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Mostrando entradas de 2017

Éxtasis y psicoanálisis

“A veces, en un retrato de mármol,  conviene, para imitar bien el modelado, poner lo que no se halla en este.” Gian Lorenzo Bernini
No he tenido la oportunidad de admirar, en vivo y en directo, la obra de Bernini, pero ayer, por la tarde, en mi última clase de antropología del año, vimos un documental muy interesante sobre las esculturas y la vida de este señor. El documental iniciaba con el rostro de Santa Teresa tallado en mármol blanco, y de fondo, una melodía de esas que te hacen sentir cerca del cielo. El anfitrión dijo algo fundamental para que yo me atreviera a escribir al respecto: muchos han escrito sobre ella, poesía, literatura de todo tipo, todas poca cosa en comparación a la escultura. Y me dije a mí mismo: ¿por qué no?

Como bien sabrán algunos, Bernini fue un artista italiano, escultor principalmente, nacido en 1598. Su historia se encuentra llena de narcisismo y competencia. Pareciera, en algún punto de su biografía, que la belleza de sus obras está sustentada casi por comp…

Caos

La realidad externa es sólo un 
reflejo de la realidad interna;
el mundo es un completo caos.
M. G. Landeros 

Es suficiente con caminar unos minutos en la calle, subirse al tren y escuchar a la gente, ver cómo se comportan, ver cómo actúan para entender por qué el mundo es un completo caos. Aún sabiendo lo equivocados que estamos, continuamos sin entender la enorme cantidad de conflictos que nos aquejan, permitiendo que el desastre reine dentro de nosotros y salga disparado hacia fuera. 
En el vagón del tren escuchaba a un chico homosexual, de corta edad, feo, estrafalario en el lenguaje, esforzado por ser escuchado y atendido por sus compañeros, y seguramente por todos, ya que su risa era escandalosa. Se quejaba de un hombre que había sido malo en la cama, a quien había usado únicamente para obtener placer y lo había desechado como un "trapo sucio" después. Una parte de él, la menos consciente, podía notarse absolutamente perdida, sin rumbo, con una cantidad de miedo impresion…

Celos y otras torturas mentales

Psicoterapia psicoanalítica  Ciudad de México - Col. Roma Norte Tel: ‭(55) 3275 1330‬  Psic. Manuel Landeros 
Como ya he escrito al respecto, antes en otros textos de mi blog, los celos siempre han sido un asunto importante tanto en la consulta psicológica como en la vida cotidiana de muchas personas. Puedo considerar a los celos, desde mi observación clínica, como una tortura a la que muchas personas se someten constantemente. 
Sigmund Freud, en su obra psicoanalítica, menciona que los celos pueden tomar distintos caminos y que están relacionados con la rivalidad; ¿qué tiene aquel o aquella que no tenga yo? Más allá del miedo a ser abandonados, se trata de un miedo profundo a no tener o no poseer algo que otro sí, miedo a ser “insuficientes” o a sentirnos “incompletos”. Freud decía que los celos pueden ser proyectados, es decir, que quien en realidad tiene deseos (inconscientemente) de ser infiel es quien siente los celos, pero la culpa que ello  genera es tan grande que defensivamente c…

Quitarnos la ropa

Mira qué bien se siente estar desnudo y navegar entre las sábanas, como si la cama fuese una piscina. Mira qué bien me veo, qué bien te ves sin ropa, con la pura piel encima. Vamos ahora fuera, quiero que el sol me bañe la joven piel con su luz, que me haga sudar y cuando ambos estemos empapados poder besarnos y juntarnos y revolver nuestros sudores, revolver nuestra saliva con nuestro sudor, y oler amargo. 
Quiero besarme contigo debajo de aquel árbol amarillo con olor a limón. Quiero que ahí me muerdas la piel y te excites por tenerme en un lugar abierto, y que entonces me abras las piernas, y después el corazón para que entres ahí y te quedes una eternidad. Quiero que deslices tu lengua desde mis labios hasta donde te de la imaginación. 
Caminemos descalzos y desnudos, de la mano, lancémonos a la piscina del jardín y besémonos como si el oxígeno ya no sirviera y lo que nos hiciera vivir fuesen nuestras lenguas enredándose. Puedes tocar todo lo que quieras, morderme todo lo que qui…

Cine para psicólogos: ¡madre! de Darren Aronofsky

You give and you give and you give... and it's never enough! 
Volvemos después de mucho tiempo a su gustada sección Cine para psicólogos. Antes que nada he de confesarles, mis queridos lectores, que el tiempo se ha vuelto algo valioso para mí y sentarme a escribir una opinión sobre una película como esta me demanda varias horas. Al fin he podido prepararme un café y comenzar a plasmar mis comentarios sobre mother!
Comenzaré diciendo que, como muchos de ustedes habrán leído tiempo atrás en mi blog, Darren Aronofsky logró crear mi película favorita de todos los tiempos: El cisne negro. Y  es que debido a mi formación como psicoanalista ustedes entenderán mi fascinación por este tipo de películas con contenidos fuertemente psicológicos. ¡madre! me ha cautivado por completo, aunque no ha logrado superar la admiración que sigo teniendo por Black Swan. 
mother! Una carga simbólica pesada para el psiquismo.  Miren, no he leído mucho al respecto, ni siquiera me he enterado de la vida de Dar…

Terremoto: crónica de un sobreviviente

Estoy bastante cansado por dentro, pero aún así, una parte de mí se resiste a rendirse. No he dormido nada bien, es como si durmiera por encima de los lagos del sueño; imagino a las personas que lo perdieron todo y el sueño se me va, imagino el sonido de alerta cada vez que un auto pasa cerca de mi ventana y toca el claxon y salto de la cama, alucino que se escucha la bocina alertándonos desde la calle. Me baño lo más rápido posible porque tengo miedo de que la tierra se mueva mientras estoy en la regadera, no pongo seguro a las puertas, dejo la puerta de mi habitación abierta, no subo el volumen de la televisión para poder escuchar si la alerta se activa y... ¿si no se activa? ¿si no la escucho? He dejado de ver los noticieros, he dejado de ser morboso, de reproducir los videos en Facebook, de ver cómo otros sufren. 
No he salido de mi casa porque tengo miedo de encontrarme con el desastre de frente, burlándose de mí en la cara, intentando hacerme pequeñito e insignificante. Tengo la…

Farfalla

Había una mariposa azul parada en mi ventana. Llevaba ahí varios minutos, moviendo las alas lentamente, creo que me observaba, no sé, no veía yo sus pequeños ojos, pero me daba esa impresión. Estaba escribiendo sobre mi escritorio, una historia, un cuento, no recuerdo bien, pero lo que sí recuerdo es que arranqué la hoja, la arrugué y la arrojé al cesto de la basura, y claro, cayó fuera. 
Tenía mucho tiempo sin ver un azul tan azul como el de las alas de aquella mariposa. Al poco tiempo llegó otra y se posó al otro extremo de la ventana; era completamente negra y en la orilla de sus alas la luz se reflejaba como en las aguas de un lago que parece espejo. Pensé que era un día bastante soleado y cálido para que las mariposas salieran de paseo, a espiar a los humanos aburrirse en sus tontas vidas sin alas, sin poder volar, sin poder ser majestuosos como ellas lo eran. 
Hay una mariposa azul y una negra en mi ventana -comencé a escribir-, me están observando sin duda. Hoy no me han sucedi…

Perfectos

Y mientras los dos pequeños niños jugaban en el jardín con su pequeño perrito inglés, la madre le llevaba limonada fría a su apuesto esposo, quien lavaba el automóvil último modelo aparcado en la entrada al garage de la hermosa casa en la que vivían los cuarto. 
Eran ricos, felices y atractivos, todos en la ciudad querían ser como ellos. Habían salido en las portadas de varias revistas debido, principalmente, al trabajo voluntario de la madre y a la carrera profesional exitosa del padre. Sus ropas eran finas y sus viajes eran largos y sumamente costosos. ¡Eran simplemente perfectos!
Aunque quizá si el mundo hubiese conocido la verdad completa entonces, quizá, no hubiesen deseado la vida de la familia perfecta. Pues resulta que al cerrarse las puertas, detrás de las paredes con pintura y acabados costosos, la mujer se dirigía cada noche a su gabinete y tomaba varias pastillas antidepresivas en la bañera, llorando amargamente por el desprecio que le tenía a la vida que le había tocado …

Strawberries

La mordí y su jugo me inundó la boca al instante; era agridulce, mi sabor favorito. No podía encontrar un rojo más brillante, ni siquiera la rosa más roja o la sangre más escarlata podrían igualársele. Estaba sentado en una playa, al sur del país, solo, observando las olas formarse y deformarse en la alfombra gigante del mar turquesa. Cada vez que mordía una fruta, cada vez que sentía su jugo en mis labios, un recuerdo se me venía a la cabeza. Llevaba ya varios días en aquel lugar, llevaba mucho tiempo haciendo muchas cosas en mi vida; permanecer, construir, quedarme, todo en mi vida ahora era mejor en muchos sentidos. 
Así como mordía y devoraba aquellas fresas, llevándolas a su final, así habían terminado muchas cosas en mi vida que antes pude disfrutar, como el sabor de las fresas en mi paladar. La vida es misteriosa, extraña, las personas lo son también. Pensé en todos los "amigos" que nunca fueron en verdad amigos, que nunca fueron siquiera humanos, que fueron tanto, m…

De noche

Salía de noche siempre, el tercer día, de la tercera semana de cada mes. Salía de un árbol enorme que estaba en el bosque a las afueras del pueblo. Un humo grisáceo inundaba el lugar a la media noche, cuando el frío era paralizador, cuando la lluvia había dejado todo húmedo, lleno de lodo, de lodo lleno de gusanos y sanguijuelas. Salía de entre las sombras, con el sonido de la madera crujiendo, vestida con una capa roja por la que se asomaban sus lacios y largos cabellos. Algunos cuentan que pudieron ver su rostro iluminado por la luz de la luna; era más blanca que la nieve y sus ojos más negros que la noche más oscura y fría. 
Caminaba hasta un claro en el bosque mientras los animales le seguían el paso; serpientes, lechuzas, conejos, lobos, coyotes, hasta las hormigas iban tras ella. Encendía una fogata, se desnudaba y danzaba mientras el sonido de un violín acompañaba su baile alrededor del fuego, una música tétrica salida quizá del infierno, tocada por algún ente condenado al suf…

Las flores

Estaban las flores bonitas, siendo acariciadas por los vientos. Bonitas ellas se movían elegantemente entre ráfaga y ráfaga, se sentían majestuosas, importantes, preciosas.
Las flores en aquel jardín, el jardín de aquella casa, en aquella pequeña ciudad. Las flores eran entre azul y púrpura, olían a perfume de primavera, a lavanda, a manzanilla, a coco. Hubiese querido, algunos días, que las flores fuesen amarillas o rojas, me enfurecía que no fueran del color que yo quería. Después, con el paso de los días, entendía que a veces las flores no podían ser como yo quería, ni las flores ni muchas cosas de la vida.
Las flores me enseñaron mucho; aprendí a aceptar las cosas como son, a ver el mundo desde un lugar más simple, menos complicado, más natural. Las flores siempre me enseñaron a ser feliz en silencio, sin enterar a otros. Las flores fueron mi guía, mi encanto, fueron mi desahogo, mi llanto, fueron todo, fueron tanto. 
Me gusta escribir sobre las flores, sobre sus colores, sobre s…

Confesiones psicoanalíticas: no amigos, no familia

Desde el inicio de mi formación como psicólogo, cuando decidí dirigirme hacia el maravilloso campo de la psicoterapia y de la psicología clínica, el mundo entero comenzó a realizarme un par de cuestionamientos bastante repetitivos: ¿Por qué no puedes atender a tus amigos o a tu familia? ¿Por qué no pueden ellos ser tus pacientes? Hoy, después de muchos años y en el principio de mi formación psicoanalítica, he decidido escribir este texto que aclare algunas dudas al respecto. 
La ética del psicólogo clínico  Más allá de mi formación como psicoanalista debo decir que desde mucho tiempo antes pude tener claro la posición que la ética clínica exige; siendo la psicoterapia la creación de un vínculo que apunta siempre a la objetividad, no sería posible mantener dicho concepto de intervenir emociones profundas debido a los lazos amistosos o familiares. Las penas y los éxitos de los pacientes serían vividas de forma poco objetiva por el terapeuta, a quien le resultaría prácticamente imposible…

María

Para mi abuela; la María más  bella que he conocido.
Llovía en la pequeña ciudad en donde vivía María. Las empedradas calles estaban empapadas y los perritos se refugiaban bajo los techos de las casas. Estaba sentada frente a la ventana, acariciando a Blanco, su gato. Observaba la lluvia mientras esperaba que la tetera tuviera el agua lista para prepararse un té de limón con un poco de miel de abeja. Tenía tantas ganas de seguir leyendo aquella novela de princesas y dragones, pero sentía que no era lo mismo leer sin un té caliente acompañándole. 
—Blanco, ¿te imaginas si fuese una princesa? —El gato la miró insípidamente y volvió a acomodarse sobre las piernas delgadas de su dueña. 
Recordó un sueño; estaba sentada bajo la sombra de un árbol, en un enorme jardín. A lo lejos podía observar la casa de campo que ella y su familia visitaban en los veranos de su niñez. El sol brillaba ardientemente y los colores de las flores del jardín lucían encantadores. De pronto una nube gris tapó el s…

Los amores infantiles

Amamos infantilmente, los humanos adultos, nos resistimos a la resignación de abandonar todas nuestras posiciones infantiles desde lo mental. 
Pensemos bien, hagamos un poco de consciencia al respecto; ¿Eres una persona celosa, posesiva, demandante? ¿Sientes angustia cuando el otro no actúa tal como tú quisieras que actuará? ¿Tienes un miedo exagerado a perder el amor de tu pareja? ¿Cobras venganza cuando las cosas no salen como tú quieres? Probablemente has respondido "sí" a una o varias de las preguntas anteriores. El asunto es que, sin ser totalmente conscientes de ello, los seres humanos hacemos vínculos emocionales en donde nuestra parte infantil, dentro de nuestra mente, gobierna la mayor parte del tiempo. No es necesario estar enfermo de celos o sentirse emocionalmente dependiente o enfermo; en realidad las personas amamos infantilmente en todo momento. 
Sigmund Freud decía que el amor de los niños es voraz y no encuentra nunca una satisfacción plena. Los infantes son…

Una mirada psicoanalítica a la obra de H. R. Giger

"Hay esperanza y un tipo de belleza en alguna parte... si usted busca." H. R. Giger 
Me he topado con este artista que deja un legado bastante singular al rededor del mundo. Se trata del ya fallecido suizo Hans Ruedi (Rudolf) Giger, quien fue mundialmente conocido gracias a sus colaboraciones en los primeros largometrajes de la saga Alien. 
Podríamos hablar sobre la biografía de Giger, pero la realidad es que este texto es únicamente un breve intento por interpretar su obra desde la perspectiva psicoanalítica. Es el objetivo principal de este pequeño artículo el que nos sumergirá, en gran parte, en una serie de conceptos que se adhieren a la teoría freudiana de las pulsiones y los deseos insconscientes.
"Necronom IV" (1976)
Es claro que las pinturas de Giger, elaboradas en su mayoría con aerógrafo, mantienen un trasfondo bastante cercano al erotismo. Desde la perspectiva psicoanalítica, podemos comenzar describiendo la obra de Giger como una sublimación de la pulsión …

El psicoanalista y sus amores

Hacía muchísimo tiempo que quería escribir este texto. Siempre me ha parecido muy atractivo el hecho de que el psicoanalista hable de sus intentos teóricos por explicar el mundo interno de sus pacientes, de las demás personas, pero nunca del propio. Y quizá sea bastante interesante describir algunos de los acontecimientos subjetivos del alma de los que practicamos la psicoterapia. 
Sabemos bien que el amor para un psicoanalista significa la renuncia parcial al estado narcisista. Cuando se ama, dejamos de pensar únicamente en nosotros y comenzamos a pensar en el otro, a interesarnos por él, a buscar su bienestar; el amor, desde la idea freudiana, es el interés psíquico en un "objeto" externo, en este caso, una persona. La energía que motiva nuestra vida ya no se encuentra únicamente contenida en nosotros mismos, ahora se ha depositado en otro ser humano. El psicoanalista sabe que al enamorarse su alma se coloca en uno de los estados más vulnerables del vivenciar humano, pero…

Cielo

Y encontré las cosas más bonitas allá arriba, en las alturas. Encontré en el cielo pedazos de mar y en la espuma del mar pedazos de cielo. Me encontré a mí mismo allá, mientras volaba. Encontré sombra y oscuridad, encontré luz y claridad. "Ya no sé en dónde estoy", pensaba, "si en el suelo o en el cielo". Y tomé su mano, y la apreté, y la fundí con la mía. Allá arriba encontré nubes y recuerdos, todas las cosas que se adhieren con el paso del tiempo. Encontré un viaje, un momento, un lamento, un montón de seres que ya fueron, que se resisten a soltar, a dejarme ir. Hice magia con el agua, con la espuma y con la sal, con la arena y con la luna, con el sol y con los besos de un cariño profundo. Hice castillos y reinos enteros, hice planetas, hice universos, hice infinitos para él. 
Cielo y suelo, vigilia y sueño, piel y alma, y ya no encuentro las diferencias entre uno y otro, entre algo y nada, entre arriba y abajo, ¿puedes tú? Yo no sé si vuelo o camino, si floto o…

Desesperante

Tengo ya varias semanas sin computadora y he escrito ya miles de líneas en mis cuadernos, en hojas de papel, en mis pensamientos, en todos lados. Al fin pude encontrar una aplicación en mi teléfono celular que me ayudara a poder escribir en mi blog. Ha sido desesperante, tóxico y enfermizo, no poder escribir, no poder llevar lo invisible en mí a la letra escrita en la pantalla. Y es que han pasado un sinnúmero de cosas en la vida de este escritor joven; encuentros que inspiran. Y enamoramientos que estimulan mis letras. Lo saben ya muy bien mis queridos lectores, que es fácil encontrar inspiración, pero debo confesar que la forma que más me gusta es la que se absorbe del enamoramiento, del querer a otro y sentirse querido; las letras se tornan coloridas y perfumadas, sutiles y suaves, melodiosas para poder transmitir a los demás aquel sentimiento, aquel conjunto de sentimientos. 
Ahora estoy en mi escritorio, con el teléfono en las manos, fumando un cigarro, escribiendo un primer blo…

Sinécdoque

Sinécdoque: el nombre del todo por la parte o 
la parte por el todo. 



Y mientras caminaba por una de las grandes avenidas de mi ciudad, de noche, sintiendo el frío del invierno, me preguntaba cómo es que los seres humanos llegamos al punto de definir al amor solamente con algunas partes de él, con pedazos y no bajo una perspectiva de completud. Creemos que el amor llegó a nuestra vida cuando el otro nos ofrece un poco de compañía o un solo momento romántico. "Pero qué se yo del amor", pensé, pues no debería atreverme a opinar al respecto; el amor para cada ser humano significa algo distinto. Quizá yo exagere con la idea de que amar es tener un poco del todo, del espectro completo, y no solamente un poco de algunas cosas. 
Mientras continuaba caminando vi a una pareja de enamorados, heterosexual, besándose en la oscuridad del callejón a mi izquierda. Se besaban con tanta pasión que por un momento pensé que quizá tendrían sexo ahí, sobre la callejuela empedrada aquella, apenas …