viernes, 29 de septiembre de 2017

Cine para psicólogos: ¡madre! de Darren Aronofsky

You give and you give and you give... and it's never enough! 

Volvemos después de mucho tiempo a su gustada sección Cine para psicólogos. Antes que nada he de confesarles, mis queridos lectores, que el tiempo se ha vuelto algo valioso para mí y sentarme a escribir una opinión sobre una película como esta me demanda varias horas. Al fin he podido prepararme un café y comenzar a plasmar mis comentarios sobre mother!

Comenzaré diciendo que, como muchos de ustedes habrán leído tiempo atrás en mi blog, Darren Aronofsky logró crear mi película favorita de todos los tiempos: El cisne negro. Y  es que debido a mi formación como psicoanalista ustedes entenderán mi fascinación por este tipo de películas con contenidos fuertemente psicológicos. ¡madre! me ha cautivado por completo, aunque no ha logrado superar la admiración que sigo teniendo por Black Swan. 

mother! Una carga simbólica pesada para el psiquismo. 
Miren, no he leído mucho al respecto, ni siquiera me he enterado de la vida de Darren Aronofsky, pero puedo decirles que su última entrega tiene demasiadas representaciones simbólicas, tantas, me atreveré a decir, que para la mayoría de las personas esta avalancha de símbolos agobian el psiquismo, lo cansan y, más allá, lo hacen sentirse asqueado. Hay una buena razón para todo aquello; y es que los seres humanos no estamos acostumbrados a pensar más allá de nuestro continuo contacto con el mundo real externo. Esto es lo que ocurre en una terapia psicoanalítica; las personas se ofuscan cuando los contenidos inconscientes aparecen y las interpretaciones aflojan la represión de los materiales más extraños y desagradables. 

No me concentraré en relatarles la trama porque me tomaría mucho más tiempo del que puedo disponer por ahora. Lo único que debo recomendar, antes de que continúen este texto, es que vayan a ver la película cuanto antes. 

Interpretaciones desde el psicoanálisis 
Ya en el título Darren nos lo confiesa todo: ¡madre! Y es justo desde ahí de donde debemos partir. La película trata precisamente de este asunto nuclear: ser madre y todo lo que ello representa. Pero ustedes dirán ¿qué demonios tiene que ver todo aquel caos con ser madre? Pues les diré que así se vive desde la mente; ese largometraje, señoras y señores, es un retrato de lo que ocurre en el inconsciente de una mujer que añora la maternidad. Si han decidido hacer una interpretación desde su realidad externa entonces es obvio que les parecerá un absoluto y completo desastre, una ficción sin pies ni cabeza. Ahora, lo que a nosotros nos compete, es interpretar desde el mundo interno, es ahí en donde encontraremos sentido. 

Fue la psicoanalista austriaca Melanie Klein quien desarrolló el concepto de mundo interno como un diseño de la mente, una mente llena de representaciones internas del mundo externo; a ello le llamó: objetos internos. Aquí nace la teoría de las relaciones objetales y el psicoanálisis comienza a tomar un rumbo más nutritivo. Para entender mejor; la mente es una "casa" (mundo interno) lleno de personajes (objetos) que interactúan unos con otros y que influyen en nuestro actuar externo consciente. ¡madre! es un largometraje que escenifica el acontecer del mundo interno de una mujer. 

Sigmund Freud describió el deseo de ser madre como un deseo edípico; la pequeña niña añorará el pene que el padre nunca podrá darle y encontrará su propio pene al convertirse en madre. El bebé, el hijo, es el falo de la mujer. Pero todos aquellos procesos viven en conflicto contante, como en el largometraje de Aronofsky. Hay una guerra interna entre objetos buenos y malos. Unos luchan por destruir a cualquiera que se interponga en el cumplimiento de deseos profundos, son hostiles y agresivos, y otros que se oponen a estos y que se caracterizan por bondades e impulsos amorosos que cuidan y procuran a otros objetos. ¡madre! es el caos mental bastante intimidante. Algunos símbolos representan objetos hostiles que invaden y absorben energía en la mente, dejando la sensación de agresión, de un mundo lleno de personajes irrespetuosos, primitivos, groseros, que actúan como niños pequeños y hacen lo que les place; roban, matan, tienen sexo, comen, beben y dicen lo que se les antoja desobediente e impulsivamente (el ello freudiano). Otros símbolos representan bondad y cuidado, se habla de reparar una casa, de reconstruir, de cuidar y procurar, de prepararse con cariño ante la venida de otro ser humano que se espera con ansias; representantes del amor que inspira a crear, a sublimar las pulsiones (energías internas psíquicas) y transformarlas en arte, en algo digno y moralmente aceptado. 

¡madre! contiene un conjunto de símbolos referidos a lo edípico; la idealización de las figuras paternas y maternas. Una madre inmaculada, con la que el padre no concreta el acto sexual, elevada a calidad de virgen, y un padre elevado a calidad de Dios. El hijo es una parte de aquel padre "dios" y estorba para la culminación del Edipo, como Jesucristo en la religión católica cristiana. El padre estorba entre el amor del hijo y la madre y es sacrificado para después "comérselo" y volverse como él, identificarse con él, pues ser como él hará que la madre ame al hijo como amó al padre. El largometraje está lleno de estos impulsos orales canibalicos en donde se desea incorporar al objeto deseado pero destruyendolo al mismo tiempo (el cuerpo y la sangre de Cristo en el ceremonial católico). 

Podemos decir que al final la mente es rebasada por los objetos hostiles persecutorios y concluye en la fragmentación, en una casa destruída que ya no puede ser reparada. Digamos que el final de la casa destruida en ¡madre! es el final de la mente de Nina Sayers en El cisne negro. ¡madre! es el retrato de la mente de Nina Sayers, destruida psíquicamente por sus propios objetos incorporados hostiles gracias a una madre agresiva y esquizofrenizante. ¿Cómo no iba a suicidarse la pobre Nina con tremendo desastre en la cabeza? 

Al final puede sobrevivir un objeto bueno que representa el amor dentro del mundo interno y todo se reinicia; el amor puede reparar y curar, como se hace notar en el psicoanálisis. 

Ahora les diré que todas esas sensaciones de hastío, angustia y repulsión que nos deja la película no son más que conexiones con nuestro mundo interno. Reflexionemos un poco y encontraremos que esas sensaciones no son nuevas; uno siente esos niveles de angustia cuando una relación amorosa termina o cuando el impacto de los celos o la infidelidad nos golpea con furia. Uno siente ese sinsabor y esa repulsión cuando sufre un pérdida o cuando la mente es atrapada en lo traumático. Las emociones displacenteras que genera ¡madre! son solo leves conexiones que se realizan en nuestro inconsciente propio, como cuando vemos cualquier otra película o admiramos una obra de arte, escuchamos una melodía o tenemos un sueño. No hay nada nuevo, pues como dijo Freud, todo existe ya en lo inconsciente. 

Sobre la producción 
Me parece una película exquisita y a la vez cruda. Me encanta como la cámara sigue a Jennifer Lawrence de modo tal que se convierte en la protagonista total de la historia. Además debo aclarar que el cabello de esa mujer me tuvo cautivado durante todo el filme. 

No soy fan de Javier Bardem, pero tampoco puedo decir que su actuación fue mala. En realidad siento una admiración muy grande por Michelle Pfeiffer, pero me entristece mucho que casi no hace películas; me parece increíble lo fastidiosa que puede llegar a ser en el personaje de mother! 

Quiero decirles que sé que esta película es difícil de digerir y sí, no es para todo público. Pero estoy seguro que para el mundo de la psicología hay mucha tela de donde cortar, sobre todo para los psicoanalistas. Estoy encantado con ¡madre! y la recomiendo ampliamente; ojalá tenga oportunidad para el Oscar 2018. Muchísima suerte, ¡madre! 

Facebook: La tinta de Mane
Instagram & tumblr: tintademane


Publicar un comentario