destruirte, voy a matarte por dentro y no podrás hacer nada contra eso. Me comeré pedazos de tu alma, me comeré tu corazón. 

Dejé de escribir cuando el sonido del timbre me sacó de mi momento de inspiración. Cerré el diario, lo dejé sobre mi cama, bajé a la estancia y abrí la puerta con el abrigo puesto, listo para irme. 

-Hola -dijo él con una sonrisa- ¿Nos vamos?

-Sí -respondí con media sonrisa. Cerré la puerta detrás de mí y pensé en que había perdido la cuenta sobre el número de citas que llevaba ese mes, me dio igual, subí al auto y llené su aire con mi toxina, sin que pudiera él percatarse, ya respiraba mis venenos hechos de dolor y pena, de llantos pasados, de quiebres, de rupturas internas, sin darse cuenta él, como todos los demás, inhalaban su propia perdición al tenerme cerca, al quererme cerca. 





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jueves, 16 de junio de 2016

Otra vez homofobia

"Encendimos una vela en la noche más oscura, 
nos abrazamos y lloramos el dolor de nuestros
hermanos. No hubo sonrisas, ni fiesta, ni 
arcoiris..." 
Manelander



Ni siquiera he tenido la fuerza para poder enterarme de la noticia completa y a fondo, ni siquiera he podido detenerme a indagar a profundidad ¿por qué? ¿qué fue lo que sucedió?. Lo único que he podido hacer es lanzar mis buenos deseos al viento, como luces que se elevan mágicamente por los cielos, en medio de nuestro llanto, del lamento de nuestro "grupo", de nuestra comunidad. Lancé mi pena y mis ansias por un mundo mejor que este, que es hermoso pero que podría ser muchísimo más; las lancé como conjuros en noche de luna llena, añorando tolerancia y respeto para todos los que simplemente amamos, para quienes intentamos día a día ser auténticos. 

La tristeza de la pérdida me embarga, pero aún más que nuestra pérdida me inunda la tristeza por un mundo lastimado, un mundo que arrastra a algunos a la desgracia irreversible y miserable del odio y la destrucción, un mal que solamente grita por el amor que nunca fue recibido y que rompió a aquellos transgresores en tantos pedazos que les fue imposible repararse y, en medio de su incurable enfermedad del alma, decidieron destruir a otros.

Entiendan algo, personas homofobicas, pues es esencial; estamos hartos de sus odios estúpidos, de su intolerancia, estamos cansados de la iglesia y de los extremistas, estamos exhaustos de ustedes y de su mundo pequeño lleno de sinsabores; en verdad, créannos, no es nuestra culpa lo mal que les ha ido, lo reprimidos que ustedes puedan estar y que no sean lo suficientemente valientes para vivir la vida siendo ustedes mismos, en cualquier aspecto que les acomode, en verdad nos apena mucho, pero no es nuestra culpa ni nuestro problema. ¡Dejen de juzgarnos! ¡dejen de humillarnos! ¡dejen de matarnos! vivan su vida, arreglen sus cosas, peleen por su libertad interna y busquen la felicidad propia, a nosotros... a nosotros simplemente ¡déjennos en paz! A pesar de lo terrible que se han comportado las personas homofobicas, a pesar de lo hartos que podamos estar, ¡no dejaremos de luchar por un mundo tolerante! 

No dejo de sentir un vacío interno al pensar en aquellos que se marcharon en medio de un acto tan violento que el mundo incluso, para mí, gira más lento de tristeza. Dedico estas letras a todos los hermanos homosexuales que perdieron la vida en el terrible crimen de Orlando; nos encontraremos en otro momento, en otras vidas, en otros tiempos, en otro mundo, uno en donde todos aprendan a convivir y a amarse unos a otros. 



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domingo, 12 de junio de 2016

Amiga del Alma

Para Alma... 

"No encontraremos siempre en mis pensamientos,
en mis recuerdos, en mis sueños, nos encontraremos,
amiga mía..." 

Se marchan, las personas se marchan sin explicaciones, sin razones, sin motivos, se van, nos dejan, por voluntad o en contra de ella. Y es esencial, en la vida humana, vivir la pérdida, por dolorosa que sea, por desgarradora, es inevitable; algún día nosotros también nos iremos de este mundo, dejando a otros aquí, adoloridos por vernos partir. 

Este pequeño texto está dedicado a una gran amiga, una mujer que me abrió las puertas de su enorme corazón, de su hogar, de su vida. Porque aunque ya he llorado su pérdida, pienso que las personas buenas, como ella, siempre van a lugares mejores, mil veces mejores que este mundo en el que los demás nos quedamos, en este mundo tan revuelto, tan loco, tan doloroso. 

Estarás, mi querida Alma, siempre en mis pensamientos, a donde yo vaya te dedicaré un esfuerzo, un motivo, un recuerdo, un saludo, un anhelo, un "te extraño", un suspiro que arrastre a mi memoria nuestras pláticas inflamadas de carcajadas, hablando de la vida, del mundo. Por ahora no puedo hacer nada más que continuar recordando todas las cosas buenas que pasamos juntos, y tu abrazo tan sincero, tan afectuoso, tan "como pocos". 

Morir es parte de vivir también, y aunque perdemos personas todo el tiempo, jamás podremos acostumbrarnos a la ausencia, a la falta, al vacío que nos queda. Ya nos encontraremos, en cualquier momento, Alma querida, cuando cierre los ojos al irme a dormir y te piense, y te obligue a venir a saludarme, a sonreírme, a decirme que estás bien, y enviaré siempre a tu familia los deseos más buenos que pueda encontrar en mí alma retorcida y ennegrecida por el tiempo, por el desamor, por mis propias ausencias y vacíos, siempre haré un esfuerzo por seleccionar lo mejor de mí y pensarlo, y enviarlo por el viento hasta tus hijos y tu esposo, a quienes quiero igual que a ti. 

Se quedan conmigo, no tengas duda, muy dentro de mi corazón, lo que contigo viví, todas las cosas buenas que dejaste en mí... Hasta pronto, amiga del alma, mi Alma querida. 

jueves, 9 de junio de 2016

Cine para psicólogos: Psicosis de Alfred Hitchcock

"Un hijo no es un buen 
sustituto para un amante."
Psicosis 


Queridos lectores, llevo bastante tiempo pensando en inaugurar este apartado en mis escritos pero no había tenido el tiempo para sentarme a escribir al respecto. Como ya lo pueden leer en el título de esta última entrada, intentaré escribir sobre algunos largometrajes que, como psicólogo, han llamado mi atención a lo largo de la vida. En esta primera ocasión les traigo a este clásico maravilloso del cine de suspenso psicológico, una historia original del escritor estadounidense Robert Bloch, llevada a la pantalla grande por el maestro del suspense Alfred Hitchcock: "Psicosis" (Psycho). 

"Después de medio siglo de terror, 'Psicosis' sigue demostrando que nadie puede llegar a sentirse del todo seguro ni en su propia ducha".
(The Guardian)

Parece que Psicosis es una de las piezas clave en el mundo del cine dedicado para psicólogos, pues además de ser considerada una obra maestra en el universo del séptimo arte, también es considerada un exponente esencial en materia psicológica. Ya lo dice su nombre; uno de los términos más utilizados en la psicología ortodoxa y la escuela psicoanalítica. 

Podemos notar, desde que aparece Norman Bates en escena, que existe algo desequilibrado mentalmente en él. Ya después de habernos enterado de suficientes detalles del contexto del filme, nos encontramos con la teoría psicodinámica de las psicósis, relacionada con asuntos edípicos entre la madre y el hijo, una madre demandante que, literalmente, enferma al hijo. 


"A día de hoy, Hitchcock es el cineasta vanguardista más atrevido de América".
(Village Voice)

Podemos apegarnos a los discursos teóricos sobre la "falta de la falta", que básicamente nos dicen que la madre acapara al hijo impidiéndole la sensación de ausencia o de falta y rechazando cualquier límite entre ella y el hijo; es entonces cuando madre e hijo se "fusionan" en la psique del segundo y de este modo se extinguen las posibilidades de la conformación de la propia identidad en el menor. Se configura de ese modo la estructura psicótica en el individuo que podrá, en cualquier momento, brotar a través de alucinaciones u otros síntomas. Es todo esto lo que se retrata en Psicosis; un intento por llevar al mundo simbólico lo que se rompe en la psique del individuo psicótico; digamos que lo roto son los límites que diferencian a la madre del hijo, dejan de existir porque la madre misma no los permite; es precisamente lo que ocurre entre Norman Bates y su madre, en donde él, incluso, es la madre; habla como ella, piensa como ella, actúa como ella, es ella. Ya nos lo corrobora Norman mismo cuando dice: "Ella, mi madre, está viva, ella reina en mi mundo, yo me someto del todo a ella". 


Hitchcock nos regala esta obra de arte en donde el logo del título del largometraje luce roto inclusive, tal como se representaría la psique de los sujetos psicóticos. Gracias a Psicosis el género de terror repuntó en uno de sus subgéneros más populares: el suspenso. El cineasta logró atraparnos con una adaptación de personajes encantadores que desaparecían de la historia por motivos repentinos y tajantes. Fue así como la crítica popular llamó a Psicósis "el primer thriller psicoanalítico" en la historia del cine. 

Después del éxito de Hitchcock con Psicosis se hicieron varias secuelas, pero ninguna funcionó de la misma manera, además de que en 1998 el cineasta Gus Van Sant decidiera apostar por un remake que, simplemente, pasó percibido como un largometraje demasiado similar al original en cuanto a la dirección de las cámaras y otros detalles, recibiendo así premios como lo peor del año. La historia original de 1960, en cambio, fue nominada a los premios Oscar en las categorías de: mejor actriz, mejor director, mejor cinematografía en blanco y negro y mejor dirección de arte (no ganó ningún premio). En la actualidad podemos deleitarnos con una historia bastante interesante sobre la vida de Norman Bates y su madre en una serie televisiva de A&E que se describe como una "precuela" de la película original de 1960, en la que se narra la vida de un Norman adolescente y su madre, una posesiva mujer llamada Norma Bates. 

Psicosis es prácticamente un must para la vida cinematográfica de cualquier psicólogo, en especial para los que tenemos una inclinación psicoanalítica, quienes agradecemos millones de veces al maestro Alfred Hitchcock por proporcionarnos una pieza tan literal de una estructura bastante compleja en la vida humana. 

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domingo, 5 de junio de 2016

Desgarrador

"También se nace en el mundo de las
letras, y en etapas tempranas, todo lo
que se escribe es desbordante, sin 
rumbo, indefinido y maravillosamente
turbio."
Manelander


Me encontré con uno de mis viejos blocs de notas, uno que utilicé cuando comenzaba a escribir textos largos en mi infancia, quizá cuando tenía doce, trece a lo mucho. La sensación que me produjo tener aquellas hojas llenas de letras en mis manos, con una perfecta caligrafía debo agregar (dejo a un lado mi modestia), era indescriptible. Abrí aquella pequeña libreta y leí el primer texto que ahí había:

"El mundo es de los perversos y de los pervertidos; que son dos cosas totalmente distintas. El mundo está lleno de espíritus retorcidos; llenos de malicia, llenos de malas intenciones. Es así y nada se puede hacer; todo se trata de intentar sobrevivir, incluso a nuestra propia maldad interna. El humano existe para destruir, para destruirse a sí mismo, para intentar hacer su vida menos miserable al hacer más miserable la de los demás..."

Solté una ligera carcajada al leer aquellas letras tan desbordantes, tan desgarradoras. Y es que no voy a negar que siempre he tenido un estilo algo amargo a la hora de escribir, pero en aquel entonces todo era descontrolado, no tenía mesura; visualizaba a mis letras como infantiles, como niños que lloran y obedecen a sus impulsos; me pareció algo encantador, magnífico en realidad. 

Las letras, aunque conservan una esencia de principio a fin, van cambiando de la misma manera en la que cambia quien las escribe. 

Las letras son una extensión de nosotros, como un órgano; el corazón, el cerebro, la sangre, etc. Tienen nuestra esencia incluida pero se van transformando con nosotros, crecen al igual que nosotros, maduran, evolucionan. Mis letras fueron primitivas, casi sangrientas, violentas, desesperanzadoras. Recuerdo que alguna vez una amiga en la universidad decía siempre: estás loco, esquizofrénico; escribes puras cosas enfermas. ¡Eres emo!. Ahora pienso que dentro de sus posibilidades mentales, mi vieja amiga intentaba describir las cosas que a veces, por descuido, leía en mis apuntes o en mis redes sociales. 

Tomé una hoja de papel y trasladé el mismo párrafo pero ahora con mi estilo actual. Supuse que si lograba transmitir algo parecido entonces mi esencia seguía presente; era como traducirlo de una lengua muerta a mi idioma actual; sujeté la pluma entre la pinza de los dedos de mi mano izquierda y escribí:

"Sin oscuridad, mi luz no se notaría..."





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"Crónica de mis letras a media noche"
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viernes, 3 de junio de 2016

La raíz oscura

"La maldad no es nada más que
ausencia de amor."
Manelander



Comencé a leer una nota periodística sobre la situación del país; era terrible encontrarme en cada renglón con palabras como organización criminal, droga, muertos, asesinato, cocaína, armas, disparos, etc. Las palabras siempre tienen el poder de transmitir emociones, y las emociones que recibía en aquel momento no eran nada agradables. El país atraviesa un instante de crisis, un tiempo sangriento y lleno de violencia; es preocupante y aterrador. 

La maldad en el mundo es un grito desesperado de aquellos que nunca fueron amados o que tuvieron un amor enfermo y retorcido. 

Alguna vez había escrito algo sobre la maldad en el mundo y tenía la teoría personal de que la raíz de la maldad es un vacío primario que se origina debido a la ausencia de afecto en la infancia, o también a causa de un afecto patológico que termina por lesionar al individuo de una manera que transgrede toda limitante moral y ética que pueda frenar sus impulsos violentos. 

Las personas en la actualidad se preguntan cómo es que existen seres humanos tan crueles como para asesinar, extorsionar y secuestrar a otras personas. Yo pienso que la pregunta debería responderse a través de otras cuestiones importantes como las familias disfuncionales, violencia intrafamiliar, abandono de menores, y otros conceptos que logran explicar las consecuencias de una infancia dolorosa y violenta. 

La raíz de la maldad es oscura porque se engendró en un pasado lejano, cuando se comenzaba a vivir y el medio rompió el interior del sujeto con desamor y ausencia. 

No habrá algo peor que sufrir la violencia de la agresividad o la de la ausencia por el abandono en una edad en la que uno no es capaz de defenderse y la única forma de protegerse es fragmentándose por dentro de una manera que será casi imposible de reparar en el futuro. La violencia quizá sea también una forma de venganza por lo vivido, una venganza en contra del mundo. 

Es preocupante la situación de México en muchos aspectos; la ambición del gobierno nos ha condenado a un destino cruel, lleno de sangre y dolor. Pero lo mejor no es combatir tanto odio con más violencia; madres que deben amar a sus hijos, padres que deben amar a sus hijos, hacerse responsables, quedarse a su lado e intentar hacer las cosas lo mejor posible, porque como siempre he dicho: es en el intentar en donde podemos alcanzar grados de salud, de paz, y hacer una vida con mayor tranquilidad, repitiendo lo bueno que se nos dio en vez de lo que no pudimos tener. 

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