sábado, 18 de junio de 2016

Perdóname, voy a herirte

"Ahora entiendo todo; he logrado 
comprender cómo fue que aquellos
que me rompieron el corazón se 
volvieron tan crueles y despiadados...
ahora soy igual a ellos."
Manelander



Estaba sentado frente al espejo de mi recamara, pensando, como de costumbre. Podía ver a una persona diferente reflejada, alguien frío como el hielo, con el alma rota y el corazón hecho piedra. Tomé uno de mis diarios y comencé a escribir rápidamente, pues saldría pronto de casa:

Perdóname, voy a herirte. No sé quién seas o quiénes, aún no nos conocemos, pero lo que sí sé es que voy a lastimarte y no podré evitarlo. Te sugiero que en cuanto sientas que las cosas se ponen extrañas lo mejor será que corras lo más rápido posible y te alejes de mí, si no lo haces voy a hacerte mucho daño, ¿por qué? porque alguna vez yo tuve alma entera y un corazón rojo en sangre, cálido y deseoso por encontrar lo que nunca pude: amor... No creas en mí, porque en quienes yo creí alguna vez, me traicionaron, no te enamores de mí, porque de quienes yo me enamoré, se fueron sin importarles mi dolor, no hagas nada por mí, no lo voy a merecer, no te esfuerces, no te ilusiones, no te arriesgues, no valdrá la pena, créeme... Ojalá alguien me hubiese dicho todas estas cosas antes de que yo mismo las cometiera, antes de que me estrellara en contra de muros gigantes y me rompiera en mil pedazos, en tantos pedazos que, aunque logré armarme de nuevo, no soy el mismo, ahora soy igual a ellos, a los muros. 

Si me conoces algún día, por favor, no te deslumbres, no tengo nada que ofrecerte, aunque yo te diga que sí, aunque te prometa el sol y todas las estrellas del universo, estoy mintiendo tal y como me mintieron a mí otros; en otros lugares, en otros tiempos. Es la venganza inconsciente de mi alma, y no tan inconsciente a la vez. No me quieras, no trates de entenderme, simplemente huye, abandoname, no me dolerá, ya no me duele nada, mucho menos cuando alguien se marcha. Vete y busca a quien pueda amarte, a quien en verdad si pueda entregarse, a quien no te hiera, yo no soy ése. Huye, quien quiera que seas, ¡huye! porque voy a herirte y a inyectarte el mismo veneno en el corazón; voy a destruirte, voy a matarte por dentro y no podrás hacer nada contra eso. Me comeré pedazos de tu alma, me comeré tu corazón. 

Dejé de escribir cuando el sonido del timbre me sacó de mi momento de inspiración. Cerré el diario, lo dejé sobre mi cama, bajé a la estancia y abrí la puerta con el abrigo puesto, listo para irme. 

-Hola -dijo él con una sonrisa- ¿Nos vamos?

-Sí -respondí con media sonrisa. Cerré la puerta detrás de mí y pensé en que había perdido la cuenta sobre el número de citas que llevaba ese mes, me dio igual, subí al auto y llené su aire con mi toxina, sin que pudiera él percatarse, ya respiraba mis venenos hechos de dolor y pena, de llantos pasados, de quiebres, de rupturas internas, sin darse cuenta él, como todos los demás, inhalaban su propia perdición al tenerme cerca, al quererme cerca. 





(NOTA IMPORTANTE: Estimados lectores, atendiendo un poco más mi pasión por la escritura y por mi profesión: la psicología, he decidido atender peticiones para hablar sobre temas de los que a ustedes les gustaría que yo escribiera o diera mi opinión. Con gusto atenderé sus sugerencias y peticiones en la medida de mis posibilidades; de la misma forma si desean recibir algún consejo pueden escribirme al mail: mane.landerpi@gmail.com o si no es necesaria la privacidad o el anonimato entonces pueden dejarme todo en los comentarios de cualquiera de mis textos. Saludos y gracias por su amable atención.)


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