sábado, 20 de agosto de 2016

Lo incestuoso

"La prohibición existe porque 
hay un deseo en el fondo que 
busca detener."
Manelander


Comencé a leer hace una semana un texto de Sigmund Freud llamado: "Tótem y tabú"; el texto inicia con un escrito titulado El horror al incesto; Freud hace una exhaustiva investigación con respecto a la prohibición del incesto en las tribus australianas en donde se considera incestuoso, no solamente a las relaciones inadecuadas con personas que poseen lazos sanguíneos, sino también a las personas que pertenecen al mismo clan, individuos que pertenecen al mismo tótem (animal, elemento natural o planta que rige la moral de cada clan).

Dentro del psicoanálisis encontramos el término "incesto" como una constante; Freud hace una referencia crucial en el complejo de Edipo, en donde surge un deseo hacia la madre y nacen sentimientos hostiles hacia el padre en etapas tempranas del desarrollo. 

Toda la teoría psicoanalítica nos hace cuestionarnos al respecto y, créanme que para muchas personas hablar de este tipo de temas es sumamente conflictivo y aversivo; lo incestuoso, esta acción que luce tan aberrante pero que tiene una existencia constante en el inconsciente de cada ser humano, es uno de los temas más escabrosos de la humanidad. 

Me vino la idea de escribir este texto debido a que hace unos días encontré en una de mis redes sociales una nota de Estados Unidos sobre una madre y un hijo que se "enamoraron" y comenzaron una relación incestuosa; según la noticia, madre e hijo están en espera de su sentencia ya que el incesto es ilegal en todo el país. La pregunta llegó a mi cabeza de inmediato: ¿en qué momento la barrera moral que detiene el incesto se rompió entre estos dos sujetos?

Lo incestuoso traspasa las barreras sanguíneas, biológicas, emocionales y morales; parece entonces un intento por romper cualquier límite existente. Es un desafío, una agresión, transgresión. 

No pude evitar pensar en los pasados dolorosos de estos dos sujetos, en el sufrimiento que sus heridas les han ocasionado, pero no el sufrimiento de no poder estar juntos debido a la ley, sino el sufrimiento que los llevó a tal transgresión. El incesto es una prohibición moral, interna y externa, se toma en cuenta como una aberración, como una transgresión, como una violación a la fluidez natural. Pienso yo que el incesto es algo inadecuado porque la cercanía excesiva con el objeto o con los objetos primarios, esos que se atan a nosotros a través de la sangre, sugiere una inhibición total a la búsqueda de asuntos humanos internos cruciales como la independencia, la creación del constructo familiar externo, la separación sana y adecuada de la protección del yugo familiar, etc. 

Lo incestuoso permanece y permanecerá en nuestro inconsciente como un recordatorio de la censura, de lo que resulta repulsivo, inadecuado o aversivo ante nuestros componentes sociales, emocionales y psicológicos. Las transgresiones de tal magnitud, pienso yo, hablan de una vulnerabilidad, de cierta debilidad interna, de una fragilidad que permite que lo inconsciente cumpla con cualquiera de sus deseos. 

(NOTA IMPORTANTE: Estimados lectores, atendiendo un poco más mi pasión por la escritura y por mi profesión: la psicología, he decidido atender peticiones para hablar sobre temas de los que a ustedes les gustaría que yo escribiera o diera mi opinión. Con gusto atenderé sus sugerencias y peticiones en la medida de mis posibilidades; de la misma forma si desean recibir algún consejo pueden escribirme al mail: mane.landerpi@gmail.com o si no es necesaria la privacidad o el anonimato entonces pueden dejarme todo en los comentarios de cualquiera de mis textos. Saludos y gracias por su amable atención.)

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