viernes, 9 de diciembre de 2016

La terapia y la cura

"Siempre es necesario un espacio que,
dentro de nuestra mente es nuestro, 
que nos contiene, nos soporta, nos
desarma y nos arma de nuevo, nuevos."
Manelander



La vida se vuelve insoportable por momentos, dolorosa, cruel, hostil, agresiva, hiriente; todos los calificativos negativos que se te vengan a la mente en este momento, querido lector. ¿Por qué? Muy sencillo; vivir es todo, todo lo bueno, todo lo malo y todos los puntos intermedios entre ambas cosas. Sin lo oscuro y doloroso la vida no sería vida, sin lo placentero y colorido la vida no sería, no existiría el vivir humano y todo su acontecer. Pero, no tan extrañamente, la oscuridad siempre es difícil de sobrellevar, de vivir. No hay humano cuerdo en el planeta que guste del displacer que la vida arroja a cada uno de nosotros constantemente, por lo menos no conscientemente. 

Vivir es placer y displacer, es blanco y negro, es dulce y amargo, es frío y calidez, es nada y es todo, es disfrutar y sufrir, eso es vivir. 

Existe una manera especial para poder tolerar todo lo que es desagradable, una manera que nos ayuda y nos enseña que la vida es de ese modo, y así soportarlo, y así vivir con ello sin degradar lo placentero, lo bello y lo excitante. La terapia es una forma de percibir el mundo a través de un cristal más transparente, sin color, sin manchas, para apreciar la vida tal cual es, sin distorsiones. 

Lo único que es efectivo en el proceso terapéutico es la confianza que el terapeuta, un otro con sus propias cicatrices, pone en el paciente, la confianza de poder sobrevivir a las inclemencias de la vida, a lo adverso, a lo lacerante. Es en el terapeuta en donde se puede encontrar una base firme, una voz que no se cansa de repetirnos que la vida es como es pero que jamás será tan terrible como para dejarnos morir, para abandonarnos a la inmovilidad, a la no acción. El terapeuta nos hacer ver que, en ocasiones, lo que nos parece aterrador y desmesurado, en realidad no es tan aterrador y desmesurado como lo percibimos, y en otros momentos, aquello que nos es insignificante, puede guardar una importancia gigantesca que requiera nuestra atención y acción. 

La cura terapéutica podría tomarse como una utopía, pero al mismo tiempo, podemos atrevernos a decir también, que la cura llega cuando el paciente logra soportar lo que antes no podía sin necesidad del terapeuta; cuando logra elaborar solo lo que antes estaba desordenado, cuando logra ver lo que antes no veía y conocer, de sí mismo, lo que antes no conocía. 

El paciente, a través del proceso introspectivo y asociativo, va fortaleciendo los recursos que necesita para soportar el dolor psíquico, ése que le causan todas las frustraciones y pérdidas a las que se tiene que enfrentar a lo largo de su vida. Se trata de sentirse capaces de enfrentar y transformar, de cambiar y decidir lo que se puede cambiar y decidir, de tolerar lo que no se puede, y de ser, precisamente, pacientes en el camino de la vida. 


Twitter & Instagram: @tintademane
Tumblr: manelander (La tinta de Mane)

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