miércoles, 21 de septiembre de 2016

Respetable Dr. Freud (I)

Respetable Dr. Freud:
Me he atrevido a escribir esta carta con la ilusión de una respuesta suya que logre satisfacer mis ganas de recibir su consejo y opinión con respecto a varios asuntos de la vida que me hacen ruido constantemente. 

He iniciado mi formación psicoanalítica con la esperanza de poder ver y entender el mundo de una manera intensa y profunda, poco común debo agregar. He sentido una pasión desbordada por la psicología desde mi adolescencia, y pienso, sin temor a equivocarme, que el psicoanálisis me otorga una cantidad importante de satisfacciones personales y profesionales. 

He leído muchos textos de su autoría y todos, sin excepción, me han parecido sumamente interesantes y dignos merecedores de análisis y debate. Su teoría, simplemente, es una de las teorías de la mente humana más famosas y renombradas. Al respecto, a veces tengo la sensación de que todo tiene un sentido oculto del que la gran mayoría de los seres humanos somos ajenos. No puedo evitar ver a las personas caminar por la calle, pensativas, envueltas en sus propios conflictos y, muchas veces, también en los de sus seres cercanos; las mujeres descuidadas físicamente, los hombres obesos, los niños con infancias insípidas o violentas, las personas neuróticas y tantos más que se suman a una lista enorme de cuestiones que pueden llegar a preocuparme. El amor, tal parece, es el tema que más me intriga; existen tantas variaciones en la vida amorosa de las personas que he llegado a pensar que casi todos logran confundirlo con otro tipo de sentimientos o emociones. Son esas familias disfuncionales y esas parejas que viven bajo una eterna tormenta las que me hacen confundirme, y pienso entonces que el amor es escaso, porque no logro verlo siempre en todas partes, como quizá debiera. 

No pretendo extenderme más, por ahora me queda la satisfacción de haber enviado esta carta a una persona tan importante. Esperaré ansioso su respuesta y, en caso de recibirla, no dudaré en volver a escribir. Gracias por su tiempo para leerme. Su admirador: 

Psic. Mane Lander

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Estimado Psic. Mane Lander:

He de confesarle que me siento profundamente halagado a través de tantos cumplidos que me hace usted en su carta. Por favor, siéntase libre de escribir cuando le plazca; la correspondencia es una forma nutritiva de construir lazos importantes. 

Con respecto a la teoría psicoanalítica, no puedo asegurarle que posea la respuesta a todas las preguntas de la humanidad, pero sí posee el intento importante que se requiere para entendernos mejor a nosotros mismos. Esta construcción tan profunda ha nacido de la necesidad que mantengo de querer entender el origen de todo; no podría pensar más semejante a usted, pues nada en este mundo puede resultar completamente casual o azaroso, aunque ya verá que también existen situaciones o acciones de la vida humana que ocurren sin que las entidades psíquicas intervengan del todo; accidentes, diría yo. 

La humanidad ha construido su propia destrucción; ha leído bien, "construido", porque hemos orquestado todo un planeta con el objetivo primario y simple de llegar a nuestra propia destrucción. ¿No le parece que entre más tiempo pasa, más nos acercamos al final como especie? Y es que como podrá darse cuenta, en todo, hay finitud. Nada puede ser para siempre en la Tierra, nada puede ser eterno. Por los motivos anteriores he de pensar que existe una parte oculta en la mente humana que desea auto-destruirse, y no habrá mayor acierto de la naturaleza. Así, las personas vivimos vidas enfermas, algunas tan colmadas de síntomas que su recuperación se encuentra demasiado distante; ya irá descubriendo los rincones de la psique conforme avance en su trabajo psicoanalítico, uno que requiere esfuerzo y paciencia. Del amor, por cierto, podríamos escribir cartas enteras y jamás llegar a una conclusión acertada; pero lo que sí puedo decirle es que el amor ha de encontrarse en todos lados, sí, pero en presentaciones distintas, a veces tan distorsionadas que lo que otros podemos reconocer es algo demasiado distinto a nuestra concepción conocida de amor. Las personas aman, muchas veces, de maneras enfermas. 

Me despido, no sin antes decirle que cuenta con todo mi apoyo en su formación psicoanalítica y, que mejor forma de avanzar en aquel camino que consultar a quien lo creó. Mis sinceros saludos. 

Atentamente: 
Dr. Sigmund Freud 

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