miércoles, 31 de agosto de 2016

Dios es bisexual

"El mundo es tan diverso como
su creador."
Manelander


- ¿Y por qué no? -me pregunté en mi interior mientras observaba uno de esos canales cristianos (es real, existen canales de televisión dedicados completamente a hablar de Dios y su palabra) que veía por morbo de vez en cuando. En el programa que transmitían en ese momento se podía distinguir a un hombre de traje que se hacía llamar pastor y un montón de personas que se balanceaban con los ojos cerrados y las manos hacia el aire mientras la música (una especie de rock cristiano) inundaba con un volumen exagerado cada rincón del enorme salón en el que se encontraban. 

¿Y por qué no? Si ellos dicen que Dios hizo a todos a su imagen y semejanza, por qué no habríamos de considerarlo bisexual entonces, si él lo es todo, ¿no es así?

Mientras observaba caerse al suelo a algunos de los presentes en el masivo evento aquel cada vez que el pastor les tocaba la frente, una parte de mí se convencía más de que a Dios le gustaban las mujeres, de que alguna vez debió amar a alguien, cogerse a alguien, por supuesto que sí; y los hombres también, debió amar a alguno. Me pregunté en mi mente ¿quién habrá sido el afortunado del que Dios se enamorara?. Me pareció una idea excitante; imaginar poder darle un beso a Dios en los labios; seguramente sería como tocar las estrellas, ¿puedes imaginarlo? sentir la lengua de Dios adentro de tu boca. No se puede negar que besar a Dios debe de ser lo mejor del mundo, ¡es Dios con un demonio!

A Dios deben de gustarle los hombres también, los hombres y sus penes, y sus traseros, si no para qué rayos crearía a algunos ejemplares tan perfectos; Dios hace gente bonita porque son atractivos a sus ojos, porque desea que todos disfrutemos de sus gustos y de sus creaciones más perfectas. Tiene todo el sentido del mundo pensar que Dios es bisexual, pues hay diversidad de sexualidad en el mundo, es más, Dios es sexual, no le importa quién, simplemente conoce los placeres del sexo y sus orgasmos. Pienso que el orgasmo es la manera más pura de tener contacto, por lo menos un par de segundos, con Dios, de disfrutar un pequeño momento lo que él puede disfrutar por una eternidad y más. 

Y es que si Dios está en nuestro interior, las personas bisexuales, homosexuales y heterosexuales podrían comenzar a creer que Dios es semejante en ese aspecto de la vida también. 

No había duda en mí, Dios es bisexual, por más que el mundo quisiera convencerme de lo contrario; desde el momento en el que él me permitía tener aquella idea era por una razón, él quería que yo la pensara, que yo fuera libre de pensarla y acomodarla en mi cerebro de una manera exquisita y placentera. ¡Por Dios! Ojalá yo tenga el privilegio un día de besarte en la boca, en mis sueños -me dije internamente. Apagué la televisión y me fui de la estancia, pensando en Dios y su asombrosa capacidad para amar a todos, para enamorarse de todos, para desear igual que nosotros, sus diminutas creaciones. 
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jueves, 25 de agosto de 2016

Ya no te quiero

"Se me acabó el amor, 
se me acabaron las ganas,
se me acabó el sentir, 
el latir por ti."
Manelander



Me senté en un café del centro, ya de noche, mientras veía a las personas caminar en la calle empedrada; algunas apresuradas, otras pensativas y algunas otras de la mano, enamoradas, casi cubiertas de miel, rodeadas de una luz, esa que es propia del enamoramiento en su punto más alto. Las farolas iluminaban la calle e intentaban darle un toque romántico a mi noche a solas, el frío era penetrante y me acomodé la bufanda y el abrigo, me froté los brazos con las manos cubiertas con mis guantes de piel negra, exhalé y un vaho se esparció frente a mí y se disolvió de inmediato. 

"Y dejé de sentir un día, de sentirte. Me desperté y ya no había más amor para ti, ya no tenía nada más que darte porque te lo había dado todo ya."

Observé a una pareja que estaba sentada casi frente a mí; ella sonreía, eran jóvenes, no más de veinte años. Comencé a imaginarme a mí, a recordarme amándote, queriéndote, haciéndote mi dios, mi todo. Yo servía el café en las mañanas, yo sonreía para ti, yo vivía por ti. Cuánto hice por ti, para ti; me olvidé de mí, me olvide de todos, del mundo entero, sólo existías tú en mi universo. Cuando ya no tuve nada más que darte entonces fui, desesperadamente, a robarle a otros emociones y energías para entregarte. Traspasé cualquier límite, transgredí, enfermé, me rompí. 

Después de tanto, después de todo, cuando creí que no podría encontrar el camino de nuevo, un día desperté y ya no sentía nada, nada por ti. Era una sensación nueva, me asusté, debo agregar; sentí miedo porque tenía mucho tiempo sin sentirme tan ligero, tan tranquilo. El amor que sentía por ti había dejado de existir mucho tiempo atrás, pero la obsesión se había disfrazado de él para enfermarme, para lesionarme, para herirme. Ahora era nuevo, todo era nuevo... te habías ido. 

"Ya no te quiero, ya no te tengo, ya no te espero, ya no te sueño, ya no te extraño, ya no te siento, ya no te deseo, ya no te necesito, ya no te amo..."

Se me acabó el amor, se me fue la obsesión y el deseo desesperado de tenerte para mí. Las plantas se secan si no las riegas; algo así me sucedió. Ahora vivo libre, ahora puedo ver el mundo y sus colores, porque todo comienza a existir de nuevo para mí, porque ahora hay cosas y lugares en mi universo, ya no eres solamente tú; tú ya no existes. 

Sonreí al ver como la joven pareja se besaba tiernamente en el café aquel, pedí la cuenta, pagué el capuchino y el pan dulce que me había comido, me preparé para sentir el aire frío en la cara y comencé a caminar sonriendo, de vuelta a casa, sintiéndome libre, con la esperanza de tener un amor sano algún día, un amor que me de y no sólo me quite, un amor que jamás se me esfume, que jamás se me escape de las manos. A ti... a ti yo ya no te quiero más. 

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sábado, 20 de agosto de 2016

Lo incestuoso

"La prohibición existe porque 
hay un deseo en el fondo que 
busca detener."
Manelander


Comencé a leer hace una semana un texto de Sigmund Freud llamado: "Tótem y tabú"; el texto inicia con un escrito titulado El horror al incesto; Freud hace una exhaustiva investigación con respecto a la prohibición del incesto en las tribus australianas en donde se considera incestuoso, no solamente a las relaciones inadecuadas con personas que poseen lazos sanguíneos, sino también a las personas que pertenecen al mismo clan, individuos que pertenecen al mismo tótem (animal, elemento natural o planta que rige la moral de cada clan).

Dentro del psicoanálisis encontramos el término "incesto" como una constante; Freud hace una referencia crucial en el complejo de Edipo, en donde surge un deseo hacia la madre y nacen sentimientos hostiles hacia el padre en etapas tempranas del desarrollo. 

Toda la teoría psicoanalítica nos hace cuestionarnos al respecto y, créanme que para muchas personas hablar de este tipo de temas es sumamente conflictivo y aversivo; lo incestuoso, esta acción que luce tan aberrante pero que tiene una existencia constante en el inconsciente de cada ser humano, es uno de los temas más escabrosos de la humanidad. 

Me vino la idea de escribir este texto debido a que hace unos días encontré en una de mis redes sociales una nota de Estados Unidos sobre una madre y un hijo que se "enamoraron" y comenzaron una relación incestuosa; según la noticia, madre e hijo están en espera de su sentencia ya que el incesto es ilegal en todo el país. La pregunta llegó a mi cabeza de inmediato: ¿en qué momento la barrera moral que detiene el incesto se rompió entre estos dos sujetos?

Lo incestuoso traspasa las barreras sanguíneas, biológicas, emocionales y morales; parece entonces un intento por romper cualquier límite existente. Es un desafío, una agresión, transgresión. 

No pude evitar pensar en los pasados dolorosos de estos dos sujetos, en el sufrimiento que sus heridas les han ocasionado, pero no el sufrimiento de no poder estar juntos debido a la ley, sino el sufrimiento que los llevó a tal transgresión. El incesto es una prohibición moral, interna y externa, se toma en cuenta como una aberración, como una transgresión, como una violación a la fluidez natural. Pienso yo que el incesto es algo inadecuado porque la cercanía excesiva con el objeto o con los objetos primarios, esos que se atan a nosotros a través de la sangre, sugiere una inhibición total a la búsqueda de asuntos humanos internos cruciales como la independencia, la creación del constructo familiar externo, la separación sana y adecuada de la protección del yugo familiar, etc. 

Lo incestuoso permanece y permanecerá en nuestro inconsciente como un recordatorio de la censura, de lo que resulta repulsivo, inadecuado o aversivo ante nuestros componentes sociales, emocionales y psicológicos. Las transgresiones de tal magnitud, pienso yo, hablan de una vulnerabilidad, de cierta debilidad interna, de una fragilidad que permite que lo inconsciente cumpla con cualquiera de sus deseos. 

(NOTA IMPORTANTE: Estimados lectores, atendiendo un poco más mi pasión por la escritura y por mi profesión: la psicología, he decidido atender peticiones para hablar sobre temas de los que a ustedes les gustaría que yo escribiera o diera mi opinión. Con gusto atenderé sus sugerencias y peticiones en la medida de mis posibilidades; de la misma forma si desean recibir algún consejo pueden escribirme al mail: mane.landerpi@gmail.com o si no es necesaria la privacidad o el anonimato entonces pueden dejarme todo en los comentarios de cualquiera de mis textos. Saludos y gracias por su amable atención.)

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martes, 16 de agosto de 2016

Exhausto

"Exhausto es el amor no correspondido;
te cansa el corazón, el alma, el cuerpo
y la vida entera."
Manelander


Nada puede ser para siempre, ni siquiera las ganas de amar a alguien; el cariño se evapora cuando el otro no otorga algo en retribución. Porque esperamos algo, siempre lo hacemos, decir que no hay que esperar nada a cambio es engañarse, es vivir en la mentira; esperamos siempre algo del otro, está en nuestra naturaleza emocional y psíquica el deseo de ser correspondidos, de que el otro nos ame, de que nos otorgue placer y satisfacción. 

Siempre desearemos una parte del otro, una que sea nuestra, que nos haga sentirnos dueños de algo que antes no era nuestro, algo que no pueda pertenecer a nadie más; así nacen los apegos, tan dolorosos, pero tan comunes en la vida humana. 

Dar sin recibir provoca un cansancio interno del que no podemos escapar. No ser correspondidos nos desgasta, nos consume, porque nos vaciamos totalmente sin recibir algo que compense nuestro desprendimiento interno, ese que se da cuando estamos enamorados, ese desprendimiento de nosotros mismos, ese abandono de nuestro propio ser que se produce para acercarse al otro. 

Me he encontrado con muchas personas que fingen no esperar nada de nadie, que piensan que las cosas saben mejor cuando das sin esperar recibir nada a cambio; la psicología nos comprueba que siempre esperamos algo a cambio, pero el punto no es ese, el punto es que podemos dar "sin esperar" algo a cambio, pero si nunca recibimos nada, si, al contrario, somos una fuente de la que constantemente se extraen emociones y deseos que el otro necesita y que encuentra fácilmente en nosotros, entonces hemos de agotarnos, de vaciarnos. 

Aunque creamos a veces que es así, los seres humanos no somos recursos inagotables. Necesitamos de otros, se sus sentimientos, de sus afectos, de sus modos para complacernos, para satisfacernos, para continuar funcionando. 

Pienso yo que vivir es un ciclo en el que se da y se recibe. ¿Es cansado, no creen? Dar siempre y sentir cómo una parte de ti grita por cariño, afecto, placer, satisfacción, etc., pues no podemos vivir la vida entera con el objetivo ciego de dar sin "esperar nada", nada que nos llene, que nos estimule, que nos haga sentir que también somos parte de este juego en el que a todos debería de tocarnos un pedacito de algo, de todo. Vivir entregándole al otro todo de nosotros es exhausto y, por desgracia, terminaremos negándole incluso nuestros pensamientos cuando el cansancio se haga insoportable. 




(NOTA IMPORTANTE: Estimados lectores, atendiendo un poco más mi pasión por la escritura y por mi profesión: la psicología, he decidido atender peticiones para hablar sobre temas de los que a ustedes les gustaría que yo escribiera o diera mi opinión. Con gusto atenderé sus sugerencias y peticiones en la medida de mis posibilidades; de la misma forma si desean recibir algún consejo pueden escribirme al mail: mane.landerpi@gmail.com o si no es necesaria la privacidad o el anonimato entonces pueden dejarme todo en los comentarios de cualquiera de mis textos. Saludos y gracias por su amable atención.)

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"Desgarrador"

miércoles, 10 de agosto de 2016

El primer amor

"El primer amor es eso que todos tenemos,
 disfrutamos, pero que por algún motivo
 nunca podremos conservar."
Manelander



Mis queridos lectores, he estado pensando los últimos días sobre el primer amor. Estoy seguro de que al leer "primer amor" la imagen de una persona se aparece en su cabeza, se dibuja en su mente un rostro, un nombre, arrastrado por su memoria al presente, quizá desde un baúl de recuerdos refundido en nuestro cerebro desde hace muchísimos años. El primer amor merece un texto sencillo pero no por ello poco importante. 

El amor que llega primero es el más puro porque llega a llenarnos cuando estamos vacíos, es el más doloroso porque nos desgarra por primera vez el alma, pero la anestesia de la inexperiencia nos alivia de inmediato.

Hay amores simples, sin complicaciones, sin dramas, sin sangre corriendo a nuestros pies constantemente; por lo general esos amores son los primeros, los que llegan anunciándose como el principio de un largo, larguísimo recorrido emocional en nuestra vida. Me parece que el primer amor es aquel con el que nos ilusionamos por primera vez, nos vemos casándonos, con hijos, una casa bonita y un perro jugando en la alberca con los niños mientras preparamos hamburguesas y bebemos cerveza con los amigos; es una pena que el primer amor, irónicamente, cause una ilusión tan grande y termine por no cumplirse, en la mayoría de los casos, no en su totalidad. 

El primer amor es aprendizaje; nos enseña cómo amar, cómo querer y cómo perder eso que se ama y superar dicha pérdida. 

Después del primer amor vendrán más, a veces muchos más, hasta que uno sea verdadero y, por qué no, permanente. El primer amor no necesariamente es el definitivo y marcará la pauta a nuestra "paleta de colores" en el amor; sí, el primer amor es el comienzo de nuestros matices emocionales y amorosos, el primer amor es el primer color con el que se pinta nuestro corazón, creemos que después de él ya no hay nada, que después de él no necesitamos a nada, ni a nadie; si pudiéramos adivinar el futuro nos enteraríamos, graciosamente, de que el primera amor es una pequeña muestra de todo lo que está por venir; lágrimas por llorar, placeres por probar, sonrisas que mostrar, alegrías que irradien más luz que el sol y pérdidas tan dolorosas que harán sentirnos que aquel primer amor no es nada, aunque lo será todo, será nuestra base, nuestro principio como amantes, como objetos de deseo amoroso. 


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martes, 2 de agosto de 2016

Brooklyn y su dulce romanticismo

“Sentirás tanta nostalgia que te querrás morir, 
y no hay nada que puedas hacer al respecto, 
salvo aguantar. Pero lo harás, y no te matará. 
Y un día saldrá el sol. Quizá no lo notes de
inmediato, pero será esa sensación. Y luego
te darás cuenta de que estás pensando en 
algo más, en alguien que no tiene ninguna
conexión con el pasado. Alguien que es 
sólo tuyo. Y te darás cuenta de que aquí es
donde está tu vida.”
"Brooklyn" (2015)

Mis queridísimos lectores, al fin he podido sentarme a escribir sobre esta encantadora película que, continuando con lo mejor que he visto en el año, ha estado aguardando en mi lista de entradas para el blog desde principios de año, después de verla participar dignamente en las nominadas al Oscar como mejor largometraje. Particularmente, Brooklyn se encuentra en mis tres primeros lugares de la lista de nominadas; es mi tercera favorita después de Room y The Revenant, increíblemente arriba de la gran triunfadora Spotlight, y ahora les explicaré el porqué. 

"Desorbitada y dulcemente nostálgica, Brookyn lleva el melodrama a un nuevo nivel de tranquilizadora simplicidad con una transparencia emocional".
(Washington Post)

Brooklyn está basada en la novela homónima del escritor irlandés Colm Tóibín; la historia trata de un fragmento de la vida de Eilis Lacey (Saoirse Ronan) en la década de 1950. La historia cambia de escenario en varios momentos, pues comienza en Irlanda y, por cuestiones de la vida, nuestra protagonista deberá dejar su país y a su familia para buscar una mejor vida en Estados Unidos, en Brooklyn, Nueva York, para ser exactos. La joven Eilis conocerá la libertad y probará, encantadoramente, las mieles del enamoramiento. Por azares del destino, ese que llega a ser cruel, Eilis deberá volver a Irlanda y encargarse de su madre, una mujer depresiva con un moralismo arraigado y conservador que intentará hacer que su hija se quede nuevamente en casa; pero existirá un gran inconveniente, Eilis estará atada a Brooklyn a través de ese lazo invisible y casi indestructible llamado amor. 

"Si tú anhelas hacer un viaje sentimental, Brooklyn es el destino perfecto".
(Austin Chronicle)

Existe una dualidad en Brooklyn que es el motivo que me hace colocarla en un lugar tan importante; se trata de este proceso de cambio por el que pasamos casi todos los seres humanos, este gradiente de matices sorprendente. Irse de casa con la nostalgia atorada en las entrañas, en busca de motivos para crear una vida independiente, con una resistencia impresionante a crear algo nuevo, a crear nuestro propio camino, y después ¡bam! los motivos llegan sin darnos cuenta y las ganas de retornar a nuestro pasado se desvanecen, y entonces descubrimos que nuestro hogar ya no está lejos, está ahí, en ese lugar nuevo, con esas nuevas personas. Irse y querer volver, aguantar, y después, mágicamente, querer quedarse. 

El filme tiene este tinte que me gusta encontrar en películas de este género; se trata de ese color pastel con el que tiñen los postres en las tiendas de repostería y café. Brooklyn nos hace sentir la nostalgia del "dejar atrás" para construir algo nuevo y mejor, y después, nos hace sentir el cambio brusco de haber dejado atrás todo y no querer dejar atrás lo nuevo, qué interesante, ¿no creen? 

"Brooklyn nos agarra, nos sujeta y nos mueve a su gusto. Emocionalmente, asesina".
(Wall Street Journal)

Podemos ver a una muy bien plantada Saoirse Ronan, que nos ha sorprendido con este toque que nos recuerda a las actrices de antaño en una época que rebasa lo mágico y lo romántico; nos lleva de la mano por los caminos de la nostalgia, la melancolía, el enamoramiento y el duelo. Con un elenco que lo transforma todo en emociones, Brooklyn es una obra de arte que no pueden perderse, mis lectores queridos, sobre todo aquellos que gustan tanto del cine como yo. Con un guión de Nick Hornby y bajo la magnífica dirección de John Crowley, Brooklyn obtuvo tres nominaciones en los premios de la academia del año en curso (mejor película, mejor actriz y mejor guión adaptado); esperemos que pronto una película de este género se lleve la estatuilla y que nuestra querida Saoirse Ronan logre alcanzar mayor éxito con nuevas actuaciones que nos dejen enganchados, tal y como lo hizo con la dulce Eilis Lacey. 





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lunes, 1 de agosto de 2016

Contigo yo...

"Me quedo aquí, me duermo aquí,
despierto aquí, sueño aquí, todo
aquí... contigo."
Manelander


Pasaba de media noche y no podía dejar de pensar en él, en sus manos, en sus labios, en su sonrisa. Me levanté de la cama y tomé uno de mis diarios y comencé a escribirle una carta, una de esas que nunca serán enviadas pero que funcionan para descargar todo el tormento interno. 

Ya estás demorando demasiado, demasiado en verdad, en salirte de mi cabeza, de mis pensamientos; pero te tengo una noticia: no quiero. Así es, no quiero que te vayas, no quiero olvidarte, no quiero que me dejes, no quiero perderte. Te conservo y te conservaré para siempre y por siempre, porque contigo yo soy otro, soy nuevo, soy diferente, contigo yo puedo vivir, puedo sonreír, contigo yo respiro y soy feliz. 

Inhalé profundo, observé por la ventana y vi al viento, sí, lo veía siempre, porque uno puede verlo cuando las hojas de los árboles se mueven, ese es él y yo siempre podía verlo. Recordé la última vez que nos abrazamos, no el viento y yo, sino él y yo. Supongo que gran parte de los humanos sobre este planeta han sentido alguna vez esas ganas de vivir la vida entera entre los brazos de alguien; nacer ahí, crecer ahí y morir ahí. Tomé de nuevo la pluma y continué escribiendo:

Tú me completas. Contigo no hay guerra, sólo paz, contigo no hay odio, sólo amor, contigo abro los ojos a un mundo que nadie más puede ver, contigo yo camino, corro, vuelo, existo. Así que no, no dejaré que te vayas o que te esfumes de mi cabeza. Te quedas conmigo, me quedo contigo, nos quedamos juntos, hasta el final. 

Ya tenía cierta experiencia en escribir ese tipo de cartas, ya tenía experiencia en escribir algo para alguien en la lejanía. Se lo enviaba a través de los latidos de mi corazón, a través del viento, allá afuera, enredándose entre las hojas y las ramas, me haría aquel favor, gustoso por supuesto, eramos amigos desde hacía ya muchos años, el viento y yo, y él me solapa todo, me cumple mis caprichos más profundos, mis deseos más bizarros, esos que me salen desde el enamoramiento y el placer. Él, mi destinatario, no me leería en el papel y la tinta, él me leería en su corazón, al ritmo de mis latidos, y en sus pensamientos, gracias al susurro del viento, mi amigo. 


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