domingo, 24 de julio de 2016

Quedarse

"Quedarse para enfrentarlo todo,
quedarse para solucionar, para
intentar, para acompañar."
Manelander



Queridos lectores, hace algún tiempo escribí un texto llamado "Irse" , en el que hablaba sobre la anestesia temporal de retirarse, sobre ese tiempo que tomamos para ausentarnos y sanar. Bien, pues ahora, después de unos meses, quise escribir sobre el opuesto. Pienso que quedarse es uno de los retos más grandes del ser humano; un reto para sus emociones y sus pensamientos. 

Quedarse significa hacer frente a la tormenta, pero quedarse, después de un trauma, exige un esfuerzo profundo, un esfuerzo que nos arranca de nuestras repeticiones constantes, de nuestros patrones enfermizos; quedarse es una cura, una forma de repararse. 

Estamos acostumbrados a no hacer frente a casi nada de lo que es verdaderamente importante, porque eso aprendimos; y no me refiero al hecho de huir de los problemas de la vida cotidiana, pues existen muchas personas que tienen el valor de enfrentar sus conflictos externos comunes (familia, trabajo, amigos, etc.), me refiero a los conflictos profundos, a las situaciones que tocan fibras sensibles de nuestra oscuridad, de nuestra penumbra como seres humanos. El miedo nos hace huir, nos obliga a desistir cuando la cosa se pone complicada, sobre todo en las cuestiones del corazón.

El miedo nos hace salir corriendo al darnos cuenta que lo que se avecina puede ser doloroso o complicado.

Pero quedarse, querido lector, es sin duda alguna la manera correcta de crecer, de madurar y de hacernos fuertes. Quedarse para intentar darle una solución a lo adverso, a lo impactante, a todo lo que, en el fondo, presentimos que nos desequilibrará, que nos sacará de ese círculo vicioso en el que hemos vivido toda la vida. Quedarse nos brinda sustento y carácter, quedarse y atender los conflictos es un alivio cuando la tormenta ha pasado. Quedarse rompe con el patrón del abandono, de la ausencia, de abandonar porque alguna vez, quizá desde antes de nacer, fuimos abandonados. 


(NOTA IMPORTANTE: Estimados lectores, atendiendo un poco más mi pasión por la escritura y por mi profesión: la psicología, he decidido atender peticiones para hablar sobre temas de los que a ustedes les gustaría que yo escribiera o diera mi opinión. Con gusto atenderé sus sugerencias y peticiones en la medida de mis posibilidades; de la misma forma si desean recibir algún consejo pueden escribirme al mail: mane.landerpi@gmail.com o si no es necesaria la privacidad o el anonimato entonces pueden dejarme todo en los comentarios de cualquiera de mis textos. Saludos y gracias por su amable atención.)

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Textos relacionados:
"Irse"
"Vivir duele"
"El consuelo"





lunes, 18 de julio de 2016

Azul oscuro

"También escribo para mí mismo;
me escribo las penas, me escribo
las lágrimas y las desgracias,
para verlas sobre el papel y
volverlas conscientes."
Manelander 



Querido Yo:

Aquí el verano parece más invierno, el frío me congela los huesos, y la piel, y el corazón, y el alma. Ya sé que quizás estás cansado de sentarte frente a la ventana para ver la lluvia caer, esa que a veces se convierte en granizo, que desciende de las nubes más grises y espesas que hayas visto jamás. Todo es frío, todo es silencioso, todo es misterioso últimamente; los objetos me observan desde su condena sin vida, puedo escucharlos pensar -mírenlo, otra vez se le ha escapado el alma por los poros de la piel; otra vez está respirando esa melancolía. Pobre, desborda vacío y pesar.

El silencio se burla de mí porque no he hablado en días enteros; mi única voz son las palabras que escribo sobre el papel. Ya no tengo voz desde mi garganta, ahora hablo con las manos, escribiéndome, escribiéndote.

Puedo sentir como te retuerces por dentro intentando detenerme, detener mis constantes intentos de componerme, de acomodar lo que está desordenado en mí; haces una tormenta que me hiere, porque deseas que ceda a tus impulsos, a tus demandas. Me estás castigando, lo sé, me estás enfermando desde el interior, porque no he podido tener todo lo que deseas y te niegas a la resignación. 

Todo es azul, azul oscuro, como el cielo nocturno, que es casi negro, pero no lo es, es azul oscuro; o como las aguas del mar profundo, frías, desoladas, azules, azul oscuro.

Yo exhalo un aire azul oscuro, un aire que viaja miles de kilómetros intentando ser respirado por esa persona que me tiene así, pensándole, extrañándole, deseándole. Por favor, no confundas mi melancolía con tristeza o depresión, yo estoy bien, pero mi mundo es, y siempre será, un espacio simple, cubierto de flores marchitas, cubiertas de nieve, rodeadas de humo, de hojas secas, de árboles sin hojas, con un lago inmóvil que asemeja a un cristal negro y reluciente por su quietud, una quietud que asusta, que hipnotiza; un lago hecho de recuerdos, sumergidos en sus profundidades; arriba hay nubes grises cubriéndolo todo, porque el sol nunca se deja ver, y siempre hay frío, y siempre hay silencio, un silencio que se rompe de vez en cuando por el sonido de los vientos que de pronto hacen crujir la madera de los árboles de mi bosque nevado. 

Querido Yo, no te esfuerces más por cambiar mis tonos y mis matices, siempre seremos de esta manera, tú eres de esta manera; eres mi espejo, mi reflejo, eres mis silencios, mis lágrimas, mis miedos, eres el amor dispuesto a vivirse por alguien, eres mis sueños, eres mi lago, mis recuerdos, mis angustias, eres mi frío y mi melancolía, eres mi azul, mi azul oscuro. 


(NOTA IMPORTANTE: Estimados lectores, atendiendo un poco más mi pasión por la escritura y por mi profesión: la psicología, he decidido atender peticiones para hablar sobre temas de los que a ustedes les gustaría que yo escribiera o diera mi opinión. Con gusto atenderé sus sugerencias y peticiones en la medida de mis posibilidades; de la misma forma si desean recibir algún consejo pueden escribirme al mail: mane.landerpi@gmail.com o si no es necesaria la privacidad o el anonimato entonces pueden dejarme todo en los comentarios de cualquiera de mis textos. Saludos y gracias por su amable atención.)

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Textos relacionados:
"Vivir duele"
"Él"
"Crónica de mis letras a media noche"







jueves, 14 de julio de 2016

Corazones de plástico

"Y la frivolidad nos hizo tan 
vacíos, tan sin nada, tan sin
nadie."
Manelander



He conocido a muchas personas en mi vida, pero uno de los tipos de personas que han atravesado mi camino son aquellas a las que el corazón se les ha congelado a tal grado que se ha convertido en un plástico, frío y duro plástico que se proyecta hacia el exterior. Y de verdad, queridos lectores, no he podido encontrar desgracia más grande que tener un corazón hecho de plástico. 

El corazón se plastifica cuando el frío emocional incrementa a grados inhumanos y termina por endurecer permanentemente el alma entera del individuo. 

Con el paso de los años he sabido identificar a las personas con el corazón plastificado, y siento una pena tan profunda que, incluso, me entristece dicha condición, pues la vida para ellos es una suculenta fantasía de felicidad, placer, inteligencia y éxito, una mentira que amortigua constantemente lo miserable de la propia realidad. Las personas plastificadas sonríen y te brindan una falsa sinceridad que con el tiempo se desgasta y degenera, convirtiéndose en conflicto y tormento. 

Un interior plastificado se escapa por los poros e inunda el mundo de quien por dentro está destruido. Los alcances de un corazón tan triste son devastadores y se vive en un drama constante, en una intensidad peligrosa que bordea en la locura todo el tiempo; una persona tan lastimada, en su desesperación por perpetuar su fantasía de perfección, lastima a otros y les culpa de cualquier cosa mala que pueda sucederles o amenazarles. 

Un corazón plastificado se siente envidiado, perseguido y traicionado constantemente, porque no soporta aceptar que su presente tiene abismales grietas difíciles de reparar. 

Es tan difícil lidiar con personas a las que su tristeza les ha carcomido gran parte del alma; uno está enteramente expuesto cuando tiene cercanía con la frialdad de estos seres humanos, quienes pasan gran parte de su vida destruyendo a otros, escupiéndoles sus venenos, esos que los intoxicaron a ellos mismos. Lo mejor siempre será, querido lector, alejarse de ellos, pues no habrá nunca un argumento suficiente que pueda convencerlos o hacerles reaccionar; para un corazón de plástico no habrá otro que pueda superarlo o hacerle ver lo terriblemente equivocado que está. 


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martes, 12 de julio de 2016

Semen

"El humano se vacía y se llena 
de cosas que le nutren el alma;
quien no alimenta el alma vive
en la amargura y en la desdicha."
Manelander



Es el balance entre el cuerpo, la mente y el corazón lo que alimenta el alma humana. Vivimos intentando encontrar la completud, aquello que nos haga sentir enteros, llenos. Y por supuesto que hablaré de sexo en este blog, ahí tienen el título, porque creo que el sexo nos alimenta de una forma singular, de una forma de la que no existe similitud. El sexo, sin amor o con amor, queridos lectores, es alimento para el alma. 

El sexo nos otorga completud, porque es en ese preciso momento en el que lo tenemos todo, en el que somos uno, en el que tenemos lo propio y a la vez poseemos lo que el otro tiene, eso que nos hacía falta.

Y es que pocas personas mencionan la palabra semen; de hecho estoy seguro de que muchos huyeron al leer el título, quizás otros más me censuraron o ignoraron, porque la palabra en sí es demasiado imponente. Pero, ¿no les parece a ustedes que es una palabra hermosa?

Semen proviene del latín, por supuesto, y la palabra es literal semen o seminis, que significa "semilla". Y es así como podemos concebir el principio de todo, a través de una semilla que origina la vida misma, que es el inicio, el comienzo de todo humano. Claro, no todas las semillas originan vida, no todas se utilizan, no todas son aprovechadas, pero eso no les resta su importancia en la vida. 

Hablemos de sexo, hablemos de semen, hablemos de penes, vaginas y penetraciones. Pienso que si te incomoda decirlo, entonces también te incomoda hacerlo.

Cuando tengo alguna reunión con amigas o amigos, en verdad, hablar de sexo es primordial; dedicamos al sexo horas y horas, porque pienso que hablar de sexo es hablar de semen, y hablar de semen es hablar del origen de la vida, de lo que nos hace ser lo que somos, de nuestro principio, de nuestro núcleo, así que, querido lector, disfruta tanto hablar de sexo como practicarlo. 

Se habla de sexo entre adultos con este tinte transgresor y exquisito, y al mismo tiempo, sin ese toque transgresor, dejamos a los niños a que descubran con sus propias herramientas, aún inmaduras, su sexualidad, esa que es individual y que lo lleva a descubrirse, a encontrarse en él mismo; he ahí el inicio de los placeres de la piel, de la lengua. Ya lo dijo Freud tiempo atrás, todo lo relacionado con la sexualidad infantil, mencionando cosas como el placer oral del bebé al ser amamantado o el placer anal al defecar, ¿no les parece asombroso? encontrar sexualidad con facilidad, en todos los estados, en todas las etapas; es un asunto sencillo si se dejan llevar. Es en entonces hasta la adultez cuando el niño deja de ser niño y se deja arrastrar por las fuerzas de la naturaleza, las fuerzas internas, y no sólo conoce los conceptos del sexo, sino que también los lleva a cabo, y conoce ahora su cuerpo pero unido al de otro humano, y descubre entonces también que no solamente viene de la semilla de la vida sino que también puede estar en contacto con ella y usarla a su antojo. 



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viernes, 8 de julio de 2016

Vivir duele

"Vivir es una frase profunda
y confusa encerrada entre
comillas".
Manelander




Mis queridos lectores, aunque el título de este texto es bastante... "fuerte", digamoslo así, me he querido sentar a escribir sobre este asunto que me tiene consternado. Verán, hace unas semanas conocí a un chico que insistía profundamente en tener una cita conmigo, y bueno, yo no me sentía muy bien que digamos para tener una cita en el momento en el que más me insistió; estaba en otros asuntos y lo menos que quería era usar mi energía y concentración en una cita, además de que ni siquiera me sentía atractivo, pero después de una insistencia desbordante y de lograr ponerme muy de mal humor, acepté. No quiero darles más detalles aburridos, en resumen digamos que la cita fue un fracaso gigantesco, pero hubo algo que pude rescatar de toda esa tormenta; el hombre aquel vivía en una fantasía terriblemente abrumadora, por lo menos para mí. 

La vida es un conjunto de cosas buenas y no tan buenas, de blanco y negro; vivir mejor es aprender a aceptar que no todo es hermoso, que no todo es color de rosa. 

No me considero una persona pesimista, solamente me gusta aterrizar en la verdad la mayor parte del tiempo, y cuando me encuentro con mundos alejados de ella me siento muy ofuscado. Así me sucedió aquella noche con aquel chico; su vida era un conjunto de miel, azúcar y colores brillantes, irradiaba una energía tan positiva que me asustaba y estaba completamente seguro de que el amor y el positivismo lo regían todo en este mundo, y bueno, en lo último no me encontraba en desacuerdo, pero mi perspectiva al respecto es distinta. 

Pienso que algunas personas han sufrido tanto, de algún modo, que han decidido elaborar una fantasía que rechaza todo lo doloroso y hostil que nos golpea constantemente, disfrazando todo lo sombrío y oscuro en luz y arcoiris. Vivir duele, en algunas ocasiones, por algunos motivos, y eso no significa que la vida es horrible, por supuesto que no, la vida es hermosa precisamente por eso, porque tiene luz y oscuridad en ella, porque está llena de matices, de altibajos que nos enseñan a vivir, a crecer. 

Nos mentimos a nosotros mismos para hacer nuestra vida más soportable, nuestra miseria más llevadera y nuestra pena menos dolorosa.

Soy un hombre melancólico, sí, pero sé apreciar las cosas buenas de la vida, puedo entender que no todo es felicidad, porque la felicidad es un estado y es en nuestros intentos constantes de alcanzar ese estado en donde residen la alegría, el placer y la satisfacción. 

La cita terminó en un desastre y yo terminé siendo, para el chico aquel, un ser humano pesimista, negativo y con "mala vibra", así que decidió no volver a tener contacto conmigo. En un principio me hizo sentir como el peor ser humano y me llené un poco de culpa y de recuerdos tristes, pero después me di cuenta de que todo eso que sentía eran sus propias penas reflejadas en mí sin censura, sin disfraz. Al día siguiente me sentí libre y, a partir de ese momento vinieron a mi cabeza muchas situaciones pasadas, pues no era la primera vez que ponía distancia con alguien que se mentía a sí mismo con una vida perfecta, feliz y exitosa para escapar de su miseria, llamándole a las personas como yo: envidiosos. Cuan equivocados y enfermos podemos estar, cuan ciegos, cuan heridos. 


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lunes, 4 de julio de 2016

Cine para psicólogos: Misery de Stephen King

"La verdad no es realmente más
extraña que la ficción, digan lo
que digan."
Misery


Bueno, pues ha tocado el turno de hablar sobre esta gran película del cine de terror; un género bastante curioso que logra sorprendernos en ciertos momentos con obras de arte como esta. Misery es una de mis películas favoritas, debo confesar, pues aunque adoro el cine de terror, esta película en especial combina perfectamente dos de mis pasiones: el cine y las letras. No quisiera profundizar mucho en la sinopsis del filme; estoy seguro de que la mayoría sabrá que se trata de una brillante adaptación del libro homónimo Misery, del maestro del terror: Stephen King. No he tenido la oportunidad de leer aún la novela, pero estoy seguro de que cuando lo haga me llevaré un sabor de boca igual o mejor que cuando vi su adaptación a la pantalla grande. 

Misery logra atraparte a través de la tensión, de esa que te ata de principio a fin con una buena historia.

Misery nos relata la historia de Paul Sheldon (James Caan), un exitoso escritor que tiene un accidente y es rescatado por una enfermera llamada Annie Wilkes (Kathy Bates) que vive en una cabaña y posee los conocimientos y las herramientas médicas para sanar las heridas, algo delicadas, del que es su escritor favorito, casualmente. Es yo pienso en esta "casualidad" en la que la historia comienza a envolvernos, pues todo comienza a lucir "habitualmente aterrador". Annie cuida a Paul mientras las personas cercanas al escritor comienzan a preocuparse por su repentina desaparición e inician su búsqueda. La trama comienza a oscurecerse cuando la amable Annie tiene destellos hostiles y le pide, después de leer la última novela romántica publicada de Paul, que escriba una nueva novela en la que reviva al personaje principal de la saga literaria: Misery Chastain; Annie, furiosa, obliga a Paul a escribir una continuación convincente para que su ídolo ficticio vuelva a la vida. Es ya en este punto del largometraje en donde Annie hace evidente su obsesión por Paul y sus libros y, además, declara a él tenerlo secuestrado. 

Annie Wilkes es el personaje perfecto que retrata excelentemente a la locura y a la obsesión. 

El personaje interpretado por la excelente actriz Kathy Bates fue tan perfecto que llevó a la interprete a ganar el Oscar como mejor actriz en 1990, al igual que el Globo de Oro en la misma categoría. Annie posee ese vacío inmenso que se llena con locura, y es eso precisamente lo que la hace un ser atractivamente aterrador, típico de Stephen King. No se trata de un antagónico deseoso de ocasionar daño o de un personaje sediento de venganza, no, Annie Wilkes es el producto de un deterioro antiguo que fue vaciándole hasta arrastrarle a buscar algo con que llenar, patológicamente, todos sus abismos y ausencias; Annie Wilkes es el constante intento de reparar angustias inmensas, culpas y remordimientos asfixiantes, soledades frías y, por supuesto, afectos rotos y torcidos. La señorita Wilkes forma esta especie de simbiosis forzada y maquiavélica con su ídolo, en donde le obliga a necesitar de ella y de sus cuidados. Ya para averiguar el desenlace les recomiendo a todos aquellos que no han visto tan exquisita película que corran en este momento y lo hagan. 

Misery puede provocarnos, en conclusión, una tensión prolongada que, con el tiempo, se convierte en una especie de repulsión hacia la antagonista y, a la vez, una pena inmensa por su lamentable situación emocional, una que es tan común en el mundo real que mencionarlo aquí resulta mil veces más aterrador que hablar sobre una "ficción" del maestro Stephen King. Dirigida por Rob Reiner, Misery es, sin duda alguna, una película digna de analizar por los amantes de la psicología. 


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sábado, 2 de julio de 2016

Por mi ventana

"Vi pasar toda mi vida, todos mis
amores, todos mis dolores, todos 
mis sueños."
Manelander


A veces me siento en la estancia de mi habitación; justo frente al sofá hay una pared con una pequeña ventana que da a la calle trasera de mi casa. En ocasiones simplemente me siento a observar el cielo que se dibuja en el pequeño rectángulo; a veces puedo ver nubes grises, cargadas de agua, ansiosas por empaparlo todo en la ciudad, otras veces veo el cielo azul, despejado, limpio. Pareciera que, cada vez que decido sentarme a observar a través de aquella pequeña ventana, mi vida entera pasa por ahí, quizá con el afán de mostrarme algo que no puedo ver en el día a día. 

Existen lugares que nos envuelven, nos ayudan a reflexionar con su simpleza, con su silencio, con su calma. 

Por mi ventana veo pasar mis penas más amargas; personajes pasados que alguna vez importaron demasiado y que me hirieron con su lejanía, con su frialdad, con su ausencia. Puedo ver mis tormentos más terribles, a mis monstruos internos, a mis delirios, mis enfermedades, esas que son del alma y que no se pueden diagnosticar en un consultorio médico. Creo que mi ventana es un pasadizo hacia mis adentros, un vistazo de lo que llevo en el interior; reconozco mis éxitos y mis alegrías, eso me anima, me impulsa, me relaja de una manera deliciosa. Hay momentos en los que veo o escucho cosas que me asustan, que me obligan a levantarme y cerrar con seguro mi pequeña ventana; lloro por recordar cosas que pasan del otro lado, burlándose de mí, riéndose por haberme dejado, por haberme lastimado, pero encuentro la cura a mi dolor justamente así: viéndolo, sintiéndolo. 

Podemos observarnos reflejados en objetos, en situaciones, en aromas, en personas; el mundo es un espejo gigante.

Pienso yo que es necesario, a veces, un espacio de reflexión, de instrospección; un espacio en soledad y silencio que nos conduzca hasta los lugares más profundos de nuestro ser. Podemos encontrarnos en un libro, en un espejo, en un sueño o incluso... en una ventana. 



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