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Mostrando entradas de julio, 2017

Perfectos

Y mientras los dos pequeños niños jugaban en el jardín con su pequeño perrito inglés, la madre le llevaba limonada fría a su apuesto esposo, quien lavaba el automóvil último modelo aparcado en la entrada al garage de la hermosa casa en la que vivían los cuarto. 
Eran ricos, felices y atractivos, todos en la ciudad querían ser como ellos. Habían salido en las portadas de varias revistas debido, principalmente, al trabajo voluntario de la madre y a la carrera profesional exitosa del padre. Sus ropas eran finas y sus viajes eran largos y sumamente costosos. ¡Eran simplemente perfectos!
Aunque quizá si el mundo hubiese conocido la verdad completa entonces, quizá, no hubiesen deseado la vida de la familia perfecta. Pues resulta que al cerrarse las puertas, detrás de las paredes con pintura y acabados costosos, la mujer se dirigía cada noche a su gabinete y tomaba varias pastillas antidepresivas en la bañera, llorando amargamente por el desprecio que le tenía a la vida que le había tocado …

Strawberries

La mordí y su jugo me inundó la boca al instante; era agridulce, mi sabor favorito. No podía encontrar un rojo más brillante, ni siquiera la rosa más roja o la sangre más escarlata podrían igualársele. Estaba sentado en una playa, al sur del país, solo, observando las olas formarse y deformarse en la alfombra gigante del mar turquesa. Cada vez que mordía una fruta, cada vez que sentía su jugo en mis labios, un recuerdo se me venía a la cabeza. Llevaba ya varios días en aquel lugar, llevaba mucho tiempo haciendo muchas cosas en mi vida; permanecer, construir, quedarme, todo en mi vida ahora era mejor en muchos sentidos. 
Así como mordía y devoraba aquellas fresas, llevándolas a su final, así habían terminado muchas cosas en mi vida que antes pude disfrutar, como el sabor de las fresas en mi paladar. La vida es misteriosa, extraña, las personas lo son también. Pensé en todos los "amigos" que nunca fueron en verdad amigos, que nunca fueron siquiera humanos, que fueron tanto, m…

De noche

Salía de noche siempre, el tercer día, de la tercera semana de cada mes. Salía de un árbol enorme que estaba en el bosque a las afueras del pueblo. Un humo grisáceo inundaba el lugar a la media noche, cuando el frío era paralizador, cuando la lluvia había dejado todo húmedo, lleno de lodo, de lodo lleno de gusanos y sanguijuelas. Salía de entre las sombras, con el sonido de la madera crujiendo, vestida con una capa roja por la que se asomaban sus lacios y largos cabellos. Algunos cuentan que pudieron ver su rostro iluminado por la luz de la luna; era más blanca que la nieve y sus ojos más negros que la noche más oscura y fría. 
Caminaba hasta un claro en el bosque mientras los animales le seguían el paso; serpientes, lechuzas, conejos, lobos, coyotes, hasta las hormigas iban tras ella. Encendía una fogata, se desnudaba y danzaba mientras el sonido de un violín acompañaba su baile alrededor del fuego, una música tétrica salida quizá del infierno, tocada por algún ente condenado al suf…

Las flores

Estaban las flores bonitas, siendo acariciadas por los vientos. Bonitas ellas se movían elegantemente entre ráfaga y ráfaga, se sentían majestuosas, importantes, preciosas.
Las flores en aquel jardín, el jardín de aquella casa, en aquella pequeña ciudad. Las flores eran entre azul y púrpura, olían a perfume de primavera, a lavanda, a manzanilla, a coco. Hubiese querido, algunos días, que las flores fuesen amarillas o rojas, me enfurecía que no fueran del color que yo quería. Después, con el paso de los días, entendía que a veces las flores no podían ser como yo quería, ni las flores ni muchas cosas de la vida.
Las flores me enseñaron mucho; aprendí a aceptar las cosas como son, a ver el mundo desde un lugar más simple, menos complicado, más natural. Las flores siempre me enseñaron a ser feliz en silencio, sin enterar a otros. Las flores fueron mi guía, mi encanto, fueron mi desahogo, mi llanto, fueron todo, fueron tanto. 
Me gusta escribir sobre las flores, sobre sus colores, sobre s…