jueves, 6 de octubre de 2016

Inspiro

"Entendí la vida de una forma más
adecuada, tanto la entendí que pude
compartir mi entendimiento con
otros, y ayudarlos."
Manelander


El último año ha sido un camino lleno, llenísimo de experiencias nuevas e impactantes. La importancia de todo lo que me ha acontecido durante el último año radica en los cambios que han ocurrido en mí, cambios internos; el mundo sigue siendo el mismo, con sus ritmos y sus demandas, pero soy yo quien ha cambiado. Todos estos cambios me han permitido ver el mundo con otros ojos, unos ojos que son capaces de entender la angustia, la enfermedad y el conflicto. Ahora soy una persona mucho más tolerante al caos, a la pérdida y a la frustración, ahora puedo tener relaciones interpersonales mucho más adecuadas y tengo la capacidad emocional de soportar la cercanía, aunque se trate de personas indeseables. Puedo tomar decisiones con mayor independencia, con mayor tajo, porque ahora me coloco yo como prioridad y eso me hace poder amar o querer a otros saludablemente. 

Entenderse uno mismo es, indudablemente, obtener la capacidad de poder entender a los demás.

Todos estos cambios pareciera que inspiran algo en las personas que me rodean; desde las personas que he conocido recientemente hasta aquellas que llevan años en contacto conmigo. Y me pregunto: ¿por qué?. Las personas me cuentan partes de sus vidas que, en principio, son dolorosas, penosas o les causan angustia. Me estoy acostumbrando a la frase "esto nunca se lo había contado a nadie, no sé porqué me inspiras confianza". Las personas (excluyendo a mis pacientes, por supuesto) me cuentan cosas por primera vez, es decir, "es la primera vez que le cuento esto a alguien". Y lo curioso de esto es que esos discursos en donde todos ellos se "descargan" en mi escucha acontecen fuera del consultorio, fuera de una relación terapéutica, en relaciones cotidianas sociales o de amistad, incluso aquellos que pretenden o pretendieron algo emocional conmigo. 

Hablar de algo interno que nos resulta importante solamente expresa nuestra necesidad de contar aquello que nos ha pesado durante mucho tiempo. 

Las personas necesitan hablar, ese es el asunto más importante que puedo rescatar de todo esto que me sucede. Las personas tienen una necesidad muy grande de contar sus cosas a alguien que pueda devolverles un consuelo acertado, una escucha placentera, un silencio permisivo y reparador, una atención casi maternal y algunas palabras de aliento que le muestren que no todo es tan terrible como parece, que el mundo sigue girando a pesar de los tormentos de la vida. Hacer sentir a alguien que no está solo es uno de los placeres más grandes en una conversación de este tipo, del tipo inspirador. 

He conocido a muchas personas que inspiran confianza también, que tienen el "talento" para sentarse a dar consejos y más consejos, pero que al final defraudan a quien les buscó para ser escuchados con su aburrimiento, su hartazgo, su forma complicada de ver la vida y su incapacidad para quedarse con los argumentos, o sea, el atributo terrible de ir y contarlo a muchas personas más en calidad de rumor o de burla. Yo antes fui así, negarlo sería retroceder. 

No me molesta que las personas me cuenten sus asuntos, al contrario, soy capaz de poder soportarlos y retribuirlos con algo aliviador, aunque mi consejo final siempre es: toma terapia, verás que todo esto que hoy me has contado toma otro sentido. Procuro enviar a las personas con colegas a tratamiento psicoterapéutico para que puedan hacer el ejercicio de sus discursos, de sus pláticas, de una manera correcta y constante, pues aunque tengo la capacidad, no siempre tengo la disponibilidad, ni la disposición de escuchar al mundo entero (fuera de la consulta) y eso es algo que el mundo entero ha de entender y aceptar. 

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Twitter & Instagram: @tintademane
Tumblr: manelander (La tinta de Mane)

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