sábado, 23 de septiembre de 2017

Terremoto: crónica de un sobreviviente

Estoy bastante cansado por dentro, pero aún así, una parte de mí se resiste a rendirse. No he dormido nada bien, es como si durmiera por encima de los lagos del sueño; imagino a las personas que lo perdieron todo y el sueño se me va, imagino el sonido de alerta cada vez que un auto pasa cerca de mi ventana y toca el claxon y salto de la cama, alucino que se escucha la bocina alertándonos desde la calle. Me baño lo más rápido posible porque tengo miedo de que la tierra se mueva mientras estoy en la regadera, no pongo seguro a las puertas, dejo la puerta de mi habitación abierta, no subo el volumen de la televisión para poder escuchar si la alerta se activa y... ¿si no se activa? ¿si no la escucho? He dejado de ver los noticieros, he dejado de ser morboso, de reproducir los videos en Facebook, de ver cómo otros sufren. 

No he salido de mi casa porque tengo miedo de encontrarme con el desastre de frente, burlándose de mí en la cara, intentando hacerme pequeñito e insignificante. Tengo las llaves de la casa siempre en mis manos por si tengo que salir corriendo de aquí, cierro las llaves del gas todo el tiempo, me recuesto intentando dormir pero logro hacerlo por poco tiempo. Quisiera salir a ayudar pero sé que estorbaría, ya hay demasiada gente allá afuera. Corroboro información para poder compartirla en las redes sociales y escribo cosas que puedan animar a todos. Como psicólogo invocó a la resiliencia humana y busco dentro de mí cada segundo las herramientas para sobreponerme. Vivir se ha vuelto algo duro para mí y para los que me rodean, y se ha vuelto algo terrible para los que sufrieron en el desastre. 

Esto es desgastante; hay una nube gris cubriéndolo todo en la ciudad y vivimos alerta las veinticuatro horas del día. La gente duerme con un ojo abierto y el otro cerrado porque el mundo teme a otra sacudida. A veces se me va el hambre, no he estado comiendo muy bien que digamos, pero entiendo que todas estas cosas son normales, es el trauma, el shock, lo violento de la situación. 

Pero el sol sigue saliendo, aunque esté detrás de las nubes. Y poco a poco vamos componiéndonos, y poco a poco la presión se libera y nos desahoga, y así, desde el fondo de mi alma espero que todos encuentren consuelo y esperanza para seguir adelante. 



martes, 29 de agosto de 2017

Farfalla

Había una mariposa azul parada en mi ventana. Llevaba ahí varios minutos, moviendo las alas lentamente, creo que me observaba, no sé, no veía yo sus pequeños ojos, pero me daba esa impresión. Estaba escribiendo sobre mi escritorio, una historia, un cuento, no recuerdo bien, pero lo que sí recuerdo es que arranqué la hoja, la arrugué y la arrojé al cesto de la basura, y claro, cayó fuera. 

Tenía mucho tiempo sin ver un azul tan azul como el de las alas de aquella mariposa. Al poco tiempo llegó otra y se posó al otro extremo de la ventana; era completamente negra y en la orilla de sus alas la luz se reflejaba como en las aguas de un lago que parece espejo. Pensé que era un día bastante soleado y cálido para que las mariposas salieran de paseo, a espiar a los humanos aburrirse en sus tontas vidas sin alas, sin poder volar, sin poder ser majestuosos como ellas lo eran. 

Hay una mariposa azul y una negra en mi ventana -comencé a escribir-, me están observando sin duda. Hoy no me han sucedido cosas interesantes, ¡mentira! Hoy he encontrado un billete de quinientos pesos en un abrigo que he llevado a la tintorería por la mañana; me he sentido el hombre con más suerte del mundo. En el camino al trabajo una niña rubia de ojos azules me ha sonreído en el subterráneo, lo juro, era la niña más bella que he visto en mi vida. Lo mejor del día es que he ido a comer con él; nos tomamos un café y nos dimos un besito muy tierno, muy... 

Una tercera mariposa se posó en mi ventana, era de un color salmón encendido. Me sentí un iman de mariposas, sentí que si salía de la casa llegarían cientos de ellas y volarían alrededor mío, pero tenía demasiada flojera para salir, así que seguí escribiendo. 

... llevo tanto tiempo esperando algo bueno, a alguien bueno, que ahora que lo tengo todo me parece tan ajeno, tan distinto; mi vida ya no es la que era antes de él. Ahora todo parece más grande, más bello, más azul. La comida me sabe deliciosa, el vino y el licor los disfruto como nunca, la lluvia, las nubes y el mar, el sol en mi piel, mis labios con miel, azúcar, sal, el viento, la luna y su luz, la noche abismal. Las mariposas vienen a mí, conversan conmigo, se ríen de mí, quizás, de que no tengo alas, de que parezco un tonto enamorado, un ente atolondrado por los besos y las caricias de otro igual. 

Tocaron a mi puerta y las mariposas salieron volando. Firmé el escrito y lo titulé "Farfalla". Abrí la puerta, era él, el que me hacía ver todo más azul, el que hacía que las mariposas volaran a mi ventana, quien ahora me hacía ver el mundo de otras formas, a través de otros ojos, como las mariposas que ven mucho mientras vuelan; me hace volar. 


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viernes, 28 de julio de 2017

Perfectos

Y mientras los dos pequeños niños jugaban en el jardín con su pequeño perrito inglés, la madre le llevaba limonada fría a su apuesto esposo, quien lavaba el automóvil último modelo aparcado en la entrada al garage de la hermosa casa en la que vivían los cuarto. 

Eran ricos, felices y atractivos, todos en la ciudad querían ser como ellos. Habían salido en las portadas de varias revistas debido, principalmente, al trabajo voluntario de la madre y a la carrera profesional exitosa del padre. Sus ropas eran finas y sus viajes eran largos y sumamente costosos. ¡Eran simplemente perfectos!

Aunque quizá si el mundo hubiese conocido la verdad completa entonces, quizá, no hubiesen deseado la vida de la familia perfecta. Pues resulta que al cerrarse las puertas, detrás de las paredes con pintura y acabados costosos, la mujer se dirigía cada noche a su gabinete y tomaba varias pastillas antidepresivas en la bañera, llorando amargamente por el desprecio que le tenía a la vida que le había tocado vivir. De vez en cuando recibía uno que otro golpe de su "perfecto" esposo alcoholico y uno que otro grito hiriente y destructivo. Ya era común que la niña pequeña se orinara cada noche en la cama, y también era común que el padre le gritara hasta el cansancio lo terrible que era tenerla como hija siendo tan sucia y estando tan "descompuesta". El niño por su parte se encerraba en su habitación y pretendía no escuchar ni ver nada de lo que ocurría. 

Qué perfecta es una sonrisa que se finge, una foto que esconde una desgracia, un beso amargo y un abrazo adolorido. ¡Qué perfecto luce todo aquello! Qué perfecto el mundo con sus mentiras y frivolidades, con sus farsas y atrocidades, qué perfectas las familias y los hijos y las mascotas de los hijos. Qué perfecto es lo imperfecto y que doloroso es fingirlo. En el camino de la vida, siempre, los humanos caminan marcados por sus pasados, condenados por sus heridas y rotos por sus angustias. Pero qué fácil es fingir una sonrisa y qué difícil aguantarse el llanto. 


martes, 25 de julio de 2017

Strawberries

La mordí y su jugo me inundó la boca al instante; era agridulce, mi sabor favorito. No podía encontrar un rojo más brillante, ni siquiera la rosa más roja o la sangre más escarlata podrían igualársele. Estaba sentado en una playa, al sur del país, solo, observando las olas formarse y deformarse en la alfombra gigante del mar turquesa. Cada vez que mordía una fruta, cada vez que sentía su jugo en mis labios, un recuerdo se me venía a la cabeza. Llevaba ya varios días en aquel lugar, llevaba mucho tiempo haciendo muchas cosas en mi vida; permanecer, construir, quedarme, todo en mi vida ahora era mejor en muchos sentidos. 

Así como mordía y devoraba aquellas fresas, llevándolas a su final, así habían terminado muchas cosas en mi vida que antes pude disfrutar, como el sabor de las fresas en mi paladar. La vida es misteriosa, extraña, las personas lo son también. Pensé en todos los "amigos" que nunca fueron en verdad amigos, que nunca fueron siquiera humanos, que fueron tanto, menos personas con alma, personas reales; mis fresas tenían más alma que ellos. No quise juzgar a nadie, yo también cometí muchos errores en el pasado, no me arrepiento de nada en realidad. No les deseo cosas buenas a aquellas personas de mi pasado, pero tampoco les deseo cosas malas, no les deseo nada, que sigan sus vidas así como yo sigo con la mía, así como yo como mis fresas que ellos coman las cosas que les gustan. 

Ojalá tuviera más momentos a solas como ese momento. Pensé en la mujer que me vendió las fresas en la avenida de puestos ambulantes; tenía dos hijos pequeños según pude ver. Comer fresas es una experiencia relajante; no es como comer kiwi, el kiwi  te  vuelve eufórico, la manzana causa insomnio y los duraznos te ponen sentimental. Yo preferiré siempre las fresas, así, naturales. Prefiero el mar, el mar turquesa, el sol, el sol brillante, y a ti, a ti viviendo en mi corazón, recordando tus besos y las sonrisas que me brotan cuando estoy contigo. Prefiero pensar antes de actuar, prefiero pensar durante mi actuar y pensar después de lo actuado; pensar en comprar las fresas a esa mujer con dos hijos, pensar mientras las muerdo y miro la espuma de las olas del mar, pensar cuando se terminen y ya no tenga más que comer y deba volver al hotel, quizá por una piña colada o una copa de champán con una cereza dentro; si bebo la piña el mundo me parecerá gracioso y reiré y reiré, si muerdo la cereza juro que iré corriendo a buscarte para besarte y llevarte a mi cama, porque eso hacen las cerezas. 



viernes, 14 de julio de 2017

De noche

Salía de noche siempre, el tercer día, de la tercera semana de cada mes. Salía de un árbol enorme que estaba en el bosque a las afueras del pueblo. Un humo grisáceo inundaba el lugar a la media noche, cuando el frío era paralizador, cuando la lluvia había dejado todo húmedo, lleno de lodo, de lodo lleno de gusanos y sanguijuelas. Salía de entre las sombras, con el sonido de la madera crujiendo, vestida con una capa roja por la que se asomaban sus lacios y largos cabellos. Algunos cuentan que pudieron ver su rostro iluminado por la luz de la luna; era más blanca que la nieve y sus ojos más negros que la noche más oscura y fría. 

Caminaba hasta un claro en el bosque mientras los animales le seguían el paso; serpientes, lechuzas, conejos, lobos, coyotes, hasta las hormigas iban tras ella. Encendía una fogata, se desnudaba y danzaba mientras el sonido de un violín acompañaba su baile alrededor del fuego, una música tétrica salida quizá del infierno, tocada por algún ente condenado al sufrimiento eterno, escondido entre la penumbra del bosque. Danzaba hasta las tres de la mañana, entonces volvía al agujero en aquel árbol enorme y desaparecía. 

Dicen que antes fue una mujer común y corriente, una bella pueblerina a la que le rompieron el corazón tantas veces que terminó por vender su alma al diablo para nunca más ser lastimada, para nunca más ser herida. Y es que uno a veces quisiera deshacerse de todo lo que nos hace sentir, sentir dolor, para no sufrir. También dicen que cuando algún hombre se acerca a ella mientras danza, con la intención de poseerla debido a su belleza, sufre un destino terrible; muchos han desaparecido del pueblo. Se tiene la teoría de que los sacrifica, se come su corazón y se baña en su sangre como símbolo de su desprecio hacia lo masculino, como recuerdo del odio que sintió cuando le rompieron el corazón en demasiados pedazos. 

Ella viene de noche, algunas noches, y yo, cuando escucho el violín a lo lejos sonar, sé que no dormiré por el terror que me invade. 


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viernes, 7 de julio de 2017

Las flores

Estaban las flores bonitas, siendo acariciadas por los vientos. Bonitas ellas se movían elegantemente entre ráfaga y ráfaga, se sentían majestuosas, importantes, preciosas.

Las flores en aquel jardín, el jardín de aquella casa, en aquella pequeña ciudad. Las flores eran entre azul y púrpura, olían a perfume de primavera, a lavanda, a manzanilla, a coco. Hubiese querido, algunos días, que las flores fuesen amarillas o rojas, me enfurecía que no fueran del color que yo quería. Después, con el paso de los días, entendía que a veces las flores no podían ser como yo quería, ni las flores ni muchas cosas de la vida.

Las flores me enseñaron mucho; aprendí a aceptar las cosas como son, a ver el mundo desde un lugar más simple, menos complicado, más natural. Las flores siempre me enseñaron a ser feliz en silencio, sin enterar a otros. Las flores fueron mi guía, mi encanto, fueron mi desahogo, mi llanto, fueron todo, fueron tanto. 

Me gusta escribir sobre las flores, sobre sus colores, sobre sus aromas; flores de colores en primavera, flores marchitas, secas, entre las hojas de una libreta. Porque en realidad escribo sobre los momentos en los que han estado ellas presentes, sobre los segundos que han sido bonitos y también sobre los que han sido insoportables. Las flores no son tanto las flores, son los pedazos de mi vida que ellas representan. Flores para el té cuando el corazón está roto, flores y café cuando somos otros, flores en la ventana para la alegría, flores marchitas y olvidadas en la melancolía. 



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sábado, 17 de junio de 2017

Confesiones psicoanalíticas: no amigos, no familia

Desde el inicio de mi formación como psicólogo, cuando decidí dirigirme hacia el maravilloso campo de la psicoterapia y de la psicología clínica, el mundo entero comenzó a realizarme un par de cuestionamientos bastante repetitivos: ¿Por qué no puedes atender a tus amigos o a tu familia? ¿Por qué no pueden ellos ser tus pacientes? Hoy, después de muchos años y en el principio de mi formación psicoanalítica, he decidido escribir este texto que aclare algunas dudas al respecto. 

La ética del psicólogo clínico 
Más allá de mi formación como psicoanalista debo decir que desde mucho tiempo antes pude tener claro la posición que la ética clínica exige; siendo la psicoterapia la creación de un vínculo que apunta siempre a la objetividad, no sería posible mantener dicho concepto de intervenir emociones profundas debido a los lazos amistosos o familiares. Las penas y los éxitos de los pacientes serían vividas de forma poco objetiva por el terapeuta, a quien le resultaría prácticamente imposible deshacerse de los sentimientos humanos que le vinculan con amigos y familiares, nublando así su objetividad profesional y científica. 

El terapeuta, además de la falta de objetividad, sería visto dentro de la sesión como un ser criticable al que se le puede refutar toda interpretación o guía bajo la concepción de conocer todas, o la gran mayoría, de sus imperfecciones. "Pero qué me dices tú de estabilidad emocional si llevas años sin pareja", sería algo que una persona diría a su amigo psicólogo. Es de este modo como el paciente dejaría de centrarse en él mismo para centrarse en el terapeuta y cambiar la posición, ser él quien analiza o "aconseja". Además podríamos encontrar un enorme listado de obstáculos que harían de la terapia un caos entre terapeuta y amigos o familiares; llamadas e intervenciones constantes, momentos incómodos en reuniones que borrarían toda la objetividad y el limite profesional de un tratamiento psicoterapéutico, reclamos, rumores innecesarios, idealización o desvalorización exagerada, etc. 

Una perspectiva psicoanalítica 
Ahora que me encuentro en la formación como psicoanalista, podría agregarle al asunto un par de cuestiones importantes. Dentro de lo que se denomina transferencial, en el tratamiento psicoanalítico, el paciente actualiza sus conflictos psíquicos con el terapeuta, escenifica, por así decirlo, su mundo interno dentro de la sesión. Los lazos demasiado cercanos podrían estropear la objetividad del analista dentro del campo transferencial pues el conocimiento profundo de la vida del paciente generaría un clima poco fluido; el analista sabría, o más complicado aún, se imaginaria si el paciente miente, si se burla de él, si hace referencia a situaciones de su vida o de sus experiencias, etc. Todas estas situaciones nublarían la vista analítica y desgastarían la intención del terapeuta hasta convertirlo solamente en una persona que escucha y aconseja, nada más; tal y como lo haría un amigo o un familiar.

El paciente amigo o familiar, a través de sus resistencias, intentaría todo el tiempo invertir las posiciones terapéuticas y desearía ser siempre el terapeuta; rebajaría, desde lo inconsciente, indudablemente a quien le analiza para poder tomar el papel dominante en cada sesión y así defenderse de cualquier interpretación. 

El amor o cariño también nublarían el trabajo analítico, pues el terapeuta temería, desde el fondo de su alma, elaborar interpretaciones objetivas para no herir o angustiar al paciente o, contrariamente, crearía interpretaciones hostiles para atacarlo por envidia o enojo. En ninguno de los dos casos se pensarían interpretaciones desde la neutralidad, quizá no absoluta pero sí bastante cercana a un punto equilibrado como con los pacientes sin lazos afectivos. 

El amigo o familiar que insiste en ser atendidos por su pariente en realidad poseen un miedo profundo de comenzar un verdadero proceso terapéutico, se sentirían "mucho más seguros" con alguien conocido; sería como "jugar al psicólogo" y quizás empeorar la situación. Es un motivo de "no avance", de no crecimiento, y así delegar la responsabilidad al terapeuta amigo o familiar desde un: no tomo terapia porque tú no me has querido atender

domingo, 11 de junio de 2017

María

Para mi abuela; la María más 
bella que he conocido.

Llovía en la pequeña ciudad en donde vivía María. Las empedradas calles estaban empapadas y los perritos se refugiaban bajo los techos de las casas. Estaba sentada frente a la ventana, acariciando a Blanco, su gato. Observaba la lluvia mientras esperaba que la tetera tuviera el agua lista para prepararse un té de limón con un poco de miel de abeja. Tenía tantas ganas de seguir leyendo aquella novela de princesas y dragones, pero sentía que no era lo mismo leer sin un té caliente acompañándole. 

—Blanco, ¿te imaginas si fuese una princesa? —El gato la miró insípidamente y volvió a acomodarse sobre las piernas delgadas de su dueña. 

Recordó un sueño; estaba sentada bajo la sombra de un árbol, en un enorme jardín. A lo lejos podía observar la casa de campo que ella y su familia visitaban en los veranos de su niñez. El sol brillaba ardientemente y los colores de las flores del jardín lucían encantadores. De pronto una nube gris tapó el sol en un par de segundos y una tormenta cayó sobre ella. Despertó sintiéndose profundamente triste. Había perdido a su padre dos años atrás debido a una enfermedad terminal. En aquel momento, mientras se preparaba el té y recordaba el sueño, sintió una punzada en elestómago; esa sensación que nos invade sólo por un segundo cuando recordamos algo profundamente triste o doloroso. 

Tomó la novela de princesas y dragones, la abrió en donde se encontraba su separador de papel reciclado, observó las letras y cerró el libro de golpe. Se levantó del sillón después de darle un sorbo a su taza de té y se dirigió al escritorio en su pequeño estudio. Tomó un cuadernillo, lo abrió más o menos por la mitad y comenzó a escribir en una hoja limpia. 

Tenía más de una semana que no me sentía inspirada para escribir en este diario. La lluvia no ha cesado, ni siquiera he podido ir a trabajar hoy. 
Anoche he tenido un sueño, que terminó en pesadilla, en donde veía la casa de campo que visitábamos mis padres y mi hermana cuando éramos unas niñas. Me he despertado un poco atormentada, extraño mucho a papá, y extraño a mamá, porque aunque sigue viva nunca volvió a ser la misma desde que papá nos dejó. 
Margaret me ha escrito un mail. Me dice que la luna de miel es mejor de lo que pensaba. Me ha enviado fotos de Londres y París. Se le ve muy contenta y estoy contenta por ella, aunque como cualquier hermana menor también la envidio un poco. 
He comenzado a escribir la segunda parte de mi novela. Jamás entenderé por qué decidí escribir suspenso en vez de ficción; me siento a gusto así. 
Anoche, antes de irme a dormir, escuché a los señores Porrintong pelearse en el balcón de su habitación. Apagué las luces para que pensaran que ya estaba dormida. Él no dejaba de insultarle y ella no paraba de llorar. Nunca me ha detenido algo así cuando me siento muy cansada, así que me quedé dormida. Hoy temprano he visto al Sr. Porrintong sacar una bolsa negra enorme y meterla en la cajuela de su camioneta. Se veía algo ansioso. Tengo la idea de que mató a su mujer y se está deshaciendo del cuerpo. Supongo que si eso ocurrió la policia se enterará pronto. 

Dio un sorbo a su té y acaricio a Blanco, quien se le paseaba gatunamente entre los tobillos. 

Milo me ha enviado muchos mensajes de texto hoy, pero el sexo ha sido tan, pero taaan malo, que no pienso volver a verle. En el desayuno he bloqueado su número de teléfono, es realmente insoportable. 

Me he tomado un par de ansiolíticos con un poco de tequila; mi amiga Dorie me ha dicho que se siente como si fumaras mariguana, y me he dicho a mí misma: "¡Hazlo! Tienes solo veintiocho años, eres joven y bonita". La realidad es que Dorie es una ñoña perdedora, pues no he sentido absolutamente nada, y lo único que conseguí es una leve diarrea que contrarresté con otra pastilla. Después fumé mariguana de verdad y me burlé de Dorie en mi mente. 

Mañana tengo cita con mi psicoanalista y tengo muchas cosas que decir, aunque siempre me pasa que planeo decir mucho y termino diciendo casi nada, ¡menuda estupidez! 

Planeo festejar mi cumpleaños dentro de diez días. Hoy por la noche enviaré un evento a todos mis amigos. Me encantaría que fuera Gonzalo, es tan sexy; me he masturbado muchas veces pensando en él y en su enorme pene... lo sorprendí, sin querer, orinando en el baño de la oficina en la fiesta de Navidad. Desde entonces creo que cada vez que me ve quiere huir. Sé que tendremos sexo, pero me gustaría que fuéramos algo más. Le gusto, lo puedo ver. Al respecto, tendré mi cita con el cirujano la próxima semana... me urge tener una vagina y deshacerme de esto que me cuelga entre las piernas. 

Mis ganas de leer han vuelto. 

Firmó el texto y se dirigió a la estancia con su taza de té a medias. Blanco la siguió elegantemente. 

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miércoles, 7 de junio de 2017

Los amores infantiles

Amamos infantilmente, los humanos adultos, nos resistimos a la resignación de abandonar todas nuestras posiciones infantiles desde lo mental. 

Pensemos bien, hagamos un poco de consciencia al respecto; ¿Eres una persona celosa, posesiva, demandante? ¿Sientes angustia cuando el otro no actúa tal como tú quisieras que actuará? ¿Tienes un miedo exagerado a perder el amor de tu pareja? ¿Cobras venganza cuando las cosas no salen como tú quieres? Probablemente has respondido "sí" a una o varias de las preguntas anteriores. El asunto es que, sin ser totalmente conscientes de ello, los seres humanos hacemos vínculos emocionales en donde nuestra parte infantil, dentro de nuestra mente, gobierna la mayor parte del tiempo. No es necesario estar enfermo de celos o sentirse emocionalmente dependiente o enfermo; en realidad las personas amamos infantilmente en todo momento. 

Sigmund Freud decía que el amor de los niños es voraz y no encuentra nunca una satisfacción plena. Los infantes son en exceso hedonistas y buscan satisfacer sus deseos al momento; la frustración de aquellos deseos provoca en ellos una rabia agresiva y hostil, pues en su mente atacarán y destruirán a cualquier obstáculo que se interponga en su camino. Pero un amor infantil no es duradero, es decir, está únicamente al servicio de la obtención de placer, del capricho constante de obtener siempre lo que se quiere; es narcisista, no le interesa realmente el otro. Son esas características las que lo hacen algo fugaz, poco sólido y pasajero. Se trata de un vínculo que "perdurará" únicamente bajo las condiciones del niño.

Todas aquellas instancias infantiles, narcisistas, perdurarán en mayor o menor grado dependiendo de cada persona y de su capacidad para superar los conflictos que nacen al renunciar a todo aquello para convertirnos en adultos. Un amor maduro no es siempre placentero, pero perdura a partir de otros medio mucho más maduros. Amar maduramente es entender que, en principio, no somos lo único que habita en la cabeza de la pareja, ni en su corazón; somos una parte importante, pero no lo único. Un pensamiento infantil sería luchar constantemente con desalojar del otro cualquier cosa, persona o sentimiento que no tenga que ver con nosotros, querer sentirnos el eje central de la vida de la pareja. Estos intentos de ser lo único para el otro, el aire que necesita para vivir, invocaran altos niveles de angustia y frustración, nos devolverán a aquellos momentos de la infancia en los que fuimos "todo" para mamá y papá. La realidad, sin embargo, nos muestra que, aunque somos parte importante de la vida de otra persona, no somos todo lo que tiene y que sin nosostros podrá seguir existiendo. 

Los celos y las actitudes demandantes tienen siempre un tinte infantil. Un amor maduro y adulto comprenderá que no podemos controlar al otro a nuestro antojo, pues es un ser humano independiente, con decisiones propias y gustos diversos. Todos estos acomodos internos, en gran medida, exigen resignación, y ello trae consigo ciertos momentos dolorosos e insoportables, pero será el precio de una mayor estabilidad y calma posteriores. 

¿Por qué tiene que salir sin mí? ¿Por qué no me ha escrito en varias horas? ¿Por qué prefiere quedarse a dormir que venir a verme? ¿Acaso no le importo? ¿Acaso no me ama? ¿Por qué no puede darme regalos en fechas importantes? ¿Por qué voltea a ver a otras personas? Todas estas preguntas son ejemplos de cuestionamientos que las personas se hacen constantemente y que refieren partes infantiles en la mente. Y es que la pareja no siempre tiene que estar pegada a nosotros, de hecho, es muy sano que cada uno tenga sus espacios. Quizás el otro prefiere dormir por el simple hecho de que está demasiado agotado del trabajo, eso no significa que no sienta amor. Quizá la pareja prefiere demostrar su amor con acciones o momentos en vez de regalos materiales; y así podríamos dar infinitos ejemplos. 

Hacer el salto de niñez a infancia es un trabajo complejo y requiere mucha energía; aunque siempre permanecen en nosotros, inevitablemente, aquellas actitudes infantiles, tendremos la responsabilidad adulta con nosotros mismos y con el otro de hacer un esfuerzo por seguir un camino mucho más realista y menos hedonista. El placer vendrá de otras fuentes, unas que el amor adulto se encargará de proporcionar. 


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jueves, 1 de junio de 2017

Una mirada psicoanalítica a la obra de H. R. Giger

"Hay esperanza y un tipo de belleza
en alguna parte... si usted busca."
H. R. Giger 

Me he topado con este artista que deja un legado bastante singular al rededor del mundo. Se trata del ya fallecido suizo Hans Ruedi (Rudolf) Giger, quien fue mundialmente conocido gracias a sus colaboraciones en los primeros largometrajes de la saga Alien. 

Podríamos hablar sobre la biografía de Giger, pero la realidad es que este texto es únicamente un breve intento por interpretar su obra desde la perspectiva psicoanalítica. Es el objetivo principal de este pequeño artículo el que nos sumergirá, en gran parte, en una serie de conceptos que se adhieren a la teoría freudiana de las pulsiones y los deseos insconscientes.

"Necronom IV" (1976)

Es claro que las pinturas de Giger, elaboradas en su mayoría con aerógrafo, mantienen un trasfondo bastante cercano al erotismo. Desde la perspectiva psicoanalítica, podemos comenzar describiendo la obra de Giger como una sublimación de la pulsión sexual, es decir, la meta de los deseos pulsionales que nacen en el inconsciente ha cambiado a una realización más estética y aceptada socialmente: el arte. A pesar de que se encuentran huellas muy marcadas del erotismo dentro de la obra de Giger, se trata de una acción artística aceptada por la cultura. 

"Anima mia"

Lo onírico toma un papel central en la obra de Giger, pues sus pinturas están basadas en sus sueños y en un simbolismo fantástico; nos recuerda, en gran parte, a la obra de Alfred Kubin, con una exposición expresionista y surrealista basada en lo onírico. 

Sigmund Freud pensaba que la sublimación de la pulsión a través del arte es una almohada que amortigua la miseria real del mundo del artista. Si bien las imágenes que Giger nos regala no son los típicos paisajes o autorretratos clásicos, podemos encontrar una estética que pocos artistas han logrado alcanzar. 

"Landscape XVIII"

La arquitectura onírica de Giger tiene una densidad bastante singular. Hay demasiados detalles que parecieran orgánicos, es decir, extraídos de partes del cuerpo de un ser vivo o de varios. Todo luce como si hubiese sido diseñado y construido con columnas vertebrales, ojos, lenguas, genitales, mucosas en general, pieles, cabellos y huesos. Además el componente orgánico que encontramos, existe una fusión entre algo biológico y algo no biológico, algo más bien derivado de la tecnología, de las máquinas. Los detalles asemejan enredados cables y tuberías, extensiones de conductos por los que se pensaría circula o circuló algún tipo de energía. El color es importante, pues no abandona el sepia y el gris; sueños sin color que vuelven esta maravillosa obra en algo más curioso aún.  

"The tourist IV" (1982)

Además de lo relacionado al soma, Giger nos muestra un punto perverso en cada una de sus creaciones. Ha retratado pues un mundo en el que aparece un componente bipolar bastante común en la vida humana; un componente sadomasoquista. Así es, la obra de Giger retrata una especie de dolor placentero, un acto perverso en el que el control y el sometimiento toman prioridad. 

"Aleister Crowley"

Hay un número importante de penetraciones en la obra gigeriana, si nos atrevemos a darle un nombre. Lo oral, lo anal y lo fálico han tomado posesión absoluta de cada cuadro; podemos entonces tomar valor y decir que la obra gigeriana es bastante regresiva, o sea, bastante infantil, pues extrae compuestos de etapas del desarrollo psicosexual muy tempranas de la vida humana. Además, Giger nos muestra una cantidad importante de creaciones fetales, de momentos muy tempranos de un organismo, no precisamente humano en todos los casos. 

"Monster V"

Luce en varias partes un sello femenino que nos haría pensar en una conexión con la madre, con el objeto que representa a la mujer en la mente del artista. Por un lado tenemos los impulsos hostiles que atacan a la mujer y la  colocan en una posición vulnerable y maltratada, y por otro encontramos una idealización que enaltece y dibuja a lo femenino como algo glorioso, mágico, cercano a la deidad. 

"Mirror image"

"Erotomechanics IX"

Muchas cosas más podríamos agregar a la obra de Giger desde la posición psicoanalítica, pero suficiente sería para este texto concluir con que la obra gigeriana provoca una sensación erotica y a la vez horrorosa en cada individuo. Hay un morbo que sale de su escondite en cada persona cada vez que sus ojos se colocan en un cuadro de este artista. No solamente el asunto extraterrestre es lo que llama la atención, al contrario, son las partes humanas que la consciencia se niega a reconocer por perversas y dementes.

Quien admire la obra de Giger estará entonces conectado a esas partes primarias de la mente y del alma, y quien, al contrario, sienta repulsión, estará sintiendo repulsión por una parte propia en la que quizá, en algún momento de la vida, hubo una herida que no se quiere recordar. 

Lo monstruoso no está únicamente en el arte, en lo externo, pues nace siempre del interior humano. 

"Erotomechanics VII"

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viernes, 26 de mayo de 2017

El psicoanalista y sus amores

Hacía muchísimo tiempo que quería escribir este texto. Siempre me ha parecido muy atractivo el hecho de que el psicoanalista hable de sus intentos teóricos por explicar el mundo interno de sus pacientes, de las demás personas, pero nunca del propio. Y quizá sea bastante interesante describir algunos de los acontecimientos subjetivos del alma de los que practicamos la psicoterapia. 

Sabemos bien que el amor para un psicoanalista significa la renuncia parcial al estado narcisista. Cuando se ama, dejamos de pensar únicamente en nosotros y comenzamos a pensar en el otro, a interesarnos por él, a buscar su bienestar; el amor, desde la idea freudiana, es el interés psíquico en un "objeto" externo, en este caso, una persona. La energía que motiva nuestra vida ya no se encuentra únicamente contenida en nosotros mismos, ahora se ha depositado en otro ser humano. El psicoanalista sabe que al enamorarse su alma se coloca en uno de los estados más vulnerables del vivenciar humano, pero también es consciente de que amar es una recompensa ante todas sus pérdidas y duelos; sabrá amar quien, en el pasado, se haya resignado ante las pérdidas y frustraciones de la vida, pues entenderá que no siempre se puede tenerlo todo y que amar a otro requiere de un esfuerzo que regularmente proporciona placer a cambio. 

Los amores del psicoanalista son siempre comprendidos porque él o ella vive su vida en ello; una vida repleta de intentos de comprender el mundo, no de juzgarlo. Es ese el motivo por el que el enamoramiento, el vínculo del psicoanalista se vuelve calmo, se vuelve un estado en el que probablemente la agresión no sea algo frecuente, o si lo es, siempre tendrá una explicación dentro de su mente, y esa explicación, ese entendimiento, siempre empujará hacia afuera por amortiguar cualquier fractura que pueda ocurrir en el vínculo amoroso con el otro. No hay perfección en el enamoramiento y el psicoanalista lo sabe, entiende la imperfección amorosa y sus vicisitudes; ello no le impedirá amar. Se sabe bien que quien no ama enferma; se puede curar un "mal de amores", pero no hay cura para la "ausencia de amor total". 

Un psicoanalista sabe que el amor es imperfecto; está plagado de envidias, celos y demandas, pero también reconoce que cada adversidad es parte de vivir y de amar. No se tomará como un juego perverso de la vida cuando surja un problema, sino que comprender y aceptar se convertirán en una prioridad. Las pérdidas se asimilan mejor cuando la mente se resigna ante lo imposible cuando un final ha tocado la puerta. El psicoanalista se sabrá siempre imperfecto, como el amor mismo, y dejará de reconocerse como un ser omnipotente que tiene el poder de cambiarlo y retenerlo todo a su antojo, pues el camino que ha seguido le ha mostrado cómo vencer a su parte infantil; una que hace a los seres humanos a amar vorazmente como los niños pequeños, de forma demandante y caprichosa, sin aceptar negativas o faltas. Un amor infantil, se sabe bien, es un amor inmaduro, incapaz de perdurar sanamente y con el deseo constante de agredir a quien sea que no le pueda otorgar lo que exige; el psicoanalista se alejará lo más posible de aquellos impulsos primitivos, sin ser erradicados por completo. 

Los amores del psicoanalista siempre intentarán satisfacer la necesidad de ayudar al otro, de hacerle una mejor persona, pero será bien sabido que la ayuda más grande no vendrá de ser el terapeuta de su objeto de amor, sino únicamente del cariño y amor sano y adulto que se desprenda hacia la pareja; no existirá ayuda más grande que el amor mismo. 

Amar siendo psicoanalista es amar con consciencia, con ternura y con deseo. 


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martes, 9 de mayo de 2017

Cielo

Y encontré las cosas más bonitas allá arriba, en las alturas. Encontré en el cielo pedazos de mar y en la espuma del mar pedazos de cielo. Me encontré a mí mismo allá, mientras volaba. Encontré sombra y oscuridad, encontré luz y claridad. "Ya no sé en dónde estoy", pensaba, "si en el suelo o en el cielo". Y tomé su mano, y la apreté, y la fundí con la mía. Allá arriba encontré nubes y recuerdos, todas las cosas que se adhieren con el paso del tiempo. Encontré un viaje, un momento, un lamento, un montón de seres que ya fueron, que se resisten a soltar, a dejarme ir. Hice magia con el agua, con la espuma y con la sal, con la arena y con la luna, con el sol y con los besos de un cariño profundo. Hice castillos y reinos enteros, hice planetas, hice universos, hice infinitos para él. 

Cielo y suelo, vigilia y sueño, piel y alma, y ya no encuentro las diferencias entre uno y otro, entre algo y nada, entre arriba y abajo, ¿puedes tú? Yo no sé si vuelo o camino, si floto o me hundo, si respiro aire o respiro arena , si bebo agua o bebo aire. Ya no sé si lo beso o lo devoro, si lo quiero o lo quiero más. 

Cielo, mi cielo, el cielo nos mira; es azul, es púrpura, es gris, es blanco, es negro, es luna, es sol, eres tú, soy yo, somos los dos. Cielo, el cielo, ¡pero qué cielo! Allá arriba, aquí arriba, tu mano con la mía, tus labios con los míos, tu miedo con el mío. 

Ya me volví otra vez un dulce insoportable, una miel ámbar, un millón de granitos de azúcar; ya me hice dulce otra vez, ya se fueron las penas, esas que contigo son débiles, son menos, son nada. Ya me volví frágil otra vez, y fuerte también, ya me volví nube, nieve, agua. Ya me convertí en beso, en caricia, en cielo. 


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miércoles, 3 de mayo de 2017

Desesperante

Tengo ya varias semanas sin computadora y he escrito ya miles de líneas en mis cuadernos, en hojas de papel, en mis pensamientos, en todos lados. Al fin pude encontrar una aplicación en mi teléfono celular que me ayudara a poder escribir en mi blog. Ha sido desesperante, tóxico y enfermizo, no poder escribir, no poder llevar lo invisible en mí a la letra escrita en la pantalla. Y es que han pasado un sinnúmero de cosas en la vida de este escritor joven; encuentros que inspiran. Y enamoramientos que estimulan mis letras. Lo saben ya muy bien mis queridos lectores, que es fácil encontrar inspiración, pero debo confesar que la forma que más me gusta es la que se absorbe del enamoramiento, del querer a otro y sentirse querido; las letras se tornan coloridas y perfumadas, sutiles y suaves, melodiosas para poder transmitir a los demás aquel sentimiento, aquel conjunto de sentimientos. 

Ahora estoy en mi escritorio, con el teléfono en las manos, fumando un cigarro, escribiendo un primer blog desde una simple aplicación. ¡Pero qué maravillosa es la tecnología, que hoy me permite llegar a ustedes de nueva cuenta! Aquí el día es caluroso y el sonido de la urbanidad se vuelve agudo con el paso de los minutos. Yo estoy esperando la hora del almuerzo; quizás hoy coma carne o quizás sopa, no lo sé. El humo de repente cambia de dirección y se eleva desde mi cigarro hasta mi cara. Cuántos pensamientos tengo y cuánto tiempo quisiera usar para escribirlos. He escrito muchas páginas en mi diario, y todas ellas, claro está, hablan del enamoramiento. Así es, me he enamorado estos días, y eso también es desesperante. La vida se ha vuelto desesperadamente deliciosa; la desesperación viene de la ansiedad, del querer más de algo, del querer algo que ya se tiene, de querer conservar lo que ya se tiene, de querer experimentar con lo que ya se tiene. ¡Qué desesperante es todo! Querer a otro, cambiar los colores de la vida, escribir, no escribir, querer escribir sobre ese otro, querer escribir sobre todo. 

La vida se ha vuelto un constante nerviosismo, un constante descubrimiento, una aventura, una locura, un desorden, un desorden bonito como el humo de este cigarro, como el caos de la ciudad, como mis pensamientos, como mis sentimientos. 


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domingo, 12 de marzo de 2017

Sinécdoque

Sinécdoque: el nombre del todo por la parte o 
la parte por el todo. 



Y mientras caminaba por una de las grandes avenidas de mi ciudad, de noche, sintiendo el frío del invierno, me preguntaba cómo es que los seres humanos llegamos al punto de definir al amor solamente con algunas partes de él, con pedazos y no bajo una perspectiva de completud. Creemos que el amor llegó a nuestra vida cuando el otro nos ofrece un poco de compañía o un solo momento romántico. "Pero qué se yo del amor", pensé, pues no debería atreverme a opinar al respecto; el amor para cada ser humano significa algo distinto. Quizá yo exagere con la idea de que amar es tener un poco del todo, del espectro completo, y no solamente un poco de algunas cosas. 

Mientras continuaba caminando vi a una pareja de enamorados, heterosexual, besándose en la oscuridad del callejón a mi izquierda. Se besaban con tanta pasión que por un momento pensé que quizá tendrían sexo ahí, sobre la callejuela empedrada aquella, apenas iluminada por dos débiles farolas. Podía escuchar la saliva escurriéndose de una boca a la otra, chupeteando, lamiéndose, pidiendo más cada segundo. Y para ellos seguramente eso era amor, un beso, un chupeteo que se desvió a la oralidad humana. Pero sabemos que amar no es un beso, sino que amar incluye los besos, pero no lo son todo. 

Amar no es solamente una caricia, un "te quiero", un beso, un abrazo o una cena romántica; amar siempre va más allá de las acciones, de las palabras y de los silencios. Amar no puede definirse con algunas partes, porque amar necesita ser una definición con todas las partes que le conforman. El problema es que amamos a medias, a tercios, incluso a octavos, y eso, pienso yo, se aleja del amor radicalmente. Nos engañamos, pues pretendemos definir al amor con pedazos de él, con fracciones que no logran sustituirlo. Pocos lo conocen, pienso yo.

Continué caminando sin dejar de pensar que el amor es, en absoluto, lo que reina este mundo, la vida humana y todo su acontecer. Cuan equivocados estamos los humanos, por creer que podemos controlarlo todo sin darnos cuenta que quien nos controla es él a nosotros, es nuestro gobernante, nuestro dios.



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Textos relacionados:

"De tinta negra"
"Desprenderse"
"Bestial"

miércoles, 15 de febrero de 2017

De tinta negra

"Pero qué curioso es fantasear,
y más curioso es convertir
la fantasía en realidad."
Mane



Llegué a casa y me senté en el sillón de la estancia. No encendí las luces, preferí que la luz del exterior se colara entre mis persianas. Era media noche. Las luces iban y venían con los automóviles. Me hundí en una oscuridad absoluta al cerrar los ojos. Estaba cansado, pero no de mi día ajetreado, más bien de pensar. ¡Dios, pero qué cansado es pensar en un asunto en particular! Se nos va la energía en una cosa u otra, y de pronto, como si una magia negra se apoderara de nosotros y convirtiera lo mental en físico, nos comienza a doler el cuello, la espalda, la cabeza.

Me adentré en mi habitación, me senté en mi escritorio y tomé una de mis libretas. Comencé a escribir, ¡qué otra cosa haría yo sino escribir!

Negra esta tinta como la noche rota por las farolas de los alumbrados públicos y los autos en las calles. Negra la tinta como el monstruo que se pasea entre las sombras de mi habitación. Me habla a mis espaldas, respira hondo muy cerca de mi oído derecho. No lo conozco, simplemente sé que existe. Alguna vez me pareció ver que algo se movía cuando apagué la luz del baño, una madrugada que me levanté a orinar. 

¡Pero qué negro pinta esta pluma! Es perfecta para escribir cuentos de terror; se necesita mucho negro para escribir terror. Supongo que si lo hiciera en este momento el monstruo que ronda mi casa me ayudaría un poco. Supongo también que no logro verlo porque es negro, como las sombras, como la ausencia de luz, como la tinta de esta pluma. 

Pero creo que hay algo más negro, y creo también que es lo que el monstruo misterioso me susurra todo el tiempo: "negra es tu alma". Quizá sí, pero no porque sea una mala persona, o bueno, no lo sé; creo que mi alma es negra porque está hecha de tinta, como la de esta pluma, y es desde donde nacen las ideas y las letras que llevo al papel y a la pantalla de la computadora. Mi alma es negra porque está hecha de tinta. Mi sangre es negra porque, en realidad, no es sangre, es tinta, tinta negra. 

Llevo demasiado tiempo sin saber lo que es vivir, si es que se le puede llamar "vivir", sin escribir. Pienso que escribo siempre, incluso cuando no escribo, escribo en mis pensamientos y también mientras duermo, en mis sueños. Por supuesto, he soñado que escribo; en papel, en piedra, en mi piel, en la piel de otros, con sangre, con tinta, con agua, con arena, en madera, en el aire, en las estrellas, en el fuego, en la luna, en las hojas de los árboles, en mis ojos he escrito también. Escribo siempre, incluso escribo sobre los ojos de cada lector en este preciso momento, en sus recuerdos, en sus memorias quedarán mis letras impresas para siempre. 

Descansé la mano y solté la pluma. Tenía hambre, apagué la lámpara en mi escritorio y me quedé a oscuras. Ahí estaba, lo sentía, frente a mí, el monstruo aquel hecho de sombras, hecho de negrura, quizás hecho de un pedazo de mi alma, de mi alma hecha de tinta negra. 


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Textos relacionados:

"Numen"
"Jugo de uva"
"Azul oscuro"

lunes, 13 de febrero de 2017

Rumbo al Oscar 2017: "Manchester by the sea"

"Mi corazón estaba roto y sé que
el tuyo también lo está..."
Manchester by the sea 



Pues aquí tenemos una de las nominadas al Oscar como mejor película. Debo agregar que de las que he tenido la oportunidad de ver es la que más contenido de análisis psicológico posee, pero no puedo ponerla a competir con "Room" (nominada en 2016) que fue la que en aquel momento tenía un tinte similar. Manchester by the sea logra arrebatarte una que otra sonrisa, posee una mezcla de drama y comedia ácida que no logro entender del todo. Se trata de una descripción detallada de las dramáticas vidas de los personajes. 

"Manchester by the sea es una película de belleza y corazón sobresalientes. Incluso en sus profundidades más melancólicas, está llena de sincera e infatigable vida".
(Washington Post)

La historia explica un momento de la vida de un hombre que acaba de perder a su hermano y deberá hacerse cargo de su sobrino, un adolescente que se ha quedado sin padre y que ha sido víctima del abandono de una madre alcohólica. En el transcurso del largometraje podemos apreciar una actuación bastante impresionante del protagonista Casey Affleck en el papel de Lee Chandler y de una Michelle Williams que nos roba el aliento en las escenas más dramáticas. Existen situaciones del pasado que amenazan con perturbar la estabilidad emocional de los protagonistas y le dan a la historia un sabor amargo y desgarrador. Además de toda esta composición encontramos una serie de diálogos muy bien impregnados de realismo, del confuso y poco legible en ciertos momentos. 

Pienso que Manchester by the sea tiene grandes oportunidades para salir triunfante sobre sus competidoras. Contiene una esencia que cautiva, la transición del duelo y la melancolía que sobreviene cuando la herida de la pérdida no logra cerrarse, ni siquiera con el paso de los años. 

"Manchester frente al mar es una experiencia que merece la pena, no por la magnificencia de su impacto o la grandeza de sus entornos sino por la forma en que ilumina con una gracia tranquila e inquebrantable".
(Boston Globe)

No puedo agregar más a este largometraje que hace una propuesta un tanto distinta de lo que estamos acostumbrados a ver, aunque, poco a su favor debo decir que al final logra ser un drama más que explica una terrible situación. La propuesta está presente pero a mi parecer no termina de concretarse del todo. Es un film excelente, digno de reconocimiento y con todas las armas necesarias para llevarse una estatuilla, pues no se encuentra únicamente entre la lista a las nominadas como mejor película. También podemos encontrarla en las listas de mejor director, mejor actor, mejor actor de reparto y mejor guión original. Así que, como siempre, muchísima suerte para esta excelente propuesta cinematográfica creada y dirigida por Kenneth Lonergan. 


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jueves, 2 de febrero de 2017

Rumbo al Oscar 2017: "Jackie"

"Existen dos tipos de mujeres en el mundo:
las que quieren poder en el mundo y las
que quieren poder en la cama."
"Jackie" (2016)


Y arranca la cuenta regresiva hacia los tan esperados premios de la Academia de las Artes y las Ciencias Cinematográficas 2017. Y para no quedarme atrás, mis queridos lectores, amantes del cine, les traigo aquí la primera de mis opiniones sobre uno de los largometrajes que logró inmiscuirse en las listas de nominadas a recibir una estatuilla dorada. Se trata de Jackie; un excelente largometraje dirigido por el chileno Pablo Larraín y protagonizado por, la ya ganadora del Oscar, Natalie Portman. Y es gracias a la magnífica actuación de Natalie (una de mis actrices favoritas, debo agregar) que Jackie se coloca en la lista de las nominadas a mejor actriz principal

"Extraordinaria en su penetrante intimidad e hiriente en su dolor, 'Jackie' es un retrato notablemente crudo de la icónica primera dama (...) Una sorprendente interpretación de una Natalie Portman que nunca había estado mejor."
(David Rooney - "The Hollywood Reporter")

Y es que después de Black Swan (una de mis películas favoritas en el mundo), puedo atreverme a decir que la primera dama interpretada por Natalie es uno de las mejores actuaciones en su carrera. Logras sentir el dolor enloquecedor que Jackie Kennedy vivió después del terrible asesinato de su esposo, el expresidente de los Estados Unidos, John F. Kennedy. La historia tiene un fondo artístico que logra perfectamente el efecto de transportarnos a la década de los años 60's. Además, la psicología del personaje principal está perfectamente diseñada, interpretada y desbordada al espectador. Jackie es un drama de principio a fin, no es un largometraje común y corriente, pues da la impresión de ser una sola escena dramática, llena de clímax, extendida durante 95 minutos. 

"Larraín logra una extraordinaria incursión en el cine en inglés (...) un retrato audaz y de muchas capas (...) enriquecido por una interpretación compleja y meticulosamente elaborado de Natalie Portman"
(Guy Lodge - "Variety")

Para mi gusto, Jackie fue uno de los mejores largometrajes de 2016. Se trata de una historia desgarradora que logra conducirnos a los límites de la cordura. El vestuario, la ambientación y la música (Mica Levi) son piezas esenciales para arrebatar el aliento de cada espectador. El duelo de Jacqueline Kennedy se lanza hacia los ojos del quien admira este filme como un momento extravagante, desolador y lleno de pena y desesperanza; una película bastante adecuada para estos tiempos en los que el gobierno norteamericano ha olvidado lo que es la sobriedad y el buen juicio. 

Todo el positivismo y los mejores deseos para Natalie quien, no dudo ni un instante, es total merecedora, una vez más y gracias a su talento, de una estatuilla dorada más. Portman luce como una muñeca de porcelana, perfecta en cada movimiento, junto a las actuaciones de Peter Sarsgaard y Greta Gerwig. Cada pieza de este increíble largometraje encajan de manera perfecta. ¡Mucha suerte, Jackie


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viernes, 20 de enero de 2017

La luz entre los océanos. La ternura del drama.

"Si una esposa pierde a su esposo
se convierte en viuda, pero si un 
padre pierde a su hijo, no hay
ningún término para ello."

-La luz entre los océanos 



Ya sé, mis queridos lectores, que los he tenido abandonados en el tema del cine, pero bueno, no voy a darles pretextos. Lo importante es que ya estoy aquí para platicarles de esta asombrosa película de Derek Cianfrance, quien posee un repertorio muy corto, si somos honestos. Y más honesto yo, al decirles que es la primera película de este director que impactan mis pupilas y oídos. Como mérito debo decirles que me ha parecido fascinante y, como bien lo dice el título de esta entrada, tierna hasta el final, como los pétalos de una rosa perfumada. 

The light between the oceans es un largometraje (2016) de la novela homónima de M. L. Stedman. Nos ofrece a dos excelentísimos actores como protagonistas: a la ganadora del Oscar (La chica danesa) Alicia Vikander y al talentoso Michael Fassbender (Shame). Todos los personajes están involucrados en una historia bastante intensa emocionalmente, pues el argumento nos relata la historia de un joven matrimonio que no puede concebir hijos, pero por azares del destino encuentran, literalmente, a una pequeña bebé naufragando en las aguas del océano. El asunto comienza a tornarse aún más dramático cuando la madre verdadera aparece, después de unos años. Es de ese modo en el que la historia toca fibras sensibles del alma humana. 

Existe un debate gigantesco entre hacer lo correcto y errar por amor, un amor que luce infinito. Y es que probablemente, en el mundo, existan varias historias similares, quizá no en su totalidad novelesca, pero sí en el trasfondo del engaño basado en el amor. El largometraje nos va llevando, a través de sus escenas, por un camino silencioso, lleno de reflexión e introspección, a manera de llegar a una pregunta al finalizar el filme: ¿qué haría yo en su lugar? Y me parece que, cuando una película logra penetrar en las mentes de los espectadores hasta hacerlos parte del conflicto emocional, entonces, ese guión y esa cinta han logrado su objetivo y por ello merecen una ovación de pie. 

La historia de M. L. Stedman es una historia cuidada, tierna, llena de un perfume que se respira con el espíritu, no con la nariz. Los colores y la fotografía de The light between the oceans son asombrosos; no es necesario el color brillante, pues en lo tenue la historia va tomando aún más un tinte propio del drama, además de que las imágenes van acompañadas de una deliciosa pieza musical del maestro Alexandre Desplat. Es así como La luz entre los océanos reúne todas las piezas necesarias para ser tomada en cuenta en la esperada entrega de los premios Oscar. Crucemos los dedos y esperemos noticias al respecto, las cuales, puedo augurarles, serán bastante satisfactorias. 


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sábado, 7 de enero de 2017

Numen

"En la angustia, en la locura, en la
enfermedad del enamoramiento, en
el oscuro lago del duelo, de los duelos,
ahí me encontré y me bañé en aguas
llenas de sombras y pánico, y las bebí, 
y me gustó."
Mane



Y pasa un día, y pasa otro, otro más. Uno oscuro, uno radiante de luz, uno vacío, otro rebosante. Pasan los días, un tras otro, todos distintos; falto de luz, después brillante como el sol. Tengo un día maravilloso y le continúa otro tremendamente desastroso. A veces vivo días crueles, días hirientes y agresivos, hostiles conmigo, ansiosos por lesionarme. Tengo días reparadores, que me sanan, que me curan, me reconstruyen. Los peores son los que están llenos de angustia, de frustración por no poder hacer mi voluntad, por no poder controlar el mundo a mi antojo caprichosamente; me ahogo en esos días, me asfixio y me roban el sueño con hambre y desesperación. Soy víctima de los días, de las horas, del paso del tiempo, del paso de los segundos. 

Un sol, otro sol, una luna, otra, otra más. Cerrar los ojos, después perderme en mi mar de sueños, luego abrirlos y comenzar a vivir el día nuevamente. Extraigo el numen de todos lados. La vida misma es una fuente de inspiración gigantesca e infinita. Cómo podría yo dejar de escribir si me encuentro inundado de letras eternamente, en una constante inagotable. Porque entre mis lineas van incluidos los hombres que piden limosna en las calles por donde paso cada día para llegar a la escuela, la mujer que me vendió el ticket del subterráneo, los mensajes que recibí en el transcurso del día, el calor de las tardes, el frío de las noches, mi mundo interno y también el externo. Van mis ansiedades, mis placeres y todos mis orgasmos, escribo motivado por mis pensamientos, las imágenes que me producen encanto, los sonidos que me deleitan y los sabores que me hacen suspirar. Todas mis frustraciones van incluidas, mis tragedias, mis dramas, mis llantos y mis penas. Va mi cuerpo anexado a mis letras, algo de mis ojos, de mis manos y de mis piernas. 

Numen aquí, numen allí, numen en todo. Mares enteros de inspiración, de estímulo, de impulso. Me inspiran los árboles, los ríos, los aires invisibles, los aires cargados de arena y hojas secas. Me inspira el tiempo, cuando es lento, cuando es rápido, cuando es estático. Numen en mi aliento, en un beso, en el sexo, en el aroma de otra piel. Encuentro y me encuentro en todas las cosas, en todos los tiempos, en todos los momentos y en todas las personas. Numen en la mente, en el corazón y en los instintos. Numen mío, numen desde mí, numen para ti. 


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