sábado, 17 de junio de 2017

Confesiones psicoanalíticas: no amigos, no familia

Desde el inicio de mi formación como psicólogo, cuando decidí dirigirme hacia el maravilloso campo de la psicoterapia y de la psicología clínica, el mundo entero comenzó a realizarme un par de cuestionamientos bastante repetitivos: ¿Por qué no puedes atender a tus amigos o a tu familia? ¿Por qué no pueden ellos ser tus pacientes? Hoy, después de muchos años y en el principio de mi formación psicoanalítica, he decidido escribir este texto que aclare algunas dudas al respecto. 

La ética del psicólogo clínico 
Más allá de mi formación como psicoanalista debo decir que desde mucho tiempo antes pude tener claro la posición que la ética clínica exige; siendo la psicoterapia la creación de un vínculo que apunta siempre a la objetividad, no sería posible mantener dicho concepto de intervenir emociones profundas debido a los lazos amistosos o familiares. Las penas y los éxitos de los pacientes serían vividas de forma poco objetiva por el terapeuta, a quien le resultaría prácticamente imposible deshacerse de los sentimientos humanos que le vinculan con amigos y familiares, nublando así su objetividad profesional y científica. 

El terapeuta, además de la falta de objetividad, sería visto dentro de la sesión como un ser criticable al que se le puede refutar toda interpretación o guía bajo la concepción de conocer todas, o la gran mayoría, de sus imperfecciones. "Pero qué me dices tú de estabilidad emocional si llevas años sin pareja", sería algo que una persona diría a su amigo psicólogo. Es de este modo como el paciente dejaría de centrarse en él mismo para centrarse en el terapeuta y cambiar la posición, ser él quien analiza o "aconseja". Además podríamos encontrar un enorme listado de obstáculos que harían de la terapia un caos entre terapeuta y amigos o familiares; llamadas e intervenciones constantes, momentos incómodos en reuniones que borrarían toda la objetividad y el limite profesional de un tratamiento psicoterapéutico, reclamos, rumores innecesarios, idealización o desvalorización exagerada, etc. 

Una perspectiva psicoanalítica 
Ahora que me encuentro en la formación como psicoanalista, podría agregarle al asunto un par de cuestiones importantes. Dentro de lo que se denomina transferencial, en el tratamiento psicoanalítico, el paciente actualiza sus conflictos psíquicos con el terapeuta, escenifica, por así decirlo, su mundo interno dentro de la sesión. Los lazos demasiado cercanos podrían estropear la objetividad del analista dentro del campo transferencial pues el conocimiento profundo de la vida del paciente generaría un clima poco fluido; el analista sabría, o más complicado aún, se imaginaria si el paciente miente, si se burla de él, si hace referencia a situaciones de su vida o de sus experiencias, etc. Todas estas situaciones nublarían la vista analítica y desgastarían la intención del terapeuta hasta convertirlo solamente en una persona que escucha y aconseja, nada más; tal y como lo haría un amigo o un familiar.

El paciente amigo o familiar, a través de sus resistencias, intentaría todo el tiempo invertir las posiciones terapéuticas y desearía ser siempre el terapeuta; rebajaría, desde lo inconsciente, indudablemente a quien le analiza para poder tomar el papel dominante en cada sesión y así defenderse de cualquier interpretación. 

El amor o cariño también nublarían el trabajo analítico, pues el terapeuta temería, desde el fondo de su alma, elaborar interpretaciones objetivas para no herir o angustiar al paciente o, contrariamente, crearía interpretaciones hostiles para atacarlo por envidia o enojo. En ninguno de los dos casos se pensarían interpretaciones desde la neutralidad, quizá no absoluta pero sí bastante cercana a un punto equilibrado como con los pacientes sin lazos afectivos. 

El amigo o familiar que insiste en ser atendidos por su pariente en realidad poseen un miedo profundo de comenzar un verdadero proceso terapéutico, se sentirían "mucho más seguros" con alguien conocido; sería como "jugar al psicólogo" y quizás empeorar la situación. Es un motivo de "no avance", de no crecimiento, y así delegar la responsabilidad al terapeuta amigo o familiar desde un: no tomo terapia porque tú no me has querido atender

domingo, 11 de junio de 2017

María

Para mi abuela; la María más 
bella que he conocido.

Llovía en la pequeña ciudad en donde vivía María. Las empedradas calles estaban empapadas y los perritos se refugiaban bajo los techos de las casas. Estaba sentada frente a la ventana, acariciando a Blanco, su gato. Observaba la lluvia mientras esperaba que la tetera tuviera el agua lista para prepararse un té de limón con un poco de miel de abeja. Tenía tantas ganas de seguir leyendo aquella novela de princesas y dragones, pero sentía que no era lo mismo leer sin un té caliente acompañándole. 

—Blanco, ¿te imaginas si fuese una princesa? —El gato la miró insípidamente y volvió a acomodarse sobre las piernas delgadas de su dueña. 

Recordó un sueño; estaba sentada bajo la sombra de un árbol, en un enorme jardín. A lo lejos podía observar la casa de campo que ella y su familia visitaban en los veranos de su niñez. El sol brillaba ardientemente y los colores de las flores del jardín lucían encantadores. De pronto una nube gris tapó el sol en un par de segundos y una tormenta cayó sobre ella. Despertó sintiéndose profundamente triste. Había perdido a su padre dos años atrás debido a una enfermedad terminal. En aquel momento, mientras se preparaba el té y recordaba el sueño, sintió una punzada en elestómago; esa sensación que nos invade sólo por un segundo cuando recordamos algo profundamente triste o doloroso. 

Tomó la novela de princesas y dragones, la abrió en donde se encontraba su separador de papel reciclado, observó las letras y cerró el libro de golpe. Se levantó del sillón después de darle un sorbo a su taza de té y se dirigió al escritorio en su pequeño estudio. Tomó un cuadernillo, lo abrió más o menos por la mitad y comenzó a escribir en una hoja limpia. 

Tenía más de una semana que no me sentía inspirada para escribir en este diario. La lluvia no ha cesado, ni siquiera he podido ir a trabajar hoy. 
Anoche he tenido un sueño, que terminó en pesadilla, en donde veía la casa de campo que visitábamos mis padres y mi hermana cuando éramos unas niñas. Me he despertado un poco atormentada, extraño mucho a papá, y extraño a mamá, porque aunque sigue viva nunca volvió a ser la misma desde que papá nos dejó. 
Margaret me ha escrito un mail. Me dice que la luna de miel es mejor de lo que pensaba. Me ha enviado fotos de Londres y París. Se le ve muy contenta y estoy contenta por ella, aunque como cualquier hermana menor también la envidio un poco. 
He comenzado a escribir la segunda parte de mi novela. Jamás entenderé por qué decidí escribir suspenso en vez de ficción; me siento a gusto así. 
Anoche, antes de irme a dormir, escuché a los señores Porrintong pelearse en el balcón de su habitación. Apagué las luces para que pensaran que ya estaba dormida. Él no dejaba de insultarle y ella no paraba de llorar. Nunca me ha detenido algo así cuando me siento muy cansada, así que me quedé dormida. Hoy temprano he visto al Sr. Porrintong sacar una bolsa negra enorme y meterla en la cajuela de su camioneta. Se veía algo ansioso. Tengo la idea de que mató a su mujer y se está deshaciendo del cuerpo. Supongo que si eso ocurrió la policia se enterará pronto. 

Dio un sorbo a su té y acaricio a Blanco, quien se le paseaba gatunamente entre los tobillos. 

Milo me ha enviado muchos mensajes de texto hoy, pero el sexo ha sido tan, pero taaan malo, que no pienso volver a verle. En el desayuno he bloqueado su número de teléfono, es realmente insoportable. 

Me he tomado un par de ansiolíticos con un poco de tequila; mi amiga Dorie me ha dicho que se siente como si fumaras mariguana, y me he dicho a mí misma: "¡Hazlo! Tienes solo veintiocho años, eres joven y bonita". La realidad es que Dorie es una ñoña perdedora, pues no he sentido absolutamente nada, y lo único que conseguí es una leve diarrea que contrarresté con otra pastilla. Después fumé mariguana de verdad y me burlé de Dorie en mi mente. 

Mañana tengo cita con mi psicoanalista y tengo muchas cosas que decir, aunque siempre me pasa que planeo decir mucho y termino diciendo casi nada, ¡menuda estupidez! 

Planeo festejar mi cumpleaños dentro de diez días. Hoy por la noche enviaré un evento a todos mis amigos. Me encantaría que fuera Gonzalo, es tan sexy; me he masturbado muchas veces pensando en él y en su enorme pene... lo sorprendí, sin querer, orinando en el baño de la oficina en la fiesta de Navidad. Desde entonces creo que cada vez que me ve quiere huir. Sé que tendremos sexo, pero me gustaría que fuéramos algo más. Le gusto, lo puedo ver. Al respecto, tendré mi cita con el cirujano la próxima semana... me urge tener una vagina y deshacerme de esto que me cuelga entre las piernas. 

Mis ganas de leer han vuelto. 

Firmó el texto y se dirigió a la estancia con su taza de té a medias. Blanco la siguió elegantemente. 

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miércoles, 7 de junio de 2017

Los amores infantiles

Amamos infantilmente, los humanos adultos, nos resistimos a la resignación de abandonar todas nuestras posiciones infantiles desde lo mental. 

Pensemos bien, hagamos un poco de consciencia al respecto; ¿Eres una persona celosa, posesiva, demandante? ¿Sientes angustia cuando el otro no actúa tal como tú quisieras que actuará? ¿Tienes un miedo exagerado a perder el amor de tu pareja? ¿Cobras venganza cuando las cosas no salen como tú quieres? Probablemente has respondido "sí" a una o varias de las preguntas anteriores. El asunto es que, sin ser totalmente conscientes de ello, los seres humanos hacemos vínculos emocionales en donde nuestra parte infantil, dentro de nuestra mente, gobierna la mayor parte del tiempo. No es necesario estar enfermo de celos o sentirse emocionalmente dependiente o enfermo; en realidad las personas amamos infantilmente en todo momento. 

Sigmund Freud decía que el amor de los niños es voraz y no encuentra nunca una satisfacción plena. Los infantes son en exceso hedonistas y buscan satisfacer sus deseos al momento; la frustración de aquellos deseos provoca en ellos una rabia agresiva y hostil, pues en su mente atacarán y destruirán a cualquier obstáculo que se interponga en su camino. Pero un amor infantil no es duradero, es decir, está únicamente al servicio de la obtención de placer, del capricho constante de obtener siempre lo que se quiere; es narcisista, no le interesa realmente el otro. Son esas características las que lo hacen algo fugaz, poco sólido y pasajero. Se trata de un vínculo que "perdurará" únicamente bajo las condiciones del niño.

Todas aquellas instancias infantiles, narcisistas, perdurarán en mayor o menor grado dependiendo de cada persona y de su capacidad para superar los conflictos que nacen al renunciar a todo aquello para convertirnos en adultos. Un amor maduro no es siempre placentero, pero perdura a partir de otros medio mucho más maduros. Amar maduramente es entender que, en principio, no somos lo único que habita en la cabeza de la pareja, ni en su corazón; somos una parte importante, pero no lo único. Un pensamiento infantil sería luchar constantemente con desalojar del otro cualquier cosa, persona o sentimiento que no tenga que ver con nosotros, querer sentirnos el eje central de la vida de la pareja. Estos intentos de ser lo único para el otro, el aire que necesita para vivir, invocaran altos niveles de angustia y frustración, nos devolverán a aquellos momentos de la infancia en los que fuimos "todo" para mamá y papá. La realidad, sin embargo, nos muestra que, aunque somos parte importante de la vida de otra persona, no somos todo lo que tiene y que sin nosostros podrá seguir existiendo. 

Los celos y las actitudes demandantes tienen siempre un tinte infantil. Un amor maduro y adulto comprenderá que no podemos controlar al otro a nuestro antojo, pues es un ser humano independiente, con decisiones propias y gustos diversos. Todos estos acomodos internos, en gran medida, exigen resignación, y ello trae consigo ciertos momentos dolorosos e insoportables, pero será el precio de una mayor estabilidad y calma posteriores. 

¿Por qué tiene que salir sin mí? ¿Por qué no me ha escrito en varias horas? ¿Por qué prefiere quedarse a dormir que venir a verme? ¿Acaso no le importo? ¿Acaso no me ama? ¿Por qué no puede darme regalos en fechas importantes? ¿Por qué voltea a ver a otras personas? Todas estas preguntas son ejemplos de cuestionamientos que las personas se hacen constantemente y que refieren partes infantiles en la mente. Y es que la pareja no siempre tiene que estar pegada a nosotros, de hecho, es muy sano que cada uno tenga sus espacios. Quizás el otro prefiere dormir por el simple hecho de que está demasiado agotado del trabajo, eso no significa que no sienta amor. Quizá la pareja prefiere demostrar su amor con acciones o momentos en vez de regalos materiales; y así podríamos dar infinitos ejemplos. 

Hacer el salto de niñez a infancia es un trabajo complejo y requiere mucha energía; aunque siempre permanecen en nosotros, inevitablemente, aquellas actitudes infantiles, tendremos la responsabilidad adulta con nosotros mismos y con el otro de hacer un esfuerzo por seguir un camino mucho más realista y menos hedonista. El placer vendrá de otras fuentes, unas que el amor adulto se encargará de proporcionar. 


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jueves, 1 de junio de 2017

Una mirada psicoanalítica a la obra de H. R. Giger

"Hay esperanza y un tipo de belleza
en alguna parte... si usted busca."
H. R. Giger 

Me he topado con este artista que deja un legado bastante singular al rededor del mundo. Se trata del ya fallecido suizo Hans Ruedi (Rudolf) Giger, quien fue mundialmente conocido gracias a sus colaboraciones en los primeros largometrajes de la saga Alien. 

Podríamos hablar sobre la biografía de Giger, pero la realidad es que este texto es únicamente un breve intento por interpretar su obra desde la perspectiva psicoanalítica. Es el objetivo principal de este pequeño artículo el que nos sumergirá, en gran parte, en una serie de conceptos que se adhieren a la teoría freudiana de las pulsiones y los deseos insconscientes.

"Necronom IV" (1976)

Es claro que las pinturas de Giger, elaboradas en su mayoría con aerógrafo, mantienen un trasfondo bastante cercano al erotismo. Desde la perspectiva psicoanalítica, podemos comenzar describiendo la obra de Giger como una sublimación de la pulsión sexual, es decir, la meta de los deseos pulsionales que nacen en el inconsciente ha cambiado a una realización más estética y aceptada socialmente: el arte. A pesar de que se encuentran huellas muy marcadas del erotismo dentro de la obra de Giger, se trata de una acción artística aceptada por la cultura. 

"Anima mia"

Lo onírico toma un papel central en la obra de Giger, pues sus pinturas están basadas en sus sueños y en un simbolismo fantástico; nos recuerda, en gran parte, a la obra de Alfred Kubin, con una exposición expresionista y surrealista basada en lo onírico. 

Sigmund Freud pensaba que la sublimación de la pulsión a través del arte es una almohada que amortigua la miseria real del mundo del artista. Si bien las imágenes que Giger nos regala no son los típicos paisajes o autorretratos clásicos, podemos encontrar una estética que pocos artistas han logrado alcanzar. 

"Landscape XVIII"

La arquitectura onírica de Giger tiene una densidad bastante singular. Hay demasiados detalles que parecieran orgánicos, es decir, extraídos de partes del cuerpo de un ser vivo o de varios. Todo luce como si hubiese sido diseñado y construido con columnas vertebrales, ojos, lenguas, genitales, mucosas en general, pieles, cabellos y huesos. Además el componente orgánico que encontramos, existe una fusión entre algo biológico y algo no biológico, algo más bien derivado de la tecnología, de las máquinas. Los detalles asemejan enredados cables y tuberías, extensiones de conductos por los que se pensaría circula o circuló algún tipo de energía. El color es importante, pues no abandona el sepia y el gris; sueños sin color que vuelven esta maravillosa obra en algo más curioso aún.  

"The tourist IV" (1982)

Además de lo relacionado al soma, Giger nos muestra un punto perverso en cada una de sus creaciones. Ha retratado pues un mundo en el que aparece un componente bipolar bastante común en la vida humana; un componente sadomasoquista. Así es, la obra de Giger retrata una especie de dolor placentero, un acto perverso en el que el control y el sometimiento toman prioridad. 

"Aleister Crowley"

Hay un número importante de penetraciones en la obra gigeriana, si nos atrevemos a darle un nombre. Lo oral, lo anal y lo fálico han tomado posesión absoluta de cada cuadro; podemos entonces tomar valor y decir que la obra gigeriana es bastante regresiva, o sea, bastante infantil, pues extrae compuestos de etapas del desarrollo psicosexual muy tempranas de la vida humana. Además, Giger nos muestra una cantidad importante de creaciones fetales, de momentos muy tempranos de un organismo, no precisamente humano en todos los casos. 

"Monster V"

Luce en varias partes un sello femenino que nos haría pensar en una conexión con la madre, con el objeto que representa a la mujer en la mente del artista. Por un lado tenemos los impulsos hostiles que atacan a la mujer y la  colocan en una posición vulnerable y maltratada, y por otro encontramos una idealización que enaltece y dibuja a lo femenino como algo glorioso, mágico, cercano a la deidad. 

"Mirror image"

"Erotomechanics IX"

Muchas cosas más podríamos agregar a la obra de Giger desde la posición psicoanalítica, pero suficiente sería para este texto concluir con que la obra gigeriana provoca una sensación erotica y a la vez horrorosa en cada individuo. Hay un morbo que sale de su escondite en cada persona cada vez que sus ojos se colocan en un cuadro de este artista. No solamente el asunto extraterrestre es lo que llama la atención, al contrario, son las partes humanas que la consciencia se niega a reconocer por perversas y dementes.

Quien admire la obra de Giger estará entonces conectado a esas partes primarias de la mente y del alma, y quien, al contrario, sienta repulsión, estará sintiendo repulsión por una parte propia en la que quizá, en algún momento de la vida, hubo una herida que no se quiere recordar. 

Lo monstruoso no está únicamente en el arte, en lo externo, pues nace siempre del interior humano. 

"Erotomechanics VII"

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