miércoles, 16 de noviembre de 2016

Bestial

"La cama se vuelve una cámara de tortura
a veces, y se disfruta, y se ruega por más."
Manelander



No todos, pero algunos días, te levantas con una especie de espíritu poseyéndote desde el interior; se mueve silencioso entre tus entrañas, se desliza entre tu alma y tu piel y llega a tus oídos y te susurra cosas perversas e impropias. Intentas no hacerle caso pero es insistente; un fuego insoportable arde dentro y no tienes idea de qué sucede la primera vez. Llega la noche y todo se vuelve más oscuro de lo normal, tu piel se enciende en llamas cuando el otro apenas te ha rozado con la punta de los dedos. El espíritu aquel se apodera totalmente de ti y te transforma, te hace algo que no es humano, que es feroz, que está hambriento de piel, de dolor, de castigo; es retorcido, siniestro, bestial. 

Y resulta tan fácil incendiar al otro, cuando te toca se prende en llamas y no puede dejar de disfrutarlo, igual que tú.

Y aparecen sogas y otros objetos de metal y plástico que te encierran en la habitación, te atan, literalmente. Comienzas a sentir un dolor que es placentero, un placer que se vuelve doloroso. Todo pierde sentido, el tiempo se detiene y no puedes evitar no disfrutarlo; ya no eres tú, eres el espíritu hambriento de dolor, pues es él quien, malévolamente, transforma cada golpe, mordida y vejación en placer, un placer que pocos pueden alcanzar. 

Viajas hacia las profundidades de los placeres carnales, te encuentras con todo aquello que antes te fue negado, te fue prohibido por la moralidad y la restricción de la cultura. Te arrastras entre la brea pecaminosa del sentir con la piel y los músculos, te retuerces de placer entre la tortura del movimiento del otro. Y entonces sientes un golpe, sientes otro, otro más, más fuertes, más dolorosos, y no puedes moverte, y te quejas, y no puedes detenerle, no puedes tú mismo detenerte. 

Todo estalla justo en medio del dolor y del placer. Todo termina después de quejarte tanto, de pedir más y evitar pedir el alto total.

El espíritu ya obtuvo lo que quería y se marcha, te deja un recuerdo en la piel, su firma; mordidas, hematomas y marcas. Él volverá, cuando creas que lo has olvidado todo, te poseerá de nuevo y te arrastrará nuevamente al infierno de los placeres prohibidos. Una vez que está en ti volverá siempre, hasta el fin de tus días... más vale acostumbrarse. 


Twitter & Instagram: @tintademane
Tumblr: manelander (La tinta de Mane)

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