miércoles, 19 de octubre de 2016

Lo alivioso

"Existen espacios vacíos que al ser
llenados con las palabras correctas
tienen un efecto alivioso." 
Manelander


Cada vez que la angustia se apodera de mí hago un berrinche del tamaño del mundo; todo pierde color, todo pierde sentido y comienzo a irritarme, a irritar a los demás. Hiperventilo emocionalmente para colapsar, creo en mi interior mis propias fantasías destructivas. Mi inconsciente se desata furioso por no poder obtener el cumplimiento de sus deseos más caprichosos y demandantes; es monstruoso y desde adentro crea, con su inmenso poder, una tormenta que primero nubla todos mis sentidos, todos los caminos posibles, me resta visibilidad. Después de dejarme encerrado en un punto específico, comienza a conjurar rayos y centellas que me aterran, me vuelvo vulnerable, me inunda el miedo. Está tan enojado por no permitirle hacer su voluntad que quiere lastimarme, castigarme, destruirme. Yo no sé qué hacer, soy inofensivo, no tengo poder sobre él; disfruta de mi dolor, es sádico, es hostil, porque no tiene lo que quiere en el momento que le place, porque me resisto a sus exigencias. Siento que es el fin, que no habrá nada más después de aquella tragedia, después de algún evento doloroso o de un momento de intensa incertidumbre.

Esa fuerza inconsciente, que es parte de mí también, me hace creer que no hay salida, que todo mi mundo interno se derrumba sobre mí; hace conexiones con mi duelos pasados, con mis miedos antiguos, me hiere y mete sus miles de dedos en mis heridas, las baña con su baba venenosa, que es ácida, que es amarga, que es ponzoñosa. Rasguña mis paredes y de ellas sale sangre y pedazos de mi alma, se hace un caos. Todo lo demás en mi vida deja de tener atractivo, porque por dentro estoy enfermando. Pero justo cuando siento que no puedo más, que seguir me será imposible; justo cuando esa fuerza interna disfruta de mi dolor, encuentro una luz, una propia, una que también es parte de mí. 

He de llegar a un lugar en donde alguien más observa detenidamente en mi interior, observa todo lo que acontece, cada detalle de la tormenta, del caos. Se da cuenta de que hay espacios vacíos, espacios oscuros en donde, cree sin dudar, se esconden las raíces de una cura, de un poder que pude detener aquella destrucción, que puede apaciguar a aquel monstruo aterrador. Esa cura se enciende con unas cuantas palabras, ¡pero cuidado! no puede ser cualquier frase, debe ser una acertada, como una especie de conjuro. Entonces, cuando estoy a punto de desvanecerme, su boca profiere aquellas palabras y en mi interior una chispa se enciende en la oscuridad, se hace grande cuando muchas chispas más se encienden y se unen, van en mi búsqueda, me encuentran en medio de un huracán, congelado, sin color, sin energía. Las luces me rodean y derriten el hielo que me cubre, se dirigen después hacia el monstruo aquel y lo devuelven a su cueva oscura, lo encarcelan, lo reprimen de nueva cuenta. Todo vuelve a la calma, todo se aplaca y nuevamente puedo continuar. Mis espacios vacíos se iluminan y puedo entender que yo mismo causé todo el desorden, así entonces aprendo a soportar y a entender mejor las futuras pérdidas y angustias. Puedo ver que existen salidas y caminos diversos para resolverme, para poder darme un orden y obtener calma. 

Enterarse de cosas que residen en el interior nos invita a no esperar aquello que no llegará, a tolerar la frustración, la pérdida y el miedo. Enterarse de las partes de uno mismo que antes estaban escondidas nos regala el poder de soportar el dolor, traspasarlo y hacer algo bueno con él. Descubres que el caos y la paz son siempre creaciones internas impulsadas por eventos externos, creaciones que, generalmente, pueden controlarse si se desea. Puedes saber que el monstruo aquel está formado por partes de ti mismo que se rompieron a causa de gigantescos desconsuelos y aflicciones; buscará siempre alimentarse, cumplir sus caprichos, porque es siempre doblegado e inhibido, y buscará formas astutas para liberarse y hacer su voluntad, pero habrá siempre una luz que pueda devolverlo a su lugar adecuado y que nos permitirá avanzar y ver que no todo es tan terrible como parecía; una luz que cura, que repara, que alivia. 


Twitter & Instagram: @tintademane
Tumblr: manelander (La tinta de Mane)

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