domingo, 13 de noviembre de 2016

Vincular

"Un buen vínculo es una conexión que no
duele, que no angustia, que no desespera."
Manelander


Mis queridos lectores, ya sé que he estado algo ausente, pero en verdad les prometo que sentarme a escribir se ha convertido en un momento bastante espaciado; me ha sido difícil encontrar el momento para hacerlo de forma adecuada. Pero bueno, hoy quise hablarles de algo que ha estado en mi cabeza durante largo tiempo y que, casualmente, se ha colado entre mis conversaciones con bastante frecuencia. Hablar de vínculos afectivos ha sido un tema muy recurrente en mis días. Y es que hablar de vínculos afectivos o emocionales siempre es un camino sin fin. 

Las personas necesitamos hablar mucho de cosas que nos angustian, porque hablarlo una y otra vez nos hace conscientes, cambiamos las versiones, acomodamos las ideas, tomamos acción en algún punto. 

Vincular afectivamente es simplemente tener una relación con otro. El vínculo afectivo incluye emociones, pensamientos y acciones, pero resulta que los seres humanos casi siempre insistimos en hacer vínculos inadecuados, sobre todo cuando de relaciones amorosas se trata. Existe en nosotros una necesidad de sabotaje, de entrar a zonas seguras que no representen una gran amenaza; en pocas palabras nos gustan, inconscientemente, los vínculos poco funcionales, hirientes y destructivos. 

Un vinculo adecuado se gesta con calma y fluidez; las cosas se van construyendo solas y van tomando su lugar adecuado sin presiones, sin ansiedades y sin hartazgos. Los buenos vínculos toman un poco de tiempo, pero no demasiado, y van demostrando cierta estabilidad conforme se avanza. Los vínculos inadecuados, contrariamente, son absorbentes, son desgastantes y están atiborrados de angustia, incertidumbre, deshonestidad y falta de confianza. Los vínculos inadecuados lastiman y nos encierran en círculos viciosos de los que nos resulta complicado poder salir; son adictivos y guardamos la falsa esperanza de que las cosas cambien un día y lo que siempre ha sido desgastante y doloroso un día se convierta en algo adecuado, sano y correspondido. 

Los buenos vínculos exigen paciencia y se cocinan a fuego lento; es su aroma lo que nos incita a querer probar después, una vez cocinado el asunto, su delicioso sabor.

Vincular es un esfuerzo que se compensa, si es adecuado, con el cariño que el otro puede proporcionarnos. Los vínculos inadecuados son destructivos y nos enganchamos al recibir pequeñas migajas de afecto, aquellos destellos de un intento de luz dentro de toda aquella hostil oscuridad; son esos destellos los que nos adhieren a continuar repitiendo, a esperar más y más, y olvidamos por completo las cosas buenas que podríamos otorgarle a alguien más, a un vínculo más adecuado. 

Los vínculos, como en cualquier relación, son un asunto que únicamente puede ser construido por dos, no por uno, sino por ambos. Cuando uno de los dos se resiste, por el motivo que sea, a elaborar y a madurar los lazos con el otro, entonces nada funciona y el vínculo se oxida, se pudre y se hace inadecuado, patológico y destructivo. Entender toda la cuestión de vincular con otro siempre es algo complejo, pues tendrá que ver con nuestros vínculos primarios, nuestros vínculos en la infancia, y llegar a esos puntos complicados, sofocados y dolorosos lleva tiempo y esfuerzo. Vincularemos siempre como vinculamos la primera vez en nuestras vidas y como aquellos vínculos se fueron desarrollando; no podremos hacer o dar lo que no se hizo con nosotros o se nos dio, no podemos, entonces, otorgar lo que no tenemos, no podemos mostrarle a otro lo que no conocemos. 

Los buenos vínculos también tienen limitaciones, problemas y obstáculos, pero se supera todo esto más fácil, menos dolorosamente, con la fuerza de dos y no solamente de uno.

Habrá siempre alguien que pueda ayudarnos a comprendernos, si así lo queremos, en algún momento, a hacer un buen vínculo, una relación adecuada, una relación fluida, madura y placentera; dependerá de nosotros esforzarnos para ver, apropiarnos y cuidar de los vínculos buenos. Podremos entonces, de ese modo, ver que existen otro tipo de relaciones, unas menos destructivas, menos dañinas, más placenteras, más adecuadas, y es a través del ejemplo, del dejarse demostrar, dejarse comprobar, dejarse vivir lo nuevo, como iremos entendiendo que los vínculos adecuados también son posibles y, de ese modo, dejaremos de lado lo que nos ha hecho daño durante toda la vida por medio de límites necesarios, relaciones adecuadas y consciencia de nuestros adentros. 


Twitter & Instagram: @tintademane
Tumblr: manelander (La tinta de Mane)

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