miércoles, 3 de mayo de 2017

Desesperante

Tengo ya varias semanas sin computadora y he escrito ya miles de líneas en mis cuadernos, en hojas de papel, en mis pensamientos, en todos lados. Al fin pude encontrar una aplicación en mi teléfono celular que me ayudara a poder escribir en mi blog. Ha sido desesperante, tóxico y enfermizo, no poder escribir, no poder llevar lo invisible en mí a la letra escrita en la pantalla. Y es que han pasado un sinnúmero de cosas en la vida de este escritor joven; encuentros que inspiran. Y enamoramientos que estimulan mis letras. Lo saben ya muy bien mis queridos lectores, que es fácil encontrar inspiración, pero debo confesar que la forma que más me gusta es la que se absorbe del enamoramiento, del querer a otro y sentirse querido; las letras se tornan coloridas y perfumadas, sutiles y suaves, melodiosas para poder transmitir a los demás aquel sentimiento, aquel conjunto de sentimientos. 

Ahora estoy en mi escritorio, con el teléfono en las manos, fumando un cigarro, escribiendo un primer blog desde una simple aplicación. ¡Pero qué maravillosa es la tecnología, que hoy me permite llegar a ustedes de nueva cuenta! Aquí el día es caluroso y el sonido de la urbanidad se vuelve agudo con el paso de los minutos. Yo estoy esperando la hora del almuerzo; quizás hoy coma carne o quizás sopa, no lo sé. El humo de repente cambia de dirección y se eleva desde mi cigarro hasta mi cara. Cuántos pensamientos tengo y cuánto tiempo quisiera usar para escribirlos. He escrito muchas páginas en mi diario, y todas ellas, claro está, hablan del enamoramiento. Así es, me he enamorado estos días, y eso también es desesperante. La vida se ha vuelto desesperadamente deliciosa; la desesperación viene de la ansiedad, del querer más de algo, del querer algo que ya se tiene, de querer conservar lo que ya se tiene, de querer experimentar con lo que ya se tiene. ¡Qué desesperante es todo! Querer a otro, cambiar los colores de la vida, escribir, no escribir, querer escribir sobre ese otro, querer escribir sobre todo. 

La vida se ha vuelto un constante nerviosismo, un constante descubrimiento, una aventura, una locura, un desorden, un desorden bonito como el humo de este cigarro, como el caos de la ciudad, como mis pensamientos, como mis sentimientos. 


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