miércoles, 7 de septiembre de 2016

Sexo y tabú

"Lo único que me parece enfermo
en este mundo es hacer del sexo
algo enfermo."
Manelander




Mis queridísimos lectores, hoy les traigo un conjunto de letras que, una vez más, se sumergen en el mar del erotismo y la sexualidad. Y es que esto se me ha venido a la cabeza por dos razones: la primera de ellas es que estoy leyendo una obra de Freud llamada Tótem y tabú, en donde básicamente, el padre del psicoanálisis explica ambos conceptos como un manifiesto de sus influencias primitivas en la cultura actual y su influencia en el inconsciente del hombre contemporáneo; vaya texto tan suculento a la lectura. La segunda razón es algo más "personal", porque, de nueva cuenta, he tomado una experiencia de vida como fuente de inspiración para regalarles este texto; y es que hace unas semanas conocí a un chico que, en principio, me dejó muy claro que sus intenciones no eran sexuales. No tuve ningún problema al respecto, en realidad entendía la situación de aquel muchacho. Sin dar más detalles, al final, todo resultó catastrófico, pues cada vez que yo hacía algún tipo de comentario relacionado con la vida sexual en general, aquel chico estallaba en reclamos y me atacaba, de manera agresiva, argumentando que lo único que yo buscaba de él era un simple acostón (tener relaciones sexuales). Era sorprendente para mí este tipo de "paranoia sexual", pues el muchacho sentía que todo el mundo quería llevarlo a la cama, y peor aún, que el sexo era algo peligroso debido a las enfermedades y a la falta de sentimientos que las personas en la actualidad cargaban consigo. Para él, el sexo "casual" era un atrevimiento, un descuido y una falta de buen juicio. 

Todo miedo o aversión encubre un deseo profundo que es inhibido y desplazado hacia otros objetos, a través de formas que probablemente sean inadecuadas para el sujeto. 

En algún punto, aquel joven argumentó que era una persona precavida y que por eso no tenía relaciones sexuales, que eso lo hacía responsable y que se sentía "muy bien" viviendo de ese modo. Yo, por supuesto, no pude evitar comenzar a analizar la situación. 

El muchacho en cuestión tenía un diagnóstico psiquiátrico relacionado con el estado de animo. Como psicoanalista en formación pude obviar en mis pensamientos que era evidente, para mí, que no vivía "muy bien" como decía, al contrario, siempre me daba la impresión de tratarse de una persona angustiada y con miedo. Por supuesto, esa aversión a la sexualidad en realidad esconde un deseo a dicho contacto, pero es un deseo reprimido, atado por las fuerzas psicológicas internas, por alguna razón que desconozco pero que seguramente tiene que ver con su historia familiar y los asuntos de su infancia temprana. Al final hubo una conversación algo subida de tono y pude notar ahí su deseo de algún tipo de contacto sexual, ese deseo que lleva atrapado durante mucho tiempo, pero, por supuesto, el inconsciente jamás permite al humano actuar a sanamente si hay asuntos importantes sin resolver, así que la conversación terminó siendo un desastre, el joven comenzó a atacarme y a culparme de la conversación y me colocó el papel de agresor y él se adjuntó el de la víctima. Terminó por desaparecer y bloquearme de todo medio de comunicación posible bajo el argumento, equivocado y totalmente fantasioso, (como desde el principio) de que yo solamente lo veía como un objeto sexual. 

El punto de todo esto es que en el mundo aún se considera el tema sexual como una práctica indigna, impropia o insana, es decir, tabú. Pero debemos reconocer que inhibir la práctica o el deseo sexual, siendo inherente a la naturaleza humana, es un estado contrario al flujo natural. El deseo sexual está en cada ser humano, no importa la cultura, el lugar o el momento histórico; todo ser humano tiene deseos sexuales, incluso aquellos con capacidades mentales y físicas distintas. Nada es un impedimento para los instintos. 

Hablar de sexo, analizarlo, desearlo y practicarlo son asuntos que debería considerarse comunes y que, por supuesto, generan una satisfacción en cada persona.

El sexo está en todas parte porque está en nosotros. No puedo, entonces, encontrar un regalo mejor desde la naturaleza hacia la vida humana que la capacidad y la facilidad para encontrarnos con el otro en una explosión de placer carnal. Hablemos de sexo, hablemos de orgasmos, hablemos de todas esas cosas que nos da miedo pronunciar, inclusive. 

Pienso que no hacer algo no es ser precavido, no hacer algo es simplemente inhibir; ser precavido es llevar a cabo acción con uso de responsabilidades que pongan en menor riesgo nuestra existencia. Hay una diferencia abismal entre tomar precauciones e inhibir nuestras acciones por temor o por angustia. Siempre habrá una razón en las profundidades de nosotros mismos y, del mismo modo, siempre habrá una manera en la que lo reprimido salga a la luz de maneras inadecuadas. 

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