sábado, 26 de noviembre de 2016

Cine para psicólogos: La pianista de Michael Haneke

"De ahora en adelante tú mandas. 
Si quieres golpearme, hazlo."
La pianista 


Ya desde que expresé que El cisne negro es mi película favorita, muy probablemente comiencen a notar que en esta sección del blog comienzo a publicar largometrajes que tienen una trama similar. Y es que La pianista me ha robado el aliento, pues su contenido psicológico es muy nutritivo. 

La pianiste (nombre original) es una película franco-austriaca de 2001 que fue dirigida por el austriaco Michael Haneke. Es un largometraje basado en la novela homónima de Elfriede Jelinek (Premio Nobel de Literatura 2004), protagonizado por la actriz francesa Isabelle Huppert en el papel de Erika Kohut. 

La pianista debe encontrarse forzosamente en la lista de los amantes del cine; su trama es psicológicamente asfixiante, retorcida y morbosa. Logro entonces compararla con Black Swan porque encontramos un asunto edípico bastante marcado entre la protagonista y su madre, una anciana demandante y agresiva. Además, podemos disfrutar de piezas de Schubert que deleitan al oído, tal y como nos deleitamos con la banda sonora en El cisne negro, ambas con representaciones de arte bastante llamativas para el espectador que sabe apreciar los detalles. 

La pianista nos confirma que las relaciones patológicas con la madre nos conducen a la locura y a la perversión exagerada y destructiva. 

Erika Kohut mantiene una relación, digamos de carácter sexual, con un hombre que presenta cierto encanto y se siente profundamente atraído por ella. La relación en cuestión es perversa; la película nos deja ver vínculos sádicos y masoquistas en varios momentos de la trama. Antes de estas manifestaciones sexualmente perversas, podemos notar las demandas de una madre que, literalmente, enloquece a su hija hasta inhibirla y desviarla del funcionamiento mental normal de una persona adulta. 

Erika Kohut es exactamente lo que las demandas de su madre hicieron con ella en el transcurso de su vida; la deformaron, la mataron por dentro, la violó emocionalmente. 

No es una broma que para aquellos que saben apreciar el buen cine y que además gustan de los largometrajes ricos en material psicológico, La pianista se convierte prácticamente en una obligación; un filme lleno de intriga, intensidad y locura. Los detalles, los silencios y las tomas prolongadas nos hacen sentirnos aún más dentro de la historia. Una película exquisita, abundante en interpretación y sintomatología.


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sábado, 19 de noviembre de 2016

Un año escribiendo

Para ti, que has leído mis letras y me conoces a través de ellas... 

"Una vez que conocí la tinta y el papel
no pude parar, no pude detenerme; fue
una enfermedad que me invadió, una 
enfermedad que me hizo escribir hasta
el final de los días, hasta el final de mis
días."
Manelander


Mis queridos lectores, la verdad es que La tinta de Mane cumplió un año hace una semana pero no me percaté de ello y decidí que festejaría el aniversario hasta hoy. Decidí entonces escribir algunos textos para festejar con ustedes este camino que hemos recorrido juntos; ustedes leyendo cada texto y yo sintiendo sus ojos pasarse sobre mis líneas en el fondo de mi corazón de escritor. 

Escribir es mi aire, mi oxigeno, mi nutriente más esencial, es mi sexto sentido, la única manera que he encontrado para sobrevivir a mis guerras internas. Escribir es hacer de mis demonios algo menos destructivo; escribo para desahogarme, escribo para sentir más de lo que me puedo permitir cada día, escribo porque si no lo hiciera moriría. El placer de ponerle palabras a mis pensamientos y emociones no tiene comparación; soy adicto al goce de escribir y al goce de sentir como otros gozan de él. 

Sin las letras no soy nada, sin sus ojos leyéndome no soy nadie, sin mis líneas yo, simplemente, no existo.

Ha sido un año lleno de experiencias que han estimulado mi inspiración, me han hecho crecer como escritor entre un mar de angustias, duelos y pérdidas, y un huracán de placeres, satisfacciones y sueños. Un año entero en el que perdí demasiado pero la recompensa ha sido mucho mayor. No me arrepiento de nada de lo sucedido, no me arrepiento de una sola de las palabras que dije, de las palabras que callé; escribir se volvió crucial este año, escribir se volvió mi todo, mi más, mi siempre. 

Te agradezco a ti, lector, por seguirme en el camino de las letras, en este camino que de pronto se torna oscuro, lúgubre o falto de esperanza, pero otras es brillante como el sol y placentero como el sabor del chocolate caliente en una noche de invierno. Te agradezco tanto por llegar a este momento tan importante para mí, porque sin ti, quien quiera que seas, donde quiera que te encuentres, yo no escribiría, porque cada lector me impulsa, me incita a vomitar mis pensamientos en forma de palabras, a transformar lo que siento en símbolos que permitan transmitir. 

Es que escribir me llena, me alimenta, me sacia, me calma, me ayuda, me alivia, me aplaca, me tranquiliza, me cura, me repara, me arma, me elabora, me enseña, me empuja, me hace, me crea...

Espero de verdad que este espacio, que es para ti, querido lector, crezca cada vez más y que juntos, a través de la pantalla de tu dispositivo, podamos conectarnos y entendernos. Aquí seguiré, en este mismo lugar, por ahora, moviendo mis pensamientos para hacerlos fluir hacia el exterior. 


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miércoles, 16 de noviembre de 2016

Bestial

"La cama se vuelve una cámara de tortura
a veces, y se disfruta, y se ruega por más."
Manelander



No todos, pero algunos días, te levantas con una especie de espíritu poseyéndote desde el interior; se mueve silencioso entre tus entrañas, se desliza entre tu alma y tu piel y llega a tus oídos y te susurra cosas perversas e impropias. Intentas no hacerle caso pero es insistente; un fuego insoportable arde dentro y no tienes idea de qué sucede la primera vez. Llega la noche y todo se vuelve más oscuro de lo normal, tu piel se enciende en llamas cuando el otro apenas te ha rozado con la punta de los dedos. El espíritu aquel se apodera totalmente de ti y te transforma, te hace algo que no es humano, que es feroz, que está hambriento de piel, de dolor, de castigo; es retorcido, siniestro, bestial. 

Y resulta tan fácil incendiar al otro, cuando te toca se prende en llamas y no puede dejar de disfrutarlo, igual que tú.

Y aparecen sogas y otros objetos de metal y plástico que te encierran en la habitación, te atan, literalmente. Comienzas a sentir un dolor que es placentero, un placer que se vuelve doloroso. Todo pierde sentido, el tiempo se detiene y no puedes evitar no disfrutarlo; ya no eres tú, eres el espíritu hambriento de dolor, pues es él quien, malévolamente, transforma cada golpe, mordida y vejación en placer, un placer que pocos pueden alcanzar. 

Viajas hacia las profundidades de los placeres carnales, te encuentras con todo aquello que antes te fue negado, te fue prohibido por la moralidad y la restricción de la cultura. Te arrastras entre la brea pecaminosa del sentir con la piel y los músculos, te retuerces de placer entre la tortura del movimiento del otro. Y entonces sientes un golpe, sientes otro, otro más, más fuertes, más dolorosos, y no puedes moverte, y te quejas, y no puedes detenerle, no puedes tú mismo detenerte. 

Todo estalla justo en medio del dolor y del placer. Todo termina después de quejarte tanto, de pedir más y evitar pedir el alto total.

El espíritu ya obtuvo lo que quería y se marcha, te deja un recuerdo en la piel, su firma; mordidas, hematomas y marcas. Él volverá, cuando creas que lo has olvidado todo, te poseerá de nuevo y te arrastrará nuevamente al infierno de los placeres prohibidos. Una vez que está en ti volverá siempre, hasta el fin de tus días... más vale acostumbrarse. 


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Textos relacionados:

"Vincular"
"Sexo y tabú"
"Sexo con la muerte"


domingo, 13 de noviembre de 2016

Vincular

"Un buen vínculo es una conexión que no
duele, que no angustia, que no desespera."
Manelander


Mis queridos lectores, ya sé que he estado algo ausente, pero en verdad les prometo que sentarme a escribir se ha convertido en un momento bastante espaciado; me ha sido difícil encontrar el momento para hacerlo de forma adecuada. Pero bueno, hoy quise hablarles de algo que ha estado en mi cabeza durante largo tiempo y que, casualmente, se ha colado entre mis conversaciones con bastante frecuencia. Hablar de vínculos afectivos ha sido un tema muy recurrente en mis días. Y es que hablar de vínculos afectivos o emocionales siempre es un camino sin fin. 

Las personas necesitamos hablar mucho de cosas que nos angustian, porque hablarlo una y otra vez nos hace conscientes, cambiamos las versiones, acomodamos las ideas, tomamos acción en algún punto. 

Vincular afectivamente es simplemente tener una relación con otro. El vínculo afectivo incluye emociones, pensamientos y acciones, pero resulta que los seres humanos casi siempre insistimos en hacer vínculos inadecuados, sobre todo cuando de relaciones amorosas se trata. Existe en nosotros una necesidad de sabotaje, de entrar a zonas seguras que no representen una gran amenaza; en pocas palabras nos gustan, inconscientemente, los vínculos poco funcionales, hirientes y destructivos. 

Un vinculo adecuado se gesta con calma y fluidez; las cosas se van construyendo solas y van tomando su lugar adecuado sin presiones, sin ansiedades y sin hartazgos. Los buenos vínculos toman un poco de tiempo, pero no demasiado, y van demostrando cierta estabilidad conforme se avanza. Los vínculos inadecuados, contrariamente, son absorbentes, son desgastantes y están atiborrados de angustia, incertidumbre, deshonestidad y falta de confianza. Los vínculos inadecuados lastiman y nos encierran en círculos viciosos de los que nos resulta complicado poder salir; son adictivos y guardamos la falsa esperanza de que las cosas cambien un día y lo que siempre ha sido desgastante y doloroso un día se convierta en algo adecuado, sano y correspondido. 

Los buenos vínculos exigen paciencia y se cocinan a fuego lento; es su aroma lo que nos incita a querer probar después, una vez cocinado el asunto, su delicioso sabor.

Vincular es un esfuerzo que se compensa, si es adecuado, con el cariño que el otro puede proporcionarnos. Los vínculos inadecuados son destructivos y nos enganchamos al recibir pequeñas migajas de afecto, aquellos destellos de un intento de luz dentro de toda aquella hostil oscuridad; son esos destellos los que nos adhieren a continuar repitiendo, a esperar más y más, y olvidamos por completo las cosas buenas que podríamos otorgarle a alguien más, a un vínculo más adecuado. 

Los vínculos, como en cualquier relación, son un asunto que únicamente puede ser construido por dos, no por uno, sino por ambos. Cuando uno de los dos se resiste, por el motivo que sea, a elaborar y a madurar los lazos con el otro, entonces nada funciona y el vínculo se oxida, se pudre y se hace inadecuado, patológico y destructivo. Entender toda la cuestión de vincular con otro siempre es algo complejo, pues tendrá que ver con nuestros vínculos primarios, nuestros vínculos en la infancia, y llegar a esos puntos complicados, sofocados y dolorosos lleva tiempo y esfuerzo. Vincularemos siempre como vinculamos la primera vez en nuestras vidas y como aquellos vínculos se fueron desarrollando; no podremos hacer o dar lo que no se hizo con nosotros o se nos dio, no podemos, entonces, otorgar lo que no tenemos, no podemos mostrarle a otro lo que no conocemos. 

Los buenos vínculos también tienen limitaciones, problemas y obstáculos, pero se supera todo esto más fácil, menos dolorosamente, con la fuerza de dos y no solamente de uno.

Habrá siempre alguien que pueda ayudarnos a comprendernos, si así lo queremos, en algún momento, a hacer un buen vínculo, una relación adecuada, una relación fluida, madura y placentera; dependerá de nosotros esforzarnos para ver, apropiarnos y cuidar de los vínculos buenos. Podremos entonces, de ese modo, ver que existen otro tipo de relaciones, unas menos destructivas, menos dañinas, más placenteras, más adecuadas, y es a través del ejemplo, del dejarse demostrar, dejarse comprobar, dejarse vivir lo nuevo, como iremos entendiendo que los vínculos adecuados también son posibles y, de ese modo, dejaremos de lado lo que nos ha hecho daño durante toda la vida por medio de límites necesarios, relaciones adecuadas y consciencia de nuestros adentros. 


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Textos relacionados:

"Atado"
"Dios es bisexual"
"Sexo con la muerte"

domingo, 6 de noviembre de 2016

Atado

"Me cosí la boca con hilos de metal
para no poder abrirla, me corté la
lengua también, me até las manos
y encerré mis pensamientos en un
baúl."
Manelander



Tantas veces de sentir el rechazo, el dolor de esa herida que no terminaba nunca de curarse, tanto tiempo, tantos años, tanto esperando algo bueno, algo que pudiese ser una luz en toda mi oscuridad; esa es la vida de muchos de nosotros los humanos en ese trayecto en el que buscamos una sola cosa: el amor. 

Qué difícil ha sido encontrar el sendero correcto y, una vez ahí, mantenerse en calma. He desesperado antes y he estado a punto de destruirme; he intentado combatir las tormentas con mi intensidad y lo único que he logrado es, siempre, terminar muy herido. 

Cerré los ojos, me senté en el suelo, respiré hondo, exhalé y me quedé quieto. Arriba de mí una tormenta pasaba sin piedad, pero esta vez ni siquiera notó que yo estaba ahí y se alejó, y yo... yo pude sobrevivir esta vez.

No saber qué hacer, cómo reaccionar, hacia dónde dirigirse cuando el intento de sentir se acerca nuevamente, cuando las ganas de enamorarse reaparecen amenazantes. Una incertidumbre egoísta te desarma y te enloquece, te atrapa y te incita a sabotearlo todo, una vez más, a echarlo a perder. Nos creamos fantasías en nuestra cabeza, las peores, las más desesperanzadoras, todo con el objetivo de atraer nuevamente el caos. 

Me he cosido los labios esta vez, me he arrancado la lengua, me he cortado las manos y sacado los ojos. He hecho un baúl en mi mente y encerrado mis pensamientos para no desgastarme, para evitar autodestruirme, para evitar desordenarme otra vez, para no herirme, para no herir a otros. Ahora soy cuidadoso y camino con cautela, veo con el alma, no con los ojos. Antes de emitir alguna palabra, alguna frase, siempre analizo la idea. Quizás esta vez tampoco funcione, quizás esta vez también me quede solo como las veces anteriores, pero me juro a mí mismo que por lo menos haré un mejor intento; un intento más sano, más fuerte, más auténtico. 

Aquí vamos, una vez más, a intentarlo todo...





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Textos relacionados:

"Lo alivioso"
"Dios es bisexual"
"Exhausto"





miércoles, 2 de noviembre de 2016

Sexo con la muerte

"De mi mente retorcida salían litros
de lodo y brea; me bañé en ellos, 
me ahogué en ellos y atraje a otros
a mi reino sin luz."
Manelander


Ya dormía, eran las tres de la mañana. La temperatura comenzó a descender rápidamente y las cobijas no me eran suficientes para calentar mi piel. Sabía que llegaría, porque hacía eso cada año. Se apareció de pronto, en mi habitación, se metió entre las sábanas. Tenía una piel blanca, casi transparente, unos ojos negros como la noche sin estrellas y sin luna, y un cuerpo atlético. Llegaba solamente a tomarme; me arrancaba la ropa, me mordía y rasguñaba con sus uñas largas y descuidadas, llenas de tierra seca. Olía a humedad, a bosque, a lodo, a panteón. 

La muerte es bastante atractiva, es bastante masculina, es bastante... diferente.

Se puso entre mis piernas y me embistió monstruosamente mientras me observaba quejarme con sus ojos inundados de negrura, de vacío; disfrutaba tanto hacerme daño, llevarme hasta los límites de la vitalidad, acercándome cada vez a su mundo, y justo cuando estaba yo a punto de cruzar la línea y morir él me dejaba en paz. Terminó con media sonrisa y me dio un beso que me supo a lo que sabe el agua de un río, una manzana demasiado madura, el café frío, a té de hierbas raras, a tierra, a nada. 

Se vende el alma para obtener cosas placenteras, se sacrifica, se eligen momentos de dolor para tener momentos de placer; la vida se explica de ese modo.

Nunca decía nada después, solamente me observaba, se levantaba y desaparecía entre las sombras. Yo sabía que pasaría un año para que volviera a tomar lo que quería de mí. Teníamos un pacto él y yo; desde hacía cientos de años él volvía para poseerme y así dejarme vivir eternamente. Tenía yo más de doscientos años y aún me veía como un chico de veinte, despertaba envidia y demasiadas emociones en otros. Había visto morir a toda mi familia, a todos mis grandes amores, a todos mis amigos, pero les he de confesar que, a pesar de tanto dolor, disfrutaba vivir eternamente, disfrutaba de mi juventud eterna. 


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Textos relacionados:

"La raíz oscura"
"Sexo y tabú"
"Querer querer"