miércoles, 7 de junio de 2017

Los amores infantiles

Amamos infantilmente, los humanos adultos, nos resistimos a la resignación de abandonar todas nuestras posiciones infantiles desde lo mental. 

Pensemos bien, hagamos un poco de consciencia al respecto; ¿Eres una persona celosa, posesiva, demandante? ¿Sientes angustia cuando el otro no actúa tal como tú quisieras que actuará? ¿Tienes un miedo exagerado a perder el amor de tu pareja? ¿Cobras venganza cuando las cosas no salen como tú quieres? Probablemente has respondido "sí" a una o varias de las preguntas anteriores. El asunto es que, sin ser totalmente conscientes de ello, los seres humanos hacemos vínculos emocionales en donde nuestra parte infantil, dentro de nuestra mente, gobierna la mayor parte del tiempo. No es necesario estar enfermo de celos o sentirse emocionalmente dependiente o enfermo; en realidad las personas amamos infantilmente en todo momento. 

Sigmund Freud decía que el amor de los niños es voraz y no encuentra nunca una satisfacción plena. Los infantes son en exceso hedonistas y buscan satisfacer sus deseos al momento; la frustración de aquellos deseos provoca en ellos una rabia agresiva y hostil, pues en su mente atacarán y destruirán a cualquier obstáculo que se interponga en su camino. Pero un amor infantil no es duradero, es decir, está únicamente al servicio de la obtención de placer, del capricho constante de obtener siempre lo que se quiere; es narcisista, no le interesa realmente el otro. Son esas características las que lo hacen algo fugaz, poco sólido y pasajero. Se trata de un vínculo que "perdurará" únicamente bajo las condiciones del niño.

Todas aquellas instancias infantiles, narcisistas, perdurarán en mayor o menor grado dependiendo de cada persona y de su capacidad para superar los conflictos que nacen al renunciar a todo aquello para convertirnos en adultos. Un amor maduro no es siempre placentero, pero perdura a partir de otros medio mucho más maduros. Amar maduramente es entender que, en principio, no somos lo único que habita en la cabeza de la pareja, ni en su corazón; somos una parte importante, pero no lo único. Un pensamiento infantil sería luchar constantemente con desalojar del otro cualquier cosa, persona o sentimiento que no tenga que ver con nosotros, querer sentirnos el eje central de la vida de la pareja. Estos intentos de ser lo único para el otro, el aire que necesita para vivir, invocaran altos niveles de angustia y frustración, nos devolverán a aquellos momentos de la infancia en los que fuimos "todo" para mamá y papá. La realidad, sin embargo, nos muestra que, aunque somos parte importante de la vida de otra persona, no somos todo lo que tiene y que sin nosostros podrá seguir existiendo. 

Los celos y las actitudes demandantes tienen siempre un tinte infantil. Un amor maduro y adulto comprenderá que no podemos controlar al otro a nuestro antojo, pues es un ser humano independiente, con decisiones propias y gustos diversos. Todos estos acomodos internos, en gran medida, exigen resignación, y ello trae consigo ciertos momentos dolorosos e insoportables, pero será el precio de una mayor estabilidad y calma posteriores. 

¿Por qué tiene que salir sin mí? ¿Por qué no me ha escrito en varias horas? ¿Por qué prefiere quedarse a dormir que venir a verme? ¿Acaso no le importo? ¿Acaso no me ama? ¿Por qué no puede darme regalos en fechas importantes? ¿Por qué voltea a ver a otras personas? Todas estas preguntas son ejemplos de cuestionamientos que las personas se hacen constantemente y que refieren partes infantiles en la mente. Y es que la pareja no siempre tiene que estar pegada a nosotros, de hecho, es muy sano que cada uno tenga sus espacios. Quizás el otro prefiere dormir por el simple hecho de que está demasiado agotado del trabajo, eso no significa que no sienta amor. Quizá la pareja prefiere demostrar su amor con acciones o momentos en vez de regalos materiales; y así podríamos dar infinitos ejemplos. 

Hacer el salto de niñez a infancia es un trabajo complejo y requiere mucha energía; aunque siempre permanecen en nosotros, inevitablemente, aquellas actitudes infantiles, tendremos la responsabilidad adulta con nosotros mismos y con el otro de hacer un esfuerzo por seguir un camino mucho más realista y menos hedonista. El placer vendrá de otras fuentes, unas que el amor adulto se encargará de proporcionar. 


Facebook: La tinta de Mane
Instagram y tumblr: tintademane 

Publicar un comentario